lunes, 15 de julio de 2013

¿SEGUIRÁ PARAGUAY EN MERCOSUR?

                             

La reunión muy esperada de Mercosur se dio, y como asomé la semana pasada, el pedimento de los paraguayos de postergar la presidencia pro témpore de Venezuela no fue atendido. El gobierno venezolano tomó posesión del cargo, a pesar de la oposición.
El entuerto jurídico afrentoso (ingreso de Venezuela) se mantuvo. Su corrección, como lo habían sugerido desde Paraguay, no pudo ser concretada y la permanencia de este país en Mercosur seguirá incierta, a menos que le den una “satisfacción” compensatoria, nunca descartable, que por los momentos se ve alejada en el tiempo.
No sabemos qué harán al fin los paraguayos con su membresía mercosuriana. ¿Dejarán de ser miembros de pleno de derecho para convertirse en asociados? ¿Se inclinarán hacia otros derroteros comerciales de la región? ¿O doblarán la cerviz ante los designios de la mayoría de Mercosur, aceptando un fait accompli  (Venezuela como miembro) y toreando el agravio infligido?
Las opciones no son fáciles para este país mediterráneo. Eso lo saben los demás socios mercosurianos,  y quizás estén jugando a la implacable lógica de las realidades.
La economía paraguaya, hoy por hoy,  depende de manera importante de ese mercado, y lanzarse a una apertura sola y sin la muleta que hasta ahora ha sido el bloque, no resulta sencillo. El 40% de sus exportaciones van a Mercosur. Las inversiones extranjeras también provienen de ese bloque, particularmente de Brasil. ¿Tendrá la fortaleza política e institucional suficiente para afrontar individualmente nuevos retos sin los socios que hasta ahora ha tenido? Con la eventual incorporación de otros países a Mercosur (Bolivia, Ecuador) ¿qué convendría más a Paraguay? ¿Presionar por una reformulación del proyecto integrador o irse?
En cualquier caso, el gobierno chavista de Venezuela asume la conducción de un proceso de integración que no vacilo en calificar de decadente. Azotado por la parálisis, cuando no, por los retrocesos. Minado por un proteccionismo redivivo, sobre todo, de parte del gobierno de argentino.  No son pocos los que hablan de su estancamiento.
Maduro, no me cabe la menor duda, nada aportará en esa presidencia pro-témpore, simplemente porque él y sus asesores no tienen idea de lo que tienen entre manos. Mucha retórica antiimperialista inflamada, sí oiremos. Con seguridad, hará su aporte acelerando el hundimiento progresivo en que está el bloque. El gobierno venezolano seguirá hablando de sus grandes logros comerciales allí, como, por ejemplo, la supuesta concreción de negocios por la suma astronómica, según el Ministro Fleming, de.....¡2 millones de dólares! con Uruguay, cifra ridícula si pensamos que el año pasado ese país nos vendió 406 millones de dólares y piensa llegar a 500 este año 2013. Y si ampliamos la mirada a Mercosur en su conjunto, constatamos que sólo el año pasado el comercio total con ese bloque fue de casi 7.000 millones de dólares, siendo más del 96 % importaciones venezolanas, no pasó Venezuela de vender 130 millones de dólares, menos que el año 2011.   
De la reunión última, queda claro que quieren dar un reimpulso a un proceso cojitranco y una impresión de fortaleza, habida cuenta de la competencia que se perfila desde otros rincones de la región.
Comparto con algunos analistas la idea de que frente a tales escenarios, Paraguay tiene un muy estrecho margen de maniobra. Solventar el problema jurídico que representa Venezuela no es lo prioritario. Es otro el tema que más le preocupa. Es su supervivencia como economía insertada en las corrientes de comercio regional y mundial sin la plataforma mercosuriana. ¿Podrá hacerlo? Soy escéptico al respecto.

EMILIO NOUEL V.
                     “EL CAOS SOY YO”

                  
                                 El desabastecimiento de alimentos en Venezuela

Cuando vemos el despelote que el gobierno de Maduro ha creado con el control de cambios, necesariamente  uno tiene que reiterar lo ya dicho: estamos frente a una administración carente de orientación alguna, descriteriada, con vocación y voluntad de caos social. 
Porque el problema de fondo en este caso concreto, no es sólo que no haya divisas suficientes, lo cual es muy grave si se piensa que hemos recibido varios cientos de miles de millones dólares estos años, sino que tampoco exista en las autoridades una cabal comprensión del tema y de las distorsiones que generarán, mucho menos de las salidas más viables a este problemón. 
Tal es el desorden en esta materia, que funcionarios del BCV llegan a la insólita y risible declaración de que no informarán sobre el precio del dólar que se subaste mediante el SICAD, porque de lo contrario estarían violando la Ley de Ilícitos cambiarios. ¿? ¡Hasta dónde se ha llegado haciendo el ridículo!
Si ampliamos nuestra visión al resto de la realidad nacional, a la marcha de la economía y de los servicios públicos, la opinión es la misma. Pareciera que nos conducimos acelerada e ineluctablemente hacia un precipicio, a pesar de algunos asomos de pragmatismo que surgen aquí y allá entre contados personeros del gobierno, que intuirían la necesidad de abrirse a la sociedad, a las distintas fuerzas políticas, sociales y económicas, con vistas a impedir la debacle.
En este contexto pre-caótico, preñado de incertidumbre, no son pocos los que se ilusionan con los anuncios de supuestas correcciones a las nefastas políticas de los últimos años. “Agarrando aunque sea fallo”, es la consigna de éstos. Y hasta cierto punto pudieran tener razón. Los apremios y los instintos de supervivencia imponen, la más de las veces, una posición esperanzadora, optimista. Y es comprensible, porque la alternativa ¿cuál sería?
No soy de los que creen en conversiones repentinas en el gobierno, pero estoy obligado, como sé que muchos lo sienten también, a intentar, desde nuestras modestas posiciones, a presionar para que se cambie el mal rumbo que lleva el país, tratando, mientras tengamos fuerzas, de hacer entrar en razón a los que han estado extraviados por la ideología, la incompetencia y la ignorancia. Y no se trata de claudicar en las convicciones, sino de impedir que todos nos desbarranquemos.
En  esta hora desventurada, a las fuerzas democráticas venezolanas les toca una tarea en extremo difícil, compleja y no muy grata. Deberán luchar no sólo en franca desventaja contra un gobierno calamitoso, perverso, corruptor y corrompido, sino también contra la impaciencia, la incomprensión y un a menudo absurdo y miope cuestionamiento, desde sus propias filas.
Espeluzna encontrarse a supuestos opositores, que desenfadadamente te preguntan que hasta cuándo vamos a dar largas a las muertes que seguramente tendrán que ocurrir, que por qué no salimos de una vez a la calle a enfrentar al gobierno de manera definitiva. ¿Qué clase de locura es ésta?
Lo lamentable es que así piensan para sus adentros, algunos aventureros irresponsables de la política, así como connotados opinadores.
Una oposición responsable tiene que explorar caminos diferentes a la violencia, sin claudicar en una estrategia eficaz de acumulación de fuerzas de carácter democrático, constitucional, electoral y pacífico. Está obligada a insistir en un diálogo democrático, independientemente de que en el adversario haya sectores enloquecidos que lo rechacen. Está igualmente compelida a hacerse oír y manifestar cuando sea necesario.
Si el gobierno no modifica el rumbo, las tempestades que ha sembrado hace más de una década nos llevarán indefectiblemente adonde nadie en su sano juicio desea.
Maduro y su gobierno no tienen la más mínima idea de cómo salir de este hondo atolladero, lo está demostrando a diario. Si no dialoga abierta y sinceramente con los que saben, caeremos en el caos. 
Domeñar la inflación, recuperar los sectores económicos productivos públicos y privados, construir las viviendas que se necesitan, normalizar el abastecimiento de alimentos, cambiar leyes, elegir nuevo CNE y Contralor General, remozar la infraestructura pública, dar educación y salud en cantidad y calidad suficientes, y garantizar la seguridad de los venezolanos, entre otros asuntos, no podrán lograrse con la exclusión de amplios sectores del país que representan la mitad o quizás más de los electores del país. Si Maduro sucumbe ante los radicales de sus filas, si no suprime las causas de la crispación social, el desastre del país estará garantizado.
No faltarán quienes nos acusen de blandengues, colaboracionistas o chavistas disfrazados, por sostener esta opinión. Pero esto es lo que nos sale si queremos salir de la mejor y menos costosa manera de unos gobernantes nefastos que nunca debieron llegar al poder.  
Parafraseando a Luis XIV (“L’etat c’est moi”), con su ejecutoria errática, Maduro podría decir: “El caos soy yo”.

Emilio Nouel V.
@ENouelV
emilio.nouel@gmail.com
 



martes, 9 de julio de 2013

SNOWDEN: VENEZUELA SIN VELA EN ESE ENTIERRO

                                          


¿Qué necesidad hay de involucrar a Venezuela en el caso Snowden?
¿Por qué se tiene que asumir irracionalmente los problemas de otros?
¿Qué hace que un gobierno como el venezolano muestre sin ningún empacho notorias incongruencias sobre el problema de fondo que subyace a este caso?
¿Por qué tenemos que dañar más las relaciones con una nación amiga y socia, como es EEUU?
No hay una justificación racional a la conducta que ha adoptado el gobierno venezolano respecto del espectáculo montado por Snowden.
Las motivaciones, quizás, haya que buscarlas en el campo de lo psiquiátrico. En una mezcla de ideología demencial, paranoia antiimperialista y cálculo político disparatado. Una manera infantil de irritar a un gobierno, sin que ello reporte algún beneficio, sino todo lo contrario.
Porque un gobierno en su sano juicio no procede de esta manera, independientemente de la posición política que sostenga. Hasta Rusia se ha lavado las manos en este asunto.
Traer a Snowden a Venezuela es una afrenta a un gobierno que lo persigue por delincuente, por traidor. Es una provocación estúpida a un país que no es cualquier país. Es hacerse cómplice torpemente de un delito, frente al cual, por más que se quiera justificar un eventual asilo a quien lo cometió, con un discurso de supuestos derechos humanos violados, Venezuela debería mantenerse al margen so pena de empeorar unas relaciones ya bastante deterioradas.
El problema de Snowden es con el gobierno de su país. Como se dice popularmente, Venezuela no tiene vela en ese entierro. No hay necesidad alguna de inmiscuirse en ese problema. Ningún derecho o interés nacional venezolano están amenazados en ese asunto.
Acaso si ocurriera algo parecido con algún venezolano que cometiera el mismo delito de traición contra nuestro país ¿no sería la nuestra la misma reacción que tiene EEUU con Snowden?  ¿No sería también un agravio una bofetada, para nosotros que otro país se prestara a dar asilo al traidor? Lo que es bueno para el pavo, lo es también para la pava.
No extrañaría que el cálculo político absurdo que han hecho los países que han ofrecido asilo al traidor Snowden, tenga una sola motivación: irritar al país que consideran un enemigo para ganar apoyos en la Corte de los Milagros que es la izquierda mundial. Irritación que en el fondo es una imbecilidad, cuchillo para el propio pescuezo. Porque tanto Nicaragua, Bolivia como Venezuela, tienen relaciones económicas beneficiosas con EEUU, y tal asilo sería percibido como un ofensa.
“Usted está perseguido por el imperio, véngase para acá”, ha declarado Nicolás Maduro desde su inconmensurable ineptitud e impericia.  ¿Qué clase de justificación disparatada es ésta? Tamaña insensatez es inconcebible en unas mentes conscientes y responsables del cargo que ocupan, lo que no es el caso del gobierno venezolano. Poner en riesgo unas relaciones con nuestro principal socio comercial, sin que medie un ataque directo a nuestros intereses, lo cual incluso requeriría de un análisis sosegado, no tiene otra explicación que una ideología demencial que no ve las consecuencias dañosas para el país. 
Recibir a Snowden, bajo estas circunstancias, constituye un desacierto sin precedentes, que mucho nos puede costar.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV

emilio.nouel@gmail.com

sábado, 6 de julio de 2013

PARAGUAY: A LAS PUERTAS DEL CIELO PRIMERO YO QUE MI PADRE

                             

Ni siquiera Hans Morgentau, gran gurú de la teoría realista en las relaciones internacionales, pudo expresar mejor y de manera tan asequible al común, el asunto del comportamiento de los Estados, que aquel viejo dicho que reza así: “A las puertas del cielo, primero yo que mi padre”.
Y esto viene a cuento, precisamente, en un tema que ha estado flotando estos días en los medios, tocante a  la asunción de Venezuela a la presidencia pro-témpore de Mercosur, bloque comercial en crónica crisis.
Harto sabida es la forma espuria, ilegal y afrentosa, mediante la cual se hizo entrar a nuestro país a ese grupo. Sobre este punto se ha escrito y he escrito mucho,  a esos trabajos remito al lector.
El caso es que ahora, dentro de pocos días, se espera que Venezuela ocupe, de conformidad con la normativa pertinente, la condición de Presidente temporal de Mercosur, a lo cual se oponen tanto el presidente actual (Franco) como el entrante (Cartes) de Paraguay. Una mayoría abrumadora en el Parlamento de ese país sostiene la misma opinión.
Como venezolano, no hay que olvidar que en Paraguay las fuerzas democráticas venezolanas, en su lucha contra el autoritarismo chavista, han contado con la simpatía y el apoyo de importantes sectores políticos, y sobre eso estaremos siempre agradecidos.
Sin embargo, el problema que confronta ese país dentro de Mercosur tiene su raíz, principalmente, en los acontecimientos que condujeron a la salida de Fernando Lugo de la Presidencia de la República, mediante la aplicación de un procedimiento constitucional de impeachment. Esto provocó la suspensión de Paraguay de la institucionalidad del bloque mercosuriano, aunque no de sus beneficios comerciales, todo “de conformidad” con los Protocolos de Ushuaia.
Paraguay no está suspendido por la posición que ha mantenido sobre el ingreso de Venezuela a Mercosur, sino por la defenestración de Lugo, a mi juicio, ajustada a derecho. Que los demás países aprovecharon el atropello a los paraguayos para incluir a Venezuela es harina de otro costal. Aunque debo reconocer que por la simultaneidad de ambos asuntos, se tienda a mezclarlos, siendo que tienen motivaciones distintas.
Los gobernantes de Mercosur declararon entonces que esta nación sería reincorporada, una vez fuera elegido un nuevo gobierno.
Este hecho ya ocurrió y el próximo 15 de agosto tomará posesión el señor Horacio Cartes. No obstante, éste ha pedido que sea su país el que asuma la presidencia pro-témpore el 12 de julio de 2013, pues a él le correspondería según la secuencia establecida, no a Venezuela como se ha anunciado. Aquí, de nuevo se mezcla nuestro país en la controversia, pero lo que está en discusión es la aplicación de una norma, que Paraguay la alega en función de su interés nacional, legítimo, por lo demás. No se discute ya, como algunos han erróneamente señalado, la condición democrática o no del gobierno venezolano, ni la opinión que se tenga sobre éste.
Lo que exige Paraguay es su derecho a presidir pro-témpore Mercosur.  
En apoyo a esta apreciación viene la información que se ha conocido, de que Paraguay estaría colocando como prerrequisito para aprobar el Protocolo de Adhesión de Venezuela en su parlamento, que se acepte aquella aspiración este mes de julio. El canciller actual de ese país ha declarado que una vez sea reintegrado Paraguay, “vamos a estudiar los cuatro socios fundadores la situación venezolana”. 
Esta posición de Paraguay, de defensa de su dignidad, como ellos lo dicen, me parece natural y lógica. Por encima de todo, están sus intereses nacionales, y en ello no hay nada cuestionable.
Ahora bien ¿estarían dispuestos los gobiernos restantes de Mercosur a aceptar esa propuesta paraguaya?
Me inclino a pensar que no, a pesar de que todo es posible a la hora de las negociaciones.
Mercosur sigue profundizando su crisis y retrocesos, siendo Argentina la principal causa. Allí no hay mucha seriedad ni consistencia a la hora de cumplir con los compromisos asumidos, y en los casos de la suspensión de Paraguay y el ingreso de Venezuela, entre muchos otros, quedaron evidenciados, una vez más, las violaciones flagrantes a las normas de integración. El sincero Pepe Mujica lo admitió sin ningún empacho; fueron razones políticas, no jurídicas, las que llevaron a tomar tales decisiones.
Mientras tanto, Paraguay voltea su mirada e intenciones hacia otros horizontes, y el Pacífico es uno de ellos. Amanecerá y veremos qué deciden sobre su futuro en Mercosur.
“A las puertas del cielo, primero yo que mi padre”

EMILIO NOUEL V.
@ENouelV
emilio.nouel@gmail.com

A CIRCUS WITHOUT A RINGMASTER

The Economist


DURING the presidency of Hugo Chávez, who ruled from 1999 until his death from cancer in March, the domineering personality of the comandante left no doubt as to who was in charge of Venezuela. By contrast Chávez’s successor, Nicolás Maduro, a former foreign minister, has yet to convince people that he is the one running the show. His disputed, razor-thin election victory on April 14th undermined his legitimacy (indeed, the supreme court has yet to resolve the opposition’s claim of fraud). Now the president faces problems within the ranks of the ruling coalition, and in particular his United Socialist Party of Venezuela (PSUV). In the absence of Chávez, there are worries that the PSUV will turn out to be held together, as the colourful Venezuelan metaphor has it, “with parrot spit”.
Fourteen years of chavismo have left the country in a mess. Despite the high price of oil, growth this year will be minimal or negative. Thousands of private companies have gone under, dragged down by regulations and threatened with fines, temporary closure or expropriation. Others have switched from production to importing. Even that is losing its appeal, now that foreign-exchange control mechanisms have seized up and dollars are scarce. Mr Maduro has sought to deal with the concerns of ordinary Venezuelans, as well as striking radical poses to please hard-core chavistas. Crime, poor public services, corruption and food-scarcity have been targeted with loudly trumpeted initiatives. But actually solving these problems will mean confronting powerful interests, and here Mr Maduro has little room for manoeuvre.
Moderates were encouraged when early in his presidency Mr Maduro sidelined Jorge Giordani, Chávez’s Marxist finance minister, and brought in Nelson Merentes, a former governor of the Central Bank who is seen as more ideologically flexible. But subsequent appointments seem designed to appease other interests. Amid talks with the private sector on how to get the wheels of commerce turning again, Mr Maduro last month reappointed Eduardo Samán head of the powerful consumer-protection body, a post he held under Chávez. A self-proclaimed “ultra-radical”, Mr Samán believes that inflation (heading for 40% a year) and empty supermarket shelves are caused by private-sector hoarding and speculation. “Humanity”, he has written, “will succeed in solving the food crisis only with the end of capitalism.”
Tentative efforts to tame corruption have also been undermined by a need to stay on friendly terms with the Chávez clan. On June 12th Argenis Chávez, the late president’s crafty youngest brother, was appointed head of the body that controls the administration of the justice system. On his brother’s watch, the younger Chávez had led the electricity ministry as well as Corpoelec, the graft-riddled state-run electricity giant. On becoming president, Mr Maduro quickly booted him out of both jobs. His return to office demonstrates the enduring power of the Chávez clan, as well as Mr Maduro’s willingness to subordinate the justice system to his political requirements.
Managing these rival factions has forced the PSUV to suspend internal party democracy. Grass-roots chavista radicals had backed Mr Samán’s bid to stand for mayor of Caracas. But party leaders, who see Mr Samán as a loose cannon, ruled out holding a primary that he might have won. Now the PSUV has cancelled all the primaries that were to have been held ahead of local elections, which have been postponed until December 8th. It remains to be seen whether choosing candidates by executive fiat will ruffle fewer feathers than the primaries would have done.
Our man in Havana
Rumours swirl that Mr Maduro could face a more immediate challenge to his own leadership. In a recorded conversation that was leaked on May 20th Mario Silva, the presenter of a state-television talk-show called “The Razor Blade”, was heard apparently passing information to a Cuban intelligence officer. In the recording Mr Silva warned the spy that Diosdado Cabello, the speaker of the National Assembly, wanted to overthrow Mr Maduro. It was a matter of urgency, he said, to cut off Mr Cabello’s sources of income, including the tax authority, which is run by his brother, José David Cabello. A few weeks later police arrested members of an alleged gang within the customs agency, which is part of the tax authority.
A former lieutenant who took part in a failed coup by Chávez in 1992, Mr Cabello has powerful friends in the army. The annual round of military promotions, due to be announced as The Economist went to press, may strengthen his hand. Henrique Capriles, the leader of the opposition, jeers that Mr Maduro’s role is confined to signing the promotions list. “Nicolás, you’re a laughing stock in the armed forces,” Mr Capriles tweeted.
During the presidential election campaign, Mr Maduro was seen as the favoured candidate not just of his predecessor but also of Cuba, Venezuela’s closest ally. A month ago, however, Mr Cabello made a three-day visit to Havana, holding meetings with President Raúl Castro and his brother, Fidel. The trip came shortly after the leaking of the Silva recording. No one knows what sort of deal the Cubans may have struck with Mr Cabello. For the moment, he and Mr Maduro are locked in a macho Latin embrace, of the kind some say was devised as a way for each man to frisk the other for weapons.

viernes, 5 de julio de 2013

LA "DES-OCCIDENTALIZACIÓN" DEL MUNDO


Iliana Olivié
Hace dos años, el Real Instituto Elcano publicó la primera edición del Índice Elcano de Presencia Global (IEPG), que pretende medir la proyección internacional de los países en todos los ámbitos (desde la economía o la defensa hasta la tecnología y la cultura, pasando por las migraciones o la cooperación internacional al desarrollo). En estos dos años, el proyecto del IEPG ha crecido: la tercera edición abarca sesenta países y, por primera vez, calcula el peso de la Unión Europea como si se tratara de un único país. Asimismo, el índice estima la presencia de los estados miembros en el ámbito estrictamente europeo, mediante un nuevo Índice Elcano de Presencia Europea (IEPE). Con estos avances metodológicos, el IEPG pretende consolidarse como una herramienta de análisis útil para informar algunos de los debates más candentes sobre el actual proceso de globalización económica, política y social.
Uno de los más interesantes es el referido al trasvase de la actividad económica y del poder mundial del eje Atlántico al Pacífico. Aunque la presencia no económica de los grandes países emergentes como China o Brasil esté creciendo también por la vía de la cooperación al desarrollo o incluso de la dotación de equipamientos militares, persiste la duda de si su proyección, eminentemente económica hasta la fecha, se adaptará a un mundo en el que las diversas formas de presencia ‘blanda’ han ido cobrando fuerza desde la caída del muro de Berlín.
En cualquiera de los casos, esta emergencia del Sur y del Oriente afecta a la presencia relativa de los viejos países occidentales, que se ve crecientemente mermada. Y esto lleva al debate acerca de si el poder mundial se reparte de forma crecientemente multipolar –entre un puñado de viejos y nuevos estados influyentes– o si, por el contrario, estamos encaminados a un orden G-0, en el que nadie –ningún estado, ningún organismo multilateral– quiera o pueda gobernar el sistema.
Esta pregunta suscita otra cuestión importante: el futuro político de la Unión Europea. Además de sus efectos financieros, la falta de profundidad de la integración económica y política puede haber tenido (y estar teniendo) consecuencias en la presencia global y en la influencia política del conjunto de la Unión.
Algunos de los resultados de la edición de 2012 del IEPG pueden contribuir a desarrollar estos debates.
En segundo lugar, y a pesar de esto último, si pudiésemos considerar a la Unión Europea como un solo país, su presencia global agregada (descontando la presencia de unos estados miembros en otros) sería la mayor del mundo, ligeramente por encima de la de Estados Unidos.En primer lugar, en términos de presencia global, el mundo sigue des-occidentalizándose. Si bien en el top 20 del ránking del IEPG de 2012 están, más o menos, los mismos países que en 1990, sus posiciones relativas han cambiado. China ha saltado del puesto 13 al 4, escalando 9 posiciones en poco más de 20 años (al igual que Singapur), Brasil ya aparece en el 19, Corea del Sur abandona ese puesto para subir hasta el 14, y la India ya está en el 16. Mientras tanto, Estados Unidos mantiene su primer puesto (aunque a cada vez menor distancia de los siguientes), y varios europeos pierden, en términos relativos, presencia global, entre ellos Francia, Italia, España, Bélgica, Suiza o Suecia.
En todo caso, y en ausencia de unos Estados Unidos de Europa, la presencia global tiende a dispersarse entre un número creciente de países. Si en 1990 los Estados Unidos y la Unión Soviética sumaban casi el 36% de la presencia total, esta se ha mantenido en descenso para ambos países. La caída del muro de Berlín supuso una pérdida de cuota de presencia soviética de 11,7% en 1990 a 3,6% de la de Rusia en 2000, para luego ascender hasta el actual 4%. Por su parte, la cuota americana ha descendido de algo más de 24% en 1990 a menos de 17% en 2012. Es cierto que la que es ya la 2ª economía mundial, China, ha multiplicado exponencialmente su presencia global, pero a pesar de lo extravertido de su modelo de desarrollo, su cuota se mantiene aún en torno al 5%. En definitiva, los que podrían considerarse los ‘nuevos polos’ del poder mundial pierden, en su conjunto, presencia global agregada: la suma de las cuotas estadounidense y china cae de 25,5% en 1990 a menos de 22% en 2012.
Presencia no equivale a poder, por lo que no se puede deducir de estos resultados que Estados Unidos, o China, o ambos, pierdan influencia en el sistema político mundial o que estemos indefectiblemente encaminados hacia el orden G-0 que se señala más arriba. No obstante, lo que sí sugieren estos datos es un interesante debate sobre cómo de presente debe estar un país en la escena mundial para ejercer su influencia. Probablemente parte de la respuesta esté en la atomización o concentración de la presencia del resto de los países y es que esta se ha ido dispersando, a marchas forzadas, entre un número creciente de estados. Así, quizás los nuevos pesos pesados puedan permitirse altos grados de influencia con cuotas relativamente menores de presencia.
En sexto y último lugar, tanto el IEPG como el IEPE ofrecen resultados interesantes para el análisis de la inserción exterior española. Por un lado, el ritmo de crecimiento de España en el IEPG y el IEPE desde principios de los noventa podría ser indicativo del éxito de la política exterior de las últimas décadas, centrada en fomentar la internacionalización de la economía y la sociedad españolas. No obstante, un análisis más detallado de la naturaleza de esta presencia muestra flancos débiles. La presencia global de España es, sobre todo, blanda. Esto podría ser un importante activo si no fuera porque los elementos de presencia blanda que más pesan (el turismo, los deportes) son los menos estratégicos (a diferencia de la tecnología o la educación) y reveladores de una inserción exterior difícilmente sostenible en el largo plazo, particularmente en un escenario internacional como el que se dibuja más arriba.Volviendo a la Unión Europea, es importante recalcar, en quinto lugar, que no todos los estados miembros pierden presencia relativa en la misma magnitud, ya que algunos suman tanto presencia absoluta como relativa. Este es el caso de Alemania y del Reino Unido. Sus ganancias de presencia también son notables en el ámbito estrictamente europeo: estos dos países encabezan el ránking del IEPE desde 2005 y, en términos generales y para el periodo 2005-2012, las posiciones de los países en su presencia europea apenas han variado.
Iliana Olivié es investigadora principal, Cooperación Internacional y Desarrollo, y coordinadora del IEPG, Real Instituto Elcano; profesora del Departamento de Economía Aplicada 1 de la Universidad Complutense de Madrid.

Las dos Latinoaméricas se alejan




En Buenos Aires, hace una semana, vi una pintada que decía: “Con Maduro y con Cristina, esta revolución no termina”. Es un aforismo apropiado, pero no por las razones que su autor pretendía. Hace aproximadamente seis meses hablaba en estas páginas de dos Américas Latinas: una que mejora sus instituciones y su calidad democrática y otra que las destruye. Las elecciones y los acontecimientos de 2013 han profundizado la brecha entre las dos.
Por un lado están Colombia, México y Perú, que avanzan. El proceso de paz en Bogotá da esperanzas de reducir el riesgo político ayudando al despegue económico de la última década.
México, mientras tanto, es todo lo que Brasil prometía ser sin serlo. La reforma educativa y de telecomunicaciones en el contexto del Pacto por México entre el Gobierno de Enrique Peña Nieto y la oposición prometen un futuro más equitativo y competitivo. Y la revolución energética se prepara para fin de año. El PRI parece haberse convertido en algo mejor que la “dictadura perfecta” que alguna vez fue y el desarrollo en México lo demuestra.
Mientras tanto, el compromiso con el libre comercio en el contexto del TPP (Trans-Pacific Partnership) creará nuevas oportunidades en áreas donde el resto de la región se atasca. Es francamente increíble que Venezuela, un país que bloquea importaciones, ejerza como presidente del abandonado Mercosur, el área de libre comercio liderada (en teoría) por Brasil y Argentina.
La primera gran medida del nuevo mandato de Correa en Ecuador ha sido lanzar una Ley de Comunicación que limitará severamente la libertad de prensa. Sin aparente ironía, el Gobierno ecuatoriano que defiende a Julian Assange, el fundador de Wikileaks, y al informático y exempleado de la NSA Edward Snowden ante los Estados cuyas leyes han violado amenaza al mismo tiempo con expropiar medios de comunicación o censurar por estado de emergencia.Tal como predecían las encuestas, Rafael Correa fue elegido presidente de Ecuador por tercera vez, a pesar de que la propia Constitución que Correa modificó prohíbe encadenar tantos mandatos. La reelección fue legal dado el contexto de la Constitución de 2008, pero el proceso permite a uno dudar si Correa dejará la presidencia en 2017. ¿O quizá se buscará otra forma “más democrática”?
La libertad es libertad solo cuando es para todos, no solo para los amigos o quienes critiquen a Estados Unidos. Eso se llama de muchas maneras, pero no libertad.
A pesar de que no figuraba en los calendarios, la elección presidencial en Venezuela fue histórica. El gran protagonista de la elección de Nicolás Maduro fue el ausente Hugo Chávez, quien figuró en la campaña mucho más que el presidente que se elegía. Con la memoria y el aparato del Estado en contra, la oposición venezolana montó una campaña heroica a pesar de su derrota aparente.
Desprovisto del carisma de Chávez y los altos precios del crudo, el Gobierno de Maduro no tiene perspectivas alentadoras. Los controles económicos asfixian la actividad y la devaluación inflacionaria continúa creando pobreza a pesar de la retórica. La falta de papel higiénico puede ser el resultado del sabotaje imperialista; o bien puede ser el resultado de ideólogos haciendo política económica. Una posibilidad es mucho más realista que la otra.
La elección más importante en lo que resta de 2013 serán los comicios legislativos en Argentina, donde el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se juega el todo por el todo.
“Me dijeron que en el Reino del revés”, escribía Walsh, “un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres”. La “democratización de la justicia” que la Corte Suprema bloqueó por inconstitucional llevó a los legisladores oficialistas a hablar de un “golpe de Estado” judicial. Deberían haber leído la Constitución sobre la que juraron sus cargos, ya que el rol de la Corte es proteger la Carta Magna de los caprichos del Congreso. Pero en Argentina la división de poderes no caracteriza a las repúblicas, sino a las “oligarquías judiciales”.La campaña recuerda al Reino del revés de María Elena Walsh, aquella famosa poetisa infantil argentina. Kirchner habla de un crecimiento económico que no se refleja en las estadísticas, de controles de precios mientras niega la inflación que sí se plasman en las estadísticas, de socialismo mientras se implementa un blanqueo de capitales, y de pluralismo mientras acosa a cualquier medio no adicto al poder.
El juego se completa hablando de democracia mientras se planea un cambio constitucional para bloquear la alternancia en el poder, un requerimiento histórico de la democracia.
Desde la selectividad ecuatoriana ante la libertad de prensa, a la política económica del chavismo y la esquizofrenia de la teleología kirchnerista, una de las dos Américas Latinas está a la deriva. La otra avanza, y la brecha se agranda.
Que esta revolución termine, y sus locuras con ella.
Pierpaolo Barbieri es fellow de la Escuela kennedy de Gobierno en Harvard. Su libro Hitler's shadow empire será publicado por Harvard University Press este año. Su próximo proyecto se centra en la historia económica de América Latina.

With Morsi’s ouster, time for a new U.S. policy toward Egypt


Michele Dunne is a vice president of the Atlantic Council and director of the Rafik Hariri Center for the Middle East.
Egyptians and outside observers are arguing fiercely about what exactly has happened in the world’s most populous Arab country: Was it a popular revolt against an inept and domineering Muslim Brotherhood, or a counterrevolution of the old regime against the country’s first democratically elected president? Using the word “coup” about this week’s events sparks a barrage of criticism from the secular camp, while justifications for thearmy’s removal of President Mohamed Morsi on Wednesday are anathema to most Islamists.
What is apparent to all, however, is that the United States has made a hash of its Egypt policy. U.S. officials were late in seeing the crisis coming, and their advice — much of it out of step with events — was ignored by all sides. Consider this tweet from The Big Pharaoh, a secular Egyptian activist prominent on social media: “History will remember that days before #June30, the ambassador of the world’s superpower spent 3 hrs in MB leader Khairat Shater’s office.” The remark underscores how U.S. policy toward Egypt is widely reviled — and misunderstood. The tweet refers to a meeting between U.S. Ambassador Anne Patterson and the political boss of the Muslim Brotherhood shortly before the enormous anti-Morsi demonstrations began; Patterson reportedly pleaded with Shater to persuade Morsi to meet long-standing demands from the opposition, such as forming a politically neutral cabinet and instituting an inclusive process to amend the constitution that was passed over popular protests late last year. In theory, secularists should have been pleased that the U.S. envoy pushed such an agenda. Instead, they viewed the long meeting as a sign of U.S.-Muslim Brotherhood collusion against democracy.
They’re suspicious because for the past year the United States has focused on building the closest, most cooperative relationship possible with Morsi’s government and has assiduously avoided criticizing his actions — even after he decreed greater powers for himself in November, including declaring his decisions above judicial review, and the next month forced the controversial constitution through via a deeply flawed process.
The Obama administration avoided criticizing Morsi’s undemocratic actions not, as many Egyptians believe, because of a secret alliance with Islamists but because, since Hosni Mubarak’s ouster in February 2011, its policy has been based on fear of losing security cooperation with Egypt — even though no one has threatened to cut it off. The administration has not presented any significant economic or rhetorical support to Egypt’s effort to transition to democracy.
This minimalist approach has led the U.S. government to make one wrong call after another: to wait and see rather than marshaling international economic support early after Mubarak’s removal; to ignore the military-led government’s ugly xenophobic campaign against U.S. nongovernmental organizations when it began in mid-2011; to belittle the seriousness of the secular opposition movements over the past year; and to fail to press Morsi to compromise until it was already too late. Because of all this, the secularists see the United States as having stuck with Mubarak and then Morsi until the end, and the Brotherhood views Washington as having once more decided that Islamists do not get to win elections. As Morsi’s foreign affairs adviser Essam el-Haddad said in a Facebook post on Wednesday, “the message will resonate throughout the Muslim World loud and clear: democracy is not for Muslims.”
The best option for the United States is to return to core principles. This was a military coup against a democratically elected president. U.S. officials should call it a coup — triggering the congressionally mandated suspension of assistance to the Egyptian military until there is a return to democratic civilian rule — while acknowledging that Morsi had himself taken undemocratic steps and provoked widespread opposition among Egyptians.
The United States should then reinvigorate its engagement with key players in Egypt’s secular, Islamist and state institutions and encourage the launch of a much more inclusive, consensus-based transition process than the country has had since 2011. If Egyptian generals and civilian officials want to prove that they are not steering Egypt off a path to democracy, there is much they can do differently to support freedom of expression and human rights. The legal case in which 43 Americans, Egyptians and others were convicted of felonies for carrying out democracy-promotion activities — a case initiated under military rule — should be resolved, and Egyptian and foreign civil society organizations should be allowed to work in peace. The rights of the Brotherhood and other Islamists should be respected, and they should be invited into the political process going forward (though getting their cooperation is likely to be difficult). The military and police should respect human rights amid their efforts to restore calm.
U.S. policy in Egypt based on fear rather than principles has alienated all sides. Instead of focusing on how to avoid calling this week’s events a coup so they can maintain financial aid to the military, U.S. officials ought to be asking how they can use the Egyptian military’s desire to regain international legitimacy after this coup as leverage to press for a rapid return to democratic rule.