sábado, 12 de agosto de 2017

EL DEBER DEL MUNDO CON VENEZUELA

   
            EMILIO NOUEL V.
        Miembro del Grupo Avila
 
El no ya tan “nouveau philosophe” Bernard-Henri Levy, publicó en los días que corren un artículo sobre Venezuela en el que hace un llamado a la comunidad internacional para que asuma su ‘responsabilidad de proteger’, tal y como las NNUU entiende este concepto.
El intelectual francés, uno de los líderes del Mayo del 68, es ampliamente conocido por sus posiciones contra las atrocidades perpetradas por gobiernos autoritarios  y represores en el mundo, como el de Putin, o en su momento, el de Milosevic en la antigua Yugoslavia.
El deber del mundo con Venezuela” es el título del artículo (Project Syndicate).
Allí, Levy, primero, pregunta a su compatriota, el populista radical J. L. Melenchon, quien aún sigue cantando loas al régimen asesino chavista, cuándo va a admitir el horror venezolano y el desastre económico y social en que han sumido a un país con tantos recursos, que en materia de inflación está  compitiendo con la tasa de inflación de Zimbabue o la Alemania de Weimar.
Según Levy, NNUU, en aplicación del principio de protección, debería enviar una señal fuerte al gobierno de Maduro para que pare la violencia contra su pueblo; y a tal propósito el Consejo de Seguridad necesita mostrar el coraje de emitir una declaración de condena contra ese régimen.
Por otro lado, pide a todos los países que muestren su solidaridad con el parlamento venezolano y que se acuerden severas sanciones económicas y financieras.

Levy afirma: “La situación en Venezuela debería preocupar a todos los países que tienen interés en la lucha contra el terrorismo y las redes de lavado de dinero que lo financian”.

Igualmente, subraya los peligrosos vínculos del gobierno chavista con Bashar al Assad de Siria, Corea del Norte y el grupo Hezbollah.
Todos estos graves asuntos, para Levy, deberían obtener respuestas urgentes de parte de la comunidad internacional, que hasta hace poco tiempo no había tomado cartas en el asunto.
Ciertamente, la preocupación de Levy es legítima y  su planteamiento sobre la responsabilidad de proteger establecido por las NNUU es pertinente. Debemos recordar que esta obligación de la comunidad internacional ha sido reiterada. En el mundo de hoy se ha establecido como principio el deber y el derecho de injerencia que tendrían las organizaciones internacionales frente a las violaciones masivas de los DDHH, y Venezuela, sin duda, se encuentra en una situación de tal naturaleza.
Por razones de defensa y preservación de la democracia, la injerencia es lícita. Los organismos internacionales lo han establecido en sus normativas y tiene carácter vinculante. Las NNUU, la Unión Europea, Mercosur, la CAN, la Alianza del Pacifico, entre otras,  contienen la llamada cláusula democrática que ampara a los pueblos frente a gobiernos tiránicos.
Casualmente, otro “nouveau philosophe”, André Glucksmann, expresa muy bien tal derecho: “Cuando un régimen somete a su población al suplicio, las sociedades felices tienen, sin duda, el derecho de intervenir mediante la palabra y la escritura; mediante asistencia, desde luego; mediante presiones diplomáticas o financieras, por supuesto; y mediante armas, si es necesario”. 
La normativa de las NNUU sobre los Derechos Humanos y la Democracia constituye una disciplina imperativa, vinculante, para los miembros de esa institución. Pero ella debería estar fundamentada tanto en una voluntad política y como en una moral, sin las cuales no será eficaz. Ya varios países (12) del hemisferio dieron un paso que se concreto en la Declaración de Lima y las consecuencias de esta no se harán esperar.
Lleva razón Bernard-Henri Levy cuando resalta el deber que tiene la comunidad internacional de poner su mirada sobre lo que está sucediendo en Venezuela. Y esto implica adoptar medidas que logren doblar el brazo a la tiranía chavista, y la hagan consentir en un proceso de negociación que permita a recuperación de la institucionalidad democrática y las libertades.
Estamos aun a tiempo de frenar una deriva infernal que podemos lamentar todos, no solo los venezolanos. Pero lo que está muy claro es que la barbarie no puede escudarse en el principio de independencia o soberanía de los Estados, de alli el deber que enfatiza Levy.

viernes, 4 de agosto de 2017

MADURO, MÁS SOLO QUE LA UNA


El repugnante palmarés del gobierno militar-cívico del tirano Maduro no sólo se evidencia en su espantoso gobierno, también se expresa en su pertenencia al exclusivo y reducido grupo de regímenes que han sido repudiados y sancionados por la comunidad internacional, lo que le ha llevado a un aislamiento en el mundo sin precedentes.
El gobierno venezolano está acorralado. En lo político y lo económico. Aparte de unos países sin peso ni influencia en el entorno mundial, en su mayoría desacreditados, no tiene soporte alguno. Porque decir que Rusia o China lo apoyan es solo eso: un decir, cuya base es endeble, que depende de los vaivenes de la geopolítica y de los intereses crematísticos, muy volátiles y cambiantes.
A lo interno, está claro que tiene el desapego de más del 80% de los ciudadanos, según las mediciones de las encuestadoras serias. El hambre, la inseguridad, la ruina de los servicios públicos y las necesidades de toda naturaleza son las razones de tal aborrecimiento.    
El gobierno es inviable. Desde hace meses está decretada su muerte por inanición. No tiene opciones de supervivencia en el marco de sus desquiciadas políticas. Las fuentes de financiamiento se le cerraron, no tiene a quien recurrir, a menos que siga rematando al país a precio de gallina flaca.    
Lo decía en estos días Ricardo Hausmann (“El colapso sin precedentes de Venezuela” en Project Syndicate), la depresión económica de Venezuela (disminución del 40% del PIB, el declive del ingreso nacional es de 51%, ingresos fiscales cayeron en un 70%) es más aguda que la de la Gran Depresión de 1929 y mayor que la de países destruidos por la guerra como Ruanda o Sudan del Sur, más recientemente. “La catástrofe de Venezuela eclipsa cualquier otra de la historia de EEUU, Europa o le resto de América Latina“, dice Hausmann.
El gobierno, a medida que pasan los días, va quedando solo. Los organismos de los DDHH de la ONU y de la OEA andan alarmados por los desmanes que están cometiendo las fuerzas armadas contra manifestantes que solo piden libertad y elecciones libres. Muy preocupada, la dirigencia de la Unión Europea no deja de manifestarse casi a diario en relación con nuestra crisis e insta al gobierno a que negocie con la oposición democrática, libere los presos políticos y llame a elecciones. La mayoría de los gobiernos de nuestro hemisferio hacen otro tanto.
En Mercosur los países miembros están a punto de tomar decisiones severas con base a los Protocolos vigentes sobre Democracia y DDHH, lo cual podría acarrear la expulsión definitiva de Venezuela de ese bloque comercial.
Decenas de expresidentes piden que en Venezuela se restablezca la democracia y las libertades y denuncian las atrocidades de lesa humanidad perpetradas por los esbirros del régimen de Maduro y sus secuaces.
El gobierno está aislado mundialmente, está como la una. Es una suerte de leproso internacional. Su fraudulenta constituyente no será reconocida. Sólo pocos gobiernos y grupos políticos cegados por la ideología y los negociados lo respaldan.
La verdad se está imponiendo. Nos acercamos a un desenlace que deseamos se lo más pronto. Aun cuando hay muchas y fuertes razones para impacientarse, lo prudente y eficaz es perseverar en lo que han sido los postulados fundamentales de la estrategia de la oposición democrática: cambio constitucional, democrático, electoral y pacífico. Esta es la garantía de victoria definitiva.
Sin abandonar la protesta y la movilización ciudadana, debe actuarse en todos los tableros, incluso en el electoral, más allá de que la institucionalidad en este campo esté subordinada al gobierno.

EMILIO NOUEL V.  

sábado, 29 de julio de 2017

UNA LECCIÓN DE MITTERAND EN ESTA HORA AZAROSA

Pensando en nuestra penosa y angustiosa circunstancia política, cuyo desenlace desconocemos aunque lo sintamos próximo, he llegado a sentir que los odios y la venganza están tomando pavoroso vuelo, y que eso nos podría conducir al infierno.
Las escenas de represión aterradoras, la saña de los militares y otros cuerpos de seguridad que nos muestran las redes sociales a diario, nos reafirman esos escalofriantes temores.  
Sí, pensando en tal probabilidad, recordé uno de los últimos discursos de un gran estadista europeo, ya ido: François Mitterand, ex presidente de Francia.
A él –permítanme una referencia personal- tuve la suerte de verlo y oírlo de cerca, en una reunión en Miraflores, en 1989. Me había tocado participar en la negociación de un convenio bilateral con el Ministerio de Finanzas de Francia, que fue firmado en tal encuentro en Caracas con el presidente C. A. Pérez. 
Había seguido por mucho tiempo, la trayectoria de este gran político, cuya figura estuvo presente por muchas décadas en la política de su país, colocado en posiciones cimeras y decisorias. Sentí siempre una admiración por el político que fue, más allá de lo ideológico. Reconocer su valor es obligado, y ante su sabiduría y experiencia no se podía ser indiferente.
Decía que de él evocaba una intervención pública ante el Parlamento Europeo un día de Enero de 1995, en la cual tocó el tema de las guerras europeas que a su juicio eran producto, sobre todo, de los nacionalismos exacerbados, el de creerse, desde una nacionalidad cualquiera, superiores a los otros. Es célebre su frase, expresada de manera enfática en tal ocasión: “¡El nacionalismo es la guerra!”.
En el discurso en cuestión decía que había pasado su infancia con familias desgarradas que lloraban sus muertos y guardaban un rencor y odios contra el que había sido su enemigo. 
Sin embargo, Mitterand afirmaba que a pesar de tanto dolor, separación  y muerte debía dejarse de transmitir el odio, y más bien habría que abrir la posibilidad de la reconciliación entre las naciones. “Uno tiene la audacia de imaginar lo que podría ser un porvenir más brillante fundado en la reconciliación y la paz.”
Era un hombre que había podido experimentar el horror de la guerra; de allí su rechazo inequívoco a ella. Pero no había sido en ésta -afirmaba- en la que había alcanzado tal convicción, sino en su propio hogar, donde las virtudes de la benevolencia y la humanidad le fueron inculcadas.
En momentos en que nuestro país pudiéramos estar bordeando la posibilidad del espanto que podría traer una guerra fratricida, como consecuencia de la conducta de unos gobernantes bárbaros e inconscientes, habría que recordar la experiencia amarga de otros pueblos para evitar, así, sumergirnos en un infierno similar o peor.
Sé que tal eventualidad no depende sólo de los que queremos solucionar nuestra crisis de manera pacífica.
Hemos demostrado hasta con la ofrenda de vidas de decenas de jóvenes, nuestra voluntad de resolver nuestra tragedia por las vías civilizadas.
La pérdida de esas valiosas vidas y las consecuencias emocionales que conlleva, no son fáciles de asimilar y superar. Comprendemos el dolor, la rabia y la impotencia que genera llevar tal carga.
No obstante, ese profundo pesar no puede hacernos caer en lo que unos gobernantes enloquecidos quieren, consciente o inconscientemente: la aniquilación del adversario político, mediante una guerra. No son pocos los que desde fuera de nuestro país están viendo un peligro de conflicto violento entre nosotros.
Estamos obligados política y moralmente a rechazar esa deriva demencial, agotando todos los recursos y medios (diálogos, negociaciones, mediaciones) para impedirla, antes de que sea muy tarde.  
Imaginemos, mas bien, con Mitterand, un futuro brillante de reconciliación y paz, sin que ello comporte renunciar a defender y ejercer nuestros legítimos derechos, y luchar por un nación próspera y pacífica.

Pero poniendo por delante todas las salvaguardias que cierren el paso a la violencia de todos contra todos. Simplemente, no dejemos que la lógica del odio y de la muerte se impongan en una sociedad que merece otro destino. 

EMILIO NOUEL V.



jueves, 20 de julio de 2017

16J DEMOCRÁTICO VS CONSTITUYENTE ESPERPÉNTICA


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Se puede palpar, sin mucho esfuerzo, la dimensión histórica descomunal de la consulta popular que tuvo lugar el 16J en Venezuela.
Este evento político no tiene parangón, por lo original, inusitado. Los venezolanos fuimos,  al mismo tiempo, privilegiados actores y espectadores, de este hecho inédito, cuyo fundamento, justificación y valor superior son eminentemente políticos, más allá de lo numérico, que también fue excepcional.
El resultado exitoso alcanzado es el fruto de una iniciativa puesta en práctica por una dirigencia política y social que ha venido dejando la piel ante un entorno hostil y desfavorable. Partidos y sociedad civil, en virtuosa comandita, actuaron en función del interés de toda la Nación.
El extraordinario número de personas movilizadas, siendo un enorme logro, es menor al  positivo efecto cualitativo en términos de moralización y autoestima de las fuerzas democráticas. El ADN libertario del venezolano, de nuevo, se manifestó sin ambages, categórico, derrotando los obstáculos, la propaganda engañosa y las amenazas lanzadas desde el gobierno.  
La dictadura militar-cívica ha recibido un varapalo contundente. Alrededor de  7 millones y medio de ciudadanos rechazan no solo su ejecutoria autoritaria y desastrosa, sino también sus intenciones de perpetuarse en el poder.
No hicieron falta ni milicos ni ley seca, ni siquiera el arbitrario y sumiso mamarracho que es el CNE, para que la mayoría democrática del pueblo venezolano se pronunciara contra el gobierno militar-cívico.
El 16J el pueblo se expresó también por la constitución de un nuevo gobierno de transición o de unidad nacional que nos saque del calamitoso y destructor que nos agobia.
Los lineamientos (Compromiso de gobernabilidad) que seguiría ese nuevo gobierno los presentó la MUD ya, en el marco de la agenda de lucha que está en curso.
 Pero lo más importante es que una millonada de ciudadanos se oponen a la inconsulta e inconstitucional constituyente convocada, que, además, se preanuncia esperpéntica, si nos atenemos a los candidatos que se promocionan con los dineros de todos a través de los medios.
Sí, de instalarse tal asamblea, tal adefesio, estaría conformado por freakys, ignorantes, ágrafos, cuando no, farsantes y/o delincuentes. Esa Corte de los Milagros sólo podría producir un despropósito mayor, que nos hundiría  más en el caos y la miseria.
El 16J, un aplastante número de venezolanos dejamos en claro que es con mecanismos democráticos y pacíficos que deseamos corregir el mal rumbo que ha seguido el país durante 18 años.  Que aspiramos a un gobierno que reconstruya a la Nación y lo encamine por senderos de prosperidad para todos.
El señor Almagro de la OEA, muy bien lo señala en su Tercer Informe sobre la crisis venezolana, presentado esta semana:
“La Consulta realizada representa un verdadero ejemplo de vocación cívica y de democracia directa ejercida por los venezolanos a pesar de los crímenes de la represión del Estado. El pueblo se expresó a favor de recuperar sus libertades fundamentales y el Estado de derecho. Dio, además, una profunda lección a gobernantes y oposición; está en manos del pueblo encontrar los caminos que saquen a Venezuela de la crisis política, social y económica en la que se encuentra”.
En efecto, nuestro pueblo habló y expresó su disposición a resolver la crisis por mecanismos civilizados. Sólo aspiramos a que en el mundo se produzca una acción concertada, firme y eficaz, que termine de doblar el brazo a un gobierno tiránico, obligándolo a negociar los términos de un arreglo que ponga fin a tanto infortunio, infelicidad y muerte en nuestro país. Ojalá los últimos movimientos que se están dando en el seno de la comunidad internacional nos conduzcan a buen puerto.


EMILIO NOUEL V.

miércoles, 28 de junio de 2017

                       MADURO: A CONFESION DE PARTE…….

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Hoy, para la mayoría apabullante de los venezolanos, no solamente el que encabeza Maduro es un gobierno fatídico y siniestro, es también una tiranía militar plagada de corrupción que no tiene empacho alguno para utilizar la violencia contra quienes se le oponen.
Solo los desinformados, ingenuos y gente sencilla se comen el cuento de que es amante de la paz, como lo pregona por todos los medios su aparato de propaganda goebbelsiano.
Mucha agua tuvo correr para que el mundo se percatara de la naturaleza autoritaria del chavismo. Y hasta la chavista Fiscal General ha declarado que hay rompimiento de la constitucionalidad y se ha instaurado un terrorismo de Estado en Venezuela.
Y sin embargo, hay algunos, dentro y fuera del país, que todavía no alcanzan a identificar tal esencia tiránica. No disponen aún de la prueba concluyente de que estamos frente a un régimen político que es la negación de la democracia y las libertades.
Obviamente, no aludo a los que por ceguera ideológica, como diría Octavio Paz, no ven las atrocidades que comete el gobierno de Maduro, sus violaciones notorias a los derechos humanos. Tampoco a los que viéndolas, perversamente, las consideran como acciones “necesarias”, “daños colaterales”, que tienen lugar en todo proceso revolucionario que se precie de tal. Es el precio que habría que pagar, según ellos, para construir un cielo socialista en la Tierra en el que todos presuntamente seremos felices.
Para los que mantienen dudas de cara a la condición despótica del gobierno militarista chavista y creen en su discurso supuestamente pacifista, esta semana debiera haber despejado las incógnitas de manera definitiva.
Su desprecio por la democracia se patentiza en la declaración que hizo a viva  voz en un acto público el señor Maduro: “Lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas” (27 de junio de 2017). O lo que es lo mismo, que le tiene sin cuidado que los rechace el pueblo abrumadoramente, que le importa un bledo que en su mayoría vote contra él y su partido; de todos modos, igual tomarían el poder a la fuerza, echando mano de las armas, poniendo de lado su voceado talante pacífico, su mensaje de amor, llevándose por medio las instituciones democráticas y pisoteando la Constitución.
Imagino cómo habrá caído entre los demócratas del mundo ese arrebato de sinceridad del sátrapa Maduro. ¿Hacen faltan más pruebas de que es una tiranía la impuesta en Venezuela?
A los que persisten en dar algún crédito al gobierno chavista, les recuerdo que hasta ahora han demostrado que allí no hay palabra, ni honor, ni escrúpulos, ni dignidad. Ni siquiera una pizca de conciencia o vergüenza democrática. Pues si no fuera así, ya debieron haberse ido y dejado que el país se encamine por otros derroteros.
Queda claro que el pueblo venezolano enfrenta una situación política inédita, muy compleja y de difícil solución. Lo que experimentamos amargamente se sale de los parámetros conocidos.
Y está igualmente claro que el gobierno militarista que encabezan Maduro, Cabello y unos militares indignos del uniforme que portan, es todo lo contrario a un régimen que respeta las libertades fundamentales, acorde con los tiempos actuales.
Mientras en Colombia, los facinerosos de muchas décadas dan un adiós a las armas, los de nuestro país anuncian inconsciente y criminalmente recurrir a ellas. 
Sobre los que en mala hora llegaron a las alturas del poder en Venezuela, pesará la responsabilidad de una eventual guerra fratricida, que deseamos no se produzca nunca. Y recuérdese que violentos los hay en todos los bandos, solo se requiere estimularlos un poco para que se encienda la chispa. Aun están a tiempo los del gobierno de irse o tratar de convenir en una negociación que evite un baño de sangre. Los asesinatos de 80 jóvenes y la ola anárquica de saqueos son solo el asomo sombrío de una violencia que puede convertirse en imparable, y que todos lamentaríamos.
La comunidad internacional tiene mucho que contribuir a que lo peor no llegue a Venezuela. Debería reforzar la presión sobre un gobierno cuya naturaleza antidemocrática es admitida por él mismo. A pesar de las circunstancias y de que pareciera que los caminos razonables pudieran estar cerrados, no nos cansaremos de llamar a soluciones democráticas pacíficas. La historia enseña que son las que nos salvarían del infierno.

EMILIO NOUEL V.



miércoles, 21 de junio de 2017

VENEZUELA Y COLOMBIA EN LA ESCUELA DE GOBIERNO ALBERTO LLERAS CAMARGO


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Sin duda, lo que acontece en nuestro país es motivo de alta preocupación para el entorno  cercano y más  allá. No solo se interesan los gobiernos, también las instituciones internacionales y hemisféricas, sobre el destino inmediato de nuestro país.
Las repercusiones del desastre venezolano ya se están sintiendo en otras sociedades. Y las perspectivas a corto y/o mediano plazo, de seguir agravándose la crisis,  no son muy halagüeñas. Brasil, Colombia y algunas islas cercanas empiezan a ver como posible una inmigración eventual de venezolanos aventados por nuestra situación.
Ya se cumplen 18 años de un gobierno que perturbado las relaciones de Venezuela con el mundo. De una política exterior de Estado se ha pasado a un activismo internacional al servicio de una ideología que ha arremetido contra la institucionalidad  establecida y los valores del mundo occidental.
Una acentuación de la ingobernabilidad política y de la crisis humanitaria en Venezuela podría  tener efectos indeseables en naciones aledañas; de allí que los observadores del entorno, estén mirando con mucha atención el desarrollo de los eventos, no vaya a ser que les tome de sorpresa hechos inesperados, sin disponer de planes contingentes que amortigüen  sus efectos.   
Como consecuencia de tales inquietudes, recientemente, en Bogotá, tuvo lugar un evento organizado por la prestigiosa Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo (Universidad de Los Andes), con el propósito de debatir las consecuencias que el chavismo ha tenido en las relaciones colombo-venezolanas y las perspectivas futuras.
No son pocas y de menor monta las secuelas negativas que el desgobierno chavista ha traído para aquellas, y a ese asunto dedicamos algunas horas en el país hermano.
Quienes asistimos no podemos menos que sentirnos muy agradecidos por el interés manifestado por los organizadores respecto del destino de nuestra Nación, en la hora tan aciaga que vivimos.
Más allá del análisis de las repercusiones políticas, económica, sociales o migratorias que pueda comportar para Colombia la deriva de la situación venezolana, recibimos muestras muy sentidas de solidaridad hacia los sectores políticos y sociales que están librando una dura lucha por recuperar la democracia y las libertades, hoy pisoteadas por un gobierno tiránico y destructor. 
Desde nuestro punto de vista, como lo recalcó el embajador Leandro Area en su intervención, todo lo que suceda en Colombia, no es un problema de política exterior, sino interno. Así como, quizás, para muchos colombianos, lo venezolano también sea visto desde la misma perspectiva.
En el mundo de hoy, el de la interdependencia global, entre las políticas nacionales y las internacionales el deslinde se ha ido borrando desde hace mucho tiempo. La porosidad entre los países cercanos o no, se ha ido ampliando y los vasos comunicantes de variopinta naturaleza entre las sociedades convierten los problemas en asuntos comunes. Por supuesto, también sus remedios e implementación.
Pero esta dinámica “interior” se da, sobre todo y principalmente, entre países fronterizos, como es el caso que nos ocupa. 
Venezuela y Colombia han estado y estarán una al lado de la otra por los siglos de los siglos.
Sus tribulaciones son similares a las nuestros y algunas nos envuelven a ambos. Lazos políticos, económicos, culturales y familiares nos reúnen, para lo bueno y lo no tan bueno.
Desencuentros no han faltado. No obstante, las relaciones se han llevado con un espíritu amistoso, cooperativo y en la búsqueda de beneficios mutuos. En lo comercial, llegamos a convertirnos en la frontera más dinámica de la región. El intercambio mercantil, bajo el paraguas integrador de la Comunidad Andina, llegó a alcanzar a más de 7.000 millones de dólares en el año 2008, cifra ésta que se logró a partir de un ascenso progresivo desde varias décadas atrás. Hoy, lamentablemente, un relacionamiento que se cultivó todo ese tiempo se ha descalabrado por causa de un gobierno, el venezolano, que ha hecho lo indecible para destruirlo. El año 2017, el comercio apenas sumó alrededor de de 700 millones de dólares, y esta caída es tan brutal como injustificada.

Los que participamos en el evento de Bogotá: Leandro Area, Oscar Hernandez Bernalette y quien escribe estas líneas, reiteramos a quienes de manera deferente fueron a vernos y oírnos, que en Venezuela los demócratas valoramos los lazos que nos han unido e integrado con Colombia por muchos años.  Dejamos claro que un gobierno distinto al que padecemos en el presente, retomará una senda que nunca se debió torcer: la de la estrecha asociación sinérgica y el provecho social compartido. Solo así, estamos convencidos, ambas sociedades podrán dar de sí los frutos que sus ciudadanos esperan no solo de sus gobernantes.
Desde nuestro país hundido en una calamitosa crisis, celebramos, no obstante, que la Escuela de gobierno Alberto Lleras Camargo, dirigida por el doctor Eduardo Pizano, se coloque en la tesitura de ventilar los asuntos que atañen a ambos naciones, y ojalá estos encuentros, aquí y allá, se mantengan permanentemente, animados de un espíritu amplio, sincero, solidario, democrático  e integrador.

EMILIO NOUEL V.

sábado, 20 de mayo de 2017

TODO O NADA: ¿ES ÉSE EL DILEMA?

No son pocos, dentro y fuera del país, que se preguntan, visto lo visto, porqué sigue en el poder el gobierno militar-cívico que nominalmente encabeza Nicolás Maduro.
El desastre gigantesco en lo económico y social sería razón suficiente para que un gobierno de gente normal y medianamente razonable hubiera renunciado y dado cabida a una solución democrática ajustada a los parámetros constitucionales.
Pero lamentablemente no estamos frente a unos políticos normales, juiciosos, responsables y conectados a la realidad, con los cuales uno podría tener las diferencias naturales que se dan en cualquier sistema democrático. Ése no es nuestro caso.
Por el contrario, los venezolanos encaramos una tiranía, que tampoco es de las que una designaría como “normal”, clásica, porque está comandada, como ha sido señalado, por una secta militarista, que además de ser inescrupulosa, perversa y corrupta, actúa como una agrupación de corte fascista, aunque se adorne con un discurso supuestamente reivindicador de los más necesitados y partidario de la paz.
¿Por qué no cae este gobierno, habida cuenta del desastre y del repudio casi unánime de los ciudadanos, expresado durante 45 días continuos, con un saldo de penosas muertes, asesinatos, mas bien, de jóvenes?
¿Qué hace que siga sosteniéndose un gobierno también rechazado y condenado por gran parte de la comunidad internacional?
¿Cuántas atrocidades adicionales debemos sufrir antes de que salga el gobierno más letal que hayamos conocido en nuestra historia patria y la del hemisferio?
¿Qué otra cosa debemos hacer los que oponemos a él para que de una vez por todas se vaya?
Estamos librando una lucha asimétrica que a pesar de esta circunstancia, cada día se agudiza por la terquedad absurda de un poder que no quiere ceder en nada y buscar una salida consensuada, y ajustada a la Ley.
La camarilla militar-cívica que ha hundido al país en el caos no abre una mínima puerta a una solución. Está llevando al país a prácticamente una guerra civil. Su siembra de odio y rabia está conduciendo a un clima en el que la irracionalidad se podría imponer, y eso ya se está viendo. Mucha gente empieza a ser asaltada por una pasión intensa de  venganza y si esto se llegare a instalar en gran parte de la población, no quiero ni mencionar en el oscuro foso en que caeríamos como sociedad.
La dirigencia opositora, en medio de esta vorágine, tiene que asumir un rol orientador, sin perder el objetivo central. No solo al gobierno se le está yendo de las manos el control de la situación, también a los líderes de la oposición les podría ocurrir otro tanto.
La oposición, por encima de sus iniciativas de justas y legítimas protestas, debe proponer, igualmente, una propuesta política clara al país.  Que vaya más allá de las generalidades de la necesidad urgente de un cambio político. Solo con planteamientos concretos de cara no solo a sus seguidores, sino también a aquellos sectores que se ubican políticamente en el bando contrario, se puede encauzar una salida al atolladero en que estamos.
En sectores alrededor del gobierno, tiene que haber algunas reservas de sensatez política, de instinto de supervivencia, de percepción correcta de la realidad. Allí hay gente que percibe que de persistirse en la enloquecida deriva actual, saldremos perdiendo todos con el hundimiento del país.
¿Qué vamos a proponer a ellos? ¿Qué propondremos a un sector que ha sido involucrado criminalmente en la política, las FAN?
¿Qué planteamos en materia económica?
¿Qué tipo de gobierno queremos instaurar para salir de esta crisis?  ¿Quienes deberían componerlo ( no me refiero a nombres)?
¿Qué mensaje concreto vamos a enviar a la comunidad internacional?
Contestemos estas preguntas de una vez y lancemos al país y el mundo nuestro plan concreto y puntual de recuperación de la democracia y la economía, y los mecanismos concretos para ello. No se trata de redactar un exhaustivo programa, pero sí de ofrecer un conjunto de medidas perentorias que podría adelantar un gobierno con amplio apoyo nacional, incluida gente que ha estado en la órbita del gobierno.
Sé que los ánimos encendidos y las pasiones desbordadas son los que en estos momentos se imponen. Que las contradicciones son muy agudas, que la rabia está desatada y que hay quienes piensan en términos de ‘todo o nada’. Pero para superar esta terrible situación es necesario un poco de cabeza fría, porque en ello nos jugamos la existencia como país.
En esta lucha desigual, y lo subrayo, desigual, en términos de instrumentos de fuerza bruta (aunque el que la tiene, el gobierno, no ha podido imponerse), es necesario, de parte de la oposición, sin ceder en su protesta, lanzar una propuesta política que logre quebrar el bloque adversario, dividirlo, lo que por lo demás, está sucediendo. Así, los espacios que sigue controlando y los afectos que le quedan, podrían voltearse a una solución política viable a la crisis, que goce de un amplio consenso y encamine al país hacia una senda de reinstitucionalización democrática y de recuperación de la economía.
Antes de que nos despeñemos hacia un caos incierto, hagamos ese último esfuerzo.
EMILIO NOUEL V.


miércoles, 10 de mayo de 2017

FARSANTES, DELINCUENTES Y TIRANOS ASESINOS


La historia de los regímenes políticos y sus ejecutorias prácticas nos ilustra acerca de los tipos de gobierno que los humanos hemos disfrutado o padecido.

Unos son buenos, otros no tanto, algunos regulares, pero también hay los detestables.

En estos últimos, sus ejecutantes logran concentrar el mayor número de iniquidades, tropelías y estropicios sociales. De estos no son pocos los que enarbolan convenientemente un discurso reivindicador de los más, de los menesterosos, como engañifa para llegar al poder.

Sin embargo, se convierten, no solo por su ideología, en gobiernos aborrecibles. Literalmente, en enemigos del género humano, aunque hablen en nombre de altos ideales.

El que padecemos los venezolanos en la actualidad, es uno de esta calaña infame. Es de los peores que pueden haberse conocido por su naturaleza destructora.

Las pruebas sobran, y su notoriedad nadie imparcial y objetivo las puede refutar.

La farsa del gobierno militar-cívico de Venezuela se patentiza a diario. Sus mentiras nadie las cree ya, ni sus acólitos. Su fementida adhesión a la democracia ha sido desnudada. Hasta los organismos internacionales a los que entregaban cifras maquilladas, al fin se han percatado del timo. Éstos no confían más en tales triquiñuelas. Una opinión es unánime, dentro y fuera del país: el gobierno es embustero y estafador.

Por otro lado, aunque no todos pueden ser metidos en el mismo saco y con igual responsabilidad, nunca antes en la historia de nuestro país se había llegado a los extremos de corrupción política y administrativa como en los últimos 18 años. Nunca en el pasado, altos funcionarios de gobierno fueron acusados de pertenecer a mafias del narcotráfico y otros delitos. El asco se ha instalado en la Venezuela decente ante tanta degradación moral y política.

Y como colofón de todo este oprobio, somos víctimas también de unos gobernantes tiranos, salvajes, que no respetan libertades ni Ley. Su principio de gobierno es la arbitrariedad, su modus operandi, el atropello; su fuerza, la bruta, más allá de las supuestas ideologías que los inspiran, señuelos para engañar incautos. Un gobierno militar y militarista se está mostrando en toda su desvergüenza llevándose por delante el principio del debido proceso al someter a civiles que protestan de manera pacífica, a la justicia militar, infringiendo así, sin pudor alguno, la Constitución.   

Su apetito desmedido por el poder y el dinero, los presenta ante el mundo como lo que realmente son: forajidos de la política. El respeto al Estado de derecho o a los derechos humanos no está en sus planes. Su respuesta a las demandas de democracia y libertad es el encarcelamiento y el asesinato de jóvenes.

Sean militares o no, carecen de rectos principios morales, no tienen palabra, ni honor, ni vergüenza. Poco les importa como queden frente a la historia, su familia o ante el país.   

Afortunadamente, la mayoría aplastante de los ciudadanos decentes, y muchos militares también, no soportan tanta inmundicia y pillaje de los dineros públicos, tal estado de arbitrariedad y violación a los derechos humanos, tanto descrédito internacional. 

La reconstrucción político-institucional y moral de la nación, cuyo inicio cada día se acerca más, precisará de todos los venezolanos de bien, que hoy repudian resueltamente a unos gobernantes farsantes, delincuentes y tiranos, la combinación política más tóxica que puede haber. A ellos les llegó la hora de la partida y de la Justicia.  
 

Emilio Nouel V.



@ENouelV

miércoles, 3 de mayo de 2017

SALIDA DE LA OEA, MANIOBRA CONTRARIA A LOS INTERESES DE VENEZUELA



El principio jurídico-formal es que todo país puede retirarse de una institución internacional a la que pertenezca, cumpliendo con las solemnidades y requisitos establecidos en el tratado suscrito.
De la misma forma como ingresó, también podrá manifestar su voluntad de separarse,  y de esto se encargan los que representan el país, es decir, el Gobierno.
La Convención de Viena, por ejemplo, en su Parte V, 42.2 establece que “La terminación de un tratado, su denuncia o el retiro de una parte no podrán tener lugar sino como resultado de la aplicación de las disposiciones del tratado…..”, lo cual “no menoscabará en nada el deber de un Estado de cumplir toda obligación enunciada en el tratado….”.

En general, el poder ejecutivo del país de que se trate, constitucionalmente, es el encargado de hacer la denuncia del tratado por los canales diplomáticos correspondientes. También es quien tiene la facultad exclusiva para tomar esta decisión, independientemente de otros poderes del Estado. Es decir, que no precisa de  la anuencia, de un voto favorable, por ejemplo, del Parlamento. Sin embargo, en los países democráticos, decisiones de esta naturaleza son llevadas a los parlamentos o sometidas a referendos, no son tomadas de forma unilateral por los gobiernos. Se busca así lograr el mayor consenso posible entre los ciudadanos.   
De modo que lo más conveniente es que cuando un gobierno tenga la intención de desprenderse de un compromiso internacional, debería abrir un proceso de consultas con la representación popular, toda vez que tal decisión de Estado podría tener repercusiones no solo político-diplomáticas, sino también de otra índole, incluso económicas.
Sobre todo, estas consultas se justifican con más razón, cuando se trata de un tratado de gran importancia para un país. Es contraproducente adoptar una decisión de tal envergadura desde una parcialidad del Estado o por un partido político. No sería una acción del Estado como un todo, sino de un solo sector político, lo cual debilita la iniciativa, le resta legitimidad al no contar con una amplia opinión del país. Ejemplo reciente lo tenemos en el llamado Brexit en el Reino Unido.
El gobierno actual de Venezuela ha iniciado el proceso de retiro de nuestro país de la Organización de Estados Americanos, de la cual somos fundadores en 1948. En los últimos años el gobierno ha denunciado varios tratados: Comunidad Andina, Grupo de los Tres, la Convención Americana sobre los Derechos Humanos y el Convenio sobre Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI).  En ninguno de estos casos, buscó compartir la decisión con otro actor nacional.  

A mi juicio, el retiro de la OEA es un exabrupto político y diplomático descomunal, que ni siquiera los tiranos más repugnantes de la región fueron capaces de realizar. No solo el país se verá perjudicado; los mismos irresponsables que lo perpetran serán también afectados. Si ya el gobierno está aislado, en lo sucesivo lo será más.  

La decisión es una consecuencia lógica de una forma de pensar frente a los compromisos internacionales. Es lo que Chávez, en consonancia con el Foro de Sao Paulo, buscaba, al enfrentar “la influencia nefasta de los organismos internacionales”, todo con base “en  nuestros propios criterios y conceptos de soberanía.” Ésas fueron textualmente sus palabras (Declaración de Hugo Chávez en visita a Manaos, Brasil, Octubre de 2004). En algún momento se preguntó para qué la OEA y planteó la posibilidad de retirarse de ella. De allí que el inefable Roy Chaderton declare que ahora Venezuela “es más libre” porque inicia la salida de ese organismo.

Tal actitud es el resultado de una visión trasnochada sobre la soberanía, un concepto anacrónico que en el mundo de hoy no tiene más asidero en la realidad, ni en la política ni en la economía, y, particularmente, en el tema de los derechos humanos.  

Chavez prefería la “ley de la jungla”, sin organismos y normas internacionales que puedan servir de freno a los abusos eventuales de posiciones de dominio de los actores más poderosos o de los gobernantes que violen DDHH. Así, tal noción soberanista se convierte en una suerte de burladero para no responder de las arbitrariedades cometidas al interior de los países.
Obviamente, el gobierno chavista, mientras no se sintiera agredido, en minoría o acorralado, como sí lo es hoy, se mantuvo en el marco de la institucionalidad existente, aunque no creyera en ella. La utilizaba solo cuando conviniera a sus intereses.   

Por otro lado, y en relación con la supuesta inconstitucionalidad del retiro de la OEA alegada por ciertas opiniones, valdría la pena hacer algunos comentarios. 

Ciertamente, en el marco de esa organización nuestro país ha suscrito varios instrumentos jurídicos relativos a la democracia y los derechos humanos, que han pasado a ser normas de obligatorio cumplimiento, so pena de sanciones por no acatarlos.   

La Constitución Nacional es clara respecto de esos deberes, éstos tienen jerarquía constitucional y prevalecen en el orden interno (artículo 23 CN).   

Pero que esa referencia constitucional a los DDHH y su progresividad, contenidos en los tratados internacionales, no tenga, a nuestro juicio, discusión, no significa que se desprendería de allí que el pertenecer a la OEA sea una suerte de derecho humano irrenunciable, y por tanto, salirse de la OEA es, en consecuencia, inconstitucional. Son dos asuntos distintos. Seguirán vigentes en el país los DDHH adquiridos como consecuencia de haber pertenecido a esa institución, independientemente de ser miembro o no de ella.  Tales derechos no existen porque se esté en la OEA, ellos se mantienen en vigor al margen de ella. Por supuesto, los mecanismos procedimentales que se establecen en su seno, al desvincularse el país, no operarían, pero hay otros derivados de otros tratados vigentes (Corte Penal Internacional, por ejemplo).

Igualmente, la opinión de que al aprobarse un tratado por el parlamento (Asamblea), como está establecido en nuestra Constitución, su denuncia debería también contar con la aprobación de aquel por ser ley de la República, tampoco tiene sustento desde el punto de vista jurídico. Una vez que ha sido aprobado el tratado, la atribución parlamentaria se agota allí, y el poder ejecutivo, en virtud de su atribución de dirigir las relaciones exteriores (art. 236, num. 4), puede negociar, suscribir, ratificar o denunciar cualquier tratado.
Estando dicho que iniciar la salida de Venezuela de la OEA es un insólito desatino que dañará a nuestro país y al mismo gobierno, y señalado, asimismo, que por tratarse de una organización tan importante como la OEA, la Asamblea Nacional debería ser consultada formalmente sobre ese asunto, a los efectos de acordar una política de Estado, no queda otra que rechazar tal decisión por contraria a los intereses de los venezolanos.  
Afortunadamente, el proceso de la separación definitiva durará dos años, y albergamos la esperanza de que no se concrete nunca. Por el bien de los venezolanos.
EMILIO NOUEL V.

jueves, 20 de abril de 2017


FALTA MENOS

franciscofajardo19a

Comparar las dos concentraciones que tuvieron lugar el 19 de Abril es una tarea fácil que nos indica cómo está nuestro ambiente político y a quien realmente las  mayorías respaldan.
¿3 millones de personas en la Avenida Bolívar? Permítame carcajearme, señor Maduro. No se puede ser más farsante y embustero. Las  gráficas ciertas y confiables lo reseñaron ampliamente. No habrían más de 20 mil personas, si acaso, en la concentración organizada por el gobierno, a la que por cierto, llevaron nariceados a todos los empleados públicos del país, bajo la amenaza de ser despedidos.  
Pero la imposición les resultó infructuosa, miles se resistieron a hacerlo, y los que vinieron, en su mayoría, maldecían entre dientes a los déspotas que nos gobiernan.
Entre 20 y 50 mil bolívares fueron los viáticos que entregaron a cada persona, y algunos recibieron botellas de bebidas espirituosas. Miles de autobuses fueron contratados, y sin embargo, fue desastroso el resultado como movilización. Ya quedaron atrás los días en que acarreaban a la gente sin necesidad de estímulos en metálico o porque los consideraban sus líderes. La bolsa pública para despilfarrar y regalar se les vació, y ahora no los quieren ver ni en pintura por el hambre que han provocado.
El mundo entero pudo observar cómo el gobierno ni con todo el dinero del mundo puede movilizar a “su gente”. Perdió credibilidad, apoyo y legitimidad ante la población. Sus mentiras ya no son creídas, sus montajes mediáticos nadie se los traga, ni siquiera los que aún sienten alguna simpatía por el gobierno.
En cambio, la movilización de la oposición democrática fue grandiosa, pacífica, nunca vista en  nuestra historia política. La dirigencia política, los partidos y las organizaciones  de la sociedad civil demostraron su capacidad organizativa, su fuerza social y su liderazgo.  Probaron que su legitimidad democrática es real y que tienen audiencia en nuestra población.
Porque unas manifestaciones como las del 19 y 20 de abril responden a una implantación de un liderazgo que con sus defectos y errores tiene amplio respaldo popular. Unas demostraciones como ésas no son producto de la magia, de la improvisación o de la mera espontaneidad. Es también de un trabajo que muchas veces no es reconocido, o porque se desconoce o porque hay algún interés antipolítico detrás que busca restarles importancia, todo en un entorno en el que los medios mayormente controlados por el gobierno o neutralizados por éste, no reflejan las iniciativas de muchos líderes políticos y sociales que a la chita callando laboran junto a las comunidades luchando por sus necesidades más sentidas.
Estamos viviendo momentos muy difíciles, complejos e inciertos.
Tenemos enfrente a un gobierno que en su locura pareciera pretender que el país se hunda con él. No le importa las penurias y el dolor que sufre la población. Solo quieren mantenerse en el poder para seguir haciendo de las suyas, a su antojo.
De allí que arremeta con saña y perversidad contra quienes se oponen a él.
Esta semana presenciamos hasta dónde es capaz de llegar, violando los derechos humanos de los opositores que protestan contra un gobierno dictatorial y desastroso. Esta dispuesto a todo, y ya ha dado muestras de los más grandes horrores. Las amenazas, veladas o abiertas, a las personas que ejerciendo sus derechos constitucionales han salido a las calles a protestar, están a  la orden del día. Se les acusa de traidores a la patria e intimida, y hasta se asoma que podrían acabar con sus vidas.
Los venezolanos estamos siendo gobernados por unos verdaderos desquiciados que han desfalcado las arcas públicas y destruido instituciones que fueron levantadas con mucho esfuerzo por los venezolanos durante varias décadas. Y no solo eso, la moral de nuestra sociedad la han degradado.
Pero las principales víctimas han sido la democracia y la libertad.
No obstante, pareciera que el proceso de recuperación democrática se ha comenzado a acelerar y ello es motivo para sentirse optimista. Aun falta camino por recorrer, el cual se acortará en la medida que todos los demócratas unidos empujemos hacia el mismo objetivo.
Ya falta menos, los últimos y auspiciosos eventos están anunciándolo.  

EMILIO NOUEL V.