domingo, 10 de diciembre de 2017

VENEZUELA: LA IGNORANCIA Y LA BARBARIE AL TIMON

En estos días puse particular atención a lo declarado por el secretario general del sindicato petrolero de Paraguaná, Iván Freites, la cual pone los pelos de punta a cualquiera que la haya oído.
El general ignorante que ahora “gerencia” PDVSA ordeno que pusieran en funcionamiento –“arrancaran”- las plantas de aquel complejo refinador, que, según el declarante, tienen daños serios en sus estructuras, tuberías y algunas están en reparación, todo sin cumplir con los protocolos y normas de seguridad, exponiendo a los trabajadores, a la empresa y la población circundante a correr riesgos físicos que podrían ser irreparables.
Agregaba el sindicalista, que el milico en cuestión tenía previsto incorporar manu militari a cientos de miembros de la milicia -improvisados e inexpertos en la materia, por supuesto- para que, a como diera lugar, esas plantas entraran en operación.
De ser cierto lo que denuncia Freites, y no me extrañaría para nada que lo fuera, estamos ante una demostración más de la conducta nociva, irresponsable y destructora que caracteriza a los que nos gobiernan.
El notorio estado lamentable del país, de su economía e instituciones, del nivel de vida de los ciudadanos y del entorno moral, es consecuencia directa de un modo de gobernar, si así puede llamarse este, que es expresión no solo del desconocimiento de lo que tal actividad compleja comporta, es también el resultado lógico de una ideología demencial, lindante con la barbarie.
Muchos acusan al gobierno de comunista, y cuando veo cosas como la mencionada al comienzo de estas líneas y los otros cientos de desaguisados perpetrados durante casi 20 años, no puedo estar más en desacuerdo con tal caracterización. Esto que padecemos en Venezuela no es comunismo, es algo peor aún.
Porque a pesar de que el comunismo es una funesta ideología, totalitaria y  fracasada, la experiencia nos indica que en él había, al menos, un orden, un mínimo de sentido común que lo hacía funcionar para los fines, por supuesto, que conocemos.
Pero lo que vemos en este país es otra cosa. No hay orden, ni preparación técnica, ni plan que se ejecute bien; ni siquiera las locuras que se les ocurren son ejecutadas medianamente (el estado comunal, el trueque, el sucre, etc) . Todo es un caos, una chapuza, una reiteración de errores, en los que la barbarie más primitiva e iletrada se ha impuesto al interior de la Administración pública, para descoyuntarla y/o demolerla, sin levantar otra que la sustituya.
Más allá de su ideología, en la antigua Unión Soviética nunca se les hubiera ocurrido nombrar, para dirigir el programa espacial, a un ignorante en la materia.
En la Venezuela revolucionaria, nos damos el lujo de colocar al frente de cruciales funciones administrativas, como la educación, la salud, el transporte o la industria petrolera, a personas cuyas credenciales son las de estar intoxicadas de una doctrina desquiciada, sin valores éticos ni experiencia.
El gobierno se caracteriza por poner a redomados incompetentes o simplemente a chafarotes iletrados, que solo han generado la debacle social más grande que se haya podido conocer en nuestra nación.
No otra cosa podemos esperar de este gobierno de los peores, de los mediocres, cuyos méritos son o los de pertenecer al partido de gobierno o a una de las mafias que lo dirigen.
Hambre, destrucción y caos social es lo único que exhiben. Sin el chorro petrolero, no se hubieran mantenido en el poder por tanto tiempo, porque el desbarajuste quizás se habría adelantado. Y quien quita que ya se habrían marchado estos atilas, para bien de los venezolanos.
Con ellos no puede haber futuro. Solo un viraje hacia otro modelo político y económico puede hacer recuperar la esperanza en una Venezuela prospera.

emilio.nouel@gmail.com
@ENouelV

sábado, 11 de noviembre de 2017

¿Monroísmo demodé o defensa de la Democracia hemisférica?


Aunque EE.UU sigue siendo, y quien sabe por cuanto tiempo más, el país más poderoso del planeta en muchos sentidos, su peso e incidencia en el ámbito internacional ha ido mermando.     
No hay estudioso o analista que no reconozca esa realidad incontrovertible. Su poder no es el de hace medio siglo a pesar de que compartía entonces con la Unión Soviética el protagonismo en un mundo bipolar.  
Ha corrido mucha agua bajo el puente, y esa  ya no es la situación actual. La correlación de fuerzas y los equilibrios geopolíticos son otros; y hoy hasta se habla de un “Nuevo orden chino”, y quizás sea este mundo “balanceado” lo más conveniente para la gobernabilidad del planeta que vivimos.  Pero independientemente de que a uno le parezca positivo o no ese hecho,  cualquier análisis que se haga sobre el papel global que ha adquirido y mantiene EE.UU, debe partir de esa constatación, lo cual, por supuesto, no resta a ese país el carácter de nación admirable, ejemplar y determinante en diversos campos.
Sin embargo, cuando leemos por ahí que a algún descaminado se le ocurre pedir la aplicación de la Doctrina Monroe para llamar la atención a los gobernantes estadounidenses sobre las andanzas de Rusia en nuestro continente, concretamente en Venezuela, no deja de producirnos cierto asombro, sobre todo, por venir de personas que supuestamente tienen ciertos conocimientos y experiencia política en lides nacionales e internacionales.  
Echar mano de la célebre Doctrina en estos tiempos es poco menos que un anacronismo, un recurso demodé y un despropósito político. Ni siquiera los mismos norteamericanos apelan a tal visión en pleno siglo XXI.  
Resulta curioso como la utilización de ese expediente va al encuentro del discurso de líderes del Foro de Sao Paulo y/o de la izquierda latinoamericana, que plantea para nuestro hemisferio el dilema absurdo de “Monroísmo versus bolivarianismo”, a lo Indalecio Liévano Aguirre.     
Como es harto conocido, la Doctrina Monroe, formulada más bien por John Quincy Adams, siendo este Secretario de Estado de EE.UU, fue presentada por el presidente James Monroe hace 194 años y respondía a unas circunstancias particulares. Tal declaración está sintetizada en la frase “América para los americanos”. Al momento de ser proclamada, por cierto, no tuvo rechazo de los latinoamericanos, sino más bien fue bienvenida. Era vista como el símbolo de una ideología compartida por todos los americanos que enfrentaba a los Imperios europeos de entonces. Posteriormente, ha sido mitificada por unos y  demonizada por otros.   
La doctrina se resumía en 4 puntos: 1) EEUU no intervendría en las colonias europeas existentes; 2) Se mantendría apartado de Europa, sus alianzas y guerras; 3) El continente americano, en lo sucesivo, no podrá ser colonizado por las potencias europeas; 4) Cualquier intento de extender el sistema político de Europa a los territorios americanos sería considerado peligroso para la paz y seguridad americanas.  
Sin embargo, con base en esa doctrina algunos gobernantes norteamericanos se sintieron autorizados para intervenir en el entorno continental. Así, Henry Kissinger lo ha admitido al decir que tal doctrina convirtió al océano que separaba a Europa de EE.UU en un foso protector, al tiempo que daba a este país “la libertad para conquistar el continente americano”.
Se ha dicho, a mi juicio, equivocadamente, que el ideal panamericanista enarbolado por muchos líderes y pensadores de nuestro hemisferio es monroísmo que esconde el propósito de dominio norteamericano.  
El ideal panamericanista parte de la primigenia visión de principios compartida por los que se rebelaron contra las potencias europeas. Mariano Picón Salas pondera ese ideal cuando refiere la común misión de América, que había aproximado el pensamiento emancipador de todo el hemisferio y hecho dialogar a Jefferson y Miranda. 
Según algunos,  el monroísmo y el bolivarianismo habrían marcado tempranamente las Américas. De un lado los anglos, y del otro, los hispanos.
La historiadora Silvia Hilton ha señalado que sin embargo las propuestas de Bolívar y Monroe coincidían en los puntos más importantes, particularmente en la promoción de un sistema americano.
No obstante, la Doctrina Monroe debe ser considerada hoy una antigualla. Al igual que el bolivarianismo supuestamente rescatado por el populismo militarista izquierdizante. Traer aquella visión a estos tiempos para justificar una intervención, es una sugerencia inconveniente, un exabrupto histórico sin sustento alguno en la realidad actual, una estupidez política. 

En efecto, Rusia, en su afán por recuperar el poderío perdido -“siempre tentada por los demonios del imperialismo” dice Kissinger-  hoy venida a menos, está apuntalando un gobierno tiránico y corrupto en nuestro país, al asistirlo financieramente, a cambio de petróleo, impulsados por un interés geopolítico evidente.
EE.UU ha sido un país amigo y socio durante siglos. Nos vinculan fuertes lazos históricos, políticos, económicos y valores compartidos.  De eso no hay duda. Más allá de los desencuentros e incomprensiones mutuas, nos hermanan intereses estratégicos hemisféricos; de modo que tiranías como la rusa, la venezolana o cualquiera otra, con seguridad encontraran a las naciones de América unidas en defensa de la democracia y las libertades, y no a partir de ideas desfasadas en el tiempo. 

Emilio Nouel V.

viernes, 20 de octubre de 2017

EL FRAUDE GUBERNAMENTAL SOLO NO EXPLICA EL RESULTADO


La elección del 15-O nos deja sobre la mesa una evidencia incontestable: el gobierno militar-cívico, con sus inmensos recursos, logro mover un poco más del 20% del padrón electoral, la cifra que todas las encuestas indican que es su apoyo, una minoría, que, sin embargo, tramposamente, le permitió ganar la elección en los términos por todos conocidos.
Por supuesto, echo mano de todas las triquiñuelas posibles para impedir que parte del electorado opositor se pronunciase. Y no solo con chantajes y presiones, también con intimidación y violencia.
Quedo al desnudo, no hay duda, de que aquel es su techo cuantitativo después de 18 años de desastre económico y social. Por cierto, 3 millones menos de lo que el gobierno dice que voto en su fraudulenta constituyente de hace mes y medio.
Muchos habíamos pensado que las acciones fraudulentas, irregularidades e ilegalidades previsibles podían ser neutralizadas con una participación mayoritaria, como ocurrió hasta cierto punto en los 6 estados en que ganó la oposición. Pero no se dio como lo esperábamos. Todo el sistema institucional y electoral puesto al servicio de la causa de los tiranos y una abstención miope nos vencieron.
Para un observador de pensamiento racional de cualquier país no puede entrarle en la cabeza que un gobierno que tiene el rechazo de alrededor del 85% de la población, triunfe en una elección. Como no lo entra tampoco que en México hayan salido grandes manifestaciones a pedir la libertad del “buen hombre” llamado Chapo Guzman.
Así, la conclusión lógica para explicar el resultado electoral venezolano no puede ser otra que la de que necesariamente algo raro hay en este asunto.
Y ciertamente, hubo múltiples trampas, irregularidades y maniobras del gobierno que propiciaron parte importante del resultado. Los obstáculos puestos a los votantes de zonas tradicionalmente opositoras, el chantaje y compra de votos en sectores de bajos recursos, tuvieron su efecto.
Pero estos aspectos solos no explican el desenlace.
También en el lado de los que luchan por recuperar la democracia podemos identificar factores decisivos que coadyuvaron al resultado adverso, los cuales habrá que atender inmediatamente.
 ¿Qué peso tuvo cada uno de estos asuntos al final? Habrá que precisarlo con mayor detenimiento.
Y en ese campo, hay que insistir en que no se podrá avanzar sin unidad, coherencia, estrategia conjunta, mensaje único y desprendimiento de parte de la dirigencia política. En esos temas la oposición democrática se juega el futuro, que es el del país.
Independientemente de lo que hubiera salido del evento electoral, debemos tener claro que el deterioro acelerado del país iba a continuar, como todos los analistas lo indican. Lo que tenemos por delante en materia económica es escalofriante.
Ir a votar, bajo las condiciones desfavorables que no desconocíamos, era lo correcto. La unión de la oposición, como en otras ocasiones se dio, pudo habernos dado el triunfo que las encuestas anunciaban. Ahora resta insistir en ella. Solo así saldremos de esta calamidad y alcanzaremos recuperar un país para la prosperidad y la paz.
EMILIO NOUEL V.





sábado, 30 de septiembre de 2017

DE NUEVOS RICOS A NUEVOS POBRES


Los que ya alcanzamos una cierta edad en esta que llamaron “tierra de gracia”, podemos testimoniar ese proceso de varias décadas que va de la Venezuela opulenta, la de las grandes autopistas y carreteras envidiadas por el resto de Latinoamérica, la de los restoranes con chefs europeos afamados y automóviles último modelo surcando calles y avenidas, a la calamitosa situación y de ingentes penurias a que nos han conducido estos años de revolución bolivariana, en la que la economía está al borde del precipicio y los servicios públicos están casi colapsados, entre otros males.
Sin duda, de esa involución degenerativa que ha afectado lo político, la economía y la moral, podemos hoy dar fe amargamente.
Adonde fuéramos, siempre éramos vistos como nuevos ricos, sobre todo, los vecinos de la región latinoamericana que no gozaban del maná petrolero. Recuerdo que cuando asistíamos a reuniones de organismos internacionales en otros países, llegar a un hotel 5 estrellas era normal para un funcionario gubernamental medio y bajo venezolano, cuando los de otras naciones se hospedaban en hoteles más modestos y con viáticos menores a los nuestros. En el fondo, había una cierta animadversión respecto de lo que consideraban era una ostentación de parte nuestra.
En cierta ocasión que me toco coordinar una delegación venezolana, y en vista de que el resto de las delegaciones se alojaban en un sitio distinto, más modesto, me vi obligado a convencer a mis compañeros venezolanos para que nos mudáramos adonde estaban los demás, y así evitar los malos ojos.
De todos modos, nunca dejaron de mirarnos como los presuntuosso nuevos ricos del vecindario, los arrogantes venezolanos, despilfarradores, los del célebre “ta’ barato, dame dos” mayamero. El 4,30 por dólar de la época nos hacía poderosos y con gran capacidad de compra. Y de eso, obviamente, no teníamos culpa, nos habíamos sacado el premio gordo como país.
En el presente, esa opulenta vida de país petrolero, se ha revertido de manera brutal, gracias a un gobierno desastroso como pocos en la historia patria y universal.
Nuestra clase media, la más extendida y acaudalada de la región, en gran parte se ha venido abajo. Muchos aún tienen, como diría mi abuelo, bastimento, para sobrevivir a este ya largo y mortífero vendaval político que ha arrasado al país. Otros han sucumbido y tenido que huir buscándose la vida en nuevos horizontes, dicen que alrededor de 2 millones. Los más viejos que no pueden emigrar, dependen de lo que les envían familiares desde el exterior. Un amigo me decía con sorna hace un tiempo, al comentar la situación que, sin embargo, había que tener FE, es decir, un familiar en el extranjero, que nos pudiera remitir unos dolaritos para aguantar el vendaval.
Sin embargo, en la mayoría, tanto en la clase media como en las otras, las necesidades en general, el hambre y el desamparo reinan.    
Los venezolanos hemos pasado de ser la envidia de muchos por varias razones, a ser objeto de lástima y conmiseración. 
Quizás esta dura prueba nos haga reflexionar sobre la necesidad de cambiar el rumbo como sociedad y, sobre todo,  de modificar nuestra visión sobre la  economía y sobre la forma de gobernar, sin olvidar los valores que han hecho grandes a los países que hoy lideran el mundo.
Vendrán nuevos tiempos, y estas terribles circunstancias cambiaran para bien, no me cabe la menor duda. Mucho más pronto de lo que a veces creemos. 

EMILIO NOUEL V.

viernes, 8 de septiembre de 2017

         SOBRE LA CONVENCION DE PALERMO

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Hace ya más de una década elaboramos un pequeño ensayo sobre la normativa internacional sobre corrupción y el delito transnacional incluido en el libro Nuevos Temas de Derecho Internacional (Editorial El Nacional, 2005).
El objeto era introducir al lector en esa temática desde la perspectiva del derecho supraestatal, así como subrayar lo novedoso del tema en el ámbito  de esta normativa jurídica.
En el capítulo titulado Corrupción global y regulaciones internacionales, hice referencia, obviamente, a la Convención de las NNUU contra la delincuencia organizada transnacional y sus protocolos (Resolución 55/25 de la Asamblea General de 15 de noviembre de 2000), conocida también como Convención de Palermo, la cual ha sido traída a colación en días recientes por algunos articulistas nacionales y extranjeros que piden la aplicación de ella a jerarcas del régimen tiránico que asola Venezuela, sin hacer mayores análisis sobre su viabilidad real.
Sin duda, el crimen organizado y la corrupción gubernamental son dos fenómenos que podrían ir aparejados y hoy constituyen asuntos muy preocupantes que encara el mundo. En el tema de la corrupción, la prestigiosa organización Transparencia Internacional señala que ella socava el buen gobierno, distorsiona la política pública, lleva al despilfarro de recursos, daña el desarrollo del sector privado y perjudica, sobre todo, a los que menos tienen.
En ciertas ocasiones he aludido a una suerte de organización internacional de la corrupción que he llamado Corruptos sin fronteras, por la dimensión transnacional que ha alcanzado. Este fenómeno lo hemos visto patentizado en la comandita delictiva que se fraguó entre los gobiernos kirchneristas de Argentina, Pepetistas de Brasil y chavistas de Venezuela, entre otros. Las firmas Odebrecht y PDVSA, por ejemplo, han sido instrumentos para perpetrar tales crímenes contra la hacienda pública de esos países.
Sobre el alcance del concepto de corrupción, debe decirse, no hay unanimidad. Los  ordenamientos jurídicos y las distintas culturas no enfocan el asunto de la misma forma. Lo que puede ser condenable en un país puede que no lo sea en otro. Albert Calsimiglia dice que el concepto está teñido de ideología y de distintas valoraciones, siendo la ambigüedad, la vaguedad y lo emotivo obstáculos para la delimitación del concepto.
En cualquier caso, la corrupción administrativa, pública y privada, ligada a otras formas delictuales, entra en el ámbito del derecho penal, de allí que una normativa que sancione al crimen transnacional pueda ser aplicable en estos casos, aunque siguen habiendo escollos que los ordenamientos jurídicos nacionales ponen a estos dispositivos internacionales. 
En los espacios interestatales, en virtud de la envergadura del problema del crimen transfronterizo, ha surgido la necesidad de regular la cooperación con vistas a una mayor efectividad en la represión y condena de los involucrados. La Convención de Palermo (2000) tiene ese propósito.
Ahora bien, debe tenerse bien claro la viabilidad de la aplicación de estas disposiciones a un eventual sujeto criminal. A la luz de la naturaleza jurídica de ellas, no resulta muy expedita su activación, como algunos lo han querido hacer ver. Es más o menos lo mismo que sucede con la normativa de la Corte Penal Internacional, cuya “eficacia” ya conocemos.
La Convención de Palermo tiene como objeto “promover y reforzar las medidas para prevenir y combatir la corrupción de manera más eficiente y efectiva: promover, facilitar y apoyar la cooperación internacional y la asistencia técnica en la prevención y lucha contra la corrupciónpromover la integridad, responsabilidad y el adecuado manejo de los negocios públicos …”
Por otro lado, establece que los Estados adelantaran sus obligaciones en forma consistente con los principios de igualdad soberana, integridad territorial de los Estados y de no intervención en los asuntos internos de los Estados. Y agrega que nada autorizara a los Estados a asumir en el territorio de otro Estado “el ejercicio de jurisdicción o ejecutar funciones  que son reservadas exclusivamente  a ese Estado por sus leyes nacionales”. 
La Convención en cuestión establece obligaciones para los Estados partes de tomar medidas dentro de sus fronteras en materia de crimen transnacional, pero no están facultados para adoptar decisiones sobre crímenes perpetrados en varios territorios o en territorios de otros Estados.
Kofi Annan, siendo secretario general de las NNUU, señaló en su momento que “La Convención nos facilita un nuevo instrumento para hacer frente al flagelo de la delincuencia como problema mundial. Fortaleciendo la cooperación internacional, podremos socavar verdaderamente la capacidad de los delincuentes internacionales para actuar con eficacia y ayudaremos a los ciudadanos en su a menudo ardua lucha por salvaguardar la seguridad y la dignidad de sus hogares y comunidades”.
Pese a que este instrumento es de crucial importancia y constituye un avance significativo y novedoso en la lucha global contra el delito transnacional, debe verse con cuidado su aplicación en los casos concretos que se presenten. No está exento del cumplimiento de requisitos normativos sustantivos y formales, nacionales e internacionales, y de interpretaciones desde tradiciones jurídicas diversas, de allí que no sea tan expeditivo como algunos lo plantean. Las visiones jurídicas soberanistas, desafortunadamente, aún mantienen vigencia y fuerza en esta y otras materias. Y no son obstáculos menores a vencer.
 

EMILIO NOUEL V.
 

lunes, 4 de septiembre de 2017

                             TRUMP, NAFTA Y LIBRE COMERCIO

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Como se sabe, el  señor Trump tenía entre sus planes de gobierno sacar a su país del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA o TLCAN) y del Acuerdo Transpacífico (TPP), dos instrumentos internacionales para expandir y profundizar la interdependencia económica global.
Algunos han señalado que Trump debe al tema del comercio, más que a cualquier otro asunto, su triunfo electoral. El discurso proteccionista –“America first”- contrario al libre comercio y antiglobalizador, caló en gran parte de los votantes, lo que le permitió alcanzar la primera magistratura. 
A partir de una visión equivocada y anacrónica, desconocedora de la importancia histórica del intercambio exterior para su país, el presidente norteamericano pretende volcar la economía hacia adentro, toda vez que atribuye a las relaciones económicas internacionales, al libre comercio, en definitiva, los problemas que sufre EEUU en ciertos sectores otrora pujantes, como es el caso del automotriz.

El primero de los tratados mencionados cumplió 23 años de existencia y el segundo apenas había sido firmado y esperaba por su ratificación en el Congreso, cuando arribó Trump a la Casa Blanca.
En relación con el NAFTA ¿Cuál es el balance en general para EEUU a la fecha?

Si bien el comercio de EEUU con Latinoamérica y el Caribe ha declinado en los últimos tiempos, con sus socios de Norteamérica ha sido todo lo contrario. Sólo en 2016, alrededor de un billón de dólares en el intercambio de bienes y servicios con Canadá y México, y un incremento de inversiones mutuas como nunca antes. En 2015, las inversiones extranjeras directas canadienses en EEUU alcanzaron la suma de 269 mil millones de dólares y las mexicanas 16 mil millones. Las estadounidenses en ambos países montaron 353 mil y 92 mil millones de dólares respectivamente, el mismo año. 
Obviamente, en casi todos los aspectos, cuando se examinan  las frias cifras, el más favorecido en el proceso ha sido México, a pesar de los pronósticos de aves agoreras que al inicio de la integración decían que este país iba a salir trasquilado. (Ver Bureau of Economic Analysis database). Entre 1993 y 2016, las exportaciones mexicanas pasaron de 53 mil millones a aproximadamente 400 mil millones de dólares. Otro gran logro ha sido el desarrollo de las cadenas de valor que se han establecido, en especial, la del sector automotriz, recordándonos que hoy la integración no se trata solo de intercambiar mercancías sino también de producirlas conjuntamente.
No obstante, desde que es presidente, en varios temas, Trump se ha echado para atrás o lo han hecho retroceder. En lo de la salida del TLCAN ha ocurrido otro tanto, y su administración emprendió acciones para renegociar el Tratado, descartándose, aparentemente, la intención inicial.
Al respecto puede decirse que no están claros los objetivos del gobierno norteamericano en esta negociación, sobre todo por el ruido que hacen los tuits irreflexivos y las declaraciones contrastantes de algunos funcionarios gubernamentales. Se dicen cosas para la galería pero en privado se afirman otras. No se sabe si esta conducta contradictoria forma parte de posiciones realmente distintas o si es una estrategia para la negociación. Esto tiene a los negociadores de los otros dos países en una postura cautelosa y expectante aunque firme, de cara a ciertos puntos que juzgan inmodificables o de difícil reversión. Las reglas de origen y el mecanismo de solución de controversias son temas en discusión. que aun quedan por dilucidar en negociaciones que no han concluido.
Importantes sectores económicos de EEUU saben que salirse del acuerdo es un error. Seria despreciar exportaciones anuales de cientos de miles de millones de dólares. Es una descomunal irresponsabilidad poner en riesgo esa cifra de negocios para las empresas estadounidenses.
Para Canadá y México, país recientemente invitado a la reunión de BRICS, es un problema esta incertidumbre, de allí que ya estén considerando otras alternativas en el caso de que lo peor suceda, es decir, que el tratado preferencial quede sin efecto, y entren, en consecuencia, a operar las normas de la OMC. 
Desde su fundación, EEUU siempre fue un país abierto al mundo en materia económica y una de las claves de su desarrollo extraordinario está en la política de libre comercio.
Resulta, por tanto, injustificable, en una época en que la interdependencia global cada día se profundiza más, con sus mejores efectos, que el país que ha contribuido fundamentalmente con ella, se retraiga sobre sus fronteras,  afectando no solo al mundo sino a sí mismo.  Los chinos, obviamente, ven con buenos ojos esta deriva que les permitirá afianzarse en nuestro hemisferio, tal y como lo han venido haciendo progresivamente en la última década. 
Ojala el alejamiento comercial que algunos señalan estaría teniendo EEUU respecto no solo de sus socios del NAFTA, sino también del hemisferio americano en general, sea revertido. El libre comercio y la integración son fundamentales para el crecimiento y el desarrollo de todo el continente.
Desde Latinoamérica aspiramos a un acercamiento cooperativo mayor y a una integración hemisférica consolidada, que nos permitan una presencia global vigorosa. Y en ese propósito la política que adelante EEUU es capital.
 

EMILIO NOUEL V.


@ENouelV

jueves, 31 de agosto de 2017


SANCIONES, EXTRATERRITORIALIDAD Y EL PERFECTO IDIOTA LATINOAMERICANO


Sobre las sanciones financieras trumpianas a la tiranía de Venezuela, no al pueblo venezolano, mucho se ha hablado estos días que corren.

Erróneamente, las califican de extraterritoriales los socios del gobierno que conforman esa junta de beneficencia que llaman ALBA, y uno que algo del tema conoce, no ve tal carácter por ningún lado.

Resalta sobre todo la reacción del gobierno, plagada de embustes y distorsiones, y con el único propósito de atribuir a las muy recientes medidas, la crisis económica y humanitaria que vivimos, cuando es obvio que su causante casi exclusivo, después de 18 años, es él.

Algunos afirman que a pesar de estar dirigidas al gobierno por sus conducta antidemocrática, de todos modos afectaran al país como un todo, es decir, a su gente en general, y en cierta medida tienen razón. Es imposible separar las repercusiones que tendrán  en un país que depende de los ingresos externos de su industria petrolera, en alrededor de un 96%. Lo que le suceda a PDVSA, tarde o temprano nos impacta a todos los venezolanos. Ojala salgamos de esta calamidad antes de que los efectos negativos puedan prolongarse mucho.   
Con las medidas se busca cerrar un cerco financiero, que, por lo demás, ya el gobierno lo había provocado con su ejecutoria económica desastrosa. No ha sido culpa de terceros que hayamos perdido toda credibilidad y confianza en los campos político, económico y diplomático del mundo. A un gobierno incompetente y además inspirado en una ideología destructora, nadie le presta dinero y si lo hace exige garantías suficientes y cobra gravosos intereses. La causa de la debacle no es Trump, ni antes Obama, tal mentira es insostenible.

Es una evidencia que son muy pocas las fuentes de financiamiento que restan a la dictadura. No poder negociar instrumentos financieros en los mercados, particularmente, en el de EEUU, es un golpe noble, al que pareciera se le agregará otro desde Europa. Voceros gubernamentales están acusando el leñazo y andan en su desesperación disimulada inventando fábulas para el consumo de una galería desinformada, pero en el fondo saben que tienen los días contados. 
A lo sumo, Rusia y quizás China, seguirán sosteniendo a la tiranía y sabemos por cuales razones geopolíticas y crematísticas. ¿Hasta cuándo? Quién sabe.

Sobre la extraterritorialidad de las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense, denunciada por los propagandistas del régimen venezolano, vale la pena decir aquí algo en especial, para recordarles su significado a los que utilizan el término de manera incorrecta y torcida.

Una normativa o ley tendría tal naturaleza cuando una vez sancionada por los organismos competentes de un país, ella tuviera vigencia o se pudiera aplicar en el territorio de otro, lo cual es algo impensable en el mundo de hoy.

Es como si en Colombia se aprobara un Código Penal que pudiera aplicarse en Venezuela, lo cual sería un exabrupto que iría contra el principio de soberanía en esta materia.

En el caso de las medidas que nos ocupan, el ámbito de aplicación es el territorio de EEUU, no es Venezuela ni ningún otro país. Son disposiciones legales emanadas de los órganos competentes estadounidense en uso de sus potestades soberanas. Nadie en su sano juicio podría ampararse o echar mano de tales normas en el territorio venezolano. Simplemente porque no podrían tener efecto extraterritorial, tal y como de forma equivocada lo han señalado la inefable que preside la espuria asamblea constituyente de Venezuela y sus secuaces clientes en el mundo, particularmente, los gorrones y sablistas de ALBA.

De modo pues, que señalarlas como medidas de efectos extraterritoriales es una falsedad, desde el punto de vista jurídico. Tal aseveración solo se explica por el interés retorcido de acusar a un gobierno extranjero de los grandes males que padecemos, recurso típico en la retórica indigesta de la izquierda, la misma del famoso ¨perfecto idiota latinoamericano¨ que ve la viga en el ojo ajeno -¡el Imperialismo!- y no en el propio.

Las sanciones, siempre indeseables y de consecuencias inciertas, buscan presionar a la tiranía para que se avenga a una salida negociada y pacífica de nuestra crisis. Sobre el gobierno chavista pesa toda la responsabilidad de que así sea. No quisiéramos que la otra alternativa, la más traumática, se imponga. 


Emilio Nouel V.

emilio.nouel@gmail.com

 

sábado, 12 de agosto de 2017

EL DEBER DEL MUNDO CON VENEZUELA

   
            EMILIO NOUEL V.
        Miembro del Grupo Avila
 
El no ya tan “nouveau philosophe” Bernard-Henri Levy, publicó en los días que corren un artículo sobre Venezuela en el que hace un llamado a la comunidad internacional para que asuma su ‘responsabilidad de proteger’, tal y como las NNUU entiende este concepto.
El intelectual francés, uno de los líderes del Mayo del 68, es ampliamente conocido por sus posiciones contra las atrocidades perpetradas por gobiernos autoritarios  y represores en el mundo, como el de Putin, o en su momento, el de Milosevic en la antigua Yugoslavia.
El deber del mundo con Venezuela” es el título del artículo (Project Syndicate).
Allí, Levy, primero, pregunta a su compatriota, el populista radical J. L. Melenchon, quien aún sigue cantando loas al régimen asesino chavista, cuándo va a admitir el horror venezolano y el desastre económico y social en que han sumido a un país con tantos recursos, que en materia de inflación está  compitiendo con la tasa de inflación de Zimbabue o la Alemania de Weimar.
Según Levy, NNUU, en aplicación del principio de protección, debería enviar una señal fuerte al gobierno de Maduro para que pare la violencia contra su pueblo; y a tal propósito el Consejo de Seguridad necesita mostrar el coraje de emitir una declaración de condena contra ese régimen.
Por otro lado, pide a todos los países que muestren su solidaridad con el parlamento venezolano y que se acuerden severas sanciones económicas y financieras.

Levy afirma: “La situación en Venezuela debería preocupar a todos los países que tienen interés en la lucha contra el terrorismo y las redes de lavado de dinero que lo financian”.

Igualmente, subraya los peligrosos vínculos del gobierno chavista con Bashar al Assad de Siria, Corea del Norte y el grupo Hezbollah.
Todos estos graves asuntos, para Levy, deberían obtener respuestas urgentes de parte de la comunidad internacional, que hasta hace poco tiempo no había tomado cartas en el asunto.
Ciertamente, la preocupación de Levy es legítima y  su planteamiento sobre la responsabilidad de proteger establecido por las NNUU es pertinente. Debemos recordar que esta obligación de la comunidad internacional ha sido reiterada. En el mundo de hoy se ha establecido como principio el deber y el derecho de injerencia que tendrían las organizaciones internacionales frente a las violaciones masivas de los DDHH, y Venezuela, sin duda, se encuentra en una situación de tal naturaleza.
Por razones de defensa y preservación de la democracia, la injerencia es lícita. Los organismos internacionales lo han establecido en sus normativas y tiene carácter vinculante. Las NNUU, la Unión Europea, Mercosur, la CAN, la Alianza del Pacifico, entre otras,  contienen la llamada cláusula democrática que ampara a los pueblos frente a gobiernos tiránicos.
Casualmente, otro “nouveau philosophe”, André Glucksmann, expresa muy bien tal derecho: “Cuando un régimen somete a su población al suplicio, las sociedades felices tienen, sin duda, el derecho de intervenir mediante la palabra y la escritura; mediante asistencia, desde luego; mediante presiones diplomáticas o financieras, por supuesto; y mediante armas, si es necesario”. 
La normativa de las NNUU sobre los Derechos Humanos y la Democracia constituye una disciplina imperativa, vinculante, para los miembros de esa institución. Pero ella debería estar fundamentada tanto en una voluntad política y como en una moral, sin las cuales no será eficaz. Ya varios países (12) del hemisferio dieron un paso que se concreto en la Declaración de Lima y las consecuencias de esta no se harán esperar.
Lleva razón Bernard-Henri Levy cuando resalta el deber que tiene la comunidad internacional de poner su mirada sobre lo que está sucediendo en Venezuela. Y esto implica adoptar medidas que logren doblar el brazo a la tiranía chavista, y la hagan consentir en un proceso de negociación que permita a recuperación de la institucionalidad democrática y las libertades.
Estamos aun a tiempo de frenar una deriva infernal que podemos lamentar todos, no solo los venezolanos. Pero lo que está muy claro es que la barbarie no puede escudarse en el principio de independencia o soberanía de los Estados, de alli el deber que enfatiza Levy.