martes, 15 de noviembre de 2016

TRUMP Y LAS TRADICIONES DE EEU EN POLITICA EXTERIOR



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En días pasados asistimos a un conversatorio organizado por el think tank venezolano, Grupo Ávila, en el que se hizo una primera aproximación evaluativa del triunfo de Trump y  sus posibles repercusiones  en nuestro entorno más cercano.


Los tres ponentes, destacados especialistas venezolanos en el ámbito internacional, hicieron unas excelentes presentaciones, cada uno desde distintas perspectivas.

Cualquier observador de la realidad internacional se habrá percatado sin mayor dificultad de la avalancha de opiniones vertidas en los medios globales, que expresan desconcierto, incertidumbre e incógnitas sobre cuál será el comportamiento del nuevo mandatario norteamericano.

Las consecuencias no son fáciles aún de prever en toda su magnitud, habida cuenta de las declaraciones contradictorias emitidas por el personaje principal de esta trama, sobre cruciales asuntos económicos, políticos y de seguridad que preocupan a todos.

Unas preguntas que debemos hacernos de arrancada son las relativas a los lineamientos de la política exterior de Trump que en lo sucesivo adelantará. ¿Cuál será realmente su agenda prioritaria? ¿Hasta dónde llegará el ensimismamiento -el llamado aislacionismo- que se desprende de su retórica? ¿Será posible concretarlo?  ¿en qué términos? 

El rol decisivo que hasta ahora ha jugado EEUU en el mundo ¿se reducirá?  ¿Se podrá sustraer de sus responsabilidades e intereses globales, así nomás?  ¿A cuál de las tradiciones en política exterior norteamericana se adscribirá Trump, o implantará una nueva doctrina?

Es conocida la clasificación que ha hecho Walter Russell Meade acerca de las distintas visiones que han estado presentes en la conducta internacional de EEUU a través de su historia. Jeffersonianos, Hamiltonianos, Jacksonianos y Wilsonianos.  Y no debe olvidarse que George Washington en cierta ocasión dijo: La gran regla de conducta para nosotros respecto de las  naciones extranjeras es, a la vez que extender nuestras  relaciones comerciales, tener con ellas tan poca relación política como sea posible.".
¿En cuál de aquellas tradiciones se inscribirá el gobierno de Trump?

Porque una cosa es el Trump de la retórica electoral, el que carece de experiencia de gobierno y militar, y otra lo que será su ejecutoria en la Casa Blanca.

¿Será jacksoniano y en tal sentido, Trump, en tanto que populista como Jackson, seguirá la idea de que el objetivo más importante de todo gobierno norteamericano es el de lograr como prioridad, la seguridad física y el bienestar económico del pueblo estadounidense, privilegiando los valores nacionales y el honor patrio, y viendo la política como un asunto más de instintos que de ideologías, “un conjunto de creencias y emociones que uno de ideas”?

Esta visión muy popular en los ciudadanos de a pie norteamericanos, que no en las elites cosmopolitas, ha hecho pensar a algunos en que Trump se ubica en esta tradición.

El patriotismo jacksoniano es una emoción, como el amor a la familia de uno, no una doctrina. La nación es una extensión de la familia”, ha afirmado Meade. Los de esta escuela creen que es natural e inevitable que la vida y la política nacionales operen bajo principios distintos a los que predominan en los asuntos internacionales.

Para ellos, la comunidad internacional por la que los wilsonianos trabajan, es una “imposibilidad moral, una monstruosidad moral”.

La consecuencia lógica de esta visión de cara a un mundo es que EEUU esté permanentemente vigilante y fuertemente armado. Así, esta perspectiva concede poca importancia al derecho internacional, y prefiere la regla de la costumbre al derecho escrito.

Recordemos que Andrew Jackson fue quien reconoció en 1837 a la República de Texas, que luego pasó a formar parte de ese país, y consideró al Banco Nacional una institución anticonstitucional y antidemocrática, porque privilegiaba a unos pocos frente a la mayoría.  ¿Estamos hoy ante un posible “neojacksoniano”?

Aunque es muy temprano para saber por “dónde irán los tiros” en esta materia, como en otras, me inclino a pensar que para Trump será harto difícil recoger velas en el campo de una economía profundamente globalizada. Factores estructurales se lo impedirían. Y es muy probable que gran parte de sus promesas en este campo sean incumplidas.

Obviamente, wilsoniano no será, ni sentirá la obligación moral de éstos de proyectar al mundo los valores democráticos norteamericanos, aunque no podrá hacerse de la vista gorda frente a los compromisos de mayor peso adquiridos por su país en los organismos multilaterales en relación con los temas de democracia y derechos humanos.
Su discurso de campaña electoral conectó con los valores jacksonianos presentes en la sociedad estadounidense, pero albergo muchas dudas de que lleve a la práctica una política exterior en estilo puro o de remozado jacksonianismo.

Por lo demás, EEUU nunca en su historia estuvo aislado del mundo, volcada sobre sí misma, como a veces se afirma. Incluso antes de su independencia, estaba vinculado al mundo en lo comercial y dependía del comercio exterior. Luego de ese hecho, llevó adelante la consecución de principios de lo más hamiltonianos en materia de  intercambio mercantil con el exterior. No sea, no ocean, no strait should be closed to American ships” era el lema. Su política expansionista territorial es prueba de su presencia internacional durante el siglo XIX y más allá. Obviamente, fue a partir del final de este siglo que su presencia mundial se agranda para más adelante convertirse en la primera potencia. Será muy cuesta arriba que Trump se aparte de la política de los hamiltonianos, los cuales se han concentrado siempre en la búsqueda de una integración a la economía global en los mejores términos en función de los intereses y las necesidades de su país.

Lo más probable es que el gobierno de Trump y éste, como hombre pragmático que es, combine las distintas tradiciones en política exterior de EEUU, de acuerdo a cada circunstancia que enfrente, sin olvidar que hay unos factores estructurales e institucionales, incluidos los poderes fácticos, que lo meterán en cintura, lo cual hace augurar desencuentros que en no pocos momentos harán difícil su performance gubernamental, habida cuenta del país prácticamente polarizado que ha resultado de la contienda electoral.   

EMILIO NOUEL V.    

miércoles, 9 de noviembre de 2016


       TRUMP Y LA CAMISA DE FUERZA

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“Un loco a cargo del manicomio”

JOHN CARLIN


El triunfo de Donald Trump en las recientes elecciones norteamericanas no ha dejado a nadie indiferente.

Los que andaban ya preocupados por la posibilidad de que ello ocurriera, consumada la victoria electoral, ahora son presa de la incertidumbre, cuando no, de la conmoción.

Y no es para menos. La particular retórica del Trump candidato, su estilo y los contenidos emitidos durante su campaña presidencial, anunciaban, de ganar, una tormenta de múltiples dimensiones.

Su discurso populista, que como tal, se alimenta y explota los problemas reales de la gente, de sus rabias, resentimientos y angustias, para los cuales tiene soluciones tan simples como falsas, fue calando en una ciudadanía que ha visto mermar su calidad de vida, sobre todo, a partir de la crisis financiera desencadenada en 2008.

Echando mano de algunas verdades, de muchas medias verdades y sobre todo, de grandes mentiras, logró que un electorado mayoritario le comprara la oferta engañosa. Señalando supuestos culpables y causas (mexicanos, musulmanes, establishment de Washington, las élites)  alcanzó montar un catálogo de chivos expiatorios, que, bien visto, no resiste un análisis serio. Y como siempre ocurre en estos casos, abrió una honda brecha entre los ciudadanos de su país.

¿Qué podemos esperar los mortales de este planeta del gobierno de este impresentable personaje?

Lo primero que debe decirse, es que si bien estará al frente de la potencia más grande, cuyo ámbito de acción abarca el globo terráqueo, de allí su significación para todos, afortunadamente, ése país dispone de una “camisa de fuerza” democrática conformada por instituciones políticas y sociales consolidadas después de más de 200 años que controlarán cualquier desaguisado eventual que pretendiera perpetrar Trump.

Incluso, líderes de su mismo partido podrían servir de freno en el parlamento a un disparate político, económico o militar.

De modo que en tal sentido espero que él no lo tenga fácil, para bien de su país y el mundo.

Por su parte, los europeos están preocupados y con razón. Hay nervios en los mercados globales, a pesar de las palabras tranquilizantes de Trump al día siguiente de las elecciones. No sólo el tema comercial y/o económico (TTIP o TAFTA, y otros asuntos) es motivo de consternación. El de seguridad (OTAN) también, vistas las carantoñas entre Putin y el magnate, ahora presidente electo. No olvidemos que en Europa ha prendido también el populismo en sus dos versiones: izquierda y derecha, y este triunfo de Trump, con seguridad, los estimulará para seguir en su deriva anticomunitaria absurda. Solo una Europa unida está en capacidad de actuar como contrapeso a un Trump insensato.

Para América Latina, este nuevo gobierno norteamericano plantea desafíos no desdeñables, en especial, si se produce un cierto grado de ensimismamiento de parte de aquel, que conlleve una mengua acentuada en las necesarias relaciones de cooperación e integración hemisféricas, ya de por si descuidadas en los últimos años, a pesar de los intentos recientes de reactivarlas. Además de los gobiernos, un papel importante deberá jugar la sociedad civil hemisférica, en todas sus manifestaciones. A esta tocará hacer las presiones para que las distintas aspiraciones e intereses económicos y sociales tengan concreción en un marco de relaciones internacionales que apunten a la prosperidad y el bienestar compartido.  

Particularmente, a los mexicanos les corresponderá enfrentar un reto particular,  habida cuenta de que el tema de la migración, piedra angular del discurso demagógico y falaz de Trump, los toca muy directamente. Lo comercial estará, igualmente, en el centro de esta relación bilateral en el marco del TLCAN, en caso de que el tratado sea denunciado o modificado.

EEUU no podrá sustraerse de los problemas pendientes de la paz, la seguridad colectiva y la estabilidad política en el continente, por más que Trump quiera aislarse. Quizás esta materia, de alguna manera encaminada en años recientes, sea un issue de difícil abordaje con el nuevo gobierno estadounidense. Cuba, Colombia y Venezuela están allí.

¿Qué tipo de relaciones mantendrá el gobierno chavista con Trump? ¿Serán más tensas?  ¿Seguirá Trump los lineamientos y gestiones actuales del Departamento de Estado respecto de nuestro país?

Quizás, por ahora, sea prematuro aventurar conjeturas en este asunto, lo cual nos deja aún más en el terreno de lo incierto y nebuloso, aunque lo más probable es que se mantengan las mismas políticas de Estado.

¿Tendrá razón el periodista John Carlin cuando dice que los norteamericanos han puesto a un loco al frente de un manicomio?

 ¿Estamos en los umbrales de  una historia de horror norteamericana, como afirman algunos?
EMILIO NOUEL V.

@ENouelV


martes, 1 de noviembre de 2016

LA HORA ES DE UNIDAD FÉRREA EN TORNO A LA DIRIGENCIA DEMOCRÁTICA

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De nuevo pospongo mi opinión acerca de las elecciones presidenciales de  EEUU, que a no pocos nos preocupan.
Apenas diré que una victoria de Trump sería no solo perjudicial para EEUU sino para el mundo, a pesar de que una fuerte institucionalidad en ese país quizás podría frenar cualquier disparate del impresentable candidato si llegara a la presidencia. Tengo la esperanza de que  salga derrotado, por el bien de todos.

Los acontecimientos políticos en Venezuela se suceden a una velocidad de vértigo. A cada hora nos enteramos de noticias o “bolas”, ciertas o no, que trastocan el panorama, lo que hace difícil aventurar alguna opinión concluyente. Estamos caminando como en una superficie gelatinosa.

Ciertamente, en nuestro país se puede hablar de lo que han llamado en la doctrina una “dualidad de poderes”. Por un lado, un gobierno que controla la mayoría de las instituciones públicas, puestas a su servicio, pero con una legitimidad muy disminuida, y por otro, un poder encarnado en la representación popular de la Asamblea Nacional, cuya mayoría legitimada en las urnas electorales y en la calle, le ha plantado cara al primero, poniéndolo, aunque algunos no lo vean, en situación comprometida.

La popularidad del gobierno está en caída libre y lo más seguro es que no se recupere en su camino hacia su descalabro final. Sus divisiones internas lo consumen. No se sabe quien gobierna o cuál grupo a su interior lo hace. Hay varias fuentes de poder, actuando cada una por la libre, chocando entre ellas, con posiciones encontradas e incongruentes frente a cada situación, con deserciones e disidencias crecientes.

En el ámbito internacional, aparte de sus pocos socios incondicionales, tiene los caminos cerrados. La comunidad internacional toda lo ha colocado en la posición de o dialogar/negociar con la oposición democrática, o de negarse a ello y lanzarse por el despeñadero de la violencia y el aislamiento definitivo.

Que desde hace meses estén por allí personajes internacionales, deseados o no, confiables o no, mediando y/o gestionando conversaciones entre las fuerzas enfrentadas, es una clara evidencia de que hay honda preocupación por Venezuela y de que la conducta democrática del gobierno está en entredicho.

No habríamos llegado a esta situación en el que el gobierno se encuentra en un disparadero, sin el trabajo incansable y tenaz de denuncia y explicación que ha realizado la oposición democrática en el mundo entero. 

Aunado a ello, por supuesto, la lucha desigual y dura librada internamente por las fuerzas democráticas, con su tino estratégico y táctico, superando errores anteriores. Y, obviamente, la unidad lograda.

Ha sido ese trabajo lo que la ha hecho avanzar con pie firme, desde 2006 a esta parte, sin olvidar los tropiezos sorteados.

Que se han cometido errores, nadie lo puede negar. Que siguen habiendo ciertos desencuentros, tampoco. Pero el balance es positivo.

Sentar al gobierno en una mesa de diálogo/negociación, a la que nunca éste hubiera querido llegar, es producto de la lucha cumplida y es un triunfo para la oposición, más allá de los textos ambiguos firmados, de la dudosa voluntad de diálogo del gobierno,  de los actores que están envueltos en ella, de la escenografía y de los recelos que se puedan tener.

Que el gobierno no es confiable y mentiroso, que es tramposo y cínico, que busca ganar tiempo y que no cree en diálogos, está más que claro. No nos chupamos el dedo, por tanto, no se trata de creer o no en las promesas que haga el gobierno. No olvidemos que a éste, le quedan, sobre todo, las armas, porque la calle la perdió.

Precisamente, porque sabemos a quién enfrentamos, es por lo que hay que sentarlo ante testigos de otros países, ponerlos en evidencia una vez más, para que se muestre tal cual es, aunque ya para nadie en el orbe es un secreto la naturaleza y el talante autoritario del gobierno.

El resultado final de las negociaciones nadie lo puede adelantar. Ojalá nos lleven a buen puerto pronto antes de que alguna facción del chavismo las dinamite. Y éste no es otro que dar una salida democrática, constitucional, electoral y pacifica a nuestro drama.

Estoy convencido de que la presión internacional es un elemento fundamental; por eso pedimos que se mantenga hasta que nuestro país se encamine con paso cierto.   

La presión interna tampoco. Pero ésta debe hacerse con inteligencia, racionalidad y sin desbocamientos. Apartemos maximalismos, impaciencias, arrebatos pasionales y la crítica obsesiva estéril. Dejemos de lado el acomplejamiento, las visiones tipo “vaso medio vacío” y las soluciones mágicas; valoremos el poder político real que se tiene, que no es poco.

Todo está casi servido para que empecemos a salir de la crisis. Debemos preservarnos de un traspié que ponga en peligro el triunfo que se asoma.

Y  last but not least: hay que repetir hasta la saciedad: UNIDAD, UNIDAD y UNIDAD. Férrea UNIDAD. Sin conexión unitaria todos los logros obtenidos podrían perderse. 

EMILIO NOUEL V.

viernes, 21 de octubre de 2016

VENEZUELA: UN GOBIERNO TIRÁNICO IMPIDE EL EJERCICIO DEMOCRÁTICO


De nuevo el gobierno militar-cívico de Venezuela muestra su profunda endeblez, su carencia casi total de respaldo popular y su naturaleza tiránica. Está rehuyendo al veredicto popular. No ha creído ni cree en la democracia.
En su desesperación ante la posibilidad cierta de que el pueblo se pronuncie inequívoca y masivamente la semana entrante en relación con el refereréndum revocatorio, utiliza a unos jueces abyectos e indignos para tratar de impedir que tenga lugar tal acto democrático.

No podía esperarse otra conducta de un gobierno que pisotea a diario la Constitución de la República, que no respeta las leyes y que viola los Derechos Humanos. Que la comunidad internacional considera ya un gobierno forajido de impresentables y bárbaros esbirros.

No vale la pena ahondar sobre los fundamentos “jurídicos” de las medidas judiciales tomadas contra un conjunto de dirigentes importantes de la Unidad Democrática. Son tan deleznables que perder el tiempo en ellas sería un ejercicio inútil.

Lo que debe tenerse claro es que su propósito es político. Se trata de enredar, obstaculizar, retrasar e impedir el proceso de revocatorio de un presidente incompetente y antidemocrático. Porque saben que lo perderán, como en cualquier otro proceso electoral que se inicie bajo las calamitosas y adversas circunstancias que vivimos los venezolanos.

Todas las acciones gubernamentales más recientes terminan de desnudar la naturaleza autoritaria del régimen. Gobierno, tribunales y CNE se han confabulado perversamente para impedir que los derechos democráticos se ejerzan.

La comunidad internacional, y en particular la hemisférica, está siguiendo con atención esta deriva antidemocrática. El gobierno está aislado en el ámbito exterior, sólo cuenta con unas cuantas dictaduras que le sirven aun de apoyo.

Porque en lo interno hay ya casi unanimidad en relación con la necesidad de su salida antes de que nos precipitemos sobre el barranco del caos social total.

Los venezolanos que valoramos la democracia y queremos vivir en una sociedad próspera y pacífica debemos tener claro que el gobierno desea desmoralizarnos con la adopción de medidas inconstitucionales e ilegales como la que vienen de perpetrar contra el revocatorio.

No está de más pedir que tengamos cabeza fría ante ellas. Lo que no significa inmovilismo, pasividad, sino movilización inteligente, manteniéndonos en el marco de los grandes lineamientos que han inspirado la dura lucha por recuperar la democracia y las libertades en nuestro país.

Que las modificaciones que haya que hacer de las orientaciones tácticas, se hagan con la participación más amplia de la sociedad civil.  Los partidos y sus dirigentes siguen con su rol central y de ellos esperamos que asuman un liderazgo proactivo, certero y resuelto ante este agravamiento de la crisis.

Hoy como nunca el reto político, que ya era enorme, se ha agrandado, habida cuenta de la escalada del conflicto que el gobierno está provocando.

La naturaleza despótica del régimen político no está en discusión. No hay duda acerca de lo que estamos enfrentando.

Con lo sucedido en los últimos tiempos, los gobiernos del hemisferio están más que convencidos también de que el de Venezuela es un gobierno dictatorial. Pero esperamos de ellos que profundicen en sus iniciativas de aplicación de la normativa internacional que cabe en estos casos graves.

En nuestro caso, salir de la barbarie no va a ser fácil. Sólo unidos podremos lograrlo. Perseverar es la clave.

EMILIO NOUEL V. 

jueves, 6 de octubre de 2016


                    ALMAGRO, DE NUEVO A LA CARGA
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No hace falta mucho esfuerzo para demostrar que el gobierno militar-cívico de Venezuela es una tiranía ya instalada que busca aparentar con su discurso engañoso, que es una democracia.

Allá los cada vez menos extranjeros ingenuos que siguen creyendo en la retórica falsa del socialismo del siglo XXI, una estafa notoria y concluyente.

Pasaron los años de las ambigüedades, del régimen político considerado como un “híbrido”, aunque siempre con no disimulada vocación totalitaria. La decantación es clara hoy. Estamos frente a un despotismo desembozado, a un gobierno cuya conducta es contraria a la Constitución y los principios democráticos que ella contiene. El Estado de Derecho está prácticamente suprimido, y es sólo la voluntad de los tiranos la que se impone, soportada por las armas y un tribunal supremo indigno y lamebotas.  

La Carta Democrática Interamericana, no tengo la menor duda, fue activada hace unos meses atrás, dejando espacio a la posibilidad de que una pizca de sensatez pudiera tener lugar en los que se aferran al poder en Venezuela, permitiendo, así, generar una vía de solución constitucional y pacífica a la grave crisis venezolana.

La OEA vió entonces con buenos ojos las gestiones que desde UNASUR se hacían con el trío de ex presidentes, apostando a que fueran exitosas. Incluso el gobierno expresó su “consentimiento” respecto de esos “trámites”.

Con pesar podemos decir que tal encargo no ha llevado a ninguna parte. Ningún avance sustantivo puede registrarse. El gobierno sigue reacio a comenzar un diálogo que abra aquella vía de salida del atolladero, y por el contrario, se ha radicalizado más. Ha seguido amenazando y persiguiendo a la oposición. Hay nuevos presos políticos. Desconoce a la representación popular del parlamento y sus atribuciones constitucionales.

Maduro y sus secuaces declaran sin ambages que no habrá referéndum revocatorio, la salida política, a todas luces, menos traumática que tenemos a la mano. Pero el Consejo Nacional Electoral, arrodillado ante los tiranos, actúa complaciéndonos en su deriva enloquecida.

Mientras tanto, la crisis económica se profundiza, ampliando la incertidumbre y la desesperación de un pueblo que no aguanta más penurias, falta de alimentos y medicamentos, y un clima de inseguridad nunca visto.  

Los países del hemisferio, expectantes, están siendo testigos de este desastre social, no han permanecido indiferentes, pero pareciera que ya es hora para muchos de ellos, de tomar acciones más contundentes en el marco de la normativa internacional sobre la preservación de la democracia y el respeto a los derechos humanos.

De nuevo, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, sale a la palestra pública para alertar sobre lo que está ocurriendo en Venezuela. Sabe también que las gestiones del trío de los ex presidentes han fracasado, no hay progreso alguno a registrar.

“Ningún foro regional o subregional puede desconocer la realidad de que hoy en Venezuela no hay democracia ni Estado de Derecho”, ha declarado.

Y agrega:Si no hubiera referéndum revocatorio, definitivamente sería imprescindible aplicar acciones drásticas (…) Todos estamos esperando qué es lo que ocurre con el referéndum revocatorio, ese es el camino para Venezuela”.

Más claro y certero no pudo ser Almagro. Sabe, al igual que el 85% de los venezolanos, que la solución de transición política en nuestro país está en la consulta popular inmediata, y que los países del hemisferio deben empujar activamente esa iniciativa.

De allí que remate su opinión afirmando: “Como miembros del sistema interamericano todos queremos lo mismo: una solución pacífica a la crisis del país. Nadie puede mirar hacia el costado, los países del Mercosur dieron un paso al frente”.

Los venezolanos, en una mayoría abrumadora, desean fervientemente un cambio de gobierno a la brevedad, antes de que nos vayamos por el despeñadero y la región se vea perjudicada.

Contamos con que la comunidad internacional y la hemisférica en particular, de manera proactiva, propicien una salida democrática y pacífica.



EMILIO NOUEL V.




miércoles, 21 de septiembre de 2016


            LIBRE COMERCIO Y RETÓRICA POPULISTA
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No son pocos los artículos de prensa publicados a diario en que se arremete contra los tratados de libre comercio, acusándolos de todos los males que puede haber.

No gozan de muy buena reputación estos acuerdos, si nos atenemos también a las protestas que particularmente en Europa están teniendo lugar por lo del tratado trasatlántico que se está negociando.

Sobre el tema hay mucho simplismo y poca profundidad en el análisis. Por lo general, las afirmaciones condenatorias no se respaldan con datos ciertos. Encontramos generalizaciones absurdas y disparatadas. La retórica anti-comercial está plagada de frases efectistas, medias verdades, mitos y prejuicios. En suma, no todo lo que se dice es cierto.

Este discurso engañoso ha servido de punta de lanza para demagogos de toda laya, que utilitaria e interesadamente echan mano de los problemas sociales reales de los ciudadanos para apuntalar sus propósitos políticos.

Así, el populista ha sido el actor ideal para esgrimir la proclama antiglobalización, aunque no es sólo él quien la asume. Tiende a culpar de los problemas domésticos a los demás, a los extranjeros, sus empresas y productos, quienes serían  los causantes directos de las dificultades y crisis de toda naturaleza que se viven.

Obviamente, no todo es una maravilla en la dinámica comercial internacional, hay asimetrías y conductas anticompetitivas. Como en todo, la perfección allí no existe, pero con exageraciones e infundios es muy difícil que comprendamos lo verdad del asunto, y apreciemos lo positivo que es el comercio para los países. Las evidencias reales cuantitativas y cualitativas prueban que el crecimiento y el desarrollo de los países, más allá de la monserga barata que reina en ciertos círculos sociales y políticos, son alcanzables con mayor facilidad a través de la apertura comercial.

No es cierto, por tanto, que el intercambio comercial exterior de un país de manera ineluctable ponga en riesgo los empleos, y por tanto, se deba establecer políticas proteccionistas para impedirlo.

Sobran los estudios serios que afirman que las economías abiertas crecen más rápido que las cerradas. El Banco Mundial, por ejemplo, ha afirmado que los países en vías de desarrollo que se abrieron al mundo en los años 90 del siglo pasado crecieron tres veces más rápido que los que mantuvieron políticas proteccionistas frente a la competencia internacional.

Y con esto no se quiere decir que el comercio exterior no impacte los mercados de trabajo domésticos, produciendo cambios en el corto plazo; de allí la importancia de que los gobiernos adopten políticas para posibilitar tales ajustes, estableciendo compensaciones sociales, que permitan la adecuación progresiva de los países al intercambio mercantil.

En esta actividad todos pueden ganar, unos más que otros, obviamente. Pero no es un juego suma cero, como algunos lo presentan en sus discursos políticos. Y los efectos hay que analizarlos en el mediano y largo plazo. Es probable que de arrancada no todo sea miel en hojuelas, pero con el tiempo los resultados serán positivos y permanentes.

Las políticas de apertura del comercio exterior tienen que ser complementadas con otras. Por ejemplo, las relativas al desarrollo institucional, la educación y a la atracción de las inversiones extranjeras. Leyes competitivas, desarrollo del recurso humano, seguridad jurídica y generación de confianza en la administración pública, son elementos centrales que apuntalan las políticas de apertura comercial.

El populista soslaya esos temas de fondo atribuyendo los problemas a los vínculos con el extranjero. Igual ocurre en países desarrollados como en los demás.

Se aprovecha de los sentimientos nacionalistas de pertenencia o identitarios de los ciudadanos para satanizar al fuereño, considerándolo el que amenaza el sistema de vida, los empleos, las empresas, en fin, la economía interna.

Lamentablemente, se ha desatado una paranoia en este campo que puede causar graves problemas a las sociedades actuales y comprometer la paz futura. Europa está experimentando esos embates, colocando en un disparadero al proceso de integración que tantos beneficios sociales ha traído a los países pertenecientes a la Unión.

En EEUU, el mismo fenómeno funesto. Vemos a políticos de los dos grandes partidos haciéndose eco de planteamientos que contradicen lo que ha sido uno de los principios económicos que hizo grande a ese país desde los inicios de su existencia.

El premio Nobel (2013), Robert Shiller, recientemente asomó la idea de que la próxima revolución en el mundo será contra las diferencias nacionales y surgirá de las interacciones diarias con extranjeros a través de Internet. Y agrega: “es probable que los pasos más importantes para resolver la injusticia derivada del lugar de nacimiento no tengan que ver con la inmigración, sino con fomentar la libertad económica (...) Esto debería ser motivo suficiente para la firma de tratados comerciales mejorados, con la posible creación de mecanismos de seguridad social de mucho mayor alcance que los actuales para proteger a los habitantes de cada país durante la transición a una economía global más justa”.

Ojalá los líderes del mundo puedan impedir la deriva peligrosa que promueven algunos populistas, y que apunta a cerrar a sus países ante los demás. Hay sobradas razones políticas, económicas y morales para actuar contra esa perniciosa visión.



Emilio Nouel V.
@ENouelV



domingo, 18 de septiembre de 2016


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MERCOSUR, PARLASUR Y LA CRISIS VENEZOLANA



                             

La crisis venezolana tiene alborotada a la sub-región suramericana. Frente a lo que ocurre en nuestro país no puede haber indiferencia de parte de quienes defienden la democracia y las libertades.

Las violaciones flagrantes y cotidianas de los DDHH son ampliamente conocidas en tiempo real por nuestros vecinos en el hemisferio. Sólo los que se hacen de la vista gorda o apañan las arbitrariedades de la dictadura venezolana se niegan a ver tal lacerante realidad.

Los gobiernos de los países miembros de  Mercosur vienen de formular un ultimátum al gobierno de Venezuela, que está referido a retrasos en materia de requisitos normativos en ese bloque comercial. La espada de Damocles de la suspensión de la membresía se ha levantado contra nuestro país, a menos que cumpla con ciertas exigencias antes del 1 de Diciembre próximo.

Ya lo he dicho en otra ocasión. El culpable de esta lamentable situación es el gobierno nacional, su incompetencia y desidia. Es él el que expuso a Venezuela al descrédito internacional.

Se ha dicho erróneamente por ahí que de concretarse la suspensión, se suspendería también nuestra participación en el Parlamento de Mercosur.

Quien así piensa, o desconoce la naturaleza “independiente y autónoma” de tal Parlamento o pretende utilizar ese argumento de manera interesada, engañosa y/o retorcida como presión de carácter política.

Así, oímos decir que la suspensión de Venezuela “nos haría perder una tribuna política que tanto nos hace falta actualmente”.

Pues, déjenme decir, que con eso se falta a la verdad, y  no hay asidero político ni jurídico para sustentar esa afirmación.

El único caso de suspensión que hasta ahora se conoce en Mercosur es el de Paraguay. Está más que claro que a ese país, lo suspenden con base en argumentos políticos, no jurídicos. El mismo Pepe Mujica, presidente a la sazón de Uruguay, lo admitió. En Paraguay se había dado un procedimiento de impeachment ajustado a la Constitución de ese país, pero que los amigos del defenestrado, el cura Lugo,  consideraron un golpe de Estado. Lo mismo que dicen ahora del caso de Dilma Rousseff.

La medida comportaba “suspender a la República del Paraguay del derecho a participar en los órganos del MERCOSUR y de las deliberaciones, en los términos del artículo 5° del Protocolo de Ushuaia”.

Y los “órganos de Mercosur” son: el Consejo del Mercado Común, el Grupo del Mercado Común y Comisión del Mercado Común.  Es decir, que de éstas instancias ejecutivas y administrativas quedaría marginado Paraguay en tanto que suspendido. En cuanto a los “órganos derivados”, como el Parlamento y el Tribunal Permanente de Revisión, habría que matizar.  

La medida en cuestión, tomada, por cierto, desconociéndole el derecho a la defensa a Paraguay, no implicó limitaciones al comercio o al tránsito de personas, incluso se garantiza la continuidad de los proyectos relativos a Paraguay en el Fondo de Convergencia Estructural del MERCOSUR (FOCEM)”.

Por otro lado, en el texto de la decisión se puede leer de manera expresa: “Comunicar al Parlamento del MERCOSUR la presente decisión”, lo cual implícitamente reconoce la independencia de este órgano.

Con ello se informaba al Parlamento de la medida, instancia que tenía, por cierto, casi dos años sin reunirse y sin adoptar resolución alguna. Incluso, el año mismo de la suspensión (2012) no se reunió, y sobre ella no hubo pronunciamiento alguno.

De acuerdo con el texto constitutivo de Parlasur,  en su artículo 1º se establece que es un “órgano de representación de sus pueblos, independiente y autónomo”.

Si interpretamos correctamente tal disposición, al ser autónomo, Parlasur no está obligado a suspender a la representación popular de un país, en caso de que por razones de incumplimiento de normas sea suspendido por los órganos ejecutivos. de bloque. De hecho, los parlamentarios paraguayos, en el asunto mencionado más arriba, no fueron suspendidos como diputados parlasurianos mediante una decisión expresa. Y si hubo alguna intención de hacerlo, que pudo darse, eso no fue formalizado, que sepamos. 

De modo pues, que en caso de que se aceptara una valorización particular de la presencia de parlamentarios venezolanos en el Parlasur, no sería lo correcto afirmar con base jurídica válida, que con una suspensión de Venezuela, se suspendería de manera automática a nuestros parlamentarios en tal espacio democrático.
Emilio Nouel V.