lunes, 20 de febrero de 2017


PARLASUR Y LA LUCHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

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El presidente Fernando Henrique Cardoso dijo en cierta ocasión que el Mercosur era hijo de la democracia, y, en efecto, lo es. No sólo porque coincidió con el advenimiento de la democracia a sus países miembros, después de años de dictaduras militares, sino también porque ha incorporado a su ordenamiento jurídico la cláusula democrática.  

Ciertamente, luego de muchos intentos a lo largo de décadas, la idea inicial del Barón de Río Branco de comienzos del siglo XX, tomó cuerpo formal cuando los países del Cono Sur, excepto Chile, a mediados de los ochenta del siglo pasado, suscribieron el Tratado de Asunción (1991).  

Esta evocación la hago, porque los gobiernos de los países miembros fundadores, como se conoce, han declarado que Venezuela, miembro también, ha cesado como tal, habida cuenta de la desidia de nuestro gobierno en la aprobación de un conjunto de instrumentos jurídicos indispensables para ejercer la membresía en ese bloque comercial.

Este estatus jurídico general y poco claro para Venezuela, plantea, entre otros asuntos, el de la condición de los parlamentarios venezolanos en Parlasur.  

Venezuela ha ‘cesado’ en Mercosur, según la decisión mercosuriana. Sin embargo, algunos han dicho que una vez que nuestro país incorpore al derecho venezolano aquellos instrumentos normativos, volvería a ser miembro de pleno derecho.  

¿Qué se puede interpretar por ‘cesación’ en este caso?

¿Dejó de ser miembro de Mercosur de manera definitiva o provisional? ¿Volvió a la condición de miembro asociado?  ¿cuál es su cualidad o posición en ese régimen de integración?

Porque ‘suspendida’ no está, como fue el caso de Paraguay en el año 2011. Fue aplicada a este la cláusula democrática (Protocolos de Ushuaia). Pero los compromisos de naturaleza comercial se mantuvieron, no implicó limitaciones al comercio o al tránsito de personas. No fueron cesados ni suprimidos. Solo fue excluido de las reuniones formales, por ende, de las decisiones, hasta que se realizaran nuevas elecciones presidenciales.

En la actualidad, Venezuela no participa, al igual que Paraguay en aquel período de suspensión, de reuniones formales y decisiones. Está "excluída", pero no echada del bloque, aunque no sabemos si es ésta la intención de fondo.
Esta situación particular, nebulosa e imprecisa, ha generado, según informaciones que manejamos, un debate al interior de Parlasur que apunta a definir cuál debería ser el estatus de los diputados venezolanos allí. Estos fueron designados por la Asamblea Nacional, no fueron elegidos directamente sino por un procedimiento de segundo grado,  aunque gozan, sin duda, de legitimidad democrática. Y esto fue así, por causa de una decisión que el gobierno venezolano impuso antes de efectuarse las elecciones de diciembre de 2015, impidiendo que los venezolanos eligiéramos a nuestros representantes al Parlasur. Es el mismo caso de los diputados brasileños.
Parlasur fue creado mediante tratado, y allí se lee que es “independiente y autónomo” (artículo 1º ).
Si interpretamos correctamente tal disposición, este ente no estaría obligado a suprimir o suspender la representación democrática de un país, en caso de que por razones de incumplimiento de normas, atribuido a un gobierno, sea ‘cesado’ por los órganos ejecutivos del bloque. De hecho, los parlamentarios paraguayos, en el asunto mencionado más arriba, no fueron suspendidos como diputados parlasurianos. Y si hubo alguna intención de hacerlo, que pudo darse, eso no fue formalizado, que sepamos.   
De modo, pues, que, a nuestro juicio, la situación de ‘cesación’, sea lo que sea que ella signifique para Venezuela, hasta tanto no haya una expulsión de Venezuela del bloque, la presencia de parlamentarios venezolanos en el Parlasur debería ser reconocida y admitida. No sólo tiene un sustento jurídico válido, es también la aplicación del principio democrático, toda vez que los diputados en ejercicio son una genuina expresión de legitimidad democrática expresada en las urnas electorales en diciembre de 2015. *
Obviamente, no escapa a nosotros que todo este asunto, más allá de lo jurídico, es también político, diría, más bien, esencialmente, político. Que hay un interés de quitar esa importante tribuna a la representación de los demócratas venezolanos, que tanto hace falta en momentos en que la tiranía militar-cívica arrecia sus acciones represivas y contra los derechos humanos.
Solo queda a los partidos políticos venezolanos luchar con firmeza para que ese espacio democrático no les sea arrebatado.

Emilio Nouel V.   


*Después de terminar de escribir estas líneas, nos enteramos que Parlasur decidió mantener la permanencia de los parlamentarios venezolanos en su seno, lo cual es una valoración correcta de la naturaleza democrática de tal representación y un soporte a la lucha democrática del pueblo venezolano.  


jueves, 9 de febrero de 2017


LA INTEGRACION HEMISFÉRICA A INICIOS DE 2017

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A nuestro hemisferio no solo lo está inquietando el nuevo talante y las medidas que está tomando y que de seguro adoptará el nuevo presidente norteamericano. Hay otros asuntos de mucho interés que también preocupan a los países del entorno, particularmente, los que atañen a las relaciones económico-comerciales con el resto del mundo.

En estos días se han conocido varios eventos y noticias que vale la pena comentar por las repercusiones que pudieran tener.

Un encuentro muy importante se dió entre los gobiernos de Argentina y Brasil. Los dos presidentes suscribieron una declaración conjunta en la que se refieren a un amplio conjunto de temas.

Una expresión de Michel Temer ha resaltado con ocasión de tal reunión: ´convergencia pragmática´.  Y afirma de seguidas: “Nuestra unión es todavía más necesaria en un mundo inmerso en incertidumbres e influencias desintegradoras. Ante nacionalismos exacerbados y de crecientes presiones proteccionistas tenemos que aproximarnos y articularnos cada vez más. Nuestra respuesta a tendencias aislacionistas debe ser más integración”.

Temer arremete contra las concepciones dogmáticas, y dice que la idea entre ambos países es concentrarse en el crecimiento económico, aumentar el empleo y el bienestar de sus pueblos, y que de lo que se trata es de recuperar el tiempo perdido, especialmente, re-dinamizando y rescatando el espíritu original de Mercosur: libre mercado y democracia.

La Declaración Conjunta del 7 de Febrero próximo pasado  contempla los temas de la integración fronteriza y física, comercio bilateral, cooperación energética, tecnológica, jurídica y derechos humanos, entre otros.

En materia de integración, se hizo énfasis en la negociación de protocolos sobre cooperación y facilitación de las inversiones y compras públicas; diálogo con la Alianza del Pacifico; coordinación macroeconómica; y avanzar en el acuerdo con la Unión Europea.

En capítulo aparte, manifiestan preocupación con la situación política, social y humanitaria de Venezuela, y hacen votos por que el diálogo entre gobierno y oposición encuentre caminos para superar la difícil situación que se vive.

Llama la atención que el punto de las relaciones comerciales bilaterales se trate de manera especial, al margen del régimen de Mercosur. Este enfoque prioritario desde lo bilateral, subrayado por la canciller argentina Malcorra, no abona mucho en términos mercosurianos.

Otra noticia ligada al asunto anterior es la intervención del canciller uruguayo Nin Novoa ante su Parlamento, en la cual trata el eventual Acuerdo comercial de su país con China.

En ese país se ha desatado un debate en el que se expresan opiniones contrarias a la suscripción de tal acuerdo. Algunos empresarios han expresado que sería negativo para algunas actividades industriales nacionales.

El canciller, por su parte, pareciera favorecer ese convenio aunque admite la idea de que debería ser asumido por el Mercosur en su conjunto. De hecho, han consultado a Argentina y Brasil al respecto sin que aun hayan recibido respuesta de éstos gobiernos. En todo caso, parecen abiertos a todas las opciones posibles, con o sin socios mercosurianos, con o sin la anuencia de ellos.

Lo más cierto de todo es que los dos grandes de Mercosur, como es la costumbre inveterada allí, se están poniendo de acuerdo primero, marginando a los dos pequeños, y por supuesto, sin tomar en cuenta a Venezuela, cuya condición jurídica en ese bloque es poco menos que incierta, por no decir surrealista.

Mercosur aun no sale de su crisis de ralentización y/o estancamiento. Es harto sabido el porqué.

El proteccionismo, en aparente auge en EEUU y Europa, que ahora Temer y Macri critican, es como mencionar la soga en casa del ahorcado. Estos dos países arrastran políticas proteccionistas que se mantienen. En esa materia, los problemas entre ellos dos no han cesado. Puede ser que ahora quieran resolverlos, habida cuenta de las nuevas orientaciones de ambos presidentes. Habrá que verlo.

Unos cuantos puntos de relevancia   (trato nacional, acceso al mercado, reglas de origen, facilitación del comercio, cooperación aduanera,  prácticas desleales de comercio, medidas sanitarias/fitosanitarias, obstáculos técnicos, inversión, comercio electrónico, compras públicas, propiedad intelectual, normas laborales, medioambiente) están planteando los uruguayos a los chinos, que afectarían todas las normativas de Mercosur.

Por su parte, Paraguay, el otro pequeño del grupo, suscribió con EEUU en días pasados, un TIFA (Trade Investment Framework Agreement), el cual abre un marco regulador para acordar temas económicos de mutuo interés (acceso a mercados, protección de los derechos de propiedad intelectual, etc).

Otra noticia a colación en este contexto, es la de las declaraciones de Carlos “Chacho” Álvarez, secretario general de ALADI, cuyo enfoque político no se disimula. Son una suerte de respuesta a las amenazas y desafíos que, según él, provienen del “contexto mundial”.

Álvarez dice: "Se trata de trabajar en la articulación del conjunto de acuerdos que se han desarrollado en las subregiones en el plano político, social y cultural,además de lo económico— y tener un proyecto de carácter latinoamericano que ayude a fortalecer la cooperación y pasar de lo bilateral o lo plurilateral, al plano regional reforzando nuestra identidad”. (subrayado nuestro).

Habla de crisis del multilateralismo, de un mundo casi ingobernable y desbocado, y de la necesidad de una respuesta latinoamericana propositiva y articulada, con aumento del comercio intrarregional. Remata proponiendo un Acuerdo Económico Comercial Integral Latinoamericano. Álvarez, al igual que Temer, usa la palabra pragmatismo.

¿Qué posibilidades y viabilidad podría tener esta propuesta desde ALADI, tomando en cuenta la historia de las múltiples oportunidades perdidas, de los desencuentros permanentes, de las recurrentes refundaciones, del constante invento de organizaciones y siglas, en fin, de las frustraciones repetidas?
¿Es aun dable una integración “latinoamericana y del Caribe” a las alturas de un mundo globalizado como el actual, en el que la amplia porosidad de las fronteras y la interconexión profunda y múltiple de las economías, hacen casi imposible un retroceso a cotos cerrados y protegidos de producción endógena?

¿Está vigente la idea de seguir hablando en términos identitarios, como lo hace Álvarez, en un mundo que va empujando hacia una ciudadanía planetaria de identidades múltiples, no persiguiendo identidades perdidas o imposibles, ni  apuntando a estrechas lealtades nacionalistas, a pesar de manifestaciones contrarias en ciertos puntos del planeta?

No son buenas las noticias que vienen del más grande del hemisferio y de Europa. La bilateralización, el proteccionismo y las pretensiones regresivas hacia autarquías nacionales en las relaciones económicas nos alejan de las soluciones que los problemas globales nos plantean.

El Mercosur, a pesar de la retórica de los gobiernos, se sigue mostrando incierto, sin rumbo claro. No sabemos que terminará de ocurrir en el NAFTA, el cual significa negocios por el orden de los 600 mil millones de dólares ¿los despreciará Trump? . El papel de China en nuestra región ¿adonde llegará?

El año 2017, en la materia comentada, comienza sobrecargado de interrogantes, cuyas respuestas adecuadas sólo las puede un liderazgo continental consciente y responsable de los graves asuntos que conciernen a todos sin excepción, más allá de los discursos y los intereses particulares.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV

emilio.nouel@gmail.com    

jueves, 26 de enero de 2017


        ¡SORPRESAS TE DA LA CHINA!
            
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No hay periódico en el mundo en donde uno no se encuentre con un análisis sobre lo que está sucediendo o pudiera ocurrir en las relaciones internacionales del planeta a partir de los más recientes sucesos políticos y económicos que han tenido lugar en los países más poderosos, las potencias que siguen determinando el curso de los acontecimientos humanos.

Basta ver los cientos de artículos que sigue suscitando la llegada de Trump a la presidencia del país que más incide en el entorno global. La inquietud que produce la incertidumbre sobre lo que vaya hacer en la Casa Blanca, tiene a todas las cancillerías, los organismos internacionales y al mundo empresarial transnacional, de cabeza, tratando de escrutar el futuro que nos depara su ejecutoria gubernamental. 

Ya hemos visto cómo en sus primeros días el señor Trump ha reafirmado sus disparatadas promesas electorales.

En Europa, la misma preocupación no cesa por causa del auge de los movimientos ultranacionalistas liderados por demagogos que persiguen liquidar ese gran logro histórico, la Unión, los cuales con el triunfo del magnate Trump se han venido arriba.

En Coblenza se reunieron en estos días que corren y han llegado a afirmar que el mundo está cambiando, pero en el sentido que ellos desean, es decir, hacia al nacionalismo a ultranza, rechazando todo lo extranjero y repudiando las organizaciones levantadas por el llamado orden liberal de postguerra. Sus programas contemplan un repliegue sobre sus fronteras internas, un volcarse hacia adentro, a un desarrollo económico endógeno, sin pensar que la reacción de los demás sería del mismo tenor, generándose así, un enfrentamiento que podría tener consecuencias globales nefastas en todos los órdenes de la vida.

Hoy leemos titulares como éstos: “Incierto mundo”, “Occidente se repliega”, “Pronóstico oscuro para EEUU”, “El suicidio anglosajón”, Blitz commercial krieg”, “Trump, el enemigo número uno de México”. “Reino Unido fuera del Mercado común”, “Trump contra Europa”, “Era del desconcierto” y así tantos otros.

Visto lo visto en estas últimas semanas, no sé si aun se siga creyendo a pie juntillas en que el Trump de la campaña electoral será otro en la oficina oval y que las instituciones de la democracia estadounidense podrán frenar cualquier desaguisado del inefable personaje.

Por el bien de todos espero que quienes así piensan no se equivoquen, incluyéndome entre ellos, pero sin dejar de albergar muchas dudas.

Lo más cierto de todo esto es que a nuestro hemisferio le esperan tiempos problemáticos.

Por lo pronto, México está siendo impactado económicamente de forma negativa, y su dirigencia ha empezado a poner cortafuegos a lo que se le vendría encima. Los países que poca relación comercial tienen con EEUU no se están viendo afectados, o muy poco, como es el caso de Argentina.

Si llegare a concretarse el plan de Trump de denunciar el TLCAN (NAFTA), las repercusiones serán sustanciales para la integración de Norte América. Ello representará un retroceso de incalculables consecuencias, particularmente, para los mexicanos.

EEUU y Canadá igualmente se perjudicarán con este paso, a mi juicio, en falso. Los canadienses, sin embargo, están ya tomando sus precauciones.

Ocurrirá lo mismo con el Acuerdo Transpacífico que poco tiempo tiene de suscrito. Como se sabe, a este Acuerdo pertenecen varios países de nuestro hemisferio. El mayor volumen de negocios del planeta se realiza en esta área, y resulta absurdo que un país como EEUU, adalid inveterado del libre comercio, se aísle. Imagino que los asesores de Trump no esperaran que haya una apertura sin restricciones de ese mercado para los productos estadounidenses, si EEUU, a su vez, se cierra a los que proceden de aquel.

Para Venezuela, los anuncios de Trump, más allá de los de carácter político, en lo económico-comercial se desconocen. Nuestra relación fundamental está en el campo energético y lo demás son las importaciones de otros productos (manufacturados) que hacemos desde Venezuela. Trump acaba de autorizar varios oleoductos cuya construcción paralizó Obama.

En materia de inversiones norteamericanas en Latinoamérica, es de esperarse también alguna repercusión, habida cuenta de las insólitas amenazas proferidas por el magnate contra las empresas transnacionales automotrices de EEUU.

En el mundo entero se abre una nueva época de concretarse lo anunciado por el nuevo presidente.

En la reunión del Foro Mundial de Davos, el presidente Xi JinPing se convirtió en el primer defensor de la globalización y cuestionador del proteccionismo económico-comercial que parece entrar en auge.

¿Estarán dejando los norteamericanos y europeos el campo libre a la China para que se imponga en el ámbito internacional económico?  

¿El capitalismo global pasará a manos entonces de un país que se autodefine comunista?

¡Sorpresas te da la China!



EMILIO NOUEL V.

@ENouelV  

miércoles, 4 de enero de 2017


           LAS RELACIONES DEL CHAVISMO CON TRUMP Y PUTIN : UNA INCÓGNITA
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El futuro inmediato responde a carambolas, a estímulos convulsivos, sin

patrones ni pautas.(…)  Los análisis convencionales no sirven y los

vaticinios deductivos se han vuelto pensamiento ilusorio, wishful thinking:

bagatelas”

Ignacio Camacho


No poca tinta se ha vertido acerca de las ínfulas de Vladimir Putin de colocar a su país en el sitial que tuvo la Unión Soviética en otros tiempos. Es harto conocida su lamentación acerca de la caída de la URSS: “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”.
La política de Putin estará orientada a recuperar la presencia e influencia internacional de su país. La restauración del orgullo imperial de la ‘Gran madre Rusia’ ha sido el objetivo.
Aunque Rusia no conserva el ímpetu y la fuerza decisiva de que dispuso su antecesora y las circunstancias no son las mismas, ese país, por su tamaño, significación geopolítica, recursos y relativo poder militar, es un actor a considerar en el mundo de las relaciones internacionales presentes, aunque tampoco habría que exagerarlo.
El que fue su contendor después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU, a pesar de que mantiene un poder económico, tecnológico y militar casi indiscutible, hoy no goza del mismo poder omnímodo que tuvo. 
La potencia más grande de nuestro hemisferio y del mundo, “la sociedad punta de nuestro tiempo” (Vargas Llosa dixit), a ratos se repliega sobre sí misma, o bien por causa de sus problemas particulares, para atender otras prioridades (Irán, Siria, Israel, Ucrania), por pérdida de poder global o porque que se siente impugnada por algunos actores. El “hiperpoder” de otros tiempos ya no existe, ha mermado, es discutido y hasta ignorado, incluso por micropoderes que derivan su influencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, como lo ha bien subrayado Moisés Naim.
Estamos ante una redistribución mayor del poder mundial en la que otros actores cobran mayor incidencia y peso, los que no disponiendo de capacidad para imponer su perspectiva, sin embargo, pueden obstaculizar las iniciativas de otros, incluso de los más grandes.
La disminución del poder internacional de EEUU, se ha atribuido a que no existe la misma confianza de sus aliados tradicionales en su liderazgo, y a que sectores importantes de su población desea un rol global menos activo.
En la actualidad, mucho se debate sobre un “mundo sin orden”, “un mundo salido de eje” o de la “era del desorden”, en el que grandes potencias hegemónicas, han perdido poder o no desean asumir el papel de garantizar la gobernanza global.
Richard N. Haass ha señalado que estamos ante la desintegración del orden de la posguerra fría y un mundo menos pacífico, menos próspero y menos capaz de resolver los desafíos de la guerra.
Kissinger, en su último libro, World Order, llama la atención sobre la idea de que han surgido concepciones opuestas a un orden basado en reglas establecidas en los tratados internacionales, siendo el caos una amenaza en todos partes, en un entorno de interdependencia nunca antes visto.
Estas nuevas e inquietantes realidades mundiales en las que el poder está más repartido entre un mayor número de actores, nos indican que quizás estemos viviendo un cambio de época, que trae consigo desafíos desconocidos.
Es bajo esta nueva situación mundial en que Rusia se hace muy activa en Latinoamérica, que el gobierno chavista, desde sus primeros años, inició un cambio estratégico en las prioridades internacionales de nuestro país. 
Así, los tradicionales y principales socios son puestos de lado y/o colocados al mismo nivel que los nuevos, y entre éstos, está la Rusia de Putin.
Los acontecimientos políticos de los años 2001 y siguientes en Venezuela profundizarán esa nueva relación preferencial, que se convertirá en una “asociación estratégica”. Alrededor de más de 50 acuerdos y contratos se han suscrito entre ambos países. Chávez visitó Rusia 9 veces, y Maduro algunas. Han sido muy intensas las reuniones y visitas mutuas entre los dos gobiernos. Resaltan los contratos y créditos sobre armamentos (12 mil millones de dólares). Las empresas del sector energético: Rosneft, Gazprom, TNK-BP, Surgutneftegaz, y la privada Lukoil, están presentes en desarrollos en la Faja Petrolífera del Orinoco y otros sitios. Venezuela es el segundo socio comercial de Rusia en la región.
El embajador ruso, V. Zaemsky, en 2015 declaró: “tenemos unas excelentes relaciones políticas, una coincidencia en las posiciones internacionales (…) hemos tenido una base muy sólida en las relaciones económicas”.
Y en efecto, hoy existen importantes afinidades en políticas entre los dos países. Tienen visiones coincidentes, sobre todo, de cara a poderes como EEUU o la Unión Europea.
Para Rusia, las orientaciones en política internacional del gobierno venezolano convergen con el deseo de su dirigencia de erigirse en una superpotencia global que desafíe la influencia a los demás poderes mundiales. De este modo, Venezuela se convierte en una ‘cabeza de playa’ en América Latina y el hemisferio.

Con la llegada de Trump a la Casa Blanca, cabe preguntarse la relación que tendrán EEUU y Rusia. Las carantoñas entre Putin y Trump han dado mucho de qué hablar. Los poderes institucionales y fácticos de EEUU ¿qué posición asumirán frente a este “coqueteo”?  ¿Cómo queda Venezuela en esta eventual entente? ¿Y Cuba, tan cercana al despotismo venezolano?
El supuesto aislacionismo de Trump ¿permitirá que Rusia se instale cómodamente en América Latina?
Y la China, ya entronizada con armas y bagajes en nuestra región hace varios años ¿Qué pito tocará en todo este desconcierto?
Para pitonisos quedan los pronósticos. Teorías y paradigmas de pensamiento se están mostrando incapaces para avizorar hacia dónde va el mundo, y con mayor razón, si quienes tienen la sartén por el mango, son tan impredecibles como el señor Trump y otros.
¿Qué pasará en una Venezuela metida en este entorno tan enmarañado? ¿Le interesa Venezuela a Trump o a Putin? ¿Se pondrán de acuerdo respecto de nuestro destino? ¿Podremos sustraernos de la “lógica” de esas potencias y resolver nuestra crisis al margen de ellos o seremos un peón más de ese ajedrez?

miércoles, 28 de diciembre de 2016


EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI, ODEBRECHT  Y EL NUEVO REVENTÓN DE CLOACAS


Cierran con broche de oro el año la asociación transnacional para delinquir conocida como Corruptos sin fronteras y el socialismo del siglo XXI.

En esta ocasión son las investigaciones sobre los negociados ilícitos de la empresa brasileña Odebrecht y el inicio del proceso penal contra la señora Kirchner, los que hacen estallar la cloaca.

Ya era vox populi que aquella poderosa firma mercantil obtenía enormes contratos bajo el ala de altos funcionarios del gobierno brasileño, mediando, por supuesto, ingentes sobornos dentro y fuera  del país. 

Lo eran también las repugnantes denuncias contra la mafia kirchnerista, cuyas andanzas han quedado al descubierto con abundante documentación, incluso fílmica.

Y la diplomacia bolivariana no podía quedar por fuera de esta deriva podrida.

En tanto que actor principal de una danza de miles de millones de dólares provenientes de contrataciones públicas transfronterizas logrados por métodos nada sanos, Odebrecht gozaba de los favores y la protección de políticos de diversas ideologías, que en los últimos años se ubicaban, principalmente, en el campo del izquierdismo suramericano, verbigracia, el lulapetismo, el chavismo y el kircherismo, cuyos gobiernos cabalgaron sobre la última ola de altos precios de los commodities.

Sólo en Brasil se había iniciado la investigación de esta enorme corrupción, aunque se conocía las conexiones con gobiernos de otros países. 

Cómo una corriente política que se vanagloria de luchar por los más pobres y necesitados, que se llena la boca de una retórica contra las oligarquías y se rasga las vestiduras enarbolando un discurso anticorrupción, pudo contagiarse hasta los tuétanos de la mayor porquería nunca vista en materia de negociados ilegales con las administraciones gubernamentales de la región.

Es la pregunta que se hacen los ingenuos que creyeron en la supuesta sinceridad y honestidad de estos revolucionarios, que históricamente no se han comportado en la práctica de otra manera.

Una vez más dan muestras de su tartufismo en funciones administrativas públicas.

De “Asociación destinada a cometer delitos” habla el juez de la causa contra Cristina Kirchner. En cristiano: delincuencia organizada, banda creada para robar al fisco nacional.

En Venezuela, la corrupción militar-cívica ha alcanzado en los últimos lustros cotas inauditas. En términos cuantitativos, se pierde de vista si la comparamos con la kirchnerista.

Lo que diferencia la situación venezolana de las demás es una grosera impunidad. El control de los tribunales por parte de la tiranía que impera en nuestro país impide que se persiga y sancione la delincuencia que se ha enseñoreado a lo largo y ancho del aparato del Estado.

El latrocinio, como siempre, a quien perjudica mayormente es al pobre. Es dinero que se sustrae de las obras y servicios públicos que los más desprovistos de recursos de la sociedad requieren.

Sin leyes adecuadas ni jueces independientes, en ausencia de transparencia en la administración gubernamental, y sin una voluntad política para combatir la corrupción administrativa dentro y fuera de los ámbitos nacionales, la delincuencia política transfronteriza, como parece ser el caso de nuestra región latinoamericana, perdurará y causará enormes daños a nuestras naciones.   

Sin embargo, y a pesar de todo, este fin de año concluye con buenas noticias. Brasil y Argentina, sus jueces y fiscales, están asestando duros golpes a un flagelo social destructor, que hoy tiene nombre y apellido: el populismo izquierdista del socialismo siglo XXI.  

EMILIO NOUEL V.

lunes, 26 de diciembre de 2016


         CATASTROFISMOS Y EL MUNDO POSIBLE

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Obviamente, si lo ves, por ejemplo, desde las ruinas y las calamidades inconmensurables de una ciudad como Aleppo, el mundo es una desgracia, un fracaso, y pocos motivos habría para pensar el futuro con optimismo.
Y ciertamente, tenemos al frente de nosotros, en general, situaciones sociales en el planeta muy lamentables, que demandan remedios urgentes.
Los pesimistas contribuyen mucho a profundizar un entorno desesperanzador, cuando siempre subrayan lo peor, y en el mejor de los casos, los vasos medio vacíos.
Los demagogos y populistas, desde sus intereses políticos particulares y cálculos electorales,  resaltan en todo momento lo malo, y hasta enormes mentiras fraguan, todo con el objetivo claro de tomar el poder a como dé lugar. Trump es el ejemplo más reciente, y ni hablar de los lideres de países en los que hay elementos reales para alimentar la retórica apocalíptica. Los que hoy gobiernan a Venezuela llegaron al poder inventando o exagerando los problemas que nadie negaba.
No obstante, puede afirmarse que el mundo, en general, no está peor que antes como los agoreros y catastrofistas gustan de echarnos en cara. Y no es verdad que todo tiempo pasado fue mejor.
In the long run, si a las cifras duras nos remitimos, el panorama no es tan sombrío como hace 100 años o más, a pesar de que persisten asuntos graves que requieren soluciones.
Se  ha pretendido atribuir a la interdependencia global -la globalización- casi todos los males que hoy padece el mundo. Claro, ella no es un lecho de rosas. Como la vida, tiene sus retos amenazadores,  duros obstáculos a superar, pero en su mayoría predominan los aspectos beneficiosos, que sólo hay que potenciar, contrarrestando o minimizando los que puedan perjudicarnos, en tanto que país, empresa o individuo.
Malas noticias siempre hay y las habrá. Situaciones tristes y lastimosas observamos en muchas regiones del mundo. Sin embargo, estamos convencidos de que ellas no son tanto por causa exclusiva de la globalización como de condicionantes internos a los países, de las erradas políticas gubernamentales, entre otros factores.
Recientemente fue publicado un cuadro comparativo entre los comienzos del siglo XIX y la actualidad, sobre 6 aspectos sociales: pobreza extrema; educación básica; alfabetismo, democracia, vacunaciones y mortalidad infantil. La conclusión es que el mundo ha avanzado y mejorado sustancialmente en esos rubros. De ellos, el más rezagado en términos relativos, es el de la democracia.
Aún, no hay duda, debemos avanzar en esos campos y muchos otros.  
Graves e ingentes problemas requerirán de muchos esfuerzos de los gobiernos del orbe. Sólo la cooperación y la integración estrechas entre ellos tienen la capacidad de propiciar con mayor celeridad  su resolución. Sin amplio diálogo e intensa confluencia en la acción, los caminos no se abrirán y la aplicación de los correctivos se demorarán. 
Nuestro planeta tiene ante sí grandes desafíos: ideologías políticas siniestras, terrorismo, tribalismos nacionalistas exacerbados, enfermedades, proliferación de armamentos de destrucción masiva, delincuencia transnacional y los derivados del comercio ilícito, los cuales, para enfrentarlos, exigen de los países vías de concertación efectiva. Es probable que esta visión consensuada y compartida se logre, principalmente, entre grupos de países que estén dispuestos a asumir de forma realista la cooperación como medios para ello. Solo queda esperar que un número creciente de ellos se incorpore de manera decidida a esa tarea impostergable.  
En nuestro hemisferio, a pesar de las frustraciones y desencuentros, pueblos, organizaciones y líderes que hacen vida en él tienen una grave responsabilidad. Se ha construido por décadas una institucionalidad que persigue el entendimiento entre los países, la unión económica y la paz, y aunque adolece de insuficiencias y fallas, es menester superarlas con sentido de responsabilidad y no con afán destructor, toda vez que hacia adelante no hay más que un futuro juntos. “Todos somos americanos”, Obama dixit.
Por los siglos de los siglos vamos a convivir, más allá de las diferencias, de allí que la supresión de las confrontaciones inútiles, el trafico de ideas y el incremento del intercambio económico sean las claves de un porvenir provechoso. 
Popper dijo una vez que “El optimismo es un deber y el futuro está abierto”. 
Aquí no aludimos a un optimismo al margen de las realidades, a fantasías irrealizables.   
Y más allá de aquel ‘deber’, hay cifras reales confiables que nos indican que el mundo va dejando atrás sus males. Que un mayor número de personas accede a estándares  superiores de salud, educación y tecnologías.
No se trata de estar conformes ni de entregrarse a una vida inerte en espera de que un supuesto curso inexorable de la vida conducirá a un mundo más habitable para todos.
Pero tampoco debemos permitirnos caer en el nihilismo absoluto, y ser presas fáciles de los catastrofistas, a quienes nada les acomoda y se niegan a reconocer los progresos concretos del ser humano, inmersos como están en utopías insensatas y en la búsqueda de mundos perfectos imposibles, que conducen a infiernos sociales, éstos sí, muy reales.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV  

miércoles, 14 de diciembre de 2016

     EL SOLDADO DESCONOCIDO DE UGALDE

    

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Desde hace un tiempo, amigos de fuera de Venezuela me han hecho una pregunta que hoy pareciera que pretende responder el sacerdote Luis Ugalde.

En varias ocasiones, este año, me han solicitado una opinión escrita (artículo) sobre si no se avista en horizonte del país y en la institución armada una suerte de Wolfgang Larrazábal que propicie una salida de la tiranía militar-cívica que hoy desgobierna a Venezuela, e inicie un proceso de  recuperación de la democracia.

Como sabemos los venezolanos de mayor edad, y lamentablemente lo desconocen millones de jóvenes hoy, Larrazábal fue la figura que encarnó públicamente, desde la institución militar, el derrocamiento del dictador Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958. A partir de entonces se inició el período de la democracia civil en nuestro país, la que en los últimos 3 lustros ha pretendido desmontar una banda mafiosa, ignorante y corrupta, revestida de una retórica supuestamente liberadora, pero que en esencia es la barbarie autoritaria fascista en acción.

Mi opinión, dentro de las limitaciones que tengo respecto de cómo se bate el cobre realmente entre los milicos, ha sido que tal personaje militar con liderazgo y mando suficiente no lo veo, aunque el repudio al gobierno a lo interno de esa institución, me atrevo a afirmarlo, debiera ser el mismo que vemos en el 80% y más de los venezolanos. Del desastre económico, las arbitrariedades y el latrocinio, sin mencionar otros delitos en que estén presuntamente incursos ciertos oficiales de alto rango, son víctimas también los militares y sus familias.

Según Ugalde, esta nueva versión de “Larrazábal” debe estar en algún lado, y como la original, sería obviamente desconocida por los venezolanos de a pie, en la actualidad.

En una institución militar que los entendidos dicen que está descoyuntada e ideologizada, con cadenas de mando poco claras, mediatizada por los cubanos, y en la que los tradicionales principios de mérito, conocimiento técnico y disciplina han sido sustituidos por la lealtad perruna a un grupo de poder político, valdría la pena preguntarse qué tipo de “Larrazábal” redivivo podría revertir y superar esa situación a lo interno de las fuerzas armadas y encabezar y/o propiciar un gobierno de transición como el que Ugalde propone.   

Tiene razón el jesuita cuando afirma que un gobierno distinto al que está destruyendo a Venezuela debe contar con el respaldo de la fuerza militar, y que uno sin este último duraría muy poco.

Es atinado también Ugalde en el conjunto de medidas que estaría obligado a tomar un eventual gobierno de transición.  

Quien escribe esta líneas lleva en su ADN un rechazo profundo a todo gobierno militar y con más razón, a uno militarista como el que padecemos. Soy muy escéptico al respecto, y desconfío de militares en funciones de gobierno. La Venezuela actual es prueba fehaciente de la chapuza gubernamental más estruendosa de aquellos.

No obstante, entiendo las realidades de la política y sus imperativos, más allá de las preferencias y reservas personales.

Con todo y sus grandes defectos apuesto al liderazgo civil que nos hemos dado en esta lucha casi agónica e interminable. Estoy consciente de las fallas, algunas de bulto, que nuestros partidos políticos han tenido y tienen.

No ha sido fácil trabajar unidos en el rescate de las libertades y la democracia. Tengo mis dudas sobre si la pluralidad de opiniones e iniciativas libérrimas en el seno de la unidad de las fuerzas democráticas, sea una virtud a reivindicar bajo las circunstancias que vivimos. Sin Unidad de estrategia y de acción, sin férrea disciplina de sus dirigentes, sin un único discurso y sin poner de lado las ambiciones parciales, será muy difícil salir del hueco en el que estamos hundidos.

Sólo aspiro a que aquellos fallos de la Unidad sean corregidos sobre la marcha, y a la brevedad.  

Ugalde ha reiterado un planteamiento que debe ser valorado, pues implicaría adoptar una clara política de largo plazo y coyuntural hacia un sector de nuestra sociedad con el que hay que contar, pero desde una visión de sociedad en la que la institución militar tiene un papel importante de seguridad que cumplir, que no es el de gobernar, toda vez que esta función corresponde en todo país civilizado y moderno, al poder democrático civil.  


EMILIO NOUEL V.

@ENouelV