miércoles, 13 de febrero de 2019


              EL VATICANO Y LA CRISIS VENEZOLANA




                                            

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Contra Jorge Bergoglio, el papa Francisco, se ha desatado un rechazo y agria condena en Venezuela y otros países, por la posición presuntamente neutral que habría asumido como cabeza del Vaticano respecto de la crisis de este país.

Se le acusa de ponerse al lado de la tiranía venezolana al no tomar partido de manera inequívoca por los que combaten al régimen político opresor. No pocos le han echado en cara las palabras que el clérigo sudafricano Desmond Tutu habría dicho acerca de que mantenerse en la neutralidad frente a la injusticia, es escoger del lado del opresor. Hasta se le llama, erróneamente a mi juicio, comunista.

Creo, sin embargo, que se exagera.

No comparto con Bergoglio algunas de sus opiniones sobre el tema económico, para mi tiene un pensamiento anacrónico. Y en lo religioso no me meto porque desde mi agnosticismo, esos debates no me entusiasman mucho. 

Pero más allá de la situación concreta venezolana, del pensamiento político-ideológico de Francisco, de su talante jesuítico (Ver mi artículo “Bergoglio, el bolchevique”) y de su particular carácter personal, él forma parte de una institución milenaria que se ha conducido de cara a múltiples situaciones históricas, políticas y de distinta naturaleza, no siempre desde una perspectiva estrictamente religiosa o moral. Con la política, sobre todo europea, la iglesia católica ha tenido que ver por muchos siglos.  Los asuntos de Dios y del Poder siempre estuvieron mezclados. 

Para bien o para mal, el papado tiene su historia, y en muchos casos, no muy santa. Y esto hay que rememorarlo a pesar de que a algunos “católicos, apostólicos y romanos” no les resulte simpático tal recordatorio. 
El Vaticano ha tenido que aliarse, adaptarse o enfrentarse al poder político, y para ello ha debido proceder políticamente. Y el caso venezolano actual no va a ser la excepción.  
De allí que valorar su posición frente al tema de Venezuela, en particular, la declaración emitida por el cardenal Parolin de que se quiere ser “neutral positivo” en esta crisis, haya que verla desde aquella tradición de siglos y no solo desde el ángulo de la religión.
No obstante, resulta oportuno evocar la primera vez que un papa habló en la Asamblea de las Naciones Unidas. Fue en Octubre de 1965, y allí Paulo VI anunciaba solemnemente la voluntad pontificia de cooperar al establecimiento de una comunidad internacional en la que el Vaticano debía ser un mediador internacional. Se iniciaba así un nuevo curso en la diplomacia vaticana, con una óptica distinta, aunque la institución mantenía sus “alianzas” con algunas potencias mundiales. 
Con la llegada de Bergoglio al pontificado, según Thomas Tanasse, un reconocido historiador europeo especializado en el papado, se comienza a producir “un redespliegue mundial de una iglesia católica cada vez más extra-europea”. Lo cual significa que ella se globaliza aceleradamente más allá de su entorno original; se habría ido ahora más al Sur, con alguien que tiene otra procedencia geográfica, que conoce más de cerca los problemas de otras latitudes, con una visión menos conservadora.

Es un papa que viene de un mundo en el que se vive el catolicismo de otra manera, con ciertas peculiaridades. También es un cura crítico del liberalismo capitalista, a diferencia de otros. Podríamos decir que en ciertos asuntos es izquierdoso. La Evangelii Gaudium (2013) es prueba fehaciente de eso.

Bergoglio se ha abierto a relaciones internacionales y diplomáticas no sólo en el campo religioso, frente a otras creencias. Ha tomado posiciones ante problemas como el muy grave de las migraciones hacia Europa, lo cual le ha enfrentado a países mayoritariamente católicos (Hungría, Polonia, por ejemplo), sin mencionar el problema al interior de la Iglesia respecto de los abusos sexuales. 

Yo entiendo que de cara a nuestra situación específica, el Vaticano ha optado por permanecer “neutral” para que en caso de que lo llamen a mediar, tenga la autoridad moral como tal y no ser acusado de partidario de un sector. Como sabemos, todo mediador debe ser un sujeto que debe mantener la equidistancia entre dos partes enfrentadas, aunque en el fondo tenga sus simpatías por una de ellas. De allí que ésa sea su apuesta en este asunto.    

Si el Vaticano toma partido, automáticamente queda descalificado para ejercer aquel rol. 
¿Los creyentes católicos venezolanos que lo critican hoy quieren que el papa asuma sin ambages el lado de las fuerzas democráticas venezolanas y no contribuya a buscar salidas negociadas?  ¿Prefieren los creyentes que el papa no se inmiscuya en estos problemas y se retire a los menesteres propios de su fe?  

¿Es eso lo que quieren los que lo atacan mediante declaraciones, artículos y por las redes? Si esto es así, entonces urge conseguir otro mediador, porque si aspiramos a salir de la calamidad que nos agobia de forma pacífica, al fin del camino, vamos a tener que negociar, y en estas situaciones los mediadores son importantes. ¿Cuáles serían los más adecuados candidatos a mediador entonces? Si los tenemos, habrá que proponerlos sin dilación, si no se admite a la Iglesia de Roma. 

Obviamente, la mediación se impone sólo si creemos y queremos que la crisis se solucione de manera incruenta. De lo contrario, ya se sabe cómo se resuelven estos problemas.  

Pero lo que si queda claro es que el Estado Vaticano, históricamente, ha mostrado que tiene sus intereses, políticas, formas, motivaciones, conveniencias, ritmos y posiciones, que no siempre coinciden con las posturas morales o políticas que puedan sostener sus feligreses en el mundo, o en un caso concreto, como es la crisis venezolana. 


EMILIO NOUEL V.



PD: Se ha conocido después de escribir las líneas anteriores que Francisco envió una carta a Maduro, en la que no se dirige a él como presidente y le reprocha no haber cumplido con su palabra en anterior ocasión de diálogo/negociación. ¿Qué aporta ese hecho al análisis? El lector tiene la palabra.  


sábado, 9 de febrero de 2019


                VENEZUELA: YA VAMOS DE SALIDA



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En días pasados el TIME decía que al fin, a la pesadilla de Venezuela, el mundo le estaba prestando atención.

Y ciertamente es así, a pesar de que algunos descaminados se han dedicado de manera incomprensible a cuestionar y hasta a atacar a la Comunidad Internacional y sus representantes.

Sin la participación activa de esta última las acciones políticas certeras que se han adelantado a lo interno, no habrían conducido al punto crucial en el que estamos.

El Frente Amplio, desde sus inicios, siempre lo subrayó. No todo dependerá de nuestra acción doméstica, la internacional nos va a potenciar si nos inteligenciamos con ella. Si no demostramos ante ella coherencia, la perderemos. No haber aceptado, por ejemplo, el diálogo tramposo de Dominicana, las fraudulentas elecciones del 20M y las municipales, nos hicieron ver consistentes, creíbles, confiables.   

El gobierno despótico chavista, sin duda, está hoy contra las cuerdas, desconcertado, dando bandazos, aunque manteniendo una cierta capacidad de aguante, fingiendo que tiene la situación controlada cuando es evidente que no. No en vano sigue disponiendo de recursos, del apoyo de  algunas bayonetas oxidadas y de grupos armados de paramilitares delincuentes.

El mandado, como se dice popularmente, no está hecho. Pero vamos muy bien.

Hacen falta unas cuantas cosas por hacer. Y si mantenemos la unidad posible, esas tareas se podrán culminar con éxito, en un tiempo breve.

Distraernos hacia asuntos subalternos podría poner en riesgo el curso trazado. Propuestas disparatadas y sin viabilidad debemos desecharlas. Una promoción de candidaturas presidenciales deben ser repudiada.

No es la hora de los cuatriboleados, ni de los que andan buscando “tirar la parada”, ni de aprovechar la coyuntura para intereses políticos particulares, tampoco de los fantasiosos.

Es la de los que actúan inteligente, responsable y fríamente. La de los políticos que conocen y calibran bien las circunstancias presentes, la de los que echan mano de las herramientas de comunicación modernas, la de los que no se dejan llevar por los apasionamientos y emociones delirantes y/o suicidas.

Gran parte del mundo occidental y más allá está pendiente de lo que pase en Venezuela. Y no es que nos creamos ser el ombligo del planeta.  Basta ver los medios.

Juan Guaidó, encargado de la Presidencia de la República de Venezuela, aparece en todos los periódicos más importantes del mundo. Hay grandes expectativas sobre lo que a nosotros nos suceda en los próximos días.

La operación de emergencia humanitaria que ha iniciado el gobierno legítimo de Venezuela encabezado por Guaidó, que el gobierno chavista ha querido obstaculizar, es tema comentado en todas partes.

Y ha sido el apoyo de gobiernos y de sectores privados del mundo a tal acción, lo que le ha dado el carácter de ampliamente publicitado urbi et orbe.  

Estamos siendo observados muy de cerca. La preocupación y la esperanza son grandes en las democracias occidentales, entorno cultural y mundo al que pertenecemos.  

No tenemos derecho a equivocarnos en el proceso político que hemos comenzado a transitar. Y como lo hemos dicho antes: tampoco hay toalla que tirar.  Estamos despertando de la pesadilla.



EMILIO NOUEL V.  

viernes, 1 de febrero de 2019

SI HAY UN AUTOELEGIDO, AUTOPROCLAMADO Y AUTOJURAMENTADO, ÉSE ES MADURO








EMILIO NOUEL V.

El enfoque que algunos medios y agencias  importantes del mundo han tenido sobre lo ocurrido en Venezuela con la asunción de Juan Guaidó como Encargado de la Presidencia de la República de Venezuela de conformidad con nuestro ordenamiento constitucional, vale la pena comentarlo por lo desacertado e insistente.
Se ha reiterado en aquellos de que se ha tratado de una ´autoproclamación´ o ´autojuramentación´, o en el mejor de los casos, de que estaríamos ante una situación de ´doble legalidad´ en nuestro país.
No estamos seguros si tal enfoque equivocado se hace ex profeso, respondiendo a intereses políticos/ideológicos,  o si más bien es producto de la ignorancia de las circunstancias que envuelven el caso y de nuestras leyes o de la ligereza de ciertos profesionales de la prensa, pero lo cierto es que con ello se desorienta a la opinión pública nacional e internacional, afectando negativamente un acto político, sin duda, legítimo, incuestionable.
No. No estamos ante un acto espurio, que no tenga fundamento político y  jurídico.
De más está ya decir que al no haber un presidente elegido según nuestro orden legal, porque la supuesta elección del 20 de Mayo de 2018 no fue tal, se ha configurado una situación de vacío al frente de la Presidencia de la República, razón por la cual corresponde al parlamento, órgano legítimo de la representación popular, asumir la conducción del ejecutivo mientras no tengan lugar nuevas elecciones.   
Y Guaidó, como cabeza de esa instancia democrática,  tomó la responsabilidad con la aprobación de ese cuerpo representativo de la nación.
Por tanto, no se puede hablar como ligera o intencionadamente lo han hecho periodistas del mundo, de una autodesignación o de una doble legalidad.
En contraste, quien sí se ha autoelegido y autoproclamado presidente es Nicolás Maduro. Su “elección” fue una farsa electoral que no solo los venezolanos conocemos sino que la mayoría de las democracias del planeta están conscientes de ello, por lo que no reconocen al gobierno chavista usurpador.
Ir a juramentarse ante el Tribunal Supremo también fue una bufonada sin sustento constitucional.
Mal se puede hablar entonces de una ´doble legalidad´, porque una sola, la que aún se mantiene en vigor, indica que hoy Maduro ha tomado ilegítimamente el poder sentado en las bayonetas oxidadas de una oligarquía militar que ha pisoteado sus principios y las leyes de la República.  
Y la legalidad vigente de nuestro país avala el curso que ha seguido la Asamblea Nacional y su Presidente.
Harían bien los medios y agencias de noticias del mundo en informarse adecuadamente sobre las circunstancias reales que rodean la toma de posesión del Encargado de la Presidencia de Venezuela, Juan Guaidó. De esa manera cumplirían mejor con su importante labor de informar verazmente al público que los lee, ve y oye.   

EMILIO NOUEL V.


viernes, 25 de enero de 2019


EL RECONOCIMIENTO INTERNACIONAL DE JUAN GUAIDÓ COMO ENCARGADO DE LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA




Más allá de las circunstancias políticas internas que rodean el acto mediante el cual se juramenta como Encargado de la Presidencia de la República y asume las competencias del poder ejecutivo, Juan Guaidó, el asunto del reconocimiento internacional de él como tal resulta de mucho interés comentarlo, desde el ángulo del Derecho y la práctica internacionales.

Obviamente, por lo general, todo reconocimiento internacional de un gobierno está directamente vinculado al ordenamiento jurídico interno de ese país; más concretamente, a situaciones de conformidad o de violación de normas constitucionales y/o legales por parte del gobierno que pretende tal reconocimiento.

En estas líneas haré fundamentalmente una aproximación jurídica, aunque no dejaré de lado una valoración política sobre el tema en cuestión.

De arrancada reitero de forma enfática y clara, que estoy, sin ninguna duda, en contra de la tiranía de quien desde el 10 de Enero próximo pasado, es un gobernante de facto, un usurpador del poder, que está en Miraflores sin ningún soporte constitucional y legal.

Además, considero a la representación popular que integra la actual Asamblea Nacional,  el único poder que goza de legitimidad constitucional y política.

Pasando ya a lo que deseo referirme en concreto, la primera interrogante general que debemos formular es la siguiente:

¿Qué nos dice el Derecho Internacional y la práctica Internacional sobre el reconocimiento de los Estados y los gobiernos?

En relación con la creación de un nuevo Estado -lo que no es materia de este artículo- está lo referido a la efectividad de él, por un lado, y por otro,  la actitud que tengan los Estados frente a ese nuevo actor internacional.

Esa efectividad se da, desde el punto de vista del Derecho Internacional, cuando una entidad determinada posee, de hecho, los elementos de la llamada estatalidad. A partir de allí solo resta que el Estado sea tenido por tal y como un sujeto de Derecho Internacional. 

Por lo que respecta al régimen aplicable a los casos de cambios de gobierno realizados violentando las normativas constitucionales y/o legales internas de un país, como es la circunstancia particular que vive Venezuela, habría que hacer algunas puntualizaciones.

En esta materia se parte del principio que establece que la identidad de un Estado no se modifica porque se produzca un cambio de régimen político. Como dice Fernando Mariño Méndez, “la personalidad del Estado permanece la misma”, y además,  los compromisos internacionales que ha asumido se mantienen intactos. Hay que recordar que los bolcheviques, al momento de tomar el poder, intentaron desconocer ese principio, con el propósito de no pagar las deudas del Estado ruso. En otras ocasiones, se ha esgrimido tal argumento, que hoy no es aceptado por la mayoría. 

Por otro lado, se señala que todo gobierno efectivo, independiente y estable, es un gobierno según el Derecho internacional, independientemente de su no constitucionalidad, y esto no significa una merma de sus competencias para actuar en nombre del Estado de que se trate.

Dicho lo anterior, sobre el reconocimiento de los gobiernos de facto han tenido lugar en la historia diversas visiones políticas o doctrinas.

Las hay que niegan legitimidad a esos gobiernos para actuar en el plano internacional en representación de sus Estados.

Se llama a esa doctrina, la de la “legitimidad democrática”. Para ésta el gobierno en cuestión debe gozar del apoyo de su pueblo para poder ejercer su representación internacionalmente. Esta tesis es atribuida al presidente norteamericano Thomas Jefferson.


Está, igualmente, la doctrina de la “legitimidad constitucional”, del ecuatoriano Carlos Tobar y el presidente estadounidense Woodrow Wilson.  

Por su parte, la doctrina del mexicano Estrada, plantea otra visión. Para éste, “México no se pronuncia en el sentido de otorgar reconocimientos (…) se limita a mantener o retirar cuando lo considere procedente, a los similares agentes diplomáticos que las naciones respectivas tengan acreditados en México, sin calificar ni precipitadamente ni a posteriori, al derecho que tengan las naciones extranjeras para aceptar, mantener o substituir a sus gobiernos o autoridades….”.

Sin embargo, en el Derecho internacional se fue imponiendo la opinión de que la ilegalidad de origen o sobrevenida de un gobierno sería irrelevante.  En la práctica, al Estado y al gobierno se le identifica, y el reconocimiento del primero, en principio, arrastra al segundo.

En todo caso, los Estados siempre consideran la efectividad de la circunstancia concreta, en otras palabras, quién tiene la sartén por el mango realmente.

Lo cierto de todo esto es que reconocer un gobierno cualquiera es siempre un acto político, no jurídico.

En el Derecho Internacional no hay prohibición de reconocimiento de gobiernos ilegales.

En el ámbito de las regulaciones de los entes internacionales pudieran haber obligaciones que establezcan sanciones a ciertos países, entre las cuales, el no reconocimiento de gobiernos autocráticos o violadores de los DDHH. Rómulo Betancourt llegó a proponerlo en la OEA, a mediados del siglo pasado, como medida sancionadora para las dictaduras.

En el seno de la ONU, en 1946, se decidió como obligación para los países miembros, el desconocimiento del gobierno de Franco.

En el caso del gobierno de facto del usurpador Nicolás Maduro, un número considerable de importantes gobiernos democráticos del mundo estiman que las farsa electoral del 20M de 2018 no constituye sustento legal válido para asumir un nuevo período presidencial, por tanto, no lo reconocen.

Como quiera que no existe una normativa internacional sobre estos casos, y mucho menos sobre la inédita situación venezolana presente, son las consideraciones políticas y principistas las que se han venido imponiendo.

La Comunidad Internacional tiene en sus manos un sin número de evidencias sobre la perpetración de violaciones a las libertades y a los DDHH por parte del régimen chavista. Está convencida también de que Nicolás Maduro es un usurpador. Que su gobierno es inconstitucional.

Cuando reconoce a Juan Guaidó como Encargado de la Presidencia de la República lo hace no solo porque tiene un basamento constitucional que lo acredita como tal, aplicándose en este caso la doctrina de la legitimidad constitucional, sino también porque hay una valoración política e incluso moral, principista, lo cual viene a configurar, en la práctica, una conducta  excepcional en el ámbito de las relaciones internacionales.

miércoles, 16 de enero de 2019


                  VENEZUELA: “RESETEO” POLÍTICO


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No me cabe la menor duda de que los venezolanos seguimos viviendo momentos bien complicados y quizás cruciales.
A los que veíamos desde finales del 2018 al 10 de Enero como una fecha clave, los acontecimientos que se han desencadenado en los días que corren vienen a confirmar nuestras conjeturas.
En noviembre, con diversos actores de la sociedad civil, habíamos comenzado a instar a quienes quisieran oírnos a que nos preparáramos con tiempo para el importante evento que se avecinaba. Que no era otro que el final del mandato de Maduro, sin que se hubieran realizado elecciones de conformidad con la Constitución y las leyes de la República. 
Situación inédita, por cierto, que nuestro ordenamiento jurídico no contempla.
Porque el tan mentado artículo 233, a mi juicio, no es aplicable en la situación de hecho que tenemos enfrente, sino a otras circunstancias en un entorno de normalidad institucional.  
Y este asunto solo lo menciono sin ningún ánimo de entrar en polémica con algún jurista, ni  sumergirme en discusiones de formalismo jurídico a las que son muy dados los abogados, toda vez que creo que el problemón que tenemos encima es más bien de naturaleza política, aunque en la hora actual, se puede echar mano del artículo 333 de la Constitución y con toda propiedad.
Dicho lo dicho, no queda otra que subrayar, a estas alturas del partido, lo que ha sido planteado como ruta política por la Asamblea Nacional, única institución con legitimidad popular y constitucional, para salir de la calamidad política que en mala hora se abalanzó sobre el país.
Está claro que lo primero es ponernos en acción para concretar el fin de la usurpación de la presidencia de la República que se ha consumado, lo cual, obviamente, no es una menuda tarea.
Esta implica poner en práctica un plan de movilización combinado de fuerzas políticas y sociales nacionales e internacionales que presionen al régimen de facto establecido a apartarse o lo obliguen a negociar una salida eficaz y satisfactoria, todo en un ambiente que esperamos sea pacífico. 
Por lo pronto, ya la Asamblea ha sancionado importantes instrumentos que apuntan a aquel primer objetivo.
Solo cumplido ese objetivo se podrá pasar a las otras fases del plan (gobierno de transición y elecciones libres); las más lógicas en todo proceso de esta naturaleza.
De allí que nos toque a todos los venezolanos que anhelamos recuperar la democracia y las libertades, dar un paso decisivo al frente para que tal camino sea recorrido en el más breve tiempo, sorteando o impidiendo todo intento de frustrar un curso que ha sido concebido de manera inteligente y razonable por nuestros representantes legítimos, y que goza del respaldo de las más importantes democracias occidentales y la Comunidad Internacional.
Obviamente, estos propósitos sólo serán alcanzados en el marco de la mayor unidad posible de las fuerzas democráticas opositoras, incluidos los que han ido retirando su apoyo al gobierno.
Maduro está en Miraflores como gobierno de facto, sin ninguna legitimidad; su soporte, ya sabemos, es el de las bayonetas. Los que absurda y/o interesadamente, desde una supuesta oposición, le confieren alguna legalidad al tirano, tengan por seguro destino -si es que ya no están allí- el tacho de la basura de la historia política de nuestro país. Con políticos amortizados, por un lado, y por otro, con los delirantes fantasiosos, no se llegará a puerto. 
A la Asamblea Nacional y a quien la preside, el joven político Juan Guaidó, en estas difíciles circunstancias debemos prestarles nuestro más resuelto respaldo, en el entendido de que ellos solos no podrán culminar la tarea sin el concurso activo de todos los venezolanos. El recurso de los cabildos abiertos con las comunidades es un gran acierto, y está dando resultados satisfactorios. A esos representantes populares, les demandamos que mantengan ojo avizor y oídos abiertos al clamor que se levanta a diario desde nuestras distintas colectividades. 

Que ésta sea la oportunidad de recuperar la esperanza y  comenzar a transitar un nuevo derrotero de prosperidad y libertad para Venezuela y, por qué no, de regeneración de la política.  Por ahora, no hay toalla que tirar. 

EMILIO NOUEL V.        





lunes, 19 de noviembre de 2018

¿VA EN RETROCESO LA INTERDEPENDENCIA ECONOMICA INTERNACIONAL?

Hace un tiempo expuse algunas ideas sobre el principio de irreversibilidad en los procesos de integración económica.

Allí decíamos que era muy dificultoso e inconcebible que un país que haya experimentado los beneficios que trae consigo el intercambio mercantil internacional, se devolviera a una situación de retraimiento económico, desdeñando las ganancias de la interdependencia.

Así, una vez que un país se inserta en un régimen de unión aduanera y/o mercado común, los lazos económicos y de otra naturaleza se hacen tan fuertes entre los países que conforman un bloque comercial, que desprenderse de ellos es un contrasentido y una tarea muy complicada. De allí deriva la casi imposible reversión, a menos que se esté dispuesto a soportar los daños a sus empresas, no solo las volcadas al exterior, y a los trabajadores que de esos negocios dependen.

Y eso es lo que estamos presenciando hoy con el enorme embrollo político que se ha desatado en Europa y el Reino Unido, que amenaza con la caída de la Primera Ministra Theresa May.

Es sabido que luego de producirse el insólito referéndum sobre el Brexit, se iniciaron complicadas negociaciones para concretar el “divorcio” con el resto de Europa, en un entorno británico de creciente opinión pública a favor de la realización de un  nuevo referéndum que abra la posibilidad de enmendar el entuerto generado.   

La señora May ha suscrito en días pasados un pre-acuerdo con la Unión que debe ser aprobado  por el Parlamento de su país.  Ese extenso documento y sus anexos establecen, entre otros asuntos, un periodo de transición que se iniciaría en Marzo del 2019 y duraría 21 meses, con posibilidad de ser prorrogado.

Los temas más importantes son los relativos a: restricciones de los europeos residentes en el Reino unido y los británicos que viven en Europa; un régimen arancelario de los productos importados y denominaciones de origen;  saldar compromisos presupuestarios y financieros; resolver los problemas que plantea la frontera de las dos Irlanda y el funcionamiento futuro del mercado financiero-bancario. 

Este preacuerdo ha desatado una tormenta política en el Reino Unido. Se oponen a él tanto los que están de acuerdo con el Brexit como los que no. Conservadores, laboristas y liberales están envueltos en un duro debate, que puede llevar a un nuevo gobierno o un llamado a elecciones. 

Esta situación en desarrollo, de nuevo plantea la discusión referida en mi primer artículo sobre el tema, y evidencia la importancia que cobran estos asuntos en el ámbito económico global.

La interdependencia in crescendo que vivimos en el mundo actual es una amplia y profunda tendencia de siglos que va a contrapelo de las manifestaciones de nacionalismo exacerbado, aislacionismo y proteccionismo comercial que han resurgido en algunos países.

Esta ola de onanismo económico conlleva también arremetidas contra los mecanismos y soluciones negociadas que propicia y puede seguir promoviendo el multilateralismo.

Es un mal que comienza a parecer endémico, sobre todo, en países desarrollados.

Es ya preocupante esta deriva insólita. A tal punto, que un ministro francés en estos días, refiriéndose a la igualmente complicada circunstancia que vive la Organización Mundial del Comercio,  la llama suicidio económico.

Tanto en EEUU como en Europa, han venido tomando cuerpo estas erradas visión y políticas que ponen en riesgo las economías del mundo. La guerra comercial desatada por Trump contra China es una muestra patente de este despropósito, que lleva a algunos a hablar del inicio de una nueva Guerra fría.

En Suramérica, por ejemplo, sobre la política que en este campo implemente el nuevo gobierno de Brasil, hay también ciertos temores, habida cuenta del peso regional que ese país tiene. El pensamiento expresado por el que estará al frente de Itamaraty, pareciera inscribirse en esa ola ultranacionalista y en contra del multilateralismo. 

Así como aspiramos, quizás muy optimistas, a que el Reino Unido eche para atrás su salida de la Unión Europea, de igual modo apostamos a que el camino irracional que algunos gobiernos están recorriendo o parecen anunciar hacia el aislamiento económico, sea reconsiderado con realismo y prudencia, de modo que la larga y compleja marcha hacia la prosperidad global y a la solución y/o alivio de los grandes problemas del planeta, no se vea aún más comprometida por políticas de comercio exterior inspiradas en ideas que han probado ser perniciosas.

 

EMILIO NOUEL V.

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sábado, 10 de noviembre de 2018

UN TRIUNFO DE ZAPATERO Y SU REPRESENTADO: MADURO 

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                                                        Zapatero y Maduro

Los únicos que salieron victoriosos de la absurda votación que se dio en la Asamblea Nacional el día martes pasado son el inefable señor Zapatero y su mandante.
Es deprimente que nuestros diputados pierdan el tiempo en un debate de esa naturaleza cuando hay otros asuntos más importantes y de mayor interés para un país agobiado como el nuestro. 
Es sabido que un grupo de diputados propuso al parlamento censurar al ex presidente del gobierno español, por su actuación y declaraciones en la crisis venezolana.
Pero más allá del resultado cuantitativo de ese episodio en el seno de una oposición dispersa y sin norte claro, el resultado político es lastimoso, sin mencionar lo que ha generado en las redes sociales.
Para el que no lo tenga claro, Zapatero no solo en Europa sino también en su propio país, es un personaje que no tiene la relevancia ni la audiencia en relación con la crisis venezolana, que algunos le adjudican. Basta conocer lo que dicen de sus gestiones los funcionarios diplomáticos, incluso españoles. Como decimos en Venezuela coloquialmente, nadie de importancia “le para”. Es insignificante su influencia, si es que tiene alguna. 
Lo que sí está claro es su compromiso con el gobierno chavista, al cual asesora y sirve.  Sus declaraciones sobre lo que ocurre en Venezuela dejan a las claras con quien se identifica. Decir, por ejemplo, que en relación con el asesinato del concejal Alban hay que esperar que las instituciones actúen, es poco menos que una burla cínica y macabra de Zapatero, habida cuenta de cómo sabemos que ellas funcionan en la actualidad.
Zapatero es un mensajero tarifado de la tiranía militar venezolana. No debe quedar dudas al respecto. No fue ni es un mediador o facilitador en el conflicto venezolano, como algunos, incluso en la oposición, erróneamente lo creyeron.
En tanto que correveidile del gobierno, es un mandatario de este último. Lo representa, y tiene hasta cierto punto derecho a ello. Cada quien hace de su vida lo que me mejor le convenga.
¿Qué podemos entonces esperar de él? Lo mismo que de Jorge Rodríguez o su hermana, con seguridad, aunque mejorado en las formas. 
Sin embargo, hay un “detalle” que no podemos pasar por alto, porque tiene que ver con la relevancia que algunos le dan en el seno de la oposición.
No es un secreto que el “interfecto” tiene sus amiguetes en el campo opositor, unos pocos, eso sí, y que en este sector político se ha pretendido vender interesadamente la idea de que a través de aquél se puede llegar mejor al gobierno en función de un eventual diálogo o negociación. Es decir, que Zapatero, según sus carnales venezolanos, sería un canal idóneo y hasta conveniente para los intereses de la oposición. 
Más allá de para qué pueda servirnos Zapatero, queda claro su papel y a quien representa.
Pero lo que es inaceptable es que tal personaje genere en la oposición, que ya tiene suficientes problemas que enfrentar en el país y a su interior, un debate absurdo e inútil; que no aporta nada a la lucha que estamos librando por salir de una tiranía que destruye el país y su gente.
Razón tuvo la diputada Delsa Solórzano al asumir la posición que adoptó ante un tal despropósito. A ella envío un reconocimiento especial por una conducta que la enaltece. Era la posición correcta política, a mi juicio, la de no prestarse a una diatriba insustancial, que no ve el bosque, sino los árboles. Una polémica que no aporta ningún beneficio a la oposición democrática; que más bien la perjudica, ahondando las diferencias que la consumen. Y que desgraciadamente, solo la motivan intereses políticos mezquinos de ciertos grupos en su seno, en su propósito de imponerse a los demás en una lucha suicida incomprensible.   
De toda esta estupidez política, los que han salido triunfantes son Maduro y su recadero Zapatero.  

EMILIO NOUEL V.