miércoles, 22 de marzo de 2017

ALMAGRO, UN DEMÓCRATA HACIENDO LO QUE TOCA HACER

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Una real comprensión de la tragedia política que ha vivido en sus últimos años Venezuela ha costado mucho a quienes desde más allá de nuestras fronteras la observan.
La Comunidad internacional ha tardado en reconocer en toda su dimensión la crisis, dejando a su suerte a los demócratas venezolanos, con sus aciertos y errores.
La OEA, institución multilateral necesaria que debe velar por el derecho a la democracia de los pueblos de nuestro continente, hasta hace poco no había asumido plenamente el caso Venezuela. Los países que la integran, en general, habían  volteado hacia otro lado, por distintas razones e intereses. Una percepción equivocada de la naturaleza del gobierno chavista y de la crisis, por un lado, y por otro, las coaliciones político-ideológicas que se configuraron en la región, hoy redefinidas como consecuencia de los cambios políticos que han tenido lugar en países muy importantes, perjudicaron la lucha por impedir que se consolidara el autoritarismo y se  recuperara la democracia en nuestro país. 
La llegada del uruguayo Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA ha significado un punto de inflexión sustancial. La inercia anterior dejó mucho que desear.  El descuido y la inacción de Secretario General que precedió a Almagro, en no poco contribuyeron a que cogiera vuelo el chavismo en la región.
Con el uruguayo, ese cargo experimentó una transformación esencial, principalmente, moral. De forma adecuada ha usado sus atribuciones legales para hacer efectivos el derecho a la democracia y la vigencia de los DDHH en el drama venezolano.
El compromiso sincero y consecuente de Almagro con las libertades, su generosidad y valentía y, sobre todo, su estatura ética, han quedado patentizados en 2 Informes sobre la grave situación política y social de Venezuela. Con rigurosidad, objetividad y un alto sentido de la responsabilidad que le ha tocado, el Secretario General del ente hemisférico ha descrito el cuadro cierto de un país casi destruido, que de no ejercerse presión sobre él desde fuera, va a crear problemas serios a la región. 
Hay todavía margen para medidas e iniciativas que eviten sanciones extremas en el marco de la Carta Democrática Interamericana, entre las cuales no está, como dice mentirosamente el gobierno para asustar a la gente desinformada, la invasión militar. En manos de los gobiernos del continente está la oportunidad de evitar males mayores no solo para el sufrido pueblo venezolano, también para el resto de los países vecinos que podrían verse afectados con una desestabilización política y consecuente caos social en Venezuela.
Almagro ha percibido y medido de manera correcta tal riesgo. En sus certeras palabras están las claves de una salida democrática y pacífica para nuestro país, que en definitiva, es la que los venezolanos anhelamos. 
Ya no queda otro camino. Se necesita que los países de la región demuestren unidad y que las 33 naciones adopten una postura en favor de la defensa de la democracia agredida.”, ha dicho Almagro.

Ojalá los gobiernos de la OEA lo acompañen en la adopción de las decisiones urgentes que deben tomarse frente  a la tiranía chavista.

Emilio Nouel V.
@ENouelV


jueves, 16 de marzo de 2017

¿ES UNA DICTADURA O QUÉ?



El escritor español Javier Marías, hace unos días publicó un artículo en el que refería las preguntas que le hicieron unos periodistas norteamericanos sobre cómo reconocer al fascismo, dando por descontado que él tendría cierta experiencia en el asunto por haber vivido parte de su vida bajo el régimen de Franco.  

Obviamente, los que lo interpelaban estaban preocupados por el futuro de EEUU con Trump, cuyas posturas públicas se asemejan mucho a las de gobernantes fascistas. 

Aunque Marías díjo que compartía su inquietud, veía difícil que se instaurara un sistema de esa naturaleza en Norteamérica, sí señaló que en estos casos “Uno no puede llamar a alguien fascista hasta que haya demostrado serlo.  ¿cuándo se demuestra eso? ¿A partir de qué acción, o basta con las declaraciones, los síntomas? ¿Ha de iniciar una guerra o una persecución injustas, una matanza?”.

Me da pie lo dicho para traer a colación un debate que ha estado presente en nuestro país desde que arribó al poder el chavismo.

¿Es el actual régimen político venezolano una dictadura? ¿Fue dictatorial la conducta del gobierno chavista desde el principio? ¿A partir de qué momento dejó de ser democrático?  El variopinto movimiento chavista ¿es de naturaleza democrática o autoritaria?  ¿Es neofascista, comunista, militarista y/o populista?

No poca tinta se ha vertido sobre el tema. En el seno del chavismo no ha habido discusión al respecto. Es en la oposición donde más se ha hablado acerca del asunto.

Ciertamente, a mi juicio, la naturaleza, si se quiere, la esencia, del chavismo siempre ha sido la de un movimiento autoritario. Desde sus primeras manifestaciones públicas, ya se podía atisbar ese rasgo definitorio, aunque hubiese en su seno expresiones de sectores de izquierda democrática, incluso socialdemócratas.  

Otra cosa, por supuesto ligada a lo anterior, es la conducta gubernamental. Inicialmente, el chavismo se comportó los primeros años dentro de un marco hasta cierto punto, “democrático”, sin abandonar su retórica radical, ultranacionalista y con vocación totalitaria. En los hechos, nada ocurrió que pudiéramos afirmar que estábamos bajo una dictadura.


No obstante, los acontecimientos posteriores que todos conocemos y las acciones que adelantó el gobierno contra la oposición, fue paulatinamente cambiando el cuadro político.

La entrega a los cubanos fue un factor muy importante. Declararse oficialmente socialista fue otra vuelta de tuerca. La crispación política creciente, la acentuación de la polarización, el inicio de la demolición de las instituciones establecidas, los cambios de leyes y el acoso al sector económico privado nacional e internacional, fueron configurando otro entorno político y económico, que a pesar de que aun mantenía algunas formas democráticas, el hocico del autoritarismo se empezó a mostrar de manera más abierta.

¿Que tenemos hoy los venezolanos como establecimiento político?

La Constitución es letra muerta que el gobierno, a través del TSJ, interpreta de acuerdo con los intereses político-ideológicos de la oligarquía militar-cívica en el poder. En su abyección perruna, los tribunales están al servicio del Ejecutivo, nadie gana un juicio al Estado. ¿Cómo se puede llamar esto?

Qué decir de los presos políticos, a los que se le han violado sus derechos de manera grosera. Hay persecución política de la oposición, no hay debido proceso, no hay garantías. Los órganos de seguridad no acatan las pocas decisiones que algunos tribunales -la excepción de la regla- han decretado de excarcelación. Detenciones ilegales, torturas y vejaciones. Sus derechos humanos han sido pisoteados de la manera más vil. ¿Cómo se puede llamar esto?

El desconocimiento de la representación popular de la Asamblea Nacional y de sus atribuciones constitucionales, el atropello a diputados por parte de policías y guardias nacionales, y la suspensión de la entrega de fondos para su funcionamiento ¿Cómo podemos llamar esto?

El desconocimiento de sentencias de organismos internacionales de los Derechos humanos, a los que pertenece Venezuela, el desprecio por la normativa internacional  ¿cómo se puede llamar esto?

La militarización de la Administración Pública central y descentralizada, y esto es fácilmente comprobable en leyes y actos de gobierno que confieren, incluso en propiedad, a este sector, áreas productivas sin control de sus actividades por parte del poder civil.    

La suspensión sine die de las elecciones establecidas en la Constitución, el desconocimiento en la práctica del derecho a revocar a funcionarios públicos.

A pesar de la existencia de muy pocos medios libres e independientes, la hegemonía abrumadora gubernamental en este ámbito, con la censura y la autocensura, la utilización de los medios del Estado para adoctrinar, distorsionar la informacióny lavar el cerebro de los venezolanos. ¿Cómo debemos llamar eso?

El PSUV, por su parte, es un partido de pensamiento totalitario. Su ideología está recogida en sus documentos. Y allí está muy claro el tipo de sociedad que propugnan. Economía estatizada y colectivizada. Educación ideologizada. El individuo diluido en lo colectivo. Partido único. El modelo cubano, al calco.

Ante estos hechos, no aislados, sino recurrentes, sistemáticos ¿Se puede decir que estamos en una democracia?

No me cabe la menor duda de que los venezolanos estamos viviendo bajo una dictadura política, no en los términos tradicionales que conocimos, pero una dictadura al fin, de estos tiempos. Por supuesto, que esta dictadura o neodictadura, se conduce con métodos similares al fascismo y echa mano de la práctica populista.

Javier Marías dice en el artículo mencionado al comienzo de estas líneas que para calificar a alguien de fascista no conviene adelantarse, pero tampoco percatarse un poco tarde.  

En nuestro caso, quizás 10 años atrás podía decirse que no estábamos en dictadura. Hoy hay suficientes y palpables demostraciones, no digamos sólo de un pensamiento fascista-totalitario y militarista del partido de gobierno, sino también de acciones concretas, propias de un régimen político, que en los hechos es arbitrario, inconstitucional, tiránico y, en fin, dictatorial.  

No extrañe entonces que desde la OEA y otros organismos internacionales se pida sanciones contra el gobierno de Venezuela, por ser considerado una dictadura. 

EMILIO NOUEL V.

emilio.nouel@gmail.com

@ENouelV

jueves, 9 de marzo de 2017


LA ALBA, UN CADAVER INSEPULTO


Está más que claro para cualquier observador medianamente enterado de las relaciones económicas en nuestro hemisferio, que la ALBA no es una organización de integración en nuestra región. Que ha sido más bien un parapeto financiado por el petróleo venezolano, cuya incidencia, desde el punto de vista de la unificación económica de sus miembros, es nulo.

En su momento, fue la concreción de las ideas que desde el Foro de Sao Paulo se venían formulando sobre esa materia.

Como es bien sabido, a la caída del Muro de Berlín, la izquierda marxista o neomarxista del mundo entero, quedó huérfana, políticamente hablando. Su modelo de sociedad, la socialista-comunista, que era la Unión Soviética y su periferia, se derrumbó, podrida como estaba hasta sus cimientos más hondos, por un sistema económico ineficiente, un entramado político conculcador de las libertades, corrupto, y una estructura social injusta y decadente.

Esta debacle dejó a la izquierda aturdida y desorientada, sus más preciadas creencias y seguridades ideológicas se habían descalabrado, y aunque algunos despertaron del delirio utópico, otros, aferrados al dogma fracasado, comenzaron a buscar la manera de sobrevivir. Para éstos, era necesario un remozamiento, adoptar nuevas formas, pero manteniéndose fiel al legado doctrinal. La operación comportaba llenar el odre viejo con un  aparente vino nuevo. Y así lo hicieron, luego que pudieron recuperarse del uppercut fulminante recibido.

El Foro de Sao Paulo fue una de las salidas que esa izquierda borbónica agenció para seguir vigente.

La ALBA, como idea, es hija de esa organización. Pudo llevarse adelante gracias a la aparición en escena de Hugo Chávez y del petróleo de los venezolanos. Así, se produjo una sinergia entre el Foro, impulsado y financiado por Lula Da Silva en Brasil y desde Cuba, por Fidel Castro.

Luego, bien “aceitados” por el dinero de los venezolanos, se fueron incorporando a la “organización”, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros.

Esta semana pasada ALBA se reunió en Caracas. Sólo 3 presidentes asistieron, a pesar de que se pretendía hacer un acto apoteósico por cumplirse años de la muerte de Chávez. Los discursos, los mismos anacrónicos y cansinos de siempre. Como si la realidad no hubiera cambiado. Los desvaríos y paranoias de una ideología  desfasada se reiteran. Los múltiples y evidentes fracasos de tales ideas no se han reconocido y asimilado, viven sus líderes en un mundo aparte. La alienación es patética.

La hipocresía que trasluce la declaración oficial del encuentro es notoria. Las fuerzas políticas más corrompidas que han gobernado nuestra región en los últimos tiempos vienen ahora a rasgarse las vestiduras ante las prácticas de latrocinio y defraudación de los patrimonios públicos. Como si no supiéramos que PDVSA y Odebrecht, entre otras empresas, han servido de instrumentos para el enriquecimiento personal y el despilfarro de los gobernantes de países de la ALBA.    

Los albanos, sabiendo que ya nadie les cree y que todo el mundo está enterado de lo destructivo que han sido para sus países, y que la integración enarbolada no es tal, recurren al expediente de siempre, el de la conspiración del enemigo imperialista y neoliberal en su contra, con el solo propósito de encubrir sus propios fracasos. 

Por otro lado, piden la reagrupación de sus fuerzas para enfrentar al enemigo imperial y sus maniobras, cerrando filas, en particular y de manera insólita, al lado de funcionarios gubernamentales señalados por delitos de lavado de dinero y narcotráfico.

Queda claro que un ALBA en acelerada descomposición, sin un gobierno que la financie, carente de los apoyos que venían antes de Argentina y Brasil, con la posibilidad de que en Ecuador cambien las cosas, no le quedará otra que volver a la calle a incordiar, a crear problemas y a maniobrar contra los gobiernos democráticos, tal y como ya sucede en Argentina.

La ALBA va transitando inexorablemente hacia su entierro seguro, no tengo la menor duda. Ahora, el Foro de  Sao Paulo no tendrá quien le dé recursos para su aero-transporte, pero sí comenzará a generar tensiones de manera artificial en aquellos países en que se ha implantado. Su ideología nefasta aún sigue perdurando en grupos extremistas que hacen vida en nuestros sociedades, y con las cuales habrá lidiar. 

EMILIO NOUEL V.








jueves, 23 de febrero de 2017


DONALD ¿NUESTRO “SON OF A BITCH”?



“He may be a son of a bitch, but he's our son of a bitch."



La frase del epígrafe se ha atribuido a varios funcionarios norteamericanos, aunque algunos afirman que el autor es el presidente F. D. Roosevelt y en su momento se refería al dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

No hubo quien no criticara esa posición amoral de parte del gobierno yanqui respecto de autócratas detestables latinoamericanos.

En todo caso, es una expresión que cualquiera pudo haber proferido desde una posición política determinada. Es una opinión desde el realismo político, y es también el corolario de aquella otra conseja: ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’, por tanto, al que la utiliza le tendría sin cuidado que ese “amigo” tenga principios morales o no, o se conduzca antidemocráticamente. Lo que interesa es que golpee a nuestro adversario; después de todo, el fin justificará los medios, y no importa con quien se haga migas o alianzas.

¿Por qué viene a cuento la evocación?

Precisamente, porque frente a Trump hay venezolanos que asumen la misma posición amoral que se ha cuestionado a los norteamericanos. Parecieran decir: Trump es un hijo de p…., pero es nuestro hijo de p….. 

Del nuevo inquilino de la Casa Blanca, no se ha dejado de hablar desde hace meses en el mundo, y por mucha gente, no muy bien. Evidencias claras de autoritarismo, xenofobia, misoginia y nepotismo, las hay, sin dejar de mencionar agresiones verbales y amenazas a los medios. Hoy, son todos ellos términos asociados al inefable personaje.

He tenido la oportunidad de intercambiar ideas acerca de lo que se puede espera en el mundo de la presidencia del magnate, y en particular, del futuro de las relaciones entre Venezuela y su gobierno.

Si a su estilo, opiniones y actuaciones iniciales nos atenemos, es muy difícil no inquietarse. No son pocos los motivos de preocupación que producen incertidumbre y recelo, tanto en el ámbito interno norteamericano como en el internacional. De modo que como presidente del país aún más importante del planeta, de su ejecutoria no podemos sustraernos por más que lo queramos los demás mortales. Ciertamente, EEUU no tiene el mismo poder de otras épocas, pero sigue siendo determinante.

Por otro lado, la interdependencia global en todos los sentidos no nos permiten apartarnos de los efectos de los fenómenos políticos o económicos que ocurran en cualquier rincón del mundo. Países pequeños, medianos y grandes, tienen la capacidad de generar reacciones en cadena insospechadas. Con mucha más razón EEUU.

Si nos centramos en la crisis venezolana y las reacciones recientes de Trump respecto de nuestros perseguidos y presos políticos, pareciera que las relaciones de éste con la tiranía chavista no pintan bien, aunque habrá que esperar el desarrollo venidero.

La relación bilateral futura habrá que inscribirla en un entorno mayor que la trasciende. Y allí salta Putin, con quien Trump se lleva bien o comparte algunas visiones.

Aun seguimos creyendo que cualquier desaguisado de Trump puede ser contrarrestado por la institucionalidad y los poderes de facto estadounidenses, incluidos sus compañeros del Partido Republicano. Son las que llaman “las fuerzas sistémicas”, que podrían ponerle freno.

Pero no estamos exentos de que pueda suceder algún estropicio.

Sandra Navidi, CEO de una importante firma consultora en posicionamiento macroeconómico y estratégico, decía hace pocos días (De cómo la Trumpocracia corrompe la democracia”, artículo en Project Syndicate) que muchos indicadores parecen apuntar a un potencial take over hostil sobre la democracia liberal, por parte de Trump y su equipo.

Para ella, la forma más efectiva de destruir un sistema es creando, primero, un caos. Trump habría aplicado en un mes varias shocks tácticos en ese sentido: paralizó y distrajo a los electores, mientras antagoniza con aliados, provoca a los enemigos, y crea alianzas nuevas con socios dudosos, yendo hasta crear una suerte de universo paralelo.

Navidi recuerda que el jefe de estrategia de Trump, Steve Bannon, citó hace un tiempo a Julius Evola, fascista italiano, quien argumentaba que cambiar el sistema no es cuestión de impugnar o polemizar, sino de hacer explotar todo.

Para esta asesora lo que pudiera venir ahora, de no pararle los pies, es un desmantelamiento de los fundamentos institucionales de la democracia por parte de Trump.

Pudiera sonar exagerado lo de Navidi, y ojalá sus temores sean infundados. Sin embargo, no queda otra que andar prevenidos.

En un personaje que no tiene empacho en decir que está de acuerdo con la tortura de detenidos, que amenaza a empresas con subir los aranceles de importación si no dejan de invertir en otros países o que afirma que los medios son enemigos del pueblo porque lo critican, resulta cuesta arriba confiar.

Dejar de decir estas cosas porque supuestamente Trump es enemigo de mi adversario o porque el perjuicio que podría causar a otros países no me incumbiría, es asumir claramente una conducta amoral, sin visión estratégica.  

Que no se quejen después los que solo ven desde el “realismo” político sus propios intereses, aquellos que hoy repiten el denostado “He’s our son of a bitch”, cuando en el futuro nos llegue la factura de la insolidaridad o de la incongruencia.

EMILIO NOUEL V.

   


lunes, 20 de febrero de 2017


PARLASUR Y LA LUCHA DEMOCRÁTICA EN VENEZUELA

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El presidente Fernando Henrique Cardoso dijo en cierta ocasión que el Mercosur era hijo de la democracia, y, en efecto, lo ha sido. No sólo porque coincidió con el advenimiento de la democracia en sus países miembros, después de años de dictaduras militares, sino también porque con el tiempo incorporó a su ordenamiento jurídico la cláusula democrática. 

Ciertamente, luego de muchos intentos a lo largo de décadas, la idea inicial del Barón de Río Branco a comienzos del siglo XX, tomó cuerpo formal cuando los países del Cono Sur, excepto Chile, suscribieron el Tratado de Asunción (1991). 

Esta evocación la hago, porque los gobiernos de los países miembros fundadores, como se conoce, han declarado que Venezuela, miembro también, ha cesado como tal, habida cuenta de la desidia de nuestro gobierno en la aprobación de un conjunto de instrumentos jurídicos indispensables para ejercer la membresía de pleno derecho en ese bloque comercial.

Este estatus jurídico general y poco claro para Venezuela, plantea, entre otros asuntos, el de la condición de los parlamentarios venezolanos en Parlasur. 

Venezuela ha ‘cesado’ en Mercosur, según la decisión mercosuriana. Sin embargo, algunos han dicho que una vez que nuestro país incorpore al derecho venezolano aquellos instrumentos normativos, volvería a ser miembro con todas las de la ley. 

¿Qué se puede interpretar por ‘cesación’?

¿Dejó de ser miembro de Mercosur de manera definitiva o provisional? ¿Volvió a la condición de miembro asociado?  ¿cuál es realmente su cualidad en ese régimen de integración?

Porque ‘suspendida’ no está, como fue el caso de Paraguay en el año 2011. Fue aplicada a este la cláusula democrática (Protocolos de Ushuaia). Pero los compromisos de naturaleza comercial se mantuvieron, no implicó limitaciones al comercio o al tránsito de personas. No fueron cesados ni suprimidos. Solo fue excluido de las reuniones formales, por ende, de las decisiones, hasta que se realizaran nuevas elecciones presidenciales.

En la actualidad, Venezuela no participa, al igual que Paraguay en aquel período de suspensión, de reuniones formales y decisiones. Está excluida, pero no echada del bloque, aunque no sabemos sí es esa la intención de fondo.

Esta situación particular, nebulosa e imprecisa, generó un debate al interior de Parlasur que apuntaba a definir cuál debería ser el estatus de los diputados venezolanos allí. Estos fueron designados por nuestra Asamblea Nacional, no están elegidos directamente sino por un procedimiento de segundo grado,  aunque gozan de legitimidad democrática. Y esto fue así, por causa de una decisión que el gobierno venezolano impuso antes de efectuarse las elecciones de diciembre de 2015, impidiendo que los venezolanos eligiéramos a nuestros representantes al Parlasur.

Parlasur fue creado mediante tratado, y allí se lee que es “independiente y autónomo” (artículo 1º ).

Si interpretamos correctamente tal disposición, este ente no estaría obligado a suprimir o suspender la representación democrática de un país, en caso de que por razones de incumplimiento de normas, atribuido a un gobierno, sea ‘cesado’ por los órganos ejecutivos del bloque. De hecho, los parlamentarios paraguayos, en el asunto mencionado más arriba, no fueron suspendidos como diputados parlasurianos. Y si hubo alguna intención de hacerlo, que pudo darse, eso no fue formalizado, que sepamos.   

De modo, pues, que, a nuestro juicio, la situación de ‘cesación’, sea lo que sea que ella signifique para Venezuela, hasta tanto no haya una expulsión de Venezuela del bloque, la presencia de parlamentarios venezolanos en el Parlasur debía ser reconocida y admitida, como en efecto sucedió esta seman. No sólo tiene un sustento jurídico válido, es también la aplicación del principio democrático, toda vez que los diputados en ejercicio son una genuina expresión de legitimidad democrática expresada en las urnas electorales en diciembre de 2015.

Obviamente, no escapa a nosotros que todo este asunto, más allá de lo jurídico, es político, diría, más bien, esencialmente, político. Que había un interés de parte de la tiranía militar-cívica chavista de quitar esa importante tribuna a la representación de los demócratas venezolanos, que tanto hace falta en momentos en que ella arrecia sus acciones represivas y contra los derechos humanos, acusada como está por graves denuncias que la vinculan a delitos diversos.

Por otro lado, tenemos entendido que Parlasur ha solicitado del Tribunal Permanente de Revisión del bloque un pronunciamiento acerca de la legalidad de la medida de cesación acordada contra Venezuela, la cual cuestionan. Sobre el particular, hemos opinado en anterior ocasión, respaldándola;  sin embargo, dejaremos para una próxima entrega un alcance a ella.   

En cualquier caso, creemos que queda a los partidos políticos venezolanos luchar con firmeza para que ese espacio democrático no les sea arrebatado.

EMILIO NOUEL V.

jueves, 9 de febrero de 2017


LA INTEGRACION HEMISFÉRICA A INICIOS DE 2017

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A nuestro hemisferio no solo lo está inquietando el nuevo talante y las medidas que está tomando y que de seguro adoptará el nuevo presidente norteamericano. Hay otros asuntos de mucho interés que también preocupan a los países del entorno, particularmente, los que atañen a las relaciones económico-comerciales con el resto del mundo.

En estos días se han conocido varios eventos y noticias que vale la pena comentar por las repercusiones que pudieran tener.

Un encuentro muy importante se dió entre los gobiernos de Argentina y Brasil. Los dos presidentes suscribieron una declaración conjunta en la que se refieren a un amplio conjunto de temas.

Una expresión de Michel Temer ha resaltado con ocasión de tal reunión: ´convergencia pragmática´.  Y afirma de seguidas: “Nuestra unión es todavía más necesaria en un mundo inmerso en incertidumbres e influencias desintegradoras. Ante nacionalismos exacerbados y de crecientes presiones proteccionistas tenemos que aproximarnos y articularnos cada vez más. Nuestra respuesta a tendencias aislacionistas debe ser más integración”.

Temer arremete contra las concepciones dogmáticas, y dice que la idea entre ambos países es concentrarse en el crecimiento económico, aumentar el empleo y el bienestar de sus pueblos, y que de lo que se trata es de recuperar el tiempo perdido, especialmente, re-dinamizando y rescatando el espíritu original de Mercosur: libre mercado y democracia.

La Declaración Conjunta del 7 de Febrero próximo pasado  contempla los temas de la integración fronteriza y física, comercio bilateral, cooperación energética, tecnológica, jurídica y derechos humanos, entre otros.

En materia de integración, se hizo énfasis en la negociación de protocolos sobre cooperación y facilitación de las inversiones y compras públicas; diálogo con la Alianza del Pacifico; coordinación macroeconómica; y avanzar en el acuerdo con la Unión Europea.

En capítulo aparte, manifiestan preocupación con la situación política, social y humanitaria de Venezuela, y hacen votos por que el diálogo entre gobierno y oposición encuentre caminos para superar la difícil situación que se vive.

Llama la atención que el punto de las relaciones comerciales bilaterales se trate de manera especial, al margen del régimen de Mercosur. Este enfoque prioritario desde lo bilateral, subrayado por la canciller argentina Malcorra, no abona mucho en términos mercosurianos.

Otra noticia ligada al asunto anterior es la intervención del canciller uruguayo Nin Novoa ante su Parlamento, en la cual trata el eventual Acuerdo comercial de su país con China.

En ese país se ha desatado un debate en el que se expresan opiniones contrarias a la suscripción de tal acuerdo. Algunos empresarios han expresado que sería negativo para algunas actividades industriales nacionales.

El canciller, por su parte, pareciera favorecer ese convenio aunque admite la idea de que debería ser asumido por el Mercosur en su conjunto. De hecho, han consultado a Argentina y Brasil al respecto sin que aun hayan recibido respuesta de éstos gobiernos. En todo caso, parecen abiertos a todas las opciones posibles, con o sin socios mercosurianos, con o sin la anuencia de ellos.

Lo más cierto de todo es que los dos grandes de Mercosur, como es la costumbre inveterada allí, se están poniendo de acuerdo primero, marginando a los dos pequeños, y por supuesto, sin tomar en cuenta a Venezuela, cuya condición jurídica en ese bloque es poco menos que incierta, por no decir surrealista.

Mercosur aun no sale de su crisis de ralentización y/o estancamiento. Es harto sabido el porqué.

El proteccionismo, en aparente auge en EEUU y Europa, que ahora Temer y Macri critican, es como mencionar la soga en casa del ahorcado. Estos dos países arrastran políticas proteccionistas que se mantienen. En esa materia, los problemas entre ellos dos no han cesado. Puede ser que ahora quieran resolverlos, habida cuenta de las nuevas orientaciones de ambos presidentes. Habrá que verlo.

Unos cuantos puntos de relevancia   (trato nacional, acceso al mercado, reglas de origen, facilitación del comercio, cooperación aduanera,  prácticas desleales de comercio, medidas sanitarias/fitosanitarias, obstáculos técnicos, inversión, comercio electrónico, compras públicas, propiedad intelectual, normas laborales, medioambiente) están planteando los uruguayos a los chinos, que afectarían todas las normativas de Mercosur.

Por su parte, Paraguay, el otro pequeño del grupo, suscribió con EEUU en días pasados, un TIFA (Trade Investment Framework Agreement), el cual abre un marco regulador para acordar temas económicos de mutuo interés (acceso a mercados, protección de los derechos de propiedad intelectual, etc).

Otra noticia a colación en este contexto, es la de las declaraciones de Carlos “Chacho” Álvarez, secretario general de ALADI, cuyo enfoque político no se disimula. Son una suerte de respuesta a las amenazas y desafíos que, según él, provienen del “contexto mundial”.

Álvarez dice: "Se trata de trabajar en la articulación del conjunto de acuerdos que se han desarrollado en las subregiones en el plano político, social y cultural,además de lo económico— y tener un proyecto de carácter latinoamericano que ayude a fortalecer la cooperación y pasar de lo bilateral o lo plurilateral, al plano regional reforzando nuestra identidad”. (subrayado nuestro).

Habla de crisis del multilateralismo, de un mundo casi ingobernable y desbocado, y de la necesidad de una respuesta latinoamericana propositiva y articulada, con aumento del comercio intrarregional. Remata proponiendo un Acuerdo Económico Comercial Integral Latinoamericano. Álvarez, al igual que Temer, usa la palabra pragmatismo.

¿Qué posibilidades y viabilidad podría tener esta propuesta desde ALADI, tomando en cuenta la historia de las múltiples oportunidades perdidas, de los desencuentros permanentes, de las recurrentes refundaciones, del constante invento de organizaciones y siglas, en fin, de las frustraciones repetidas?
¿Es aun dable una integración “latinoamericana y del Caribe” a las alturas de un mundo globalizado como el actual, en el que la amplia porosidad de las fronteras y la interconexión profunda y múltiple de las economías, hacen casi imposible un retroceso a cotos cerrados y protegidos de producción endógena?

¿Está vigente la idea de seguir hablando en términos identitarios, como lo hace Álvarez, en un mundo que va empujando hacia una ciudadanía planetaria de identidades múltiples, no persiguiendo identidades perdidas o imposibles, ni  apuntando a estrechas lealtades nacionalistas, a pesar de manifestaciones contrarias en ciertos puntos del planeta?

No son buenas las noticias que vienen del más grande del hemisferio y de Europa. La bilateralización, el proteccionismo y las pretensiones regresivas hacia autarquías nacionales en las relaciones económicas nos alejan de las soluciones que los problemas globales nos plantean.

El Mercosur, a pesar de la retórica de los gobiernos, se sigue mostrando incierto, sin rumbo claro. No sabemos que terminará de ocurrir en el NAFTA, el cual significa negocios por el orden de los 600 mil millones de dólares ¿los despreciará Trump? . El papel de China en nuestra región ¿adonde llegará?

El año 2017, en la materia comentada, comienza sobrecargado de interrogantes, cuyas respuestas adecuadas sólo las puede un liderazgo continental consciente y responsable de los graves asuntos que conciernen a todos sin excepción, más allá de los discursos y los intereses particulares.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV

emilio.nouel@gmail.com    

jueves, 26 de enero de 2017


        ¡SORPRESAS TE DA LA CHINA!
            
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No hay periódico en el mundo en donde uno no se encuentre con un análisis sobre lo que está sucediendo o pudiera ocurrir en las relaciones internacionales del planeta a partir de los más recientes sucesos políticos y económicos que han tenido lugar en los países más poderosos, las potencias que siguen determinando el curso de los acontecimientos humanos.

Basta ver los cientos de artículos que sigue suscitando la llegada de Trump a la presidencia del país que más incide en el entorno global. La inquietud que produce la incertidumbre sobre lo que vaya hacer en la Casa Blanca, tiene a todas las cancillerías, los organismos internacionales y al mundo empresarial transnacional, de cabeza, tratando de escrutar el futuro que nos depara su ejecutoria gubernamental. 

Ya hemos visto cómo en sus primeros días el señor Trump ha reafirmado sus disparatadas promesas electorales.

En Europa, la misma preocupación no cesa por causa del auge de los movimientos ultranacionalistas liderados por demagogos que persiguen liquidar ese gran logro histórico, la Unión, los cuales con el triunfo del magnate Trump se han venido arriba.

En Coblenza se reunieron en estos días que corren y han llegado a afirmar que el mundo está cambiando, pero en el sentido que ellos desean, es decir, hacia al nacionalismo a ultranza, rechazando todo lo extranjero y repudiando las organizaciones levantadas por el llamado orden liberal de postguerra. Sus programas contemplan un repliegue sobre sus fronteras internas, un volcarse hacia adentro, a un desarrollo económico endógeno, sin pensar que la reacción de los demás sería del mismo tenor, generándose así, un enfrentamiento que podría tener consecuencias globales nefastas en todos los órdenes de la vida.

Hoy leemos titulares como éstos: “Incierto mundo”, “Occidente se repliega”, “Pronóstico oscuro para EEUU”, “El suicidio anglosajón”, Blitz commercial krieg”, “Trump, el enemigo número uno de México”. “Reino Unido fuera del Mercado común”, “Trump contra Europa”, “Era del desconcierto” y así tantos otros.

Visto lo visto en estas últimas semanas, no sé si aun se siga creyendo a pie juntillas en que el Trump de la campaña electoral será otro en la oficina oval y que las instituciones de la democracia estadounidense podrán frenar cualquier desaguisado del inefable personaje.

Por el bien de todos espero que quienes así piensan no se equivoquen, incluyéndome entre ellos, pero sin dejar de albergar muchas dudas.

Lo más cierto de todo esto es que a nuestro hemisferio le esperan tiempos problemáticos.

Por lo pronto, México está siendo impactado económicamente de forma negativa, y su dirigencia ha empezado a poner cortafuegos a lo que se le vendría encima. Los países que poca relación comercial tienen con EEUU no se están viendo afectados, o muy poco, como es el caso de Argentina.

Si llegare a concretarse el plan de Trump de denunciar el TLCAN (NAFTA), las repercusiones serán sustanciales para la integración de Norte América. Ello representará un retroceso de incalculables consecuencias, particularmente, para los mexicanos.

EEUU y Canadá igualmente se perjudicarán con este paso, a mi juicio, en falso. Los canadienses, sin embargo, están ya tomando sus precauciones.

Ocurrirá lo mismo con el Acuerdo Transpacífico que poco tiempo tiene de suscrito. Como se sabe, a este Acuerdo pertenecen varios países de nuestro hemisferio. El mayor volumen de negocios del planeta se realiza en esta área, y resulta absurdo que un país como EEUU, adalid inveterado del libre comercio, se aísle. Imagino que los asesores de Trump no esperaran que haya una apertura sin restricciones de ese mercado para los productos estadounidenses, si EEUU, a su vez, se cierra a los que proceden de aquel.

Para Venezuela, los anuncios de Trump, más allá de los de carácter político, en lo económico-comercial se desconocen. Nuestra relación fundamental está en el campo energético y lo demás son las importaciones de otros productos (manufacturados) que hacemos desde Venezuela. Trump acaba de autorizar varios oleoductos cuya construcción paralizó Obama.

En materia de inversiones norteamericanas en Latinoamérica, es de esperarse también alguna repercusión, habida cuenta de las insólitas amenazas proferidas por el magnate contra las empresas transnacionales automotrices de EEUU.

En el mundo entero se abre una nueva época de concretarse lo anunciado por el nuevo presidente.

En la reunión del Foro Mundial de Davos, el presidente Xi JinPing se convirtió en el primer defensor de la globalización y cuestionador del proteccionismo económico-comercial que parece entrar en auge.

¿Estarán dejando los norteamericanos y europeos el campo libre a la China para que se imponga en el ámbito internacional económico?  

¿El capitalismo global pasará a manos entonces de un país que se autodefine comunista?

¡Sorpresas te da la China!



EMILIO NOUEL V.

@ENouelV