viernes, 20 de septiembre de 2019


UN INCIERTO DESTINO PARA EL

ACUERDO UNION EUROPEA-MERCOSUR

Y EL FUNESTO BREXIT 


La interdependencia económica global vive momentos no muy auspiciosos, sobre todo por la envergadura de los actores envueltos en los diversos desencuentros.

Por un lado, la guerra comercial entre EE.UU y China no da señales aun de haber concluido a pesar de la tregua.

A ella se agregan, dos situaciones más, no menos preocupantes.

El interminable y lamentable caso del Brexit es uno de ellos.

Faltan apenas 6 semanas para que se cumpla el plazo establecido de separación del Reino Unido (RU) de la Unión Europea, sin que se haya llegado a concretar claramente cómo quedaría la relación comercial con los que dejarían de ser sus socios.  Un divorcio sin acuerdo tendría efectos demoledores en términos comerciales y de abastecimiento de ciertos productos. El suministro de medicinas, alimentos frescos y otras mercancías podrían producir disturbios que el mismo gobierno británico ya ha avizorado en informes oficiales.   

La terquedad e irresponsabilidad del primer ministro Boris Johnson es insólita.

Los países europeos no están dispuestos a cambiar lo que ya fue negociado hace meses atrás, y el gobierno británico no ha propuesto nada nuevo que motive a aquellos a hacer una reconsideración de lo acordado. Los europeos han acusado al gobierno de aparentar que está negociando.

La situación a lo interno del Reino Unido es muy tensa. El laborista Jeremy Corbyn ha hablado en días pasados de realizar un nuevo referéndum, frente al cual él se mantendría neutral. Posición oportunista ésta que ha motivado muchas críticas.

De no producirse un acuerdo definitivo antes del deadline establecido o de aprobarse otra prórroga del retiro que abra la posibilidad incluso de un referéndum que revoque la decisión de salida, las consecuencias serán dolorosas para ambas partes, pero peores para el RU.

Respecto del acuerdo de Mercosur/UE, no podemos ser tampoco optimistas. En otra ocasión, ya expresábamos nuestras dudas sobre una segura ratificación por parte de los países europeos de este convenio.

En ese instrumento se dan concesiones importantes a productos mercosurianos que tienen competidores europeos, no en todos los países, pero sí en algunos importantes. El tema del uso de ciertos productos químicos en la producción agrícola, que en Europa están prohibidos, también salió a relucir. Decíamos que todo eso podría convertirse en un impedimento para la ratificación en los términos firmados.

En aquel momento no había ocurrido el “escándalo” de los enormes incendios en la Amazonia, y las consecuentes acusaciones de culpabilidad de esos hechos contra el gobierno brasileño no se hicieron esperar. Se cuestiona que no hayan sido diligentes en la prevención y extinción de aquellos incendios.

De allí a denunciar que no se cumplen en Mercosur los principios y normas de toda agricultura sustentable, no había más que un paso. Y eso bastó para que en algunos países de Europa (Francia, Austria, Irlanda, Luxemburgo) se comenzara a plantear la no ratificación del acuerdo en cuestión.

Esta misma semana, el Parlamento austríaco aprobó una moción con el respaldo de todos los partidos políticos (excepto uno) que obliga al Gobierno a vetar el tratado. Se declara que es "un gran triunfo para los consumidores, el medio ambiente, la protección de los animales y los derechos humanos". Y esto a pesar de que para los sectores industriales y manufactureros europeos, el acuerdo es muy conveniente.

En Francia también podría ocurrir otro tanto, y eso pone en riesgo cierto la ratificación del Acuerdo.

Para los países de Mercosur, esta deriva contraria e impugnadora de un acuerdo que tanto tiempo y esfuerzo consumió, es una mala noticia.  

No hay que olvidar que un eventual cambio de gobierno podría darse en Argentina, y no está claro qué posición tendría éste respecto de asunto tan importante. 

Así, el proteccionismo vuelve por sus fueros trayendo consigo no pocos efectos negativos para el libre comercio.





     


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