domingo, 15 de noviembre de 2015

          "ALLONS ENFANTS DE LA PATRIE......"
 
El nihilista es un soldado de una guerra ‘absoluta’ (en el sentido

de Clausewitz); se considera más aniquilador que defensor,

actúa por la más pura y simple destrucción (…) para él, no hay

nada que perder, nada que salvar”

                                                                   André Glucksmann

 De nuevo, la bestialidad islamo-fascista hace de las suyas. En Francia, el viernes pasado tuvo lugar otra matanza de los “locos de dios”, que a Europa y en general, al mundo  civilizado, los tiene horrorizados.
Si ya los degüellos de ISIS filmados sin ningún escrúpulo nos habían perturbado, los asesinatos a mansalva de ahora en Paris nos desafían y exasperan.
La agresión inicua a un país cualquiera siempre nos choca, nos revuelve la sangre. Y cuando eso ocurre a una nación con la que nos unen no sólo lazos políticos, económicos o familiares, sino también espirituales, con más razón nos duele e indigna.
Francia no es un país cualquiera. Más allá de su importancia en el ámbito de lo material, de su significación como potencia mundial, Occidente le debe mucho en el terreno de las ideas modernas y de los avances sociales que el hombre ha alcanzado en los últimos siglos. De las tres grandes revoluciones que en el mundo han sido, una es francesa.
Francia es el símbolo de todo lo contrario a lo que representan las “ideas mortíferas” que llevaron a unos desquiciados a realizar la matanza de ese fatídico viernes 13 de Noviembre.
Ideas mortíferas” es la expresión que he utilizado, que no es mía, sino de un intelectual francés, de los que llamaban “nuevos filósofos”, por más señas, fallecido hace un par de semanas: André Glucksman.  
Este pensador brillante fue uno de los que con mayor profundidad reflexionó y describió la amenaza que para nuestra civilización personifican estos terroristas, estos nihilistas destructores.
Glucksmann, después de lo de las Torres Gemelas, se preguntaba qué hacía que una sociedad global que dispone de los medios de información e intervención más formidables de la historia, sea tan abúlica y esté tan paralizada ante los desmanes que comenten estos desadaptados.
Para él, Occidente se juega su supervivencia en esta lucha contra el terrorismo. Llegó a escribir: “un fantasma recorre el planeta: el fantasma del nihilismo. Utiliza antiguas religiones, abusa de antiguas ideologías y de exaltaciones comunitarias, pero no las respeta”.
La fuerza del nihilismo -afirmaba Glucksmann- proviene de la división y la disolución. Rompe alianzas y tradiciones. Las víctimas iniciales de sus guerras son  sus propios conciudadanos, sus hermanos de fe. “Los ejércitos musulmanes se enfrentan a ejércitos musulmanes y los estadistas árabes caen bajo las balas árabes”.  
El terrorismo se ha convertido en un enemigo planetario, que agrede a la humanidad, como ha dicho bien el presidente Obama. Las guerras recurrentes en el Medio Oriente están repercutiendo más allá de su espacio geográfico.  
La comunidad internacional debe atender con decisión este grave problema que no tiene fronteras. Nadie se salva de ser víctima eventualmente de él.
Hoy le tocó de nuevo a Francia. Y no basta ser solidarios con un pueblo que tan valiosos aportes civilizatorios ha dado al mundo.
Todos los países sin excepción deben sumarse a la lucha por extirpar una lacra que pone en riesgo la convivencia democrática y pacífica entre los seres humanos. No es un problema de fácil solución, por sus complejidades y extensión. Sólo la cooperación estrecha entre los gobiernos del mundo puede garantizar esa difícil tarea.
Estamos con Francia en este momento grave, como estuvimos con EEUU, España, Reino Unido, Argentina y otros países, cuando fueron agredidos por estos terroristas.
Ante el desorden, el caos y la muerte que quieren sembrar los terroristas, los que creemos en los valores de la libertad, la democracia y la tolerancia en el mundo, debemos unirnos con coraje, firmeza y convicción para cerrarles el paso.
Emilio Nouel V.

@ENouelV

jueves, 12 de noviembre de 2015

                       EL MUNDO ATENTO A  LAS PARLAMENTARIAS VENEZOLANAS




En el hemisferio americano y mas allá hay mucha expectativa frente a las elecciones del 6D en Venezuela.
Para los venezolanos -no hay duda- es una fecha trascendente. Allí nos jugamos mucho.
Aunque la salida de este atolladero político-económico toca principalmente a los ciudadanos de este país, a la comunidad internacional le corresponde también su parte.
Hoy por hoy, lo que ocurre en un país no es asunto exclusivamente de él. Las sociedades nacionales de hoy están ligadas e interpenetradas mediante tantos vínculos que difícilmente el destino de una esté desconectado de las demás. 

La interdependencia no es sólo económica. Es también política. Los acontecimientos que tengan lugar en un país, tarde o temprano, inciden en los demás. Las crisis de gobernabilidad pueden contagiarse con facilidad, y de manera más intensa y rápida entre vecinos. Hoy lo vemos dramáticamente en las olas de miles de refugiados huyendo de la guerra en Siria e Irak hacia Europa, que no pocos problemas ha creado.
Así, lo bueno o lo malo que ocurra en cualquier país de nuestro hemisferio tiene consecuencias inmediatas en el resto.
No debe extrañarnos, por tanto, que más de una treintena de ex presidentes de América y Europa, familias políticas que hacen vida en el ámbito planetario, parlamentarios del mundo y personalidades diversas, hayan expresado su preocupación por la sombría deriva política que ha seguido Venezuela en los años recientes, particularmente porque desde aquí se ha pretendido proyectar un proyecto político-ideológico a toda la región.
Ante el autoritarismo instaurado en Venezuela, sus arbitrariedades y atropellos a los Derechos Humanos, el mundo – ¡Al fin!-ya no es indiferente, como hasta hace poco.
En general, organismos internacionales como la ONU, la OEA, Unión Europea y Unasur han tenido que voltear su mirada escrutadora hacia Venezuela, después de muchos años de indolencia y descuido.
Obviamente, ciertos cambios de orientación política han tenido que darse al interior de algunos países de la región para que el nuestro se convierta en un asunto a atender con mayor cuidado, cosa que los demócratas saludamos esperanzados y expectantes.
Sabido es que el 6D Venezuela será lugar de encuentro de cientos de políticos democráticos del mundo que vienen a presenciar in situ las elecciones.
Para nosotros ése un gesto solidario muy importante, que nos reconforta y anima. Que nos hace sentir que nuestra lucha por la libertad cuenta con apoyos que traspasan las fronteras.
Recibimos con mucha complacencia las expresiones públicas recientes de personalidades de la región como Luis Almagro de la OEA o el candidato a la presidencia argentina Mauricio Macri, las cuales se suman a las de muchos políticos del hemisferio que han comprendido lo que acontece en nuestro país y en consecuencia, la significación del evento del 6D.
La democracia y las libertades han sido atropelladas y mancilladas en Venezuela. No vacilamos en decir que la normativa internacional sobre la democracia ante nuestro caso particular es aplicable. Demasiadas pruebas hay de que el gobierno nacional ha incurrido en violaciones flagrantes de la cláusula democrática contenida en diversos tratados vigentes.
Que quienes vengan a acompañarnos el 6D lo tengan presente. También los gobiernos de la región y el mundo.
En cualquier caso, sean bienvenidos a este rincón atribulado del mundo, pero cargado de muchas ilusiones y esperanzas; y también en trance de reiniciar con bríos la regeneración de una vida política civilizada hacia la prosperidad, logro que nos merecemos.
EMILIO NOUEL V.
@ENouelV
 

jueves, 5 de noviembre de 2015

                                      6D: EL CAMBIO VA

                                                   Resultado de imagen para optimistas

Se palpa en la calle, adonde quiera que uno acude. Es un clamor creciente y sostenido, a veces silencioso, pero perceptible en las miradas y gestos de hartazgo, irritación y disgusto.

En el metro, el supermercado, la panadería y las oficinas públicas se siente con fuerza.
Es una suerte de tormenta tropical en ascenso diario que apunta a convertirse en huracán electoral.

Los venezolanos de toda condición y preferencia política no soportan más desidia e incapacidad gubernamentales.  Hasta los chavistas están esperando impacientes la fecha para castigar al gobierno desastroso y corrupto cabello-madurista.
Se percibe no solo en la capital, también en Yaracuy, Anzoátegui, Falcón o Barinas. La geografía nacional es un hervidero ansioso por iniciar un proceso de recuperación de la democracia y de la prosperidad material, logros históricos perdidos en los últimos años de autoritarismo populista.

Las mayorías han comprendido lo urgente y necesario que es contar con una Asamblea Nacional que ponga un contrapeso al desmadre social provocado por un gobierno calamitoso. Que se plante frente al poder para frenar la deriva destructiva a la que ha llevado al país. Que trabaje de verdad legislando sobre los graves asuntos que agobian el país.
Los ciudadanos de a pie saben y/o intuyen que la solución de los ingentes problemas que padecen, pasa, primero, por un triunfo electoral parlamentario de aquellos que se oponen al estado de cosas actual.  
Ese logro político será posible si votamos, si apartamos las propuestas aventureras, productos de la impaciencia y la irracionalidad, que no conducen a ningún lado  y contribuyen a reforzar a los que están en el poder. Si no damos crédito a fábulas de las que se hacen eco unos por ingenuos y otros por desinformados, sin mencionar los que por desesperanzados, las difunden, o los obsesionados con los obstáculos que nos ponen en el camino, estimulando la parálisis y la abstención, que es lo que desea el gobierno para perpetuarse.
Todas, todas las encuestas apuntan a una victoria de las fuerzas democráticas. La reversión de la tendencia que se afirma con los días, es casi imposible.
Este primer paso trascendental electoral será un pivote decisivo para lo que viene.  Nos colocará en una posición más ventajosa para las contiendas que habremos de librar en los próximos tiempos.
Ya se ha dicho mucho, pero debemos subrayarlo. No será fácil lo que se avecina después del 6D. Más cerebro que pasión se requerirá. Pero sobre todo, unidad, cohesión y  lealtad en un abanico de fuerzas plurales a las que las reúne una aspiración única: el restablecimiento pleno de las libertades, de la prosperidad y la paz perdidas.
 

EMILIO NOUEL V.

@ENouelV

viernes, 30 de octubre de 2015

                                               EL DELIRIO DE LOS 200 DÓLARES POR BARRIL

 
                                     
 
Los del gobierno venezolano continúan creyendo en la fantasía de un aumento del precio del barril de petróleo.
El “Destructor eterno”, en unos de sus tantos desvaríos, les metió el cuento de que iba a llegar a 200 dólares y más, lo que iba a permitirles mantener el loco y corrompido festín en que hundieron al país.
Se aferran a esa quimera porque es la única tabla de salvación que en su menguado cerebro les queda para no soltar el poder y seguir medrando de él.
Alegría de tísico.
Desesperadamente tratan de convencer a los miembros de la OPEP de que incrementen los precios, y hacen una propuesta disparatada que no se corresponden con las realidades del mercado, ni los deseos de aquellos.
Pretenden trasladar al ámbito internacional una visión demencial que ha producido en la economía nacional el derrumbe que vivimos. Como si el “precio justo” arbitrario que han impuesto en Venezuela a productores, distribuidores y comerciantes lo pudieran aplicar en el mercado energético mundial, pero al revés, es decir, el “precio justo” del ofertante. Una lógica, pues, bien extraña, más bien, esquizofrénica.

Hay que estar adoleciendo de una chifladura grave para creer que van a convencer a la OPEP de ese despropósito, habida cuenta de lo que está en juego para esos países. Nadie los acompaña. Hasta los iraníes le voltean la cara.
No sería extraño que hayan contratado a algún santero de la economía al estilo del español Monedero, para que -miles de dólares mediante- les diseñe la genial propuesta que hacen a los jeques que cortan el bacalao en el petróleo.
Quienes sí saben del asunto no hacen sino burlarse de la iniciativa.
En cualquier caso, hacer el ridículo es ya proverbial en los que desgobiernan a este país. Sus declaraciones sobre este tema, como en cualquier otro, son lamentables, reflejan una ignorancia desmedida. Son el hazmerreir de los funcionarios de otros países y de organismos internacionales. ¡Cómo nos compadecen!
Porque no hay sector económico en el que no metan la pata, literalmente hablando.

En el fondo de todo, son los resultados adversos que se dibujan en el horizonte electoral, los que los han puesto aun más erráticos.
La desesperación por obtener dinero a como dé lugar, los hace cometer aun más traspiés, acostumbrados a derrochar a manos llenas sin nociones de gerencia y administración responsables.
El barril de petróleo a 100 dólares se fue para no volver, quién sabe por cuánto tiempo.
Mientras tanto, el gobierno sigue pidiendo milagros a los babalaos que tiene como gestores de la economía.


Emilio Nouel V.

@ENouelV

martes, 13 de octubre de 2015

                                         HIPOCONDRÍA POLITICA Y ELECCIONES DEL 6D
                                       


“Sólo nosotros mismos podemos derrotarnos el 6D”
                                                    Alexis Ortiz



Hay una notoria manía en unos cuantos venezolanos de oposición que tienen acceso a los medios, de ver todo el tiempo, en materia política, el vaso medio vacío y hasta incluso vacío.  

Llama a la atención que estos personajes minoritarios sólo muestren o exuden, pesimismo, hiel, paranoia, derrotismo, tristeza, desaliento, autovictimización, maledicencia, abstención electoral y paremos de contar, no vaya a ser que nos caiga la mabita.
Y no se trata, obviamente, de que pensemos que estamos sentados sobre un lecho de rosas, o pretendamos minimizar una grave situación.

No, de ninguna manera.
Lo que no compartimos es esa visión persistente producto de una suerte de hipocondría política o nihilismo suicida que no ve salidas o que solo las ve trágicas. Esa cantinela repetida de “que el gobierno no va a dejarse contar”, “que no reconocerán los resultados”, “que no van a renunciar a sus prebendas así como así”, "que dictadura no sale con votos",  etc, es producto de una baja autoestima, y de lo que llaman por ahí, la desesperanza aprendida. Hay gente que no logra sacudírsela, lo que la incapacita para ver la luz que comienza a asomarse en el camino luego de tantos contratiempos, tropiezos y errores.
Coincidimos con ellos en que hay muchas razones para sentirse mal, agobiados como estamos por calamidades diversas. Que es imperativo rechazar enérgicamente el desgobierno que padecemos, sus diarias violaciones a los derechos humanos, su tiranía, ineptitud y corrupción.
Tales circunstancias no son para estar tranquilos, indiferentes, ni pasivos. Y no lo hemos estado.
Pero si a la ya pesada carga que soportamos, le sumamos aquellas amarguras, abatimientos y complejos de los que sólo ven oscuridad, de los que subrayan a cada paso y en cada discurso, de manera enfermiza, las amenazas y peligros harto conocidos y evaluados por los dirigentes democráticos, la tarea difícil que nos toca se va a complicar más.
Los que han descalabrado al país estos últimos años no son invencibles.
Ciertamente, disponen de muchos recursos, son capaces de las peores triquiñuelas  y engaños y harán todo lo que esté a su alcance para impedir la derrota que ya admiten en privado.
Sabemos a quiénes nos enfrentamos. Pero nada ayuda quedarnos “pegados” a un discurso que en lugar de ilusionar y movilizar al electorado hacia el logro de una victoria democrática el 6D, sólo nos mantiene, cual descubridores del agua tibia, en el regodeo de las debilidades y peligros, alimentando temores y desánimo, y torpedeando a una dirigencia que con las uñas está tratando de avanzar en la recuperación de la libertad y el reencuentro las mayorías venezolanas.
Nuestra esperanza no es ciega, no creemos en soluciones mágicas. Escépticos como somos frente a las cosas de la vida en general, de cara al destino político inmediato de Venezuela albergamos muchas y muy buenas expectativas.  Sí, sin duda, vemos el vaso medio lleno, cada vez más lleno. Ánimo bastante es el que sentimos frente a la contienda electoral del 6D. Es probable un gran triunfo. Necesitamos que sea grande, abrumador. Unidos podemos alcanzarlo. Votando nos sacudimos la desesperanza y nos abrimos a un porvenir promisorio que exigirá mucho de todos. 
 

Emilio Nouel V.

@ENouelV

domingo, 11 de octubre de 2015

COMERCIO EXTERIOR, INEPTITUD, MENTIRAS Y CAMBIO POLITICO


                                    Resultado de imagen para comercio internacional


El comercio exterior de un país es una avenida de dos sentidos. Lo conforman tanto las mercancías que ingresan como las que salen al exterior por las aduanas de manera lícita.
En el modelo estándar de intercambio mercantil que se ha venido imponiendo en el mundo, por ser el más eficiente y que mayor bienestar trae a los países que lo practican -la apertura comercial- las importaciones y las exportaciones tienen cada vez menos obstáculos institucionales, resultado de la instauración de una economía con fronteras crecientemente más porosas y un aumento de la interpenetración de las distintas actividades productivas, entre ellas, las cadenas globales de valor, que hoy representan, según la OMC, el 80% del comercio mundial.

La fluidez de este tráfico, obviamente, depende de muchos factores. Y visto desde un país en concreto, obliga a evaluarlos.

El relativo al régimen de cambios vigente es crucial. Es él el que regula los pagos y movimientos de capitales que deben ser efectuados derivados de las compraventas internacionales y las inversiones transfronterizas.
La garantía de la libre convertibilidad de la moneda nacional, contemplada en toda ley, es crucial para la realización de las operaciones de comercio internacional.
Una empresa nacional o extranjera que precise de la importación de materias primas para la  elaboración de un producto cualquiera que vaya a vender en el propio mercado o en el exterior, requiere de divisas extranjeras.
Queda claro que no poder acceder a ellas condena a la empresa a su cierre, a menos que disponga de divisas fuera del país, lo cual puede ser un recurso provisional o de emergencia, pero, sin duda, insostenible de manera permanente.
Las empresas domiciliadas en nuestro país, en general, están experimentando, en esta materia de cambios, una situación calamitosa, absurda. La libre convertibilidad no es una realidad en nuestro país. En tales condiciones es imposible producir y mucho menos competir en los mercados exteriores.
El control de cambios, convertido en Venezuela en un régimen kafkiano, aberrante, se ha erigido en barrera casi infranqueable que ha ido desmantelando el aparato productivo y transformando el otorgamiento de divisas en un pozo de pestilente corrupción.
¿Cómo satisfacer la demanda del consumidor nacional? ¿Cómo exportar sin disponer libremente de dólares para importar materias primas, insumos, maquinarias, tecnología o partes? ¿Cómo ser competitivos con esa desventaja? ¿Cómo conquistar mercados? ¿Cómo sobrevivir?

El gobierno, de tiempo en tiempo, habla de estimular a los exportadores no petroleros; sin embargo, con su política macroeconómica equivocada e incoherente, neutraliza cualquier medida aislada hacia ese sector, haciéndola estéril.

Las empresas que importan para cubrir el consumo del mercado nacional, han ido desapareciendo por los absurdos controles y obstáculos legales.
Al control de cambios lo han vuelto un estorbo formidable a las distintas actividades productivas.
Esa medida restrictiva, que en su momento de implantación no tenía razón de ser, ni ningún fundamento económico, ha conducido a una situación insoportable para los venezolanos, una vez que han mermado las reservas internacionales por causa del derrumbe de los precios petroleros. La escasez, el desabastecimiento y la inflación son sus consecuencias directas. Otro efecto es la pérdida de la confianza y la credibilidad comercial ante el mundo, incluido inversionistas potenciales.

Hace unos cuantos años dijimos que el control de cambios era una medida con objetivos políticos, y que la justificación que daba el gobierno para tomarla era una artimaña. Ni la inflación fue conjurada, ni la huida de capitales frenada. Voceros del gobierno, sin empacho, han admitido tal propósito político, y ya sabemos quiénes han sido los que se aprovecharon del control de las divisas extranjeras.
El comercio exterior de Venezuela, en esas circunstancias lastimosas, no puede contribuir al crecimiento y el desarrollo del país. Ningún bloque de integración sería aprovechado, por muchas ventajas que pueda ofrecer. La economía no puede estimularse bajo tales restricciones, las importaciones se han derrumbado en un 50% desde el 2014, y  con la caída estrepitosa de las exportaciones no petroleras en un 41% respecto del pasado año (Cepal), la gran mentira que acaba de decir el Presidente Maduro sobre la “cifra récord” que habrían alcanzado este año, queda al descubierto.
Para alcanzar un lugar digno en el mundo del comercio planetario de hoy, Venezuela tendría que disponer de políticas económicas diferentes a las presentes, sobre todo, en momentos en que nuevos acuerdos comerciales transoceánicos se abren paso a los cuatro vientos. Dejar de depender exclusivamente del petróleo y potenciar exportaciones no petroleras es alcanzable, tenemos cómo hacerlo. Pero todo pasa por cambiar las políticas y a un gobierno inepto y mentiroso.
 
EMILIO NOUEL V.

@ENouelV
 

 
 

miércoles, 7 de octubre de 2015

                          “EL DIABLO CIEGA A LOS QUE QUIERE PERDER”

 
                                                   Resultado de imagen para el diablo
 
Me dicen los que vieron por TV a Maduro en días pasados, que prácticamente admitió la derrota de su gobierno el 6D. Que se le notaba resignado y entregado, el lenguaje corporal y las expresiones proferidas no mentían. “Las elecciones serán las más difíciles para el chavismo”, dijo.  Aunque las lenguas de doble filo proclaman que él, en el fondo, comienza a sentir un fresquito: Diosdado, a partir de Enero, no estará más en la Presidencia de la Asamblea Nacional.
Lo que es cierto es que a medida que nos acercamos a la fecha en cuestión, son más los que de su bando variopinto y dividido traslucen el convencimiento de ese resultado fatal para la revolución.
Basta ver o leer, aquí y allá, declaraciones y artículos de opinadores o de “intelectuales orgánicos”, como diría Gramsci, en los que el denominador común no es cómo evitar el descalabro, sino como impedir que la oposición democrática alcance la mayoría calificada, dando por descontado que la absoluta está casi garantizada al día de hoy. Ya ni les importa decir a la gente que coman piedras o disfruten de las humillantes colas.
El desfile de lamentaciones, reproches y despechos va de Alí Rodríguez, pasa por José Vicente Rangel y Diosdado Cabello, y llega hasta Javier Biardeau.
Sin embargo, lo peor es otra cosa. Es el deslave que se está produciendo en el pueblo que votó durante estos años por el chavismo. Según las encuestas y focus group, aquel es notorio y en algunos casos, sorprendente. En municipios en los que hacían caída y mesa limpia, la población se está volteando en un proceso acelerado de desafección y retiro de apoyo político, a la par que se fortalece la opción opositora.

Y no es para menos. Descalabran a la industria, el comercio y el agro. Arruinan a exportadores e importadores. Transportistas, taxistas y autobuseros penando por falta de repuestos y altísimos precios. Clínicas y farmacias acosadas y sin medicinas. Destruyen a las empresas estatales, espantan la inversión extranjera. La moneda venezolana es una insignificancia, la administración pública un parapeto ineficaz y pestilente.
¿Y el ciudadano? Acogotado por una inflación que se incrementa a diario, recorta su dieta alimentaria, el dinero apenas alcanza para medio comer y cubrir los gastos mínimos, sin mencionar los que ni siquiera eso. Además, encerrado en casa para que no lo maté el hampa que impera impune, sin luz eléctrica ni agua.
Las encuestas ya anuncian la derrota del gobierno, unas con más y otras con menos contundencia, pero derrota al fin. De allí que ella se vea dibujada claramente en los rostros adustos de la casta gubernamental en sus presentaciones públicas.

Coinciden algunos en decir que a dos meses del 6D ese sentimiento de rechazo al gobierno difícilmente se pueda revertir, y pareciera que tienen razón.

La oposición democrática está haciendo todo lo posible por capitalizar y consolidar ese impulso creciente de la ciudadanía de pasar factura a un gobierno desastroso y arbitrario.
Pero no hay que olvidar que éste aun cuenta con grandes recursos que pondrá en práctica para aminorar el revés. Buscarán disuadir a la población infundiendo miedo, amenazando y creando desorden con sus bandas paramilitares. Para ellos, de acuerdo a información que se ha colado, ya no se trata de ganar sino de evitar una mayoría calificada para la oposición.
Javier Biardeau, en el marco de una velada crítica de fondo que hacía a la conducción política-económica de su partido, decía en una entrevista reciente: Es menos costosa una derrota, rectificando, que una derrota sin rectificar”. Allí queda resumida la preocupación que lacera a algunos chavistas hoy ante la ruina económica generado por Chávez, profundizada por Maduro, y que los conduce al derrumbe de un proyecto político-económico tiránico e inviable, por disparatado.   
 Nadie que compile encuestas en los últimos 12 meses, te puede decir que el chavismo tiene asegurada la victoria en las parlamentarias del 6-D”, agrega Biardeau.
Por supuesto, él no va admitir que tienen perdida la elección y que quien casi la tiene asegurada es la MUD.
De todo  este cuadro nos queda en limpio que el 6D será un momento político estelar para los venezolanos. A partir de esa fecha van a comenzar a enderezarse las cargas, para bien. Nos espera todavía vivir situaciones difíciles en todo sentido, pero bajo circunstancias político-institucionales más auspiciosas para las fuerzas del cambio democrático. Por delante queda mucho por hacer en el corto y en el mediano plazo. Hay que seguir entusiasmando al venezolano con la idea de que es posible vivir bien, con bienestar, libertad y paz.
Al acecho estarán siempre los desadaptados y destructores del país, la barbarie en acción. Los perdedores de siempre no cejarán en sus propósitos perversos, pero un pueblo reencontrado y unido en torno a  aquella idea podrá impedir que sigan hundiendo al país. Hay fuertes razones para ser optimistas.
 
EMILIO NOUEL V.
@ENouelV   
 
 

domingo, 27 de septiembre de 2015

LA BESTIA NACIONALISTA Y LA AMENAZA A CESAR MIGUEL RONDON 


“En mis pasos está mi patria del momento;

en mis acentos sabrán hallar a las demás.

Soy el relámpago que se vuelve infinito

para alumbrar el cielo de todas mis patrias.”  

 

A.    PÉREZ ALENCART

 

A mí los nacionalismos me repugnan. Todos, sin excepción, tanto los que llaman benignos o sanos como los agresivos. No puedo avenirme a ellos, de ambos sospecho, de ninguno me fio. Me parecen nefastos estos atavismos, al igual que las identidades colectivas que traen consigo los fanatismos laicos o religiosos.
Stefan Zweig, con razón, hablaba de  la bestia sarnosa del nacionalismo”. Y sin duda es un paso retrógrado en la humanidad, y para rematar, causa de no pocos conflictos bélicos.
En esencia los distintos nacionalismos o patriotismos son lo mismo, comparten naturaleza, es una cuestión de grados, los separa una línea tenue. Se comienza con la perspectiva más inofensiva, más ligth, y al final se cae siempre en la más repudiable conducta xenofóbica frente a “el otro”.
Me siento ciudadano del mundo, no sé si por mis genes o los principios que me inculcaron en casa o los maestros que me tocaron en la vida.
Adonde quiera que he ido no me he sentido ajeno, independientemente de ciertas reacciones o gestos, muy pocos, por cierto, con los que me he topado.

Soy de los que se puede emocionar igual con un blues de Nina Simone, un  Camarón de la Isla cantando bulerías, un golpe tocuyano de Pio Alvarado, un merengue de Juan Luis Guerra, un aria de Verdi, una bossa nova de Vinicius de Moraes o una zamba argentina interpretada por Mercedes Sosa.
He disfrutado igual leyendo a Sándor Marai como a Jorge Amado, a Voltaire como a Bryce Echenique, a Hemingway o a Octavio Paz, a Borges, Cadenas o a Moravia, a Amin Malouf o a Ruiz Zafón.
Es por ello que rechazo toda expresión nacionalista irracional que pretenda execrar a una persona por el hecho de ser fuereño. Como si tener un pasaporte determinado te ofreciera una patente de corso para discriminar, ofender o no tolerar al supuestamente distinto a ti dentro de las fronteras propias.
Este nacionalismo absurdo cuando es utilizado en la política puede alcanzar las más altas cotas de aberración, y en la historia nos sobran ejemplos racistas, etnicistas y militaristas.
Estas conductas se hacen aún más abominables cuando van aderezadas con la crasa ignorancia de un funcionario público mediocre.
En los días que corren, el caso insólito de amedrentamiento contra un periodista independiente como Cesar Miguel Rondón, es muestra clara del intento de manipulación de los impulsos chauvinistas atávicos por parte del gobierno.
Con la afirmación de “mexicano-venezolano” que se formula contra el escritor y periodista, el gobierno trata de mover las fibras xenofóbicas, como si de un venezolano "impuro" se tratara. “No es venezolano, por tanto, no tiene derecho a decir lo que dice”, es lo que el gobierno quisiera que compartiéramos con él, para así, aborrecer al “extranjero” César Miguel.
Si bien ya es grave la violación de un derecho humano (libertad de expresión) de Rondón, no lo es menos el “desconocimiento” por parte de una autoridad, de la verdadera nacionalidad de él, que tanto la Constitución vigente cuando nació, como la actual, lo califican como venezolano por nacimiento.
Obviamente, el funcionario, al no disponer de otro argumento sólido, echa mano de un expediente espurio creyendo que eso pueda tener algún efecto en la opinión pública a la hora de tomar una eventual medida arbitraria.
El nacionalismo patriotero es una peste. Y estoy consciente de que decir esto es de lo más políticamente incorrecto.
El caso de Cesar Miguel no trata de eso, porque está claro que es venezolano por los cuatro costados constitucionales.
En el fondo de este caso particular está la reiterada conducta autoritaria y perversa de quienes nos gobiernan.
Pero también está la noción de nacionalismo, con base en la cual, situaciones aberrantes como la de marras, pueden tener cabida y hasta aceptación.
 
EMILIO NOUEL V.

@ENouelV