miércoles, 7 de marzo de 2018

QUE ESPEREN BIEN SENTADOS LA VENIDA DE LAS NN.UU A LA FARSA ELECTORAL CHAVISTA 

                                            
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En el marco del acuerdo de “garantías electorales” al que habría llegado el ex gobernador Henri Falcón con Maduro de cara a las elecciones ilegitimas y viciadas del mes de Mayo próximo, se señala la supuesta participación de las Naciones Unidas en el evento.
En ese documento se habla de negociar un acompañamiento de esta organización, no de realizar una observación electoral, como debe ser, la cual implicaría una evaluación de la integridad del proceso o una validación del mismo, tal y como lo establecen los criterios de la NNUU.
Falcón ha subrayado este asunto en algunas de sus entrevistas, y ha dicho que eso constituiría una mejora importante en las condiciones electorales. Como si tal acompañamiento seria garantía de algo.  
Debo recordar al ex gobernador, que las NN.UU sobre el tema electoral ha establecido unos principios y procedimiento a seguir.  
Ese ente internacional, a través de su División de Asistencia Electoral (DAE), presta, por un lado, asistencia técnica para construir sistemas electorales “creíbles y sostenibles”, y por otro, su concurso en la observación y evaluación de procesos electorales concretos. La figura del “acompañamiento”, que el ex gobernador pondera como avance, no existe. 
En el caso de la observación, el país interesado, es decir, la autoridad gubernamental corresppondiente,  deberá hacer una solicitud con 4 meses de antelación a la fecha del evento electoral, y la aprobación de tal pedimento lo hace nada menos y nada más que el Consejo de Seguridad o la Asamblea General de la organización.
Claro, ha habido casos especiales, en que tal plazo se ha soslayado y solo se envía un representante cuyo informe es considerado “insustancial”,  simbólico, toda vez que una valoración integra del proceso en cuestión debe cumplir unos requisitos sustantivos que en estas situaciones excepcionales, obviamente, no pueden cumplirse.
Así que si las NNUU vinieran a las elecciones venezolanas, cosa que dudo mucho que suceda, no podrían hacer ninguna valoración seria y responsable acerca de ellas, ni siquiera emitir una opinión.
Por otro lado, en días pasados, un funcionario que está a cargo de uno de los departamentos que formaría parte eventualmente de misiones de observación electoral, el Alto Comisionado de los DDHH, señor Al Hussein, ha declarado sentirse alarmado sobre la situación de violación de los derechos humanos en nuestro país y afirmó que no se reúnen “las mínimas condiciones” para celebrar elecciones presidenciales.  Mal podrían entonces prestarse las NN.UU a participar, habida cuenta de tal opinión y del trámite que hay que adelantar.
Si el señor Falcón está contando con ello, le recomiendo entonces que espere bien sentado la participación de ese organismo internacional.  
Mientras tanto, que se baje de esa nube y vaya preparando el discurso de la derrota; será como el que pronunció al perder por bastante diferencia en su Estado hace varios meses. Ténganlo por seguro, aun en la muy remota carambola de que pudiera ganar las elecciones, el gobierno no lo reconocería. Y no tendría ni siquiera como demostrar la trampa, hasta Smarmatic tomó las de Villadiego. Tendrá el mismo destino que Andrés Velásquez en Bolívar, cuyas actas de elección que le daban el triunfo no valieron para nada ante la arbitrariedad y la impudicia del gobierno.  
El acuerdo que firmó con Maduro no da garantías reales de nada. No nos engañemos, ni se engañe a pobres incautos ciudadanos que andan desesperados deseando salir de la tragedia que nos agobia. Como dicen por allá en Yaracuy: el que vive de ilusiones muere de desengaños.
Ojala que los que andan vendiendo fantasiosos e imposibles triunfos, recapaciten y se incorporen de manera unitaria a la lucha ciudadana por lograr justas y transparentes condiciones electorales.


EMILIO NOUEL V.
                                       ¿SE APAGA VENEZUELA?                                
                               
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Al país, a medida que pasan los días calamitosos que vivimos, lo percibimos como que si se estuviera apagando lenta e irremisiblemente. Es la constatación real que nos golpea a la cara en los últimos tiempos, interpelando nuestras conciencias, angustiándonos y produciendo incertidumbre y desesperanza a diestra y siniestra.
La economía en general, más que ralentizarse, está experimentando un proceso de desaparición en muchos sectores y ámbitos territoriales. Y ni hablar del crimen perpetrado en las empresas del Estado.
Basta pasearse por calles y avenidas, centros comerciales capitalinos e interioranos, para corroborar tal desgracia social. Negocios de todo tipo cerrados o en venta, medios de transporte inmovilizados, industrias paralizadas, desempleo in crescendo y oleadas de venezolanos huyendo del desastre hacia países vecinos.
La acción demoledora de un gobierno marcado por la incompetencia y la corrupción, envenenado con una ideología mortífera, no podía tener otro resultado sino el caos y la barbarie que presenciamos.
Sí, sentimos que el país se apaga mientras languidecen sus distintas actividades otrora vigorosas y dinámicas.
Una nación, que en las anteriores décadas al desmadre actual, con sus problemas innegables no resueltos, marchaba, hoy se muestra en lo material, ruinosa y empobrecida por políticas gubernamentales desquiciadas.
 ¿Permitiremos los venezolanos que esta deriva infernal continúe profundizándose y nos hunda?  ¿Dejaremos que el país se apague sin mover un dedo para impedirlo?
Solo la unidad férrea y obstinada de los venezolanos de bien, de la Venezuela decente, de sus líderes sociales y políticos, empresariales, académicos y trabajadores democraticos, puede garantizar que no siga sucediendo tal catástrofe social y abrir la posibilidad de una nueva conducción gubernamental.  
A pesar de que por donde sea que la mires Venezuela se encuentra hecha bancarrota, abandono y destrozos, más allá hay aún una dura e inestimable reserva de esperanzas e ilusiones en vastos sectores de ciudadanos que desean cambiar el estado de cosas presente. Que no han claudicado ante los atropellos de los tiranos que gobiernan y aspiran a recuperar el país para la democracia, la libertad y el bienestar.
Juntos todos impidamos que el país se apague definitivamente. Sobre todo, los politicos tienen la palabra. Repetimos: El liderazgo democrático debe salir al encuentro de esa mayoría confundida y golpeada por la crisis y presentarle una alternativa de gobierno. Ya la sociedad civil comenzo a activarse de nuevo.

viernes, 23 de febrero de 2018

VENEZUELA: NUEVA LEY DE INVERSIONES EXTRANJERAS PARA ESPANTAR INVERSIONISTAS 
 

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Disparate tras disparate el gobierno va agrandando a diario el hueco en el que nos hundimos. Una ideología demencial aunada a una voluntad tiránica de poder se ha convertido en un coctel explosivo de consecuencias desastrosas inimaginables.
Una retórica engañosa para aparentar ciertas “rectificaciones” en el ámbito de las políticas económicas se difunde con bombos y platillos para el público de galería de dentro y fuera del país.
Pero son muy pocos los que ingenuamente creen las supuestas bondades de algunas de esas iniciativas.
Entre estas, la nueva ley sobre inversiones extranjeras.
“Ley constitucional”  la han llamado, cuyo origen inconstitucional, ilegitimo, por provenir de la llamada Asamblea Constituyente, es más que evidente.
Ella es un monumento al intervencionismo estatal y una pieza reguladora demodé.
La visión ideológica que la inspira, amén de ser obsoleta, en lugar de estimular las inversiones, las espantará mucho más de lo que hasta ahora el gobierno lo ha hecho.
Como legislación reincide en un tipo de normas que ya fueron superadas en el mundo actual desde hace décadas. Leer el texto en cuestión nos remonta, entre otros instrumentos, a la originaria Decisión 24 del Pacto Andino, de  comienzos de los años 70 del siglo pasado, la cual, como sabemos, hubo que modificar unas cuantas veces para ponerla a tono con los tiempos, dejando atrás concepciones estatistas trasnochadas que demostraron ser un fiasco para atraer capitales foráneos.
La ley tiene como objeto establecer los principios, políticas y procedimientos que regulan las “inversiones extranjeras productivas de bienes y servicios” con vista a un desarrollo armónico y sustentable de la Nación, promoviéndolas para que contribuyan a aumentar las potencialidades existentes en el país, y otorgándoles seguridad jurídica, de conformidad con la Constitución y las leyes.
Bien examinada la ley es dirigista, controladora, en fin, estatista, a contravía de las regulaciones modernas, que persiguen dar efectiva protección y garantías ante eventuales medidas de gobiernos autoritarios y arbitrarios.
Las facultades de autorización, rechazo, fiscalización, control y “redireccionamiento” de las inversiones, que el órgano competente tendrá, convierten a la ley en un instrumento que suprime la libertad de acción del inversionista sustrayendo la necesaria seguridad jurídica.
Sabemos por experiencia lo que tales atribuciones significarían, sobre todo, si pensamos en funcionarios ideologizados, prejuiciados u opuestos a la iniciativa privada.
No es difícil adivinar que el mencionado redireccionamiento constituirá  una permanente espada de Damocles sobre el inversionista.
La ley de nuevo coloca en primer plano el concepto anacrónico de activos “estratégicos, a partir del cual podrían cometer cualquier desaguisado contra el inversionista.
¿Sobre cuáles criterios algunos bienes serían considerados “estratégicos”?  ¿Sera el de aquel que un día paseando desenfadadamente por la Plaza Bolívar de Caracas, a diestra y siniestra, vociferaba: Exprópiese, Exprópiese!?
Por otro lado, el ente competente, según la Ley, evaluará, supervisará y velará por el cumplimiento de metas cuantitativas de producción, exportación, empleo y transferencia tecnológica para las IE destinadas a sectores estratégicos. Diga el lector: ¿Que inversor en su sano juicio se va a someter a tal régimen intervencionista por parte del Estado?
En cuanto a los requisitos de desempeño (¨performance requirements¨) exigidos también en la Ley para poder ser autorizadas las IE, debe decirse también que van contra los principios que este tipo de regulaciones ha dispuesto en los últimos tiempos. Imponer como condición a cumplir, por ejemplo: ¨contribuir con la producción de bienes y servicios nacionales a los fines de cubrir la demanda interna¨ , el incremento de las exportaciones no tradicionales, y ¨el desarrollo económico nacional y las capacidades de investigación e innovación del país¨, además de ¨promover la incorporación de bienes y servicios de origen nacional¨, aunque las inversiones en la práctica propenden a eso, no pueden ser fijadas como obligaciones expresas y requisitos para su autorización y permanencia. 
No debe olvidarse que el Tratado de Marrakech, constitutivo de la Organización Mundial de Comercio, el cual es ley en Venezuela, prohíbe que los países tomen medidas contra inversionistas extranjeros que signifiquen requisitos de desempeño.
Finalmente, y en relación con la solución de controversias derivadas del régimen de IE, la ley en cuestión no está menos desfasada.
Establecer como obligatoria la jurisdicción de los tribunales nacionales es, igualmente, una disposición que no se corresponde con las realidades del mundo actual de los negocios, en el que los inversionistas no se fían de los jueces nacionales por el temor de que fallen en función de los intereses nacionales  y o gubernamentales, y no apliquen el Derecho.
En Venezuela tenemos, sobre todo en los últimos años, una lamentable experiencia en la que el Estado nunca ha perdido un juicio.
Esta disposición que excluye tribunales de otros países y mecanismos independientes como los arbitrales, ahuyentará con seguridad a los potenciales inversionistas extranjeros.
La ¨ley¨ en comento, en definitiva, amén de haber sido aprobada sin ninguna base constitucional legitima, en su contenido, es otro bodrio producto de una visión ideológica estatista que en lugar de motivar a los inversores extranjeros para que vengan a nuestro país, los alejará aún más de lo que ya están.

viernes, 16 de febrero de 2018

ELECCIONES JUSTAS Y CAMBIO DE GOBIERNO

EMILIO NOUEL V.
 
No se trata solo de que porque uno es demócrata y el arma que se tiene como tal es el voto, que tenemos que ir a sufragar bajo cualquier circunstancia y condición, sobre todo, a sabiendas de que aunque haya la posibilidad cierta de que nuestra opción gane, con seguridad se escamoteará el triunfo.
No debiera ser, por tanto, la posición que tendríamos, un asunto de carácter moral sobre ese tema. Es más bien, y fundamentalmente, política, la que se asuma.
De allí que cualquier decisión que uno tome al respecto la emprendamos desde la perspectiva de lo que eficazmente convenga a nuestros objetivos de poder.
La disyuntiva en la que se encuentra la oposición democrática venezolana hoy es muy espinosa. No quisiéramos estar en los zapatos de los que están obligados a tomar una decisión sobre encrucijada tan compleja. 
El gobierno se ha negado a aceptar condiciones electorales que las leyes y estándares mundiales establecen para estos eventos políticos. Sigue irresponsablemente perdiendo el tiempo y oportunidades para resolver una crisis que se hace más aguda e insostenible y cuyas consecuencias son insospechadas, incluso para la oligarquía militar-civil que manda. 
Al gobierno el entorno internacional se le achica dia a dia con la ola de rechazo de la mayoría de los gobiernos de la región y de gran parte del planeta. Los gobiernos no quieren incluso que asista a la próxima Cumbre de las Américas. El cerco y las presiones de la comunidad internacional se acentúan.  
Para nadie es un secreto la situación social terrible que vivimos. Los países limítrofes comienzan a adoptar medidas ante la avalancha de cientos de miles de venezolanos que huyen del hambre, el desabastecimiento y la falta de medicamentos. Se dice que alrededor de 3 millones de nacionales se han ido, lo que no es poca cosa en términos cualitativos y cuantitativos para un país como el nuestro.
En este cuadro político y social, ir a una elección presidencial convocada de manera irregular por un ente ilegitimo, bajo condiciones en extremo desventajosas para la oposición democrática; y por tanto, cuestionables e inaceptables a todas luces, no puede analizarse como un asunto meramente principista, moral o porque con ello le demostraríamos al mundo - ¿una vez más?- la naturaleza autoritaria del gobierno, lo cual está más que descontado.
No se trata solo de que no vayamos porque el Grupo de Lima, la Unión Europea, EEUU, Canadá y otros países, hayan declarado que no reconocen a la Asamblea Constituyente ni los resultados eventuales de la elección, lo que, por supuesto, agradecemos y es muy importante a ponderar, dado el apoyo que la democracia venezolana ha recibido de ellos. No se trata tampoco de compartir la imbecilidad de que ir a elecciones legitimaria a aquella Asamblea y al gobierno. 
A mi juicio, lo que por encima de todo debe calibrarse, para tomar una decisión, es si políticamente nos conviene enfrentar ese reto en tales desiguales y precarias condiciones, y sus más seguros resultados adversos para el sector democrático.
Porque es seguro, estoy convencido, de que el triunfo se lo dará el CNE al gobierno. Lo del arrebato de la gobernación a Andrés Velásquez en el Estado Bolívar es una evidencia de lo que son capaces de hacer. Con mucho más interés la presidencia de la Republica.
Con una derrota de la oposición en esa elección ¿que ganamos políticamente hablando? ¿No ganaríamos mas no yendo?    
Se ha dicho que ir al proceso electoral nos permitiría seguir denunciando los atropellos del régimen, movilizar y organizar la oposición social y política, poner en la calle a un líder que encabece la lucha y otras cosas más.
Me pregunto: ¿eso mismo no se puede hacer igualmente sin pasar por el trauma y la frustración que para muchos venezolanos seria salir derrotados “formal” y mediáticamente?
La opción política hoy no es otra que la de diseñar, aprobar y ejecutar una estrategia política y mensaje claros y unitarios frente al país. Este quiere recuperar la esperanza de una Venezuela distinta. El liderazgo democrático debe salir al encuentro de esa mayoría golpeada inmisericordemente por la crisis y confundida ante el futuro y presentarle una alternativa de gobierno al desastre que vivimos.    
Que el proceso electoral espurio del gobierno nos sirva para adelantar paralelamente una campaña que pida condiciones electorales adecuadas y justas, así como un cambio de gobierno 

 

jueves, 8 de febrero de 2018

LA CORTE PENAL INTERNACIONAL, VENEZUELA Y SU PARSIMONIOSO PROCEDER

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La Fiscal de la Corte Penal  Internacional, la señora Batou Bensouda, emitio una declaración oficial en la que expresa que desde 2016 ha estado siguiendo de cerca la situación de Filipinas y Venezuela, como Estados partes que son del Estatuto de Roma.
En tal sentido, dice Bensouda,  que a partir de una revisión “cuidadosa, independiente e imparcial” de la documentación e informes recibidos sobre crímenes que potencialmente caerían bajo la Jurisdicción de esa Corte, decidió abrir un “examen preliminar”, que según ella, “no es una investigación”, sino una revisión para determinar si existe base razonable para iniciar un proceso investigativo de conformidad con la normativa de esa institución.
Es de destacar que ese examen se hará sobre denuncias relativas al uso excesivo de la fuerza por fuerzas de seguridad del Estado, los miles de arrestados y graves abusos y malos tratos de los detenidos, en “al menos” las manifestaciones de Abril del año 2017 en Venezuela.
La Fiscal, finalmente, declara que su oficina se dirigirá a las autoridades venezolanas para discutir y evaluar lo relativo a investigaciones del nivel nacional y toda la información presentada sobre el asunto, aclarando que no hay un tiempo establecido para este examen preliminar. 
El que tal pronunciamiento oficial se haya dado es importante, si lo vemos como factor político mediático y también de presión, aunque, a mi juicio, no hay que crearse muchas expectativas al respecto, sobre todo en lo que atañe a los tiempos de cualquier decisión.
No es un secreto la irrisoria performance de esa Corte en materia de condenas durante toda su existencia de casi 20 años; se cuentan con los dedos de una mano y nos sobran. La evaluación de fondo de los hechos susceptibles de ser sancionados por ella son muy exigentes. Según algunos,  pareciera que serían necesarias matanzas multitudinarias para que se aceleren los procedimientos, los que de lo contrario son engorrosos y lentos.
Quede claro que no quiero decir con las reservas expresadas que las denuncias no deban hacerse y formalizarse.  Amén de la exigencia moral y jurídica que nos obliga, está la virtud política de ellas en el combate contra gobernantes tiránicos y perpetradores de crímenes de lesa humanidad o de guerra, como los que asolan nuestro país.
Solo deseo que pongamos los pies sobre la tierra, y sepamos lo que puede esperarse de estos parsimoniosos procedimientos que imponen el analisis exhaustivo de evidencias que requieren ser constrastadas. Ya la señora Bensouda lo advirtió, no hay plazos para resolver lo que es apenas un paso preliminar. Es decir, aun no hay ni siquiera un juicio abierto. No hay que hacerse ilusiones con resultados expeditos. Es un hecho importante el examen preliminar decidido, pero estemos conscientes de que aún queda mucho camino por recorrer si a la experiencia nos remitimos.    
La lucha contra la tiranía venezolana, incluso con la valiosa ayuda externa, sigue dependiendo en lo fundamental, de nosotros, los venezolanos.

EMILIO NOUEL V.

viernes, 2 de febrero de 2018

EL CAMINO PACIFICO Y CONVENIENTE ES LA NEGOCIACION

 
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Que los negociadores de oposición y gobierno en República Dominicana no se hayan puesto de acuerdo es una muy mala noticia para Venezuela y nuestro entorno hemisférico.
Más allá de las reservas y dudas que podamos tener respecto de las intenciones y la sinceridad del gobierno en la negociación que se adelanta, lo razonable es apostar a la consecución de unos prontos resultados que  permitan empezar a salir de la situación crítica que vivimos.
Quien se contente o promueva el fracaso de tales tratativas es un inconsciente, un irresponsable. Porque si deseamos que las partes enfrentadas busquen una solución pacífica, consensuada y viable, lo lógico es que empujemos para que se tomen decisiones sin mucha dilación, habida cuenta de la profundización diaria de la tragedia social.
Debemos estar conscientes de que no enfrentamos una negociación sencilla por los temas a resolver, ni a adversarios sensatos y juiciosos.
Los venezolanos tenemos demasiadas pruebas de lo torcidos, nada confiables y perversos que son los que gobiernan nuestro país. Las triquiñuelas y mentiras son su modo de proceder. No tienen moral, ni escrúpulos, y dudamos mucho de que honren la palabra empeñada. De allí que haya sido necesario que representantes de terceros países den testimonio y certifiquen lo que se negocia y se dice en las reuniones que han tenido lugar.
Los adversarios que enfrentamos se rehúsan terca y suicidamente a aceptar soluciones razonables. No hacen más que perder tiempo haciendo su segura salida más dura y costosa, y prologando el drama social. Creen que un quimérico milagro petrolero o aurífero los salvara de la caída.
Cierto es que hay algunos repugnantes personajes que difícilmente tendrían vida en cualquier país y están decididos a resistirse con las botas puestas.  A ellos la negociación les importa un bledo pues piensan que no les significaría nada para su supervivencia posterior.
Ese cuadro hace todo más complicado, haciendo indispensable una presión mayor de la comunidad internacional para que los sectores más pragmáticos  del régimen se avengan a una fórmula definitiva de acuerdo.
Lo que desde la oposición democrática se pide es una solución que pase por convocar al pueblo a un pronunciamiento electoral con todas las garantías normales de un proceso de esta naturaleza: nueva conformación del CNE, actualización del registro de electores, voto para los residentes en el exterior, eliminación de las inhabilitaciones, supervisión y vigilancia de organismos internacionales, acceso de la oposición a los medios públicos y privados, entre otros asuntos no menos importantes; es decir, que se restaure el Estado de derecho. Obviamente, esto requeriría un tiempo prudencial que llevaría el proceso hasta el mes de agosto como lo más cercano.
¿Cederán en todos estos pedimentos los representantes del gobierno en la negociación? ¿Los aceptaran las distintas facciones oficialistas? O ¿hay que dar la razón a los que dicen que ya es muy tarde para una solución convencional a la desventura venezolana?
Dada la experiencia es comprensible el escepticismo al respecto. Pero quienes estamos convencidos de que de esta calamidad hay que salir de la manera menos penosa posible, no nos queda otra que seguir apostando  a un pacto negociado que le ahorre al país más dolor, hambre y perjuicios humanos y materiales. Debemos agotar todos los esfuerzos en tal sentido, porque la alternativa es el infierno. Que sea el gobierno el que quede en evidencia ante el mundo si por su posición absurda la negociación fracasa.
En estos días, las semanas que vienen o más adelante, inexorablemente nos tendremos que sentar en una mesa de negociación, los mismos negociadores u otros, seguro en condiciones peores, pero ese es el camino pacifico. Esperamos que la senda de la reconstrucción nacional se abra sin más demoras y que la oposición sepa afrontar cualquier escenario de manera unida.

jueves, 25 de enero de 2018

LAS SANCIONES Y LA NOCION ANACRONICA DE SOBERANIA DE LOS CHAVISTAS   

Una y otra vez pareciera que estamos a condenados a hablar sobre el tema de la soberanía, sobre todo, cuando la comunidad internacional o parte de ella decide sobre asuntos que afectan a países en particular, como recientemente sucedió con funcionarios del gobierno venezolano que fueron sancionados por la Unión Europea.
Impuestas tales medidas, el gobierno venezolano, como era de esperarse, salió a rechazarlas y a  acusar a la UE de intervencionista, ilegal y hasta inmoral, desde una visión, por supuesto, anacrónica de la soberanía.
La interdependencia global colocó en el centro del debate político, económico y jurídico de fin de siglo pasado, el papel cada vez más restringido de los Estados en el contexto de la dinámica internacional.
No es poca la tinta vertida en este polémico asunto en los campos académico y político. De un lado están, con diversos matices y énfasis, los partidarios de la revalorización y fortalecimiento del Estado como instancia insustituible e indiscutible, y de otro, los que relativizan el rol rector que ha mantenido hasta hace pocas décadas, subrayando el papel creciente que otros actores tienen, sujetos estos -entre ellos, el individuo- cuya personalidad jurídica es reconocida, con derechos y obligaciones recogidos en instrumentos normativos internacionales, vinculantes para los Estados.   
El constitucionalista italiano Gustavo Zagrebelsky acertadamente ha llamado a los elementos globalizadores que han disminuido el poder de los Estados, ¨factores demoledores de soberanía¨. Señala que la noción de soberanía ¨ya no puede reconocerse con claridad como realidad política operante (…) Desde el siglo pasado actúan vigorosamente fuerzas corrosivas, tanto interna como externamente, que se oponen a la idea misma….¨. La formación de centros de poder alternativo y concurrentes con el Estado, que operan en los campos político, económico, cultural y religioso, la progresiva institucionalización de poderes supraestatales y la atribución de derechos a los individuos que pueden hacerlos valer ante jurisdicciones internacionales frente a los Estados a los que pertenecen, configuran una situación inédita de pérdida de soberanía para estos.
Las circunstancias inéditas en las que está inmerso el Estado-Nación hoy, por sus magnitudes y complejidades, han afianzado la convicción compartida por la mayoría de los estudiosos del tema, de que las realidades mundiales de toda naturaleza ya no pueden ser abordadas en toda su extensión y profundidad desde la perspectiva limitada de lo estrictamente nacional. Los paradigmas e instrumentos conceptuales que fueron útiles para el análisis de los procesos nacionales en el presente se muestran inapropiados.  
Y entre esos paradigmas que se derrumban están también los del Derecho. Los dogmas y principios que se creían inconmovibles, a raíz de la consagración de normativas internacionales que obligan a los Estados a respetar y garantizar la vigencia de los derechos humanos, se ven cuestionados y han perdido vigencia.
Hoy, en esa materia tan sensible para la sociedad internacional, el concepto tradicional de soberanía absoluta  y excluyente de los Estados ha dejado de ser efectivo, imponiéndose otro, relativo, el cual no deja de plantear problemas jurídicos interpretativos de cara a las conductas de gobiernos y de los ordenamientos jurídicos nacionales en la materia de democracia y DDHH.
Debe recordarse aquí que para Hans Kelsen la idea de soberanía debía ser ¨radicalmente extirpada¨. Para él, solamente el orden jurídico puede ser soberano, ninguna voluntad puede tener autoridad jurídica. ¨Es tiempo ya de que este concepto, que desde hace varios siglos ha venido desempeñando un papel problemático en la historia de la ciencia del derecho, desaparezca del diccionario del Derecho Internacional¨, escribió en un conocido trabajo.
Obviamente, para la barbarie que gobierna a Venezuela, sigue en vigor el concepto de soberanía de los monarcas absolutos del siglo XV.  Nunca verán con buenos ojos las normativas internacionales que imponen obligaciones imprescriptibles en materia de democracia y DDHH a los Estados y sus ciudadanos. 



lunes, 22 de enero de 2018

LAS SANCIONES DE LA UNION EUROPEA A 7 FUNCIONARIOS DEL GOBIERNO CHAVISTA

                         
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Iniciando la semana las muy anunciadas medidas de la Unión Europea contra funcionarios chavistas se concretaron.
7 altos cargos del gobierno han sido incluidos en una lista de sancionados con prohibición de viajar al territorio comunitario europeo y congelación de los activos que pudieran tener allí.
Como se sabe, en Noviembre pasado había sido adoptada una medida de prohibición sobre armas y equipos de represión interna, pero no se señaló sanción alguna contra ninguna persona en particular.  
Hoy tenemos 7 nombres y apellidos, y cargos definidos contra ellos, a saber:
“Graves violaciones de los derechos humanos y represión de la oposición democrática” (N. Reverol); “detención arbitraria, tratos inhumanos y degradantes y torturas” (Gustavo Gonzalez); “acciones y políticas que han menoscabado la democracia y el Estado de Derecho en Venezuela, en particular, al facilitar el establecimiento de la Asamblea Constituyente y al no garantizar que el CNE siga siendo una institución imparcial e independiente de conformidad  con la Constitución” (T. Lucena); “abogar públicamente por que los tribunales militares tuvieran jurisdicción sobre la población civil, han menoscabado el Estado de Derecho” (A. Benavides T.); “apoyo y facilitación de las acciones y políticas del Gobierno que han menoscabado la democracia y el Estado de Derecho en Venezuela, y responsable de acciones y declaraciones que han usurpado la autoridad de la Asamblea Nacional” (Maikel Moreno); “menoscabo de la democracia y el Estado de Derecho al apoyar públicamente acciones contra los opositores al Gobierno y la retirada de las competencias a la Asamblea.” (Tarek W. Saab) y “menoscabo de la democracia y del Estado de Derecho, en particular utilizando los medios de comunicación para atacar públicamente y amenazar a la oposición política, a otros medios de comunicación y a la sociedad civil.” (Diosdado Cabello).
Estos cargos son precisos y diferenciados, y si se quiere, personalizados, lo cual es algo hasta cierto punto novedoso, que dice mucho del cuidado que han tenido en su elaboración.  
De la lectura del texto de la decisión queda claro que está ligada al proceso de búsqueda de una solución negociada y consensuada a la grave crisis de Venezuela. Sin duda, busca presionar en ese sentido. Al decir de manera expresa que son medidas reversibles, se deja espacio  para la espera de lo que suceda con las gestiones que están siendo realizadas, fundamentalmente, con la negociación aún incierta en República Dominicana.Y son reversibles porque no es un tribunal el que las emite, sino organo politico.
Para el Consejo de la UE el dialogo constructivo y la negociación son la única manera de resolver la crisis y responder a las necesidades acuciantes del pueblo de Venezuela, y apoya totalmente “negociaciones creíbles” entre los actores relevantes que puedan conducir a “soluciones compartidas”. Subrayan, igualmente, que del respeto de las instituciones democráticas, la adopción de un calendario electoral completo y la liberación de los presos políticos, dependerá que las medidas puedan ser dejadas sin efecto.
Dejan también bien claro que las medidas de ningún modo apuntan a perjudicar al pueblo venezolano, que su interés es más bien buscar alivio a su sufrimiento actual.
En tanto que venezolano que anhela la restauración de la democracia y de las libertades perdidas en los últimos años, saludamos tal decisión de una parte importante de la comunidad internacional. Son los representantes de un bloque de 27 países, cuyo peso político y económico es crucial en el mundo de hoy; y entre ellos, dos miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.   
Esta medida forma parte de un conjunto de acciones que han adelantado países de nuestro hemisferio: EEUU y Canadá, a las que se suman las gestiones que viene realizando el Grupo de Lima desde la OEA y en otros espacios.  Tales medidas son la expresion politica, juridica y moral que coloca a la democracia y los DDHH como obligacion imprescriptible para todos los Estados, por encima de sus poderes soberanos. 
El gobierno de Venezuela cada día que pasa se aísla más. El cerco que se ha ido tejiendo contra él se va cerrando. Su situación económica no es sostenible por mucho tiempo, ha destruido prácticamente a los aparatos productivos público y privado y solo le ha quedado liquidar el oro y otros metales de manera no muy transparente. Sigue apostando a un fantasioso aumento del precio del petróleo.
La tragedia social que vivimos los venezolanos es pavorosa y aspiramos que la presión que se ejerza sobre el gobierno desde dentro y fuera del país, conduzca en corto plazo a una salida negociada y pacífica de una situación que nos ha colocado al borde del abismo.