viernes, 4 de septiembre de 2020


Venezuela: EL QUID PRO QUO


Está claro que las elecciones convocadas por la tiranía para Diciembre no serán avaladas por los más importantes gobiernos democráticos del mundo.
Y esta constatación no es un asunto menor, a pesar de que hay algunos descaminados que lo desdeñan, unos, por ignorancia, y otros, por desconexión con la realidad.
La crisis compleja de Venezuela dejó de ser, hace ya varios años, un problema doméstico. Y las pruebas están a la vista. Por más que un gobierno de un país afectado o que potencialmente pudiera estarlo, por los efectos de nuestra crisis, se quiera sustraer de ella, no tiene alternativa sino seguir viendo  hacia nuestro país buscando una solución.
El hecho de que autoritarismos como el ruso, el iraní o el turco, hayan metido su nariz en nuestro país, dice mucho también de esa grave circunstancia.
Es por ello que se estén inmiscuyendo en las elecciones de marras, por razones económicas y/o geopolíticas, no altruistas.
Las dictaduras amigas y socias de la tiranía chavista andan tratando, a toda costa, de lavar la cara a esta última.
Dado el derrumbe de su imagen y credibilidad a causa de su reiterada ejecutoria de violación de los DDHH, su desprecio por el Estado de Derecho, la destrucción de una economía otrora próspera y la expulsión hacia el mundo de alrededor de 5 millones de venezolanos, entre otros desaguisados y delitos cometidos, los gobernantes compinches están maniobrando para evitar su hundimiento definitivo.
Se mueven en las NNUU, la Unión Europea o el Vaticano, buscando apoyos para el régimen chavista. Saben que la crisis puede llegar a mayores y entienden que la tiranía debe hacer ciertas concesiones si quiere permanecer en Miraflores.
La presión diplomática y económica de la Comunidad Internacional ha venido surtiendo sus efectos y se asoma para el régimen una situación cada vez más insostenible.
Rusos, turcos y cubanos conocen de las diferencias en el seno de la oposición democrática. Y para el plan de rescatar a la tiranía se hace necesario agudizar las contradicciones a su interior.
El objetivo es dar la impresión nacional, y sobre todo, ante el mundo exterior, que la oposición al régimen se ha avenido a participar en unos comicios fraguados a la medida de aquel. Para ello bastaría con reclutar algunas dirigentes o figuras conocidas y así lograr el propósito de la maniobra.
¿Y esto a cambio de qué?
En primer lugar, liberar a una parte importante de presos políticos, todos injustamente encarcelados, muchos torturados, y permitir que algunos perseguidos o exiliados pueden regresar a sus actividades en el país.
Esta medida se adorna con un discurso hipócrita de paz y reconciliación del país, que solo se explica por la fuerte presión que se está recibiendo y su desesperación por obtener un reconocimiento internacional.
Todos los venezolanos de bien, por supuesto, nos sentimos contentos de que hayan sido puestos en libertad. 
Para las elecciones fraudulentas, con seguridad aparecerán candidatos que se postularán por la llamada mesita, los alacranes y ahora gente de Henrique Capriles.
Se conoce que no logran llenar las listas, pocos aceptan postularse. Puede ser que tengan algún remoto chance sin van unidos en alguna circunscripción, pero se oye que no se ponen de acuerdo y están pidiendo a Maduro que les prorrogue aún más la fecha de inscripción.
Tienen dificultades para concertar planchas conjuntas. Los de Eduardo Fernández no se quieren “retratar” al lado de Juan Barreto y Claudio Fermín. Capriles no acepta algunos del falconismo, nadie quiere al general eructo y a Luis Parra.  
Quien escribe estas líneas, no les arrienda la ganancia a ninguno.  La abstención pareciera que será enorme. El régimen se ha encargado de estimularla, sin mencionar que todos estos años ha vaciado de contenido de cambio político y eficacia real al voto, con un CNE y un TSJ a su servicio para convalidar trampas y arbitrariedades.
El pueblo venezolano quiere votar, pero que su voto sea contado y hecho público. 
Faltan pocos días y se desconoce cómo votaremos. La plataforma técnica electoral es un secreto. Varias objeciones se han formulado por los especialistas. No habrá observación internacional porque a estas alturas es imposible realizarla de manera debida según los protocolos establecidos por las instituciones que podrían realizarla.
Queda sin lugar a dudas claro cuál fue el precio que se tuvo que pagar para que la tiranía liberara a los que secuestró. La participación de algunos opositores en el sainete electoral no logrará limpiar el rostro tiránico al régimen, aunque algunos se estén prestando para tal tramoya política.   

EMILIO NOUEL

jueves, 13 de agosto de 2020


LA CEV: ¿CON DIOS Y CON  EL  DIABLO?



Si eres neutral en situaciones de injusticia,
has escogido el lado del opresor

Desmond Tutu


El régimen quiere votaciones para reforzar y perpetuar su poder dictatorial,
se aferra al poder y propone elecciones para no cambiar, sin riesgo de perderlas”

Luis Ugalde sj

Estas líneas no serán complacientes ni políticamente correctas. Tampoco pretenderán sacarle las castañas del fuego a una instancia religiosa que tiene obvias influencias en nuestra población, pero que tiene la obligación de ser clara en sus mensajes hacia sus feligreses, que son mayoría en nuestro país.
No se espere entonces una opinión hipócrita o de conveniencia.
La declaración política de la Conferencia Episcopal (CEV) de esta semana ha generado muchos comentarios a través de los medios y redes sociales como para no referirse a ella.
Con ella cada sector político ha llevado agua para su molino particular, extrayendo las frases del texto que más le acomodan a su estrategia y propósitos; y algunos han tratado de sacar las patas del barro a la CEV, o bien de manera calculada y otros atendiendo al dicho aquel sobre el que le pega a su familia ya se sabe lo que supuestamente le pasaría.
Los de la mesita alacrana, sus plumas oficiales en twitter y demás acólitos, por ejemplo, saltaron inmediatamente alborozados para decir que el “poder espiritual” apuntalaba su posición de ir a elecciones fraudulentas convocadas por los tiranos.  “Vieron, los curas nos dan la razón”, dijeron en clave olorosa a chantaje religioso.
Otros interpretaron que era un llamado de atención, una crítica, a la oposición democrática por no haber ofrecido una alternativa al simple rechazo de ir a votar (“Esto no basta. Deben asumir la responsabilidad de buscar salidas y generar propuestas"). Para éstos, era una suerte de merecido regaño, sin olvidar los que se sintieron reforzados en su permanente y a veces irracional cuestionamiento a la dirigencia política democrática.
Legión son los que quedamos en babia, confundidos, preguntándonos ¿cómo es eso de que después de decir que las elecciones programadas son ilegales (“somos conscientes de la irregularidades que se han cometido, desde la designación del CNE, la confiscación de algunos partidos, inhabilitación de candidatos, amenazas, persecuciones y encarcelamientos, el cambio de número de diputados y de circunscripciones electorales”) y que “resulta inmoral cualquier maniobra que obstaculice la solución política y social a los verdaderos problemas presentes”, igual se debe ir al matadero electoral (“A pesar de las irregularidades, la participación masiva del pueblo es necesaria y podrá vencer los intentos totalitarios y el ventajismo por parte del gobierno”)?
¿No habría en esa contradicción, precisamente, una incongruencia, incluso moral?
¿Qué se pretende con un comunicado tan sibilino como el de marras?
¿Es atribuible el texto a un descuido de mala redacción, independientemente de las intenciones subyacentes?
¿Se pretendió estar con Dios y el diablo al mismo tiempo?
¿Cabe barruntar presiones externas a la CEV e incluso foráneas?
Ciertamente, una propuesta que se oponga a ir como corderitos al matadero electoral, en un proceso en el que no se elegirá libremente sino los candidatos y los partidos que permite la tiranía, apoyado por ciertos grupos minoritarios y abiertamente colaboracionistas, debe estar acompañada de opciones alternativas que no conduzcan a la pasividad, al inmovilismo. No tenemos duda al respecto, y esta crítica y otras adicionales son válidas y pertinentes.
Pero decir eso y a renglón seguido expresar de manera ambigua, que a pesar de las “irregularidades”, debe participarse masivamente en las elecciones, es una frase incoherente, confusa e incomprensible, si nos atenemos a otras partes del mismo texto y a anteriores pronunciamientos del mismo ente.
No deja uno de conjeturar también cosas oscuras en todo este lamentable asunto, que quedarán por ahora ocultas.
A mi juicio, fue una declaración torpe, más allá de elementos indiscutibles, que se ha prestado, no se puede negar, a interpretaciones variadas, pero que ha venido a contribuir a la confusión, a la desesperanza, por más que se quiera ahora edulcorarla, haciendo control de daños.
Resulta curioso que se emita el mismo día en que otra declaración muy precisa e inteligible de la Unión Europea vaya en sentido contrario, no dando lugar a interpretaciones diversas respecto de un proceso electoral espurio.
Por lo demás, esperamos que la dirigencia democrática continúe haciendo las consultas en curso en relación con la ruta a seguir, la estrategia y las iniciativas concretas, a los fines de presentarla a la brevedad ante el país. Habrá que acelerar el paso en tal sentido y lograr que se dé una amplia participación, incluyendo a la CEV.
Por otro lado, que este impasse infeliz sirva para hacer las reflexiones que correspondan y  aclarar las posiciones de ciertos actores políticos, en una situación a todas luces difícil e incierta.




jueves, 16 de julio de 2020


¿VOLVER A LA COMUNIDAD ANDINA ES UNA OPCIÓN CONVENIENTE PARA VENEZUELA?


                         Venezuela se retira de la Comunidad Andina de Naciones - RT


Emilio Nouel V.


Debatir sobre el reingreso de Venezuela a la Comunidad Andina es un asunto de mucho interés, no solo político o, si se quiere, geopolítico.
No es tampoco una cuestión de buenos deseos, de conveniencias coyunturales o de apelación a supuestas hermandades o identidades latinoamericanas, andinas y/o bolivarianas.
Como bien conocen los entendidos, en esta materia están envueltos obvios aspectos de carácter económico y comercial muy prácticos, sin mencionar los jurídico-institucionales.
La situación calamitosa que vive Venezuela en todos los sentidos y que perdurará aún después de salir del régimen desastroso que hemos padecido, exigirá de quienes tengan las palancas de mando del país, tener bien claro cuáles serán las políticas a instrumentar en un proceso de transición que desconocemos cuánto durará.
Definir una política comercial integral para una transición y un espacio de más largo aliento, que vaya acoplada a las demás políticas, la  macroeconómica  y la política exterior, entre otras, se nos presenta como materia crucial.
Reingresar o no a la Comunidad Andina se inscribe en ese entorno complejo.  
Ciertamente, deberá hacerse una evaluación realista y pragmática de ese contexto económico-financiero-comercial, sin caer en precipitaciones, ni dejarse llevar por retóricas inflamadas. ¿Conviene volver a ese bloque restringido o es mejor una apertura amplia e inteligente hacia el mundo que responda de mejor forma a las necesidades y prioridades de un proceso de recuperación? 
La salida de Venezuela de la CAN, en su momento, fue un grave error, producto de una visión ideológica y geopolítica totalmente disparatada. El perjuicio económico causado a la economía de Venezuela no pudo ser mayor en términos de inserción comercial internacional. Fue un retiro inconsulto, obra de un solo hombre, arrastrado por su capricho político y su ignorancia. Como igual fue la incorporación a Mercosur. 
En ambos casos, no se pidió la opinión a los sectores económicos que podrían verse afectados, ni se consultó a los especialistas sobre la materia. 
De un plumazo salimos de la CAN y con otro entramos a Mercosur. Dos decisiones equivocadas, donde la voluntad del mandamás fue la regla.
En aquel entonces Venezuela (año 2006) no estaba viviendo la terrible situación de hoy. Los ingentes recursos financieros disponibles consentían acometer cualquier aventura, cualquier desaguisado.
Se trataba, así, de sumarse al bloque comercial donde estaban los amigotes políticos del déspota venezolano, no importando si económicamente nos convenía o no, si estábamos preparados para ello, pues sobre la marcha, iríamos ajustándonos a los no pocos compromisos, incluidos los jurídicos, que comportaba la pertenencia a Mercosur.
Y sin embargo, la admisión formal duró alrededor de 5 años, y ya sabemos cómo fue el ingreso irregular, violando el mismo Tratado constitutivo mercosuriano. Hoy estamos suspendidos en ese bloque, aunque seguimos siendo miembros de pleno derecho.
En lo jurídico-institucional, reingresar a la CAN significará, según las disposiciones del Acuerdo de Cartagena, seguir un procedimiento de adhesión y negociación, cuyas condiciones deberá determinar la Comisión de la organización órgano facultado por el Tratado.
Pero ése no es el único asunto a resolver.
Venezuela sigue siendo miembro de Mercosur, y en éste toda negociación comercial que adelante un miembro con terceros países, en principio, deberá consultarse con el resto. Lo establece el Tratado de Asunción en su artículo  8, literal C: “Celebrarán consultas entre sí siempre que negocien esquemas amplios de desgravación arancelaria tendientes a la formación de zonas de libre comercio con los demás países miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración”, y en la Decisión No. 32 del año 2000: “Art. 1. Reafirmar el compromiso de los Estados Partes del MERCOSUR de negociar en forma conjunta acuerdos de naturaleza comercial con terceros países o agrupaciones de países extrazona en los cuales se otorguen preferencias arancelarias
Aunque en Mercosur se ha discutido el tema de la posibilidad de suscribir acuerdos comerciales con terceros de forma individual, de la normativa se desprende que debería concertarse previamente entre sus miembros.
De modo pues que además del problema de fondo presente en el debate de reingresar o no a la CAN, está también el de cómo compatibilizar la pertenencia a Mercosur.
Bien se haría en consultar a los técnicos  venezolanos con experiencia en esta materia, antes de tomar decisiones apresuradas.
Venezuela requerirá en un eventual proceso de transición tener las manos libres para enfrentar las exigencias y retos que implicará reconstruir nuestra economía y encaminar un proceso de reinstitucionalización democrática del país que lo ponga en una vía cierta hacia una sociedad  libre y próspera.
Adelantar y mantener buenas y estrechas relaciones políticas con nuestros vecinos hemisféricos es un elemento fundamental para nuestra recuperación, eso está fuera de discusión. Pero en materia de comercio exterior se impone un sano pragmatismo más allá de la retórica y de los mitos a los que somos muy dados en estos pagos. 

viernes, 3 de julio de 2020

VENEZUELA: EN SALVA SEA LA PARTE




Uno no deja de celebrar las metidas de pata de los tiranos venezolanos, sobre todo por aquella sabia recomendación que atribuyen a Bonaparte: Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error”.
Así, cada vez que la tiranía comete una torpeza política de cara al escenario internacional, que han sido muchas y reiteradas durante estos últimos 20 años, lo conveniente es dejarlo que la profundice y repita.
Su aislamiento en ese ámbito, en la actualidad, tiene mucho que ver con su ignorancia de cómo se manejan los asuntos diplomáticos en general y particularmente en el mundo de hoy; la improvisación y la chapuza han sido las características sobresalientes de su actuación exterior. Por supuesto, su casi total ostracismo también se debe a una ejecutoria autoritaria violadora de los derechos humanos y al atropello al Estado de Derecho, principios éstos muy caros para las democracias del mundo.
Las gaffes de Hugo Chávez son proverbiales, aunque se las perdonaban, las toreaban o se reían de ellas en privado, porque iba por el mundo con la bolsa repleta de dólares, cual nuevo rico botarate. Aun entonces no se conocía el desastre institucional y económico que estaba generando en su país, que nos conduciría al desbarajuste que vivimos hoy.
El tirano Maduro, en la semana que corre, expulsó a la embajadora de la Unión Europea, dándole 72 horas para que abandone el territorio. Con un discurso destemplado e insultante, aderezado con las consabidas mentiras de siempre, afrentó a la representante de 28 países.
No es difícil saber la razón que llevó a Maduro a reaccionar como lo hizo, de manera apresurada e inconsciente, sin medir las consecuencias aún más graves que eso le traería.
Nuevas sanciones habían sido acordadas por la UE contra personeros del régimen, incluidos los integrantes de la llamada “Operación Alacrán”, diputados traidores que hasta hace poco formaban parte de la oposición.
El proceso de asfixia progresiva del régimen seguía su curso, cuyo propósito ha sido claro: que se avenga a una negociación seria sobre un camino cierto y definitivo de salida de la crisis.
Las sanciones son una presión más en tal sentido. El cierre de una vía electoral creíble mediante el nombramiento de un CNE al gusto del régimen y violando la Constitución y la ley, llevó a ese bloque de países a adoptarlas.
No habían pasado las 72 horas que le habían fijado a la embajadora europea para que abandonara el país, cuando la tiranía salió a “pedir cacao” y a echar para atrás la decisión.
El tirano tuvo que meterse la lengua en salva sea la parte. De seguro quienes lo representan en Europa lo conminaron a hacerlo. Los próceres Lucas Rincón, Jessie Chacón y otros no iban a renunciar a sus muy cómodas vidas en la vieja Europa.
Pero, sobre todo, la reculada se debe a los palos internacionales contundentes que le han propinado al régimen esta semana. El oro del país que está en Londres no lo tendrán para dilapidarlo y robarlo. La señora Bachelet, desde las Naciones Unidas, reitera su condena de las violaciones a los derechos humanos en Venezuela y rechaza la designación inconstitucional del CNE. Un nuevo país europeo se suma al reconocimiento de Juan Guaidó: Eslovaquia. El delincuente Saab, socio de los tiranos, va camino a juicio en EEUU.
Sin duda, en este episodio con los europeos, se ha demostrado que la tiranía está cada vez más aislada y asfixiada, y que sus días están contados. Que sigan metiendo la pata.  






sábado, 13 de junio de 2020


¿ESTÁ PERDIENDO EL “HEGEMÓN BENÉVOLO” SU LIDERAZGO GLOBAL?


Desde hace varios años se viene hablando de un debilitamiento del poder preponderante de EEUU y de su influencia.  
Obviamente, su poder actual no es comparable al indiscutible que tuvo en el período que sucedió a la Segunda Guerra Mundial. A partir de ésta, como se sabe, fue casi determinante, convirtiéndose en lo que se llamó “el hegemón benévolo”.
Ese híperpoder ya no existe en los términos que fue conocido entonces; ha menguado; es discutido y hasta ignorado, incluso por micropoderes cuya influencia proviene de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, como bien lo ha señalado en The end of Power, Moisés Naim.
Líder indisputable EEUU por muchas décadas, su significación y peso han ido disminuyendo, a pesar de seguir siendo la potencia más grande en los campos económico, tecnológico y militar.
Con el tiempo, otros actores mundiales han surgido para hacerle sombra, lo que vino a comportar una competencia apreciable, sobre todo, en el ámbito económico-comercial con la presencia de China.
Desde hace un tiempo, estudiosos norteamericanos y europeos han comenzado a preguntarse si el liderazgo norteamericano no está ya de retirada, y la evidencia sería la conducta de sus gobernantes últimos, principalmente la de Donald Trump, con su particular visión nacionalista y de retraimiento hacia el interior de sus fronteras.
Recientemente, el especialista francés en geopolítica, Barthelemy Courmont (‘Fin de partie pour le leadership des Etats-Unis?’ en Diploweb). ha señalado que en EEUU ciertas debilidades estructurales están cobrando una mayor importancia, denotando su pérdida de poder creciente de cara al mundo.
Él habla, entre otras cosas, de una falta de cohesión de la sociedad norteamericana y de un fracaso de su multiculturalismo, hechos que se patentizan recientemente en los disturbios desencadenados por el asesinato del ciudadano norteamericano, George Floyd, por causa de trato brutal policial.
Desprovista de una visión estratégica renovada, según Courmont, la política de EEUU, muy dependiente de la Casa Blanca, corre el riesgo de ser cambiante e incoherente, y afirma que la desestabilización política actual de ese país conduce también a una acción exterior vacilante.
Coincide aquel con Joseph S. Nye Jr., quien hace un tiempo se refirió a la particular ejecutoria de Trump, afirmando que éste, además de carecer de experiencia en asuntos internacionales, tiende a proyectar eslóganes antes que una estrategia en política internacional.
Por su parte, el presidente del Consejo de Relaciones Internacionales de EEUU, el norteamericano Richard Haass, admite también que la crisis interna de ese país, lo está haciendo vulnerable en el exterior.
Así, una carencia de visión estratégica y una diplomacia irresoluta harían que EEUU se exhiba disminuido y perdiendo su liderazgo mundial.
¿Estamos entrando entonces a un mundo con ausencia de liderazgo?
¿EEUU terminará volviéndose sobre sí mismo en lo sucesivo?
¿Las potencias se circunscribirán a sus áreas de influencia, a falta de un liderazgo global?
¿No traerá esta nueva situación focos de inestabilidad dispersos en el mundo?
Vargas Llosa ha llamado acertadamente a EEUU “La sociedad punta de nuestro tiempo”. De allí que podamos decir que es, sin duda, sin que pongamos de lado sus problemas, el único país en el presente con capacidad para el liderazgo global, rol sobre el cual no se avizora un sustituto en lo inmediato.
No obstante, la redistribución del poder mundial en la que actores distintos a EEUU cobran mayor incidencia y peso, es una realidad que no podemos soslayar.
Cabe preguntarse, finalmente, por cuanto tiempo el poder global norteamericano y su influencia se mantendrán y si su dirigencia política podrá corregir el rumbo, hasta cierto punto errático, que la política exterior y su diplomacia han adelantado en los últimos años. Recordemos los desencuentros en la OTAN, con China y la Unión Europea, así como en los acuerdos comerciales, que han afectado negativamente la imagen de ese gran y admirable país.






miércoles, 10 de junio de 2020

DE BRIBONADAS, “LA MESITA” Y DEMÁS POLITIQUEROS GORRONES

La  ruin maquinación que conduce a montar un tinglado comicial fraudulento para elegir los nuevos integrantes del parlamento venezolano ya se comenzaba a asomar meses atrás; aunque ha sido un plan que arrancó desde el mismo momento en que se eligió la actual Asamblea Nacional en 2015.
Ciertamente, desde entonces todos los exabruptos constitucionales y legales que pudieran urdirse contra aquella elección popular se pusieron en práctica, con la complicidad manifiesta de un Tribunal Supremo, perrito faldero del poder tiránico que nos oprime.  
La más reciente vulneración de la Carta Magna, la última arbitrariedad, es la que declara una absurda omisión legislativa en la designación del CNE, decisión que fue impulsada nada menos y nada más -¿por qué no lo hizo el gobierno directamente?- que por los cómplices de la llamada ‘mesita’; como si esta acción fuera una prueba que puso la tiranía para que demostraran su lealtad y compromiso con el régimen.  
Hace unas semanas dije que ese grupo de colaboracionistas sin respaldo popular alguno, iban a generar ex profeso una mayor abstención electoral en la ciudadanía venezolana, porque nadie iba a salir a votar en ese sainete ilegítimo y tramposo, articulado por Miraflores y sus compinches “opositores”.
La abstención, decía, será enorme porque solo participarán como candidatos los políticos y los partidos que el régimen permita. Y de nada valdrán evocaciones al apego al voto arraigado en el venezolano, ni  argumentaciones cuidadosamente elaboradas, ni voluntariosos llamados a votar, mientras esas condiciones sean las que imponga la dictadura.
El propósito fraudulento e inconstitucional está hoy más claro con la eventual designación por el TSJ de un nuevo CNE espurio,  a la medida del gobierno de facto.
Ir a votar en los comicios que organizará eventualmente el régimen autoritario no significará elegir, ni mucho menos elegir con libertad y con la garantía de que el voto será contado y declarado. Y el venezolano lo sabe perfectamente.
Con una abstención alta, la tiranía, con cualquier cantidad de votos que saque realmente o que forjen en la trastienda del CNE, saldría vencedora.  Por otro lado, los de la “oposición” que ha engendrado a su gusto, pescando en rio revuelto, tendrán también las migajas que le echen sus amos, y que les permitirán medrar a la sombra del poder hoy usurpado y sacar provecho de ello, con el menor esfuerzo y mediando una bribonada política.
De esta manera, pretenderán presentarse frente al mundo como demócratas que se habrían sometido al veredicto del pueblo.
Para las plumas al servicio del colaboracionismo y en consecuencia de la tiranía, esta maniobra desvergonzada y repugnante es considerada como “hacer política”. Lanzan opiniones y elogios diversos, con argumentos y frases ampulosas de exhibicionismo intelectual, en twitter  y otros medios, todo con el propósito  de darle respaldo ante una opinión pública que no se comerá ese cuento.
Será en vano todo lo que hagan. NI dentro ni fuera del país los acompañarán la Venezuela democrática decente ni las democracias del mundo. Al contrario, los seguirán repudiando y aislando, porque no gozan ni gozarán de legitimidad alguna.
La enorme crisis que vivimos no se resolverá con ese burdo chanchullo, más bien se agravará.
Solo espero que los venezolanos, en su gran mayoría, sean contundentes en el rechazo a esos politiqueros amortizados y gorrones, que mucho daño han hecho y le hacen a la actividad política, y al país.

viernes, 29 de mayo de 2020

Venezuela: IRANÍES TRAYENDO CHIVO PA’ CORO


EMILIO NOUEL V.
A los venezolanos, desde que se inició el milenio, todas las plagas habidas y por haber se nos vinieron encima, inmisericordes, una tras otra.
Ciertamente, ya lo conté en otra ocasión, lo que nos sucede es algo muy cercano a lo que me dijo un chofer de taxis hace unos cuantos  años, cuando aun todavía no alcanzábamos el grado de calamidad actual: “Esto del chavismo es una maldición apocalíptica, doctor”.
Cuánta razón tenía.
Y nos sonaba entonces un tanto exagerado, a pesar de que ya veíamos asomarse las evidencias incontrovertibles de que muy mal estábamos encaminados como sociedad, aunque guardábamos entonces la esperanza de que saldríamos no pasado mucho tiempo, del hoyo en que nos metió una mafia altamente tóxica que había incursionado en política para desgracia de los venezolanos.
Las últimas “plagas” son la pérdida de la TV por satélite y la grave falta de gasolina, que vienen acompañadas del covid 19.
Es más que patente que todos nuestras penurias tienen un responsable indubitable. El causante directo de que estemos penando por no tener como movilizar nuestros transportes privados y colectivos no es otro que la tiranía chavista.
La ideología demencial que los mueve condujo a un desmadre colectivista expropiador. Que no solo acabó con las empresas productivas en manos privadas, sino que también provocaron demandas en las que aquellas reclaman indemnizaciones mil millonarias en dólares. Y lo peor es que tenemos perdidos todos esos litigios. No hay argumento legítimo o válido que nos asista en las instancias jurisdiccionales. Si los venezolanos llegáramos a perder CITGO será la responsabilidad directa y exclusiva de esa locura de Hugo Chávez.
El país ha retrocedido más de un siglo. Los productores del campo no pueden sacar sus cosechas porque no tienen gasolina para sus transportes. Otros no sembraron porque no disponen de semillas ni fertilizantes. Los trabajadores no pueden trasladarse a los sitios de trabajo. No hay gas para cocinar los pocos alimentos que se alcanza comprar.
La debacle es total, insólita en un país que se encuentra sobre un enorme yacimiento petrolífero.
Lo de la gasolina es una trágica paradoja para un país como el nuestro. Las refinerías que otrora eran instalaciones modernas y admiradas están en una situación precaria  lamentable, gracias a la incompetencia y la corrupción de la mafia que está en Miraflores. Se necesita miles de millones de dólares para ponerlas a funcionar adecuadamente y satisfacer las necesidades de combustible de nuestro mercado interno.  Y el país no dispone de esos fondos. Según los entendidos, olvidémonos de ellas por un tiempo largo, no están en capacidad de cubrir la demanda interna, de allí que no nos quede otra que importar gasolina.
Le corresponderá al nuevo gobierno democrático que esperamos no esté alejado en el tiempo, también cargar por un tiempo con ese grave problema.
Hay un conocido dicho popular en Venezuela con el que se quiere significar que resulta irracional llevar una cosa a un lugar en que ella abunda mucho. Así, ello se expresa con la frase ¿Quien lleva chivo pa’ Coro?  
En estos desdichados y absurdos tiempos venezolanos, la realidad contradice el dicho de nuestra sabiduría popular. Los socios iraníes de la tiranía están trayendo “chivo pa´ Coro”.  Quién lo iba a creer.   


viernes, 17 de abril de 2020


¿SE ACABÓ LA GLOBALIZACIÓN?



Emilio Nouel V.


La excepcional crisis global que enfrenta la humanidad hoy ha generado afirmaciones tan variadas y polémicas como también, a mi juicio, un tanto apresuradas.

Sin duda, es muy cuesta arriba negar lo inusitado y turbador que todo el desarrollo de la pandemia del covid-19 muestra, así como las secuelas que preanuncia en muchos órdenes de la vida.

Y aun cuando es obligante reflexionar profundamente sobre las circunstancias inéditas de aquella, luce precipitado adelantarse a los acontecimientos y sentenciar de una vez y para siempre sobre el alcance y la naturaleza de los cambios que se asoman.

¿Tienen razón los que anuncian con tono dramático, cuando no, casi apocalípticos, que el mundo que hemos conocido hasta hace poco está desapareciendo y que nos adentramos en otro con rasgos sustancialmente diferentes, desconocidos?

¿Con la crisis del coronavirus la humanidad está dando un salto cualitativo esencial? ¿Será el ser humano, en lo sucesivo, otro?

¿O se trata más bien de un acontecimiento novedoso al que la humanidad dará respuesta como en otras ocasiones históricas, asimilando, obviamente, la experiencia, pero manteniendo su naturaleza esencial?

¿Se canceló lo que conocemos como globalización?

Estas y otras interrogantes nos asaltan hoy, y no hay respuestas fáciles ni concluyentes.

Así, leemos que el muy conocido catedrático y filósofo político británico, John Gray, afirma terminante: “La era del apogeo de la globalización ha llegado a su fin. Un sistema económico basado en la producción a escala mundial y en largas cadenas de abastecimiento se está transformando en otro menos interconectado, y un modo de vida impulsado por la movilidad incesante tiembla y se detiene. Está naciendo un mundo más fragmentado”.

¿No será esto que señala Gray más bien, coyuntural, que una vez retomada la actividad las cosas volverán a su cauce, con los cambios que imponga la necesaria adecuación, producto de la experiencia vivida?

¿No estaba ya el mundo, en ciertos aspectos, fragmentado?

La interdependencia global configurada durante muchos siglos ha vivido épocas de ralentización, de retraimiento, por razones políticas,  económicas o de otra naturaleza. Pero el curso que ha seguido no ha parado totalmente. Las múltiples e intensas conexiones entre países, pueblos y regiones han continuado de manera sostenida gracias a los avances constantes de la tecnología y los transportes, y no hay nada que nos haga pensar que no seguirá siendo así.

Las distintas dimensiones de la globalización muestran cómo son de profundos los lazos en el planeta. ¿Quién puede negar que su dimensión física nos interrelaciona a todos sin excepción, querámoslo o no? ¿Que los problemas ambientales nos globalizan, nos colocan en un entorno compartido, en el que las distancias se han ido borrando?

El calentamiento global es un asunto de toda la humanidad, de allí que su alivio nos concierna a todos y exija acuerdos y cooperación entre las naciones.

Ni hablar de la globalización económica-financiera-comercial, cuyos aspectos positivos y los que no, también nos compelen a interconectarnos y ponernos de acuerdo para afrontar variopintos y complejos temas que aquella trae consigo.

Las facetas social, tecnológica y cultural de la interdependencia son realidades de las que es imposible sustraerse en el mundo de hoy.  Las migraciones permanentes, vivir en tiempo real lo que sucede a miles de kilómetros de nuestro hogar y la comunicación e intercambio de valores, modos de pensar, costumbres y modas, son hechos que van a seguir su curso, más allá de interrupciones coyunturales.

La porosidad de las sociedades que conforman la gran sociedad mundial es ya imposible de taponar, independientemente de retraimientos temporales motivados por crisis puntuales, por muy graves que sean. 

Que hoy encontremos fenómenos políticos de rechazo a ese mundo globalizado incierto y complejo, cosa que, por lo demás, no es nueva, no significa una reversión total de un proceso que viene de lejos y que ya es ineluctable, improbable de parar. Habrá adaptación, dura y costosa, es verdad, pero la habrá.

Lo que sí pareciera una evidencia aun no concluyente del todo, es que  experiencias como la del covid-19 vaya a cambiar las formas de las relaciones en el ámbito internacional, particularmente, en cuanto a niveles mayores de cooperación, coordinación y solidaridad, un acercamiento mayor de países y organizaciones internacionales que busquen preservar en lo posible la supervivencia futura.

Algunos hablan de una oportunidad para que el multilateralismo se refuerce, a pesar del resurgimiento reciente de conductas aislacionistas y proteccionistas en lo comercial, propias de nacionalismos trasnochados, de la ignorancia y/o de incomprensiones de las realidades.

Si hay algo para desear, visto lo visto, es que los líderes mundiales busquen integrarse y cooperar más. Los desafíos actuales y los de la post-pandemia exigirán trabajo mancomunado. Las realidades universales han ido imponiendo por la vía de los hechos un ritmo convergente e ineludible en todas las facetas de la vida humana.

No es nada fácil poner de acuerdo a todos respecto de los distintos asuntos en que nos vemos envueltos de manera global. Cada quien tiene sus visiones, intereses y preferencias, sin hablar de las ideologías demenciales que pululan en el mundo y con las que resulta casi improbable, en general, consensuar.

No obstante, en el mundo democrático, de raíces occidentales o no, en el que las libertades y el respeto de los DDHH son norma aceptada y acatada, quizás sea más fácil concertar acuerdos básicos de cara a ese mundo atiborrado de complicaciones e inseguridades que ha ido progresivamente cambiando y seguirá transformándose, sin dejar de estar interconectado, ampliando cada día que pasa, su porosidad en todos los campos del quehacer humano, y a pesar de los recogimientos transitorios. 

Si nos atenemos a la historia, lo que conocemos como globalización, a mi juicio,  proseguirá su itinerario secular, con sus altibajos, frenos parciales y vueltas a empezar. Con sus problemas, desencuentros políticos y económicos, pero también con sus cambios, adaptaciones y soluciones.

La pandemia actual ha subrayado la necesidad de la ineludible concertación entre los gobiernos del mundo.

El covid-19 se superará y quedará la lección, el escarmiento y el aprendizaje.