viernes, 21 de febrero de 2020

LAS SANCIONES SE PROFUNDIZARAN SI LA TIRANÍA NO SE AVIENE A UNA NEGOCIACIÓN 


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De nuevo se impone comentar las sanciones que han sido acordadas por autoridades de otros países contra los jerarcas chavistas y las empresas estatales que manejan a su antojo y sin ningún control, destruidas o quebradas en ejecución de una ideología mortífera, a la que se suma la ignorancia, la incompetencia profesional y una corrupción nunca vista de los funcionarios que han puesto al frente de ellas.

En esta oportunidad se trata de una sanción de EE.UU a la empresa rusa Rosneft que comercializa el petróleo venezolano de PDVSA. Como se conoce, a través de los rusos, la firma venezolana ha venido evadiendo las sanciones norteamericanas.

Opinar sobre este asunto nos obliga a referirnos a ciertas opiniones vertidas en los medios no solo por los voceros de la tiranía, que, por supuesto, las rechazan, sino también por quienes, presentándose como opositores al régimen, se hacen eco de ellas al pie de la letra. 

Lo primero que debe recordarse aquí, porque algunos lo encubren interesadamente, es el hecho de que las sanciones contra personeros del gobierno venezolano comenzaron en el año 2017.

Principalmente, fueron EEUU y la Unión Europea los primeros actores internacionales que las pusieron en práctica.

Las restricciones que traían consigo no son por causa de índole comercial o financiero, de allí que la regulación internacional sobre estas materias no tenga pertinencia o aplicación, como ciertas opiniones equivocadamente lo han señalado. Sus motivaciones y naturaleza están vinculadas más bien a circunstancias muy concretas relativas a violaciones de normas internacionales sobre derechos humanos, delitos en general y corrupción.

El régimen chavista y un grupo de cómplices que se dicen opositores a él, han pretendido que compremos el discurso que afirma que las penurias que pasa el pueblo se deben a tales penalizaciones.  De modo que el enorme desastre económico de Venezuela, las expropiaciones, controles de precios y cambio, despilfarro, malversación del patrimonio público, la corrupción administrativa, destrucción de las empresas del Estado, el descalabro de los servicios públicos, el hambre, el desabastecimiento que padece el país, la crisis eléctrica y la ruina de las empresas del Estado, según aquellos, es producto de tales sanciones.

Nada más alejado de la realidad. ¡A otro perro con ese hueso!, diría el ciudadano de a pie medianamente informado.

Porque cualquiera que superficialmente se tome la molestia de averiguar sobre el tema, muy rápido descubrirá que las causas y primeros efectos de la terrible situación social que vivimos los venezolanos, los arrastramos desde antes del año 2017, y que no fueron generados por las sanciones, las cuales, además, apuntaron inicialmente a funcionarios gubernamentales sindicados de delitos de lesa humanidad, de latrocinio o de vínculos con el negocio del narcotráfico o el terrorismo.

Las sanciones norteamericanas no tienen nada que ver con el libre comercio o la libre empresa, como algunos descaminados y otros cínicos han querido hacer ver, al querer enrostrar a EE.UU una supuesta incongruencia con los principios sobre libre mercado que siempre ha defendido. 

Las sanciones, por otra parte, excluyen las importaciones de bienes esenciales como los alimentos y medicinas, las cuales pueden ser comerciadas sin ninguna limitación.

Por su parte, las europeas tienen como motivación el hecho de que el régimen se opone a realizar elecciones libres en Venezuela.

Este tipo de medidas, cuando están impulsadas por razones de otra índole, como las que persiguen dominar o sojuzgar un pueblo determinado, amenazando sus derechos o poderes soberanos, irían, sin duda, contra el Derecho internacional.

Pero si se trata de sanciones que apuntan a ayudar a un pueblo sometido por una tiranía, como es el caso venezolano, y sobre el que las NN.UU, su Alto Comisionado para los DDHH, han señalado en sus informes todo tipo de delitos de lesa humanidad cometidos,  aquellas tienen una sólida justificación jurídica, moral y política.

Que la aplicación de esas medidas al régimen sirva también a otro tipo de intereses geopolíticos de quienes sancionan, no es de extrañar.  En el mundo que vivimos no podemos sustraernos a esas realidades que también se cruzan en el camino e inciden.

Las sanciones sobre la tiranía chavista son un medio de presión para que se pueda encaminar una solución negociada a la crisis venezolana. El objetivo es ése. A mi juicio, esa presión es apropiada y se justifica ampliamente, a pesar de los efectos indeseables que pueda comportar eventualmente más allá del gobierno usurpador. Es la vía idónea para resolver nuestro gravísimo problema que trasciende nuestras fronteras, se proyecta al hemisferio americano todo y exige una salida pacífica  perentoria.

La comunidad internacional y algunos países individualmente están resueltos a dar un finiquito a una situación que con los días se agrava más. El Grupo de Lima, crecido en número en las últimas semanas,  se ha pronunciado a favor de unas elecciones presidenciales como único medio para superar la crisis.

Si los tiranos de Miraflores no acceden a avenirse a un arreglo que evite males mayores para el país y para ellos mismos, las sanciones se profundizarán, y no queremos siquiera mencionar el infierno en el que podríamos hundirnos. Las calamidades que ya experimentamos, palidecerían ante lo que podría venir si no terminamos de ponernos de acuerdo en un desenlace consensuado.    


 

viernes, 7 de febrero de 2020

        LA GIRA HISTÓRICA DE GUAIDÓ Y LA ESPERANZA 

              
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Qué podemos decir que ya no se ha dicho del extraordinario itinerario internacional seguido por Juan Guaidó en los días que corren
El gran logro de la gira es una evidencia incontrovertible. Todas las circunstancias que la rodean o envuelven son excepcionales, inusitadas. Para las fuerzas democráticas venezolanas que pugnan por salir de la tiranía es un  hecho de un valor político y simbólico asombroso que podría convertirse en un impulso definitorio de la crisis. Sin duda, el recorrido realizado y la acogida a tan altos niveles marcan un hito decisivo.
Sin embargo, lamentablemente, las aves agoreras, siempre minoritarias pero con poder mediático, no cesan ni cesarán en su tarea política suicida.
Envidiosos y mezquinos, unos, defensores de intereses inconfesables, otros, forman una comparsa patética que desde hace un tiempo a esta parte ha tratado sin éxito de empequeñecer el liderazgo de Juan Guaidó, su ejecutoria política valiente y altamente riesgosa, en un entorno complejo en el que debe acometer un combate desigual. Y, claro, no me refiero solo a los usurpadores de Miraflores que tienen como objetivo obvio abatirlo.
En su impaciencia, algunos sectores que se dicen de oposición al régimen, pretenden “quemarlo” también, como han hecho de manera absurda con otros líderes que le antecedieron en estos aciagos años de lucha agónica.
Guaidó, a pesar de los pesares, ha logrado superar algunos escollos, y haciendo política, sí, haciendo política, ha ido avanzando, con errores y aciertos, como es lógico en éste difícil combate contra un enemigo perverso y sin escrúpulos, que maneja los recursos financieros del Estado venezolano a su antojo con vista a mantenerse en el poder.
Ciertamente, aún resta llegar a la meta anhelada por la mayoría de los venezolanos agobiados por el desastre económico y social. El BCV admite que solo en 2019 hubo una inflación de más de  9500 %  !!!!!!.  Esto clama al cielo. De allí que salir de esta calamidad exija de todos los venezolanos, no solo de Guaidó y los partidos políticos democráticos, un compromiso firme de lucha, con entereza, realismo, y como han dicho por ahí, con paciencia estratégica.
La buena noticia de la gira exitosa de Guaidó debe servirnos de acicate para ponernos en acción en torno a su liderazgo. Es el que se lo ha ganado, más allá de críticas que podamos formularle.
La gira realizada es, sin duda, trascendental e histórica, nunca vista. Y no estamos exagerando. No recuerdo que un presidente venezolano o de otro país de nuestro hemisferio, y más allá, haya sido recibido por la elite política y económica mundial como ha ocurrido con Guaidó, reconociéndolo y apoyándolo.
El respaldo de la Comunidad internacional democrática es un gran activo para seguir la lucha por conseguir la libertad. Aprovechemos esa fuerza inmensa y conjuguémosla con la nacional. Esa es la garantía de triunfo sobre la tiranía. Hay grandes razones para la esperanza.



viernes, 10 de enero de 2020


COMPLICIDAD Y CINISMO




Emilio Nouel V.

En los días que corren hemos leído con asombro y mucho estupor que se piensa recurrir o ya se recurrió ante el Tribunal Supremo de Justicia para que éste determine el problema suscitado con la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional.

Se estaría demandando que esa instancia decida quién tendría la razón en todo este embrollo.

Lo primero que a uno se le viene a la mente es la pregunta sobre las motivaciones y objetivos que persiguen los que acometen tan extraña acción judicial.

Me refiero a las razones de fondo, sobre todo, cuando de personajes políticos con cierta exposición mediática se trata. Toda vez que no me como el cuento, especialmente viniendo de un político, de que “como ciudadano” tenga interés en esclarecer unos hechos que por lo demás quedaron suficientemente evidenciados y documentados para todos los venezolanos y la mayoría de los gobiernos democráticos del hemisferio y más allá. 

Que un ciudadano de a pie, poco informado y sin acceso adecuado a los medios, intente un recurso judicial de tal naturaleza, lo podemos comprender y atribuir a una posición sincera, a un interés legítimo de saber la verdad, movido por la buena fe, que a veces puede ser ingenua, pero que, en definitiva, es un ejercicio de un derecho.

Pero cuando es un político informado y con posiciones públicas asumidas el que lo hace, ya nuestra apreciación no puede ser la misma. Y como no nos chupamos el dedo, lo primero que hacemos es recelar, conjeturar y poner el olfato a funcionar.

Porque ¿en qué cabeza cuerda de venezolano de hoy puede caber que el TSJ, arma de comprobada sumisión a la tiranía chavista, va a decidir algo que la perjudique o contraríe? ¿Acaso no está más que sabido y probado que el TSJ ha atropellado el derecho a diestra y siniestra sin ningún pudor? ¿Que su entrega a la voluntad del tirano es un hecho incontrovertible?

¿Se desconoce acaso que el TSJ no ha sentenciado una sola vez en contra del poder chavista durante estos últimos años, en ninguna de las materias que han sido sometidas a su consideración, incluso más allá de los asuntos políticos?

¿Se cree que el TSJ va a decidir reconociendo la realidad de los hechos del día 5 de Enero, tal y como sucedieron? Si Maduro se pronunció a favor de los corruptos y traidores que montaron su tinglado en esa fecha, impidiendo la entrada de la mayoría de los parlamentarios democráticos ¿es dable racionalmente pensar que ese tribunal fallará ajustado a las evidencias y la Ley?

En Venezuela, el Estado de Derecho ha sido pisoteado no solo por Miraflores, también por el TSJ, la Fiscalía General, la Contraloría General, el CNE y los organismos de seguridad. Pretender que alguno de ellos, a estas alturas del partido, se pronuncien contrariando el poder es ingenuidad o ignorancia, si se trata de un ciudadano de a pie.

Pero cuando es un político con cierto recorrido y bien informado el que impulsa una iniciativa como la que nos ocupa, debemos comenzar por sospechar un interés político inconfesable, porque no nos queda la menor duda de que en el presente caso el personaje de marras sabe a ciencia cierta lo que verdaderamente aconteció el día 5 de Enero. Sabe quién tiene la mayoría en el parlamento, y al manifestar una supuesta confusión, está delatando que anda en una operación política muy concreta para golpear a una mayoría que se empecina en no aceptar, a la vez que lleva agua al molino del chavismo. 

¿Cómo no pensar entonces, con bastante fundamento, en que hay complicidad y cinismo en tal conducta?

Y es lo mismo que hemos observado estos días cuando un político más que amortizado, que solo infunde lástima porque ha caído en lo más bajo, tiene el tupé de declarar de manera descarada que Juan Guaidó no tenía los votos para ser reelecto. ¿Están este personaje y el de la acción judicial jugando en comandita?

¿Qué buscan con tratar de perjudicar a la mayoría parlamentaria y a Juan Guaidó, cuestionando la directiva electa legítimamente en la Asamblea Nacional?

La tiranía chavista ha logrado con su poder corruptor comprar voluntades por mucho tiempo. En esta oportunidad del 5 de Enero, echando mano del mismo expediente, se intentó de nuevo desconocer a la representación legítima del pueblo venezolano asaltando el parlamento con la fuerza militar para imponer una directiva fraudulenta y sobornada.

Fracasaron los tiranos porque los venezolanos repudiaron esa acción y ni siquiera los reconocen las democracias del mundo.

 Pretender que sea un tribunal sometido al poder el que dilucide una situación a todas luces clara, no puede ser más que un  ejercicio de cinismo y complicidad.  






lunes, 16 de diciembre de 2019


MÁS ALLÁ DEL BREXIT ¿QUÉ HAY PARA EL REINO UNIDO EN TÉRMINOS DE SUS RELACIONES COMERCIALES FUTURAS?



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En el mundo que vivimos un acontecimiento como el Brexit tendrá repercusiones económicas, fuera de las fronteras británicas.  

La suerte ya está echada en relación con el retiro del Reino Unido de la Unión Europea (UE). El triunfo electoral esperado de Boris Johnson en los días que corren coloca a los británicos en el carril de salida. Hay un claro mandato del electorado respecto de ese asunto, y Johnson contará con los votos para aprobar lo acordado en Bruselas.

El político populista derrotó al laborista Corbyn, hombre de discurso confuso, equívoco, abocado en campaña a hablar de otros temas distintos al muy crucial del Brexit.

Hasta el último momento se tuvo esperanzas de que Johnson ganara por poco margen, lo que mantendría alguna posibilidad de evitar la partida de Europa, obstaculizándola en el parlamento y/o abriéndose a un referéndum de reconsideración.

Lo que suceda a ese país en términos económicos, financieros y sociales en lo sucesivo, forma parte aun del reino de los pronósticos y conjeturas; y las resultas solo se verán dentro de unos años. 

Soy de los que sigue creyendo, desde fuera, que fue un mal paso la decisión popular que condujo al Brexit. Comparto lo dicho por el speaker de los Comunes, John Bercow, acerca de que es el mayor error cometido en materia de política exterior del RU después de la Segunda Guerra mundial. Entonces, burdas mentiras y medias verdades se impusieron, y una mayoría no contundente compró la propuesta engañosa presentada por demagogos antiglobalización.  

Los líderes de la UE se han venido preparando para que el sustancial desarreglo que representa esta salida no sea tan dañoso, que lo será indefectiblemente en cierta medida.

Tres años angustiosos e inciertos se pasaron hablando y negociando sobre cómo sería el divorcio y pocas cosas quedaron claras. Salir de un proceso de integración como el europeo no es nada fácil, habida cuenta de los fuertes lazos económicos y financieros consolidados por décadas. El principio de irreversibilidad, característica esencial de este tipo de procesos, ha sido puesto a prueba y al final quedado cuestionado. 

La canciller alemana Angela Merkel ha señalado que ahora tendrán un competidor a sus puertas y espera que se conduzca en el intercambio comercial de manera leal.

Por otro lado, hay algunos asuntos que no han sido definidos en lo acordado por Johnson. Temas comerciales, de relaciones de seguridad y militares, y lo de la frontera irlandesa siguen sin resolverse. Algunos señalan que tomará mucho tiempo alcanzar un acuerdo UE-RU sobre un comercio anual que ronda el medio billón de dólares.  

Trump le ha dicho a Johnson que ahora están libres para conseguir entre ambos países un acuerdo integral que tendría el potencial de ser mucho mayor y más lucrativo que cualquier otro acuerdo que pudiera lograrse con la UE.

Habida cuenta de la visión que ha mostrado tener el norteamericano de estos asuntos comerciales y la experiencia de los últimos años con el tratado comercial de Norteamérica y las negociaciones con China, resulta muy dudoso pensar que ese acuerdo bilateral pueda ser de fácil definición e instrumentación, y favorecer, sobre todo, al Reino Unido. El que Trump y Johnson sean cercanos en amistad, estilo e  “ideológicamente”, no garantiza el logro de un eventual tratado tan complejo como sería ése.  

En cualquier caso, el arreglo final que se alcance con Europa repercutirá, obviamente, en la naturaleza de las relaciones económicas en el ámbito no solo atlántico. La interdependencia global es una realidad incontestable, de la que resulta casi imposible sustraerse. Y países como los europeos, EEUU o China no pueden colocarse al margen, de allí que los compromisos económicos que se adquieren estén hondamente interconectados y condicionados.

Lo que al final convenga RU con sus hasta ahora socios europeos limitará el intercambio económico que adelante con otros actores del mundo, y en especial con EEUU.

La UNCTAD ha estimado una pérdida de 16.000 millones de dólares para los británicos en sus exportaciones al resto de la UE al quedar sin efecto las ventajas arancelarias, a lo que se sumarian las de otros países, con los cuales tendrá que negociar nuevos tratados bilaterales. Por otro lado, muchas firmas y bancos han emigrado, pues temen la pérdida de beneficios en la Unión Europea. El FMI calcula que en caso de no haya un acuerdo comercial que regule la relación del RU con Europa, eso le costaría entre un 5% y un 8% del PIB.
En general, los estudios sobre los efectos del Brexit, calculan pérdidas que van de 80.000 millones de libras a 140 mil millones.

No lo tendrá fácil el RU en lo sucesivo. Su pueblo ha emprendido una aventura incierta, cargada de muchos riesgos. Salir de la UE luce un enorme despropósito que podrían lamentar.  







 




sábado, 7 de diciembre de 2019


            ¿PUEDE REHACERSE EL MERCOSUR?

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En días pasados se reunió el Mercosur y hubo algunos discursos que podrían hacer pensar que quizás el bloque retomaría una senda que había dejado de lado varios años, cuando una contraproducente ideologización política lo marcó, profundizando su ralentización y llevándolo a un estancamiento.

No hay duda de que sin una revisión profunda y cambio de sus principios y mecanismos básicos, difícilmente el bloque pueda afrontar los nuevos desafíos del mundo de hoy. Han pasado 28 años desde su fundación, y las circunstancias actuales son sustancialmente distintas. O se transforma o muere.

Obviamente, las vicisitudes políticas en cada uno de sus países miembros debemos tenerlas presentes a la hora de analizar el presente e intentar prever las perspectivas futuras.

El país más grande y de mayor gravitación en Mercosur, Brasil, está gobernado por un presidente que inicialmente se mostró displicente de cara al bloque. Incluso su ministro de Economía, Paulo Guedes, llegó en cierto momento a minimizar su importancia, no era prioritario el tema en el programa de gobierno de Bolsonaro.

No obstante, como dice un editorial reciente de O Estado de Sao Paulo, pareciera que Bolsonaro al fin descubre Mercosur.  En la mencionada reunión habló de su necesaria renovación, lo cual coincidiría con la política de apertura comercial que está adelantando en su país.

Por lo que respecta a Argentina, surgen las dudas sobre si la política que siga el nuevo presidente, Alberto Fernández, asuma las últimas decisiones tomadas por el bloque, incluidas las anteriores a la presidencia de Bolsonaro, las cuales buscan abrirlo más al mundo. Como se sabe, están pendientes la ratificación aún dudosa del Acuerdo con Europa y los posibles arreglos con la Alianza del Pacífico.   

Un punto muy importante y álgido que será motivo de discusión en lo sucesivo es el del Arancel Externo Común (AEC). Hay posiciones encontradas al respecto. Este asunto ha hecho que los técnicos sobre la materia señalen a Mercosur como una unión aduanera imperfecta, en virtud del número importante de excepciones que tiene. El gobierno actual de Brasil quiere reducirlo, y desde Argentina habría resistencia de parte del gobierno entrante.  

Más allá del tema puntual controvertido del AEC, lo crucial en el futuro del bloque es acometer una honda reforma que lo ponga a tono con las realidades actuales. Mantenerse o reincidir en posiciones proteccionistas a ultranza es condenarse a seguir la deriva que lo puede llevar a la irrelevancia definitiva.

En otras oportunidades he manifestado mi escepticismo respecto del futuro de Mercosur, y no le ha dado mucha vida si no se abre a los nuevos desarrollos en materia de relaciones económicas que se vienen imponiendo en el planeta. La integración económica global, a pesar de sus problemas eventuales, crisis y repliegues coyunturales, continúa su curso ineludible.

La integración dejó de ser un asunto arancelario y ha pasado a convertirse en un tema de producción compartida transfronteriza.  Hoy, los paradigmas que fueron dogma en el ámbito de la integración son otros.

La mera reducción de tarifas forma parte de esquemas que han devenido demodés, sobre todo cuando casi todo el universo arancelario está prácticamente liberado. Hoy los asuntos a considerar son la facilitación y simplificación de los trámites del comercio, el libre flujo de las inversiones, la integración de los mercados bursátiles, una real unificación jurídica, coordinación de políticas económicas, los encadenamientos globales de valor y la incorporación y utilización de las nuevas tecnologías y el comercio digital, porque las distancias ya no son tan determinantes como antes, la geografía ya no es un limitante. 
Se impone a los países de nuestro entorno continental, la necesidad insoslayable de pensar en términos hemisféricos y globales, no desde las estrechas subregiones que tienden a cerrarse sobre sí mismas y a establecer barreras defensivas ineficaces y contraproducentes


Si Mercosur insiste en mantenerse al margen de esos aspectos, no le podemos arrendar la ganancia. Queda aún vigente la interrogante: ¿se podrá rehacer Mercosur a pesar de las diferencias en su seno sobre temas sustantivos que tocan sus principios básicos?

viernes, 22 de noviembre de 2019


                      LA AMARGURA NO ES LA  ACTITUD





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                                                                   A los estudiantes venezolanos en su día


Los que nos quedamos en Venezuela o porque no podemos irnos, o no queremos, o decidimos enfrentar y resistir a quienes han venido destruyendo el país, estamos obligados a no echarnos a morir, ni a vivir en un sufrimiento permanente, tristes y amargados, como algunos parecieran entender que deberíamos estar para estar acordes con la situación.

No habría, según estos últimos, ni mínimas razones por las que alegrarnos en términos personales o colectivos, ni para momentos, si se quiere, placenteros, por muy sencillos que sean. Para aquellos, la autoflagelación es lo que nos saldría, no habría espacio en nuestras vidas distintos al abatimiento, la congoja, el duelo.

Obviamente, en nuestro duro y deteriorado entorno social, hay fuertes y suficientes motivos para no sentirse a gusto y preocuparse, indignarse y hasta para rebelarse. Eso no tiene discusión alguna.

Aunque tengamos en ciertos momentos, como dije alguna vez, las lágrimas de a toque, estamos obligados a mostrar una actitud esperanzada. 

No debemos caer en el ensimismamiento, el cruce de brazos y a sumirnos en la tristeza y la depresión, sin dar espacio siquiera a moderados o pequeños gozos, que nos alimentan el alma y dan fuerzas para encarar tantos desafíos individuales y colectivos, incluidos, los políticos.

La compleja lucha por reconquistar las libertades en nuestro país exige desechar  la melancolía que nos paraliza. Si a las calamidades que nos abruman le  sumamos un estado anímico de aflicción y desconsuelo, será entonces más difícil vencer la adversidad que nos agobia. 

Se me echará en cara  con seguridad que en Venezuela, habida cuenta de las cosas horribles que vemos, no estamos para jolgorios y esparcimientos. Y en cierta medida, les cabe razón.

Sin embargo, no vivir abatidos tampoco significa obviar los problemas que nos aquejan a todos.  Encerrarnos en una vida contemplativa y/o aceptar el estado de cosas desastroso que tenemos al frente -que habrá quienes asuman esa posición- de ningún modo debería ser el talante de quienes estamos comprometidos con cambiar el país que padecemos

En definitiva, si en Venezuela la barbarie nos quiere llevar por la calle de la amargura, estamos compelidos a alzarnos por sobre nuestro dolor, las múltiples carencias y las variopintas contrariedades, y superar, todos juntos,  una realidad terrible que no es para nada “natural”. Esta ha sido generada por otros venezolanos, descaminados, atrapados por ideologías demenciales, algunos llenos de perversidad, otros enceguecidos por el poder, y no pocos que solo persiguen su interés particular, ayunos de todo escrúpulo, hundidos en la mayor corrupción política y moral vista en la historia contemporánea de nuestra tierra.  

A pesar de los pesares y de la difícil tarea que aún nos queda por concluir, en la Venezuela de hoy no caben conductas derrotistas y sombrías.

Ayer 21 de Noviembre lo vimos en nuestros jóvenes valientes que desafiaron al régimen tiránico, poniendo sus vidas en riesgo. Esa es la actitud a asumir por todos.       



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