sábado, 25 de abril de 2015

                    ¡A ILUSIONAR, SEÑORES LIDERES, A ILUSIONAR!


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Los diagnósticos sobre lo que tenemos enfrente como gobierno y sus nefastas consecuencias ya están hechos. Y los remedios para sacar al país adelante también.
No hace falta seguir insistiendo en ello. Los que siguen hablando de que se requiere “proyectos de país”, programas o de propuestas concretas para solucionar los graves problemas, no hacen más que llover sobre mojado. En esas materias ya está estudiado y dicho casi todo, no hay nada más que inventar.
La oposición democrática venezolana y sus cientos de profesionales y técnicos con vasta experiencia, los mejores del país, saben lo que debe hacerse para superar el desastre al que nos han llevado 16 años de desatinos de un grupo político inepto, ignorante, corrupto y autoritario.
La mesa política y social está servida para iniciar el vuelco a esta situación. Voluntad, decisión e inteligencia es lo que demandamos de los dirigentes.
El rechazo al gobierno es cada día que pasa mayor. Las encuestas lo registran. Sólo poco más de un quinto de la población sigue apegado al gobierno, pero allí el desafecto y la queja están aumentando. El costo de la vida, la inseguridad pública y el desabastecimiento tienen un poder demoledor inequívoco en la amplia adhesión que existió hacia aquel.
Los rasgos fundamentales de la estrategia de la oposición también están definidos y claros. El camino no es otro que el democrático, constitucional, electoral y pacífico.  
Resta insuflar en la población, más allá de recoger el descontento creciente y transformarlo en fuerza política organizada, una ilusión acerca de que es posible una Venezuela distinta a la calamidad que nos agobia.
Ilusión es sueño, anhelo, expectación, ánimo y esperanza. No se trata de ofrecer utopías, promesas irrealizables y demagógicas, para entusiasmar y ganar adeptos.
Urge ser realistas y sinceros con los venezolanos. Para superar una economía destruida, una sociedad desarticulada, el reino de la delincuencia establecido, se impone  inyectar en la gente una aspiración vigorosa de cambio posible, no fantasioso, ni engañoso.
Y esto hay que hacerlo con convicción profunda, transmitiendo seguridad y fe en el porvenir. Sólo así podremos revertir la desesperanza que ha venido sembrando el gobierno en los venezolanos, queriendo con ello disuadirnos de que nada podemos hacer, que ellos son invencibles, y que no vale la pena protestar ni ir a votar.
Los venezolanos nos merecemos un país próspero y de todos, y tenemos cómo construirlo. Los graves daños materiales y morales infligidos en los últimos años a nuestra sociedad por una banda de desalmados pueden ser reparados. Trabajo, salud, educación, vivienda, bienes de consumo, seguridad y paz son posibles y mejores bajo condiciones diferentes a las actuales.
Falta que la dirigencia democrática, fortalecida mediante una férrea unión, conciba y divulgue un discurso potente que entusiasme y galvanice a las mayorías que andan buscando salir de la penuria y la incertidumbre. 
El discurso que necesitamos debe convertirse en una prédica homogénea que inunde a la Nación y emocione por encima de las diferencias naturales entre los diversos actores que rechazan el estado de cosas actual. Y para esto la técnica comunicacional también puede servir de mucho.
Con las elecciones parlamentarias venideras, se abre a las fuerzas de oposición una formidable oportunidad de triunfo. Ese éxito, de darse, constituiría un gran salto cualitativo y cuantitativo en el difícil y tortuoso camino de la recuperación de la libertad y la democracia en paz.
Para que eso se dé, precisamos de un discurso que anime, motive, apasione y movilice. En definitiva, que ilusione, que de ganas de luchar por la Venezuela del futuro. Así es como ha ocurrido siempre y seguirá sucediendo.




EMILIO NOUEL V.
@ENouelV
emilio.nouel@gmail.com

jueves, 23 de abril de 2015

LA CORRUPCIÓN SIN FRONTERAS Y LOS PRÓCERES DE LA REVOLUCION BOLIVARIANA


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El tema de la corrupción gubernamental o de los políticos, aunque es asunto permanente, enfermedad crónica que a veces empeora con gobiernos tomados por asalto por bandas de delincuentes, se ha alborotado de nuevo. En esta oportunidad han estallado simultáneamente escándalos en muchos países. Desde la lejana China, pasando por Corea del Sur y España, hasta Argentina y Brasil, la onda expansiva recorre el mundo, dejando sus estragos en cada país, siendo los más pobres los que pagan el pato al final, pues la corrupción significa una disminución de bienes sociales para las mayorías.
En nuestro hemisferio, un país como Chile, que hasta ahora tenía un récord muy bueno en la materia, ha hecho su debut también.
Obviamente, en todas partes se cuecen “guisos”, como decimos en Venezuela, pues pensar que de la corrupción de los gobernantes o funcionarios públicos algunos países pudieran estar exentos, es ser muy ingenuo o desconocedor de la historia del hombre. Aquella siempre la habrá, aquí y en donde sea, por tanto, lo que corresponde a toda sociedad es tratar de controlarla, perseguirla, sancionarla y minimizarla en la medida de lo posible, a sabiendas de que la naturaleza humana es imperfecta.
La corrupción no es un asunto exclusivo de los que están en el sector público. En el privado, igualmente, tiene lugar el fenómeno, y no me refiero en este último caso sólo a los particulares en su relación con el Estado.
El “lavado” o “blanqueo” de dinero, llamado técnicamente, legitimación de capitales, y efecto directo, tanto de los diferentes delitos como de la corrupción política, se ha colocado en la palestra pública nacional e internacional en días recientes, con ocasión de investigaciones realizadas por autoridades norteamericanas y españolas en un banco de Andorra. Es, sin duda, un escándalo propio de lo que estamos comentando.
Grandes sumas de dinero, procedentes o bien de los negocios gubernamentales, del tráfico de drogas o de otras  actividades ilegales, están relacionadas con personas naturales y empresas de nacionalidad venezolana con vínculos gubernamentales.
Lo grave de todo esto es el entrevero perverso que tiene lugar, y en el cual jerarcas del gobierno chavista, contratistas, mafiosos y narcos convergen en operaciones de trasiego bancario, que muestran los vasos comunicantes existentes entre ellos.  
Queda claro que este delito transfronterizo no puede ser combatido sólo con medidas domésticas. La eficacia en tal tarea debe contar con normas de obligatorio cumplimiento y acciones internacionales conjuntas. De allí que la cooperación operativa y judicial entre los países sea fundamental.
Para tal fin se han suscrito convenios bilaterales y multilaterales. Quienes sigan viendo este grave asunto desde los estrechos márgenes de un territorio o con concepciones soberanistas anacrónicas, no ha comprendido el mundo que vivimos, ni la incidencia global de la delincuencia.
La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Transnacional Organizada, conocida también como Convención de Palermo,  de la cual es signataria Venezuela, es un instrumento, como otros instituidos en el campo internacional, adecuado para lograr una mayor eficacia en la lucha contra las distintas manifestaciones criminales cuyo ámbito de acción es el globo terráqueo. Allí los países se comprometen a  penalizar el blanqueo de dinero y la corrupción, pero también regula las materias de decomisos, extradiciones, investigaciones conjuntas, recopilación, intercambio y análisis de información, asistencia judicial recíproca, entre otros asuntos.
Vistas las revelaciones recientes en que aparecen involucrados funcionarios públicos y contratistas venezolanos, cabe preguntarse si nuestras autoridades están echando mano de los mecanismos de cooperación establecidos en las regulaciones internacionales sobre la materia, o si se están haciendo la vista gorda porque los que aparecen mencionados son próceres de la revolución bolivariana.

EMILIO NOUEL V.

@ENouelv
emilio.nouel@gmail.com

lunes, 13 de abril de 2015

                               LA CUMBRE, EEUU Y NOSOTROS

                      
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Lo dicho. Más que en lo sustantivo, en lo permanente que estaba en la agenda oficial, la Cumbre se concentró en el asunto que más centimetraje mediático iba a producir: la “bendición” multilateral de la reconciliación entre EEUU y Cuba, asunto que, por lo demás, no es de poca monta, y su trascendencia es evidente para el vecindario hemisférico, aunque haya que esperar todavía sus resultados concretos.
No obstante, deseo más bien referirme, más allá de los discursos que pudimos presenciar por tv, del lamentable y fracasado papel del gobierno venezolano y de los efectos que pueda tener esta reunión en lo sucesivo, a un tema que me luce de honda significación para las relaciones políticas y económicas de nuestro continente. 
“We are all americans” ha dicho el señor Obama a propósito del inicio del reencuentro con Cuba.   
A pesar de que el presidente norteamericano, al comienzo de su primer mandato, era poco lo que conocía de sus vecinos del hemisferio -nunca pisó en su vida país alguno al sur del Rio Bravo- esta frase, 6 años después, denota un cambio importante de su visión, lo cual en un norteamericano típico ya es decir mucho.
Con este “Todos somos americanos”, Obama retoma el discurso que desde finales del siglo XVIII y arranque del XIX, los founding fathers del Norte, Centro y Suramérica enarbolaron al lanzarse a la aventura independentista y enfrentar a los imperios europeos.
En aquellos años se oían las expresiones: “El nuevo mundo es nuestra patria”, “la causa de América”, “americanidad”, “los pueblos del continente americano” y el estigmatizado “América para los americanos”. El “Todos somos americanos”, lo asumieron entonces Jefferson, Viscardo, Madison, Miranda, Clay, Bolivar, Nariño, Hamilton, Martins, Adams, entre otros.
La idea de unión de nuestro hemisferio estaba en semilla mucho antes de la independencia. Cuando se lee a los hombres públicos de la época, se identifica un sentimiento, pensamientos y aspiraciones compartidos, más allá de las diferencias entre “anglos” e hispanos. A Pensilvania iban los revolucionarios hispanos a conspirar contra España. Un venezolano, García de Sena, traduce a Thomas Paine al español. Miranda busca apoyo en EEUU y lo consigue, e invade a Venezuela; un hijo de John Adams es capturado en esta acción.
Luego vinieron los desencuentros, no solo los de hispanoamérica con EEUU sino también, y sobre todo, entre los mismos latinoamericanos, hasta que a mediados del siglo XX se comenzaron a enderezar las cargas.
Luego de la guerra que había ganado EEUU con los aliados, se abrían nuevos horizontes. Aparece la OEA y otras instituciones regionales.
Muchos pensadores del hemisferio, apartando resentimientos históricos sobre anteriores conductas de gobiernos estadounidenses, recordaban, como Picón Salas, “la común misión de América, la teoría de la concordia y esperanza del Nuevo Mundo, que antes aproximara el pensamiento emancipador y americanista de las dos zonas e hiciera dialogar a Jefferson y Francisco de Miranda”. 
Pero nunca faltaron los que se mantenían en sus trece, obsesionados con lo que representaba EEUU para el continente y el mundo, particularmente, la izquierda anacrónica latinoamericana, sin olvidar factores ubicados en la derecha política. Carlos Rangel lo decía, EEUU representaba un escándalo humillante para Latinoamérica, la cual no daba al mundo ni se daba a sí misma una explicación aceptable de su fracaso relativo; de allí que con el tiempo comenzara a racionalizar y atribuir la situación de atraso, las carencias y los diversos problemas de América Latina, al país triunfador convertido en potencia. Sin olvidar otras conductas reprochables del gobierno de EEUU, en la actualidad estamos frente a otra realidad. Ese país, aunque siga siendo el más poderoso de la tierra, ya no es único poder, pero es nuestro vecino y principal socio económico.
La visión hemisférica de Obama, sin duda, representa un cambio sustantivo y una autocrítica sobre el manejo de las relaciones exteriores de su país. Hasta no hace muchas décadas, éstas, en el fondo, han sido producto del desconocimiento recíproco y una incomprensión mutua entre Latinoamericanos y estadounidenses. Los que viven del resentimiento histórico y machaconamente recuerdan agravios pasados, con esta actitud se cierran no solo al presente, sino también al futuro que necesariamente debemos compartir con todos los países del continente, sin excepción. 
El mexicano Enrique Krauze lo ha subrayado muy bien para el caso EEUU-México, observación que puede ser trasladada a toda América: “conocernos antes que condenarnos”. No nos conocemos, nos ignoramos y hasta nos hemos despreciado mutuamente.
Porque no es verdad que los males de los latinoamericanos tengan como causa EEUU. Es una gran mentira que gustan repetir los demagogos de todo pelaje, para ganar adeptos en sus electorados. Como tampoco es verdad que algunos gobiernos de EEUU no hayan cometido significativos errores en su conducta internacional.
La Cumbre de las Américas dejó claro que EEUU comienza a recuperar gran parte del liderazgo perdido en los últimos tiempos. Aun está por verse si los próximos gobiernos en ese país continúan por esa senda. Esta Cumbre también mostró que los liderazgos obsoletos, mediocres y fracasados, como el del gobierno venezolano, están en franco declive.
Países grandes, medianos y pequeños del hemisferio formamos un bloque cuya potencialidad política y económica es enorme; de allí la necesidad del entendimiento respetuoso, la estrecha cooperación y una integración que a todos traiga beneficios.
Una sola es América en su diversidad. La historia, la política, la economía y los valores compartidos nos unen en un gran conglomerado. Todos somos americanos, sin duda.
Emilio Nouel V.

@ENouelV

martes, 7 de abril de 2015

LA CUMBRE DE LAS AMERICAS Y "EL ENEMIGO SAJÓN"


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Los medios internacionales y nacionales están cargados de análisis y conjeturas sobre lo que pudiera ocurrir en la próxima Cumbre de las Américas en Panamá. Todo pareciera apuntar a que la agenda oficial del encuentro (temas sustantivos para nuestros países) será puesta de lado, y la reseña final, con seguridad, se focalizará en los asuntos que el público de galería más espera: el eventual rifirrafe entre Obama y los albanos por causa del gobierno venezolano, o el apretón de manos entre aquel y Castro.
El suspense está en el ambiente. Que si Obama sólo se reunirá con los países centroamericanos y desdeñará a los suramericanos, que si los albanos y sus alcahuetes de Brasil y Argentina montaran un tinglado antiimperialista paralelo a la Cumbre, que Maduro se presentará con sus firmas, en su mayoría, coaccionadas o de dudosa veracidad, pidiendo la derogatoria del decreto de Obama contra violadores de los DDHH o que los gobiernos de EEUU y Venezuela enterrarán el hacha de la guerra gracias a gestiones mediadoras de terceros.
Pronósticos hay para todos los gustos. 
Conociendo como conocemos a los desalmados que gobiernan a Venezuela, no sería extraño que hicieran una de las suyas en esta ocasión, a pesar de los deseos del presidente panameño de que el evento ocurra sin episodios inconvenientes.
De los desaguisados y torpezas de los bolivarianos, a lo interno y en lo internacional, tenemos suficientes muestras. Es proverbial su “diplomacia” tosca de verduleros, solo comparable con la de los más incivilizados países. No se equivocaba un alto funcionario cubano, cuando hace algunos años en una reunión internacional nos decía, con gesto despectivo, que a Chávez ellos lo veían como a los dictadores africanos con quienes ellos habían tenido relaciones.
Las respuestas de los jerarcas chavistas encargados de las relaciones internacionales frente a las críticas y cuestionamientos externos corroboran ese proceder impropio.
Para los cubanos, sin embargo, la Cumbre es muy importante, al menos en términos simbólicos. Imagino que habrán pedido a los chavistas que no le agüen  la fiesta, que no perjudiquen sus planes con el demoníaco Imperio.
La mayoría de los observadores salivan esperando un eventual tête-à-tête entre Obama y Castro, como consecuencia del actual proceso de acercamiento entre sus países. Sin embargo, el absurdo antiamericanismo, tanto el abierto como el soterrado, tendrá un escenario, una vez más, para su proyección.
No veremos a los presidentes tocar ni con el pétalo de una rosa a los gobernantes que están desmantelando la democracia, violando los derechos humanos y robando a saco los dineros públicos en sus países.
¿La señora Rousseff dirá algo al respecto? ¿Peña Nieto quebrará una lanza sobre alguno de esos temas? ¿Tabaré Vazquez repudiará la persecución política contra la oposición en Venezuela? ¿Santos pedirá la aplicación de la cláusula democrática de la OEA? ¿Kirchner exigirá mano dura contra la corrupción sin fronteras?
Me temo que nos quedaremos sin respuestas a tan cruciales asuntos.
Mientras tanto, no faltará el sainete. Veremos al líder de América Latina,  Maduro, dirigir el coro. Los presidentes cómplices que le han comprado su fantasiosa patraña de que Venezuela será invadida de un momento a otro por los marines, todos envueltos en sus banderas nacionales, y evocando a Bolívar, Tiradentes y Martí, con voz grave y en éxtasis delirante, declamarán aquellos versos del colombiano Torres Caicedo: “La raza de la América latina / al frente tiene la sajona raza / enemiga mortal que ya amenaza /su libertad destruir y su pendón”.
Con los pechos henchidos saltarán de emoción los presidentes latinoamericanos y caribeños, ayunos de un liderazgo serio y responsable en la región, rodearán a quien hoy los representa, para acompañarlo en la nueva batalla contra al demonio imperial.
A los pocos días, nadie recordará el encuentro hemisférico. Será otra Cumbre fallida, una pérdida de tiempo y dinero, un descrédito más que se suma a la contabilidad de la supuesta “Patria Grande”.

EMILIO NOUEL V.
@ENouelV
emilio.nouel@gmail.com