miércoles, 8 de abril de 2020


LA FRAGILIDAD ESENCIAL DE LAS DEMOCRACIAS Y EL COVID-19  




“….a las democracias les resulta más difícil tomar decisiones realmente difíciles”

David Runciman



En estos días fatídicos de pandemia mundial, hay una profusión de opiniones en paralelo de personalidades y analistas, sobre el rol que deben cumplir los gobiernos frente a la grave emergencia que se vive y sus repercusiones en el tejido democrático y la economía.

Ciertamente, ante el gran potencial de expansión global que ha mostrado el covid-19 y el descuido e indolencia que los ciudadanos en general y algunos gobernantes han tenido cara a los riesgos que se corren,  se ha hecho necesaria la adopción no solo disposiciones de carácter económico-financiero excepcionales, sino también medidas  duras restrictivas, limitadoras de las libertades públicas, que en tiempos “normales” pudieran verse como atentados contra las libertades.

Obviamente, los ordenamientos jurídicos contemplan salvedades para este tipo de situaciones delicadas de seguridad colectiva. Sin embargo, siempre pueden darse excesos, y en algunos casos, gobiernos autoritarios pueden aprovecharlas para incrementar su represión sobre los opositores;  de allí que se hable de que las circunstancias actuales pudieran conllevar un quebrantamiento o detrimento descomedido de la democracia. 

En los días que corren, hemos podido leer expresiones variopintas para referirse al asunto.

En un artículo interesante en The Guardian, David Runciman, profesor de la Universidad de Cambridge, habla de que el covid19 no ha suspendido la política, sino que ha revelado la naturaleza del poder, y se pregunta “¿Cómo ejercerán los gobiernos los poderes extraordinarios que les damos? Y ¿Cómo responderemos cuando lo hagan? Y de seguidas afirma, realista, que no se puede eliminar el elemento de arbitrariedad en toda política.

Otros nos recuerdan la frase “democracia vigilada” de Putin, y Ana Palacio, ex ministra de Relaciones Exteriores de España, se pregunta si la democracia liberal sobrevivirá al covid-19.

Y en lo económico, el Financial Times, en su editorial del 3/4/2020, dice: “Los gobiernos deben aceptar un rol más activo en la economía. Deben ver los servicios públicos como una inversión y no como un lastre”.   

Por su parte, el expresidente español, Felipe González, viene de escribir un notable artículo al respecto (“El interés general y el papel del Estado”, El País), en el cual nos dice que “es importante reflexionar sobre dos elementos esenciales de la democracia: la defensa del interés general y la dimensión política qu existe en toda crisis”. Subraya la necesidad del diálogo entre los actores sociales, sin pretender sustituir a éstos (“la tentación estatalizadora”), lo que conduciría al fracaso, sino tomando decisiones con todos los medios públicos y privados, que permitan sortear la crisis sanitaria, evitando el mayor daño posible.  

En el ámbito político de las relaciones internacionales, Henry Kissinger, hombre destacado no solo en la academia, sino también en la experiencia práctica al frente del Departamento de Estado de EE.UU y por muchos años asesor de mandatarios y grandes empresas, ha opinado también sobre el tema.

Ha subrayado la idea de que en un país dividido como es hoy EE.UU, se impone la necesidad de “un gobierno eficiente y con visión de futuro”. Agrega que debe mantenerse la confianza en las instituciones públicas con vistas a la solidaridad social, y además para la preservación de la paz y la seguridad internacionales.

Advierte Kissinger que si bien la pandemia actual será temporal, la perturbación política y económica desatada podría extenderse por generaciones. Para él, ningún país, ni siquiera Estados Unidos puede superar la crisis solo. Es necesario una visión y un programa de colaboración global y enfatiza el hecho de que el orden liberal mundial debe ser salvaguardado y los valores de la Ilustración defendidos. Y finaliza diciendo que “un retroceso global del equilibrio entre el poder y la legitimidad hará que el contrato social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional”.

En nuestro país, Venezuela, se han tomado medidas también para impedir la propagación del virus. La grave y crítica situación política y social venezolana es harto conocida. El estado desastroso de nuestros servicios sanitarios, entre otros servicios y carencias, ha hecho pensar que a la calamidad que hemos vivido estos años, ahora se sumaría una catástrofe mayor de incalculables e indeseables consecuencias.

La preocupación por el deterioro de la democracia que vemos en los países democráticos frente a la pandemia, en Venezuela no está presente. Simplemente, porque no existe democracia, ni siquiera hay lo que algunos descaminados en nuestro país han denominado “déficit democrático”, copiando así un concepto que corresponde a la realidad europea de cara a los poderes de la Unión. 

En nuestra atroz realidad, la tiranía, en los días que corren, ha seguido cometiendo violaciones a los derechos humanos, persiguiendo a la oposición democrática, médicos y periodistas. Se llega a hablar hasta de “los presos del coronavirus” en Venezuela.

De modo pues, que cuando vemos que los gobiernos democráticos del mundo, disponiendo de muchos recursos, se han visto sobrepasados por los acontecimientos, y  han asumido un papel más activo en el combate de la pandemia, es dable dudar de la idoneidad de un Estado fracasado y arruinado para afrontar la emergencia, como el venezolano.

Los regímenes políticos con libertades plenas no pueden dejar de tomar medidas difíciles ante calamidades como la pandemia. Lo importante es que pasada esta enorme desgracia, los valores democráticos y las libertades se preserven, y se asuma que el orden planetario va a cambiar en lo sucesivo, como dice el viejo sabio Kissinger. 




miércoles, 25 de marzo de 2020

               ESTADOS FALLIDOS-FORAJIDOS, PANDEMIA Y VENEZUELA






Con la peste mortífera que le ha caído al mundo, sobre el que se comienza a decir que cambiará en lo sucesivo, aunque sin  dejar de ser interdependiente y poroso estructuralmente, de nuevo se hace patente el asunto de los Estados cuya ejecutoria general es desastrosa en términos institucionales y de cumplimiento de sus funciones y servicios básicos de seguridad, educación, agua, electricidad y salud.

Cuando una administración estatal ha perdido toda o gran parte de la capacidad de proveer los bienes y servicios públicos que le corresponden y además no tiene o han desaparecido las instituciones administrativas  necesarias para ejecutar políticas, y controlar y supervisar los aspectos centrales de la vida de los ciudadanos que están bajo su responsabilidad, estamos en presencia de lo que llaman “Estados fallidos”, “Estados frágiles”, entre otras denominaciones.

¿Cómo estos Estados disminuidos en sus facultades, debilitados o casi inexistentes pueden entonces enfrentar una pandemia como la que hoy agobia al mundo?

¿Pueden garantizar el mínimo requerido para atender satisfactoriamente a los miles de enfermos contagiados que puedan necesitar asistencia y cura? ¿Pueden parar el contagio? ¿Tienen las herramientas adecuadas y en la cantidad que exigen las circunstancias?

Los venezolanos, en particular, nos hacemos esos interrogantes, sobre todo, cuando vemos países desarrollados, que suponemos bien dotados desde cualquier punto de vista, pasándola mal y hasta sobrepasados por los acontecimientos.

Para nadie es un secreto que la situación calamitosa que sufrimos es la consecuencia directa de una combinación letal de ignorancia, incompetencia, corrupción y una ideología demencial de un grupo político que asaltó a Miraflores.

Unas políticas populistas desquiciadas de despilfarro, desidia y peculado, poco a poco destruyeron la economía pública y privada, demolieron la estructura institucional y generaron un estado de anomia social, nunca antes visto en nuestro país.

Parte de nuestro territorio es “gobernado” por grupos delincuenciales que actúan bajo protección o con la mirada tolerante de sectores políticos que forman parte del entramado de la tiranía. Estamos rozando los límites de un Estado fallido, si es que ya no estamos en esa situación, y otros lo llaman mafioso, y  pare usted de contar.  

El 83% de hogares no tiene servicio eléctrico estable; 71% carece de agua potable, el 65% del transporte público está paralizado por falta de combustible y repuestos, entre otras penurias. Los hospitales, en su gran mayoría, están sin agua, electricidad, medicinas y equipos

Después de tal desmadre, nos hemos quedado sin fondos para atender no solo las necesidades normales de un Estado, sino también las emergencias, y ahora sale la dictadura a mendigar dinero ante entes internacionales que consideraron siempre sus enemigos jurados.

Arguyen que por culpa de las sanciones internacionales contra la camarilla dictatorial, no pueden adquirir medicinas y alimentos, cuando está suficientemente claro que estas compras están excluidas de tales medidas; de hecho, y para muestra un botón, están intercambiando petróleo con una empresa mexicana (Libre a Bordo) que provee de alimentos.   

En ese enfoque sobre las sanciones acompañan al régimen los colaboracionistas, cuyo cinismo y abyección nos dejan pasmados.

Si quieren fondos ¿por qué no cobran al gobierno de Cuba los 25.000 millones de dólares que nos deben por concepto de petróleo? 

¿Por qué los chinos, tan solidarios que son, no les prestan ese millardito que ahora piden de nuevo al FMI, después del rechazo de la solicitud de los 5.000? Para ellos, es una bagatela.

Ciertamente, habida cuenta de la pandemia, nuestro país, lamentablemente, precisa de fondos para hacer frente a un grave trance. Pudieron tenerlos pero los despilfarraron y robaron quienes hoy nos oprimen.

Esta calamidad, dicen los entendidos, requiere, además, una eficaz coordinación en los gobiernos y cooperación y confianza de los ciudadanos.

¿Las tenemos en Venezuela?  

¿Qué hacer entonces ante la precariedad y abandono actual de nuestro sistema de salud? ¿Cómo salvaguardar a los venezolanos de la peste que somete al mundo entero?

El presidente Juan Guaidó ha expuesto unas ideas al respecto. Reconoce la necesidad de un financiamiento para la emergencia.  Pero el eventual ingreso de dinero para la emergencia debe ser estrictamente vigilado, controlado, para que se invierta debidamente y de manera transparente.

El gobierno usurpador de Venezuela está desacreditado hoy en las instituciones financieras del mundo, endeudado y llevado a juicio por su locura expropiadora. Él es el causante de nuestra precariedad y desgracia. La violación amplia de los DDHH también coloca en el mundo a Venezuela como un Estado forajido. Los atentados a la democracia venezolana hoy no llegaron con el coronavirus, ya estaban instalados aquí.

De allí que solo un arreglo político, con el consentimiento y vigilancia de actores internacionales, podría abrir la posibilidad de obtener ese dinero, todo a sabiendas de que otros países también andan en ese mismo apuro.

¿Una junta administradora de ese dinero conformada por la Asamblea Nacional y los ocupantes de Miraflores? ¿Un gobierno de transición? ¿Será posible?

Por lo pronto, deberían dejar entrar la ayuda humanitaria que está disponible. Si el gobierno la sigue obstruyendo, demorando, será también culpable del agravamiento de la situación.

Teniendo claro quién es quién en esta tragedia, y sin establecer equidistancias tramposas, que pretenden hacer olvidar las responsabilidades directas en nuestro desastre, se podría avanzar en un acuerdo que encare la grave coyuntura y quién sabe si también, con  suerte, se encarrile una salida definitiva de nuestro drama político y social.






viernes, 20 de marzo de 2020


LA INSÓLITA SOLICITUD DE PRÉSTAMO AL FMI




Emilio Nouel V. 


“La influencia nefasta de los organismos internacionales”

Hugo Chávez



"Quien le entregue a nuestro país al FMI será un gran traidor

y el pueblo tendría derecho a irse a las calles"

 N. Maduro



Muchos venezolanos se vieron sorprendidos y no daban crédito a la información. Se creía que era otra de las fake news que nos lanzan a diario desde las redes sociales.

Pero era rigurosamente cierta. La carta enviada por el usurpador al Fondo Monetario Internacional y divulgada por Jorge Arreaza en twitter, disipaba cualquier duda que haya podido tenerse.

Efectivamente, la tiranía chavista estaba “pidiendo cacao”, como decimos coloquialmente en Venezuela cuando una persona, inerme, está suplicando que lo ayuden ante un infortunio que lo supera.

Se estaba recurriendo, nada menos y nada más, que al demoníaco FMI, el monstruoso brazo financiero del imperialismo capitalista yanqui, como acostumbran llamarlo los mismos chavistas. Es decir, estábamos viendo a Maduro mendigando 5.000 millones de dólares, dizque para atender la emergencia del coronavirus.  Y admitiendo que estaba con la bolsa vacía.

Frente a un hecho como este no se puede sino aludir a la postura que el chavismo ha tenido de manera reiterada frente a las instituciones internacionales, y en particular, la de marras.

Y esto, a pesar de que algunos analistas por allí, colocándose au-dessus de la melée, casi que justificando, daban a entender que frente a adversidades o situaciones extraordinarias, resulta lícito y/o comprensible en los políticos, pragmáticos como son, que se contradigan y/o se olviden de opiniones proferidas alguna vez que pudieran no convenir a sus intereses en un momento dado.     

Recordaban a Carlos Andrés Pérez quien señaló que las políticas del FMI tenían efectos de “una bomba mata gente”, lo cual, obviamente, da pie a la comparación. Lo que no dijeron es que CAP fue un demócrata que nunca puso mal al país ante las organizaciones internacionales y que las respetó como gobernante, aun siendo crítico.    

En cualquier caso, imagino que aceptarán esos analistas políticos de hoy, que es también lícito subrayar las incongruencias de la tiranía, y que de ningún modo se puede cohonestar o justificar éstas por el solo hecho de que así actúan los políticos, obviando que estamos en tal situación precaria por obra y gracia de un gobierno autoritario, incompetente, despilfarrador y corrupto, que ha arruinado al país, al punto de que no tenemos fondos para las urgencias ni donde recurrir para comprar medicinas y alimentos, y que para mayor inri, se enemistó con organismos como el FMI.

Ahora sale a mendigar ante este ente, después de denigrar de él y de haber cortado relaciones con él por más de tres lustros.

Muchos comentaristas del asunto se prodigaron en traer a colación la normativa y las políticas del FMI relativas a los préstamos rápidos, con el propósito de determinar si Venezuela calificaba o no para ello, soslayando el “detallito” de que las autoridades de esa institución, sus países miembros, en fin, los que tienen la sartén por el mango allí, en particular, su principal socio, EEUU, no reconocen a Maduro como presidente de Venezuela. Una minucia, pues.

Si se hubiera partido de ese enfoque, no era difícil concluir de arrancada, algo que estaba cantado: el rechazo de una solicitud tan estrambótica como inviable; inadecuada, además, en contenido y en forma.

Otros pensaron que la solicitud en cuestión pudo abrir un camino a una negociación que condujera a un cambio de gobierno, a una transición política en Venezuela, habida cuenta de la situación financiera desesperada que ella evidencia. Se podía entonces someter al gobierno usurpador a la Asamblea Nacional, único representante legítimo y democrático del pueblo venezolano.

No era, a mi juicio, mala idea, aunque muchas dudas cabían. ¿Por qué Maduro, que dice que iría hasta el infierno por ayudar a Venezuela, no se reúne con Guaidó, y mientras negocian un gobierno de transición, se acuerdan paralelamente sobre el asunto financiero de urgencia, obviamente bajo la supervisión y control internacional?

Chávez, Maduro, Cabello y otros chavistas no han perdido oportunidad para atacar al FMI, frente al cual ahora se arrodillan suplicando ayuda. Como dice el dicho popular: tanto nadar para morir en la orilla.

Resulta, por otro lado, extraño, que no soliciten ese dinero a sus amigos chinos o rusos, a los cuales señalan como solidarios con su revolución. ¿Por qué no le pidieron a los chinos los 5000 millones de dólares, si tan amigos son? Ellos los tienen y de sobra.

De modo pues, que estamos viendo una incongruencia ideológica más del chavismo, empujada por la desesperada situación en la que está, que ojalá abra un camino de salida de una vez por todas de la calamidad que vivimos.



  





    




viernes, 13 de marzo de 2020

JOE BIDEN, CON LA NOMINACIÓN DEMÓCRATA EN LA MANO


Para los países del hemisferio la campaña electoral de EE.UU es un evento político frente al cual no se puede permanecer indiferente.
EE. UU es la potencia más grande del continente y del mundo, aunque no tenga el poder de otros tiempos. Lo que allí suceda repercutirá tarde o temprano, de una u otra manera, en las relaciones políticas y económicas con sus vecinos más próximos. La política exterior que defina el gobierno norteamericano, cualquiera que sea su orientación, nos debería, entonces, interesar.   
Así, pues, las vicisitudes que está viviendo el Partido Demócrata es un tema relevante para cualquier observador. E importa también esa organización porque representa hoy el contrapeso que en la gran democracia estadounidense tiene el gobierno de Donald Trump.
La contienda en el seno de los demócratas para elegir a quien enfrentará a Trump en las elecciones de Noviembre próximo, ha contado en esta ocasión con varios candidatos de pensamiento contrastante muy marcado. Han competido figuras que han manifestado abiertamente ser de inclinación socialista, anticapitalista. Entre estos, Elizabeth Warren y Bernie Sanders, que pueden ubicarse ideológicamente en el ámbito de la izquierda. El último  es el que ha podido mantenerse en la contienda, atrayendo jóvenes y votantes de origen latinoamericano, a pesar de que los últimos resultados parecieran apuntar a que no será el abanderado
Se llegó a pensar que arrollaría a los demás candidatos, visto el respaldo importante que ha logrado en los sectores mencionados. Se creyó que el candidato moderado Joe Biden, habiendo perdido en las primeras de cambio en algunos Estados, sería derrotado inexorablemente por el señor Sanders.
Sin embargo, realizadas las votaciones, en primer lugar, del llamado “super martes”, hemos visto cómo Biden se levanta desde el fondo en que lo colocaban los analistas, y derrota en 9 estados de 14 el hasta ese momento favorito, según la opinión pública.
Luego ocurrieron las elecciones en los estados Missisipi, Misouri, Idaho y el mas importante de este grupo, Michigan, ganando Sanders solo Dakota del Norte.
Quedan aun estados muy relevantes. Los industriales Illinois y Ohio, y el muy numeroso en delegados, Florida.
Al declarar Sanders que «aunque nuestra campaña ha ganado el debate ideológico, estamos perdiendo el debate de la elegibilidad», pareciera ya que avizora una derrota. Sus posiciones respecto del régimen castrista cubano le han enajenado el voto entre moderados demócratas que lo vieron inicialmente con simpatía y también entre los de origen latinoamericano.   
Se podría decir que Biden tiene casi ya asegurada la nominación de su partido, su apoyo entre los sectores working class y afroamericanos parece asentarse con fuerza.
Le espera una campaña dura frente a un Trump favorito, a quien lo avala una ejecutoria económica positiva.
Por otro lado, en el caso de los venezolanos y su particular y compleja circunstancia, tales acontecimientos políticos estadounidenses conciernen sobremanera. La conducta que asuman los gobernantes del Norte respecto de nuestra crisis es, definitivamente, un aspecto crucial a tomar en cuenta.
Ya sabemos que hay una aproximación de republicanos y demócratas compartida respecto de nuestro drama nacional.
Trump ha sostenido una postura frente a la tiranía venezolana muy firme. Ha sido consecuente con los sectores democráticos venezolanos que luchan por salir de la crisis política y política que nos agobia.
Ya veremos que nos trae la contienda electoral de finales para los venezolanos.






viernes, 21 de febrero de 2020

LAS SANCIONES SE PROFUNDIZARAN SI LA TIRANÍA NO SE AVIENE A UNA NEGOCIACIÓN 


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De nuevo se impone comentar las sanciones que han sido acordadas por autoridades de otros países contra los jerarcas chavistas y las empresas estatales que manejan a su antojo y sin ningún control, destruidas o quebradas en ejecución de una ideología mortífera, a la que se suma la ignorancia, la incompetencia profesional y una corrupción nunca vista de los funcionarios que han puesto al frente de ellas.

En esta oportunidad se trata de una sanción de EE.UU a la empresa rusa Rosneft que comercializa el petróleo venezolano de PDVSA. Como se conoce, a través de los rusos, la firma venezolana ha venido evadiendo las sanciones norteamericanas.

Opinar sobre este asunto nos obliga a referirnos a ciertas opiniones vertidas en los medios no solo por los voceros de la tiranía, que, por supuesto, las rechazan, sino también por quienes, presentándose como opositores al régimen, se hacen eco de ellas al pie de la letra. 

Lo primero que debe recordarse aquí, porque algunos lo encubren interesadamente, es el hecho de que las sanciones contra personeros del gobierno venezolano comenzaron en el año 2017.

Principalmente, fueron EEUU y la Unión Europea los primeros actores internacionales que las pusieron en práctica.

Las restricciones que traían consigo no son por causa de índole comercial o financiero, de allí que la regulación internacional sobre estas materias no tenga pertinencia o aplicación, como ciertas opiniones equivocadamente lo han señalado. Sus motivaciones y naturaleza están vinculadas más bien a circunstancias muy concretas relativas a violaciones de normas internacionales sobre derechos humanos, delitos en general y corrupción.

El régimen chavista y un grupo de cómplices que se dicen opositores a él, han pretendido que compremos el discurso que afirma que las penurias que pasa el pueblo se deben a tales penalizaciones.  De modo que el enorme desastre económico de Venezuela, las expropiaciones, controles de precios y cambio, despilfarro, malversación del patrimonio público, la corrupción administrativa, destrucción de las empresas del Estado, el descalabro de los servicios públicos, el hambre, el desabastecimiento que padece el país, la crisis eléctrica y la ruina de las empresas del Estado, según aquellos, es producto de tales sanciones.

Nada más alejado de la realidad. ¡A otro perro con ese hueso!, diría el ciudadano de a pie medianamente informado.

Porque cualquiera que superficialmente se tome la molestia de averiguar sobre el tema, muy rápido descubrirá que las causas y primeros efectos de la terrible situación social que vivimos los venezolanos, los arrastramos desde antes del año 2017, y que no fueron generados por las sanciones, las cuales, además, apuntaron inicialmente a funcionarios gubernamentales sindicados de delitos de lesa humanidad, de latrocinio o de vínculos con el negocio del narcotráfico o el terrorismo.

Las sanciones norteamericanas no tienen nada que ver con el libre comercio o la libre empresa, como algunos descaminados y otros cínicos han querido hacer ver, al querer enrostrar a EE.UU una supuesta incongruencia con los principios sobre libre mercado que siempre ha defendido. 

Las sanciones, por otra parte, excluyen las importaciones de bienes esenciales como los alimentos y medicinas, las cuales pueden ser comerciadas sin ninguna limitación.

Por su parte, las europeas tienen como motivación el hecho de que el régimen se opone a realizar elecciones libres en Venezuela.

Este tipo de medidas, cuando están impulsadas por razones de otra índole, como las que persiguen dominar o sojuzgar un pueblo determinado, amenazando sus derechos o poderes soberanos, irían, sin duda, contra el Derecho internacional.

Pero si se trata de sanciones que apuntan a ayudar a un pueblo sometido por una tiranía, como es el caso venezolano, y sobre el que las NN.UU, su Alto Comisionado para los DDHH, han señalado en sus informes todo tipo de delitos de lesa humanidad cometidos,  aquellas tienen una sólida justificación jurídica, moral y política.

Que la aplicación de esas medidas al régimen sirva también a otro tipo de intereses geopolíticos de quienes sancionan, no es de extrañar.  En el mundo que vivimos no podemos sustraernos a esas realidades que también se cruzan en el camino e inciden.

Las sanciones sobre la tiranía chavista son un medio de presión para que se pueda encaminar una solución negociada a la crisis venezolana. El objetivo es ése. A mi juicio, esa presión es apropiada y se justifica ampliamente, a pesar de los efectos indeseables que pueda comportar eventualmente más allá del gobierno usurpador. Es la vía idónea para resolver nuestro gravísimo problema que trasciende nuestras fronteras, se proyecta al hemisferio americano todo y exige una salida pacífica  perentoria.

La comunidad internacional y algunos países individualmente están resueltos a dar un finiquito a una situación que con los días se agrava más. El Grupo de Lima, crecido en número en las últimas semanas,  se ha pronunciado a favor de unas elecciones presidenciales como único medio para superar la crisis.

Si los tiranos de Miraflores no acceden a avenirse a un arreglo que evite males mayores para el país y para ellos mismos, las sanciones se profundizarán, y no queremos siquiera mencionar el infierno en el que podríamos hundirnos. Las calamidades que ya experimentamos, palidecerían ante lo que podría venir si no terminamos de ponernos de acuerdo en un desenlace consensuado.    


 

viernes, 7 de febrero de 2020

        LA GIRA HISTÓRICA DE GUAIDÓ Y LA ESPERANZA 

              
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Qué podemos decir que ya no se ha dicho del extraordinario itinerario internacional seguido por Juan Guaidó en los días que corren
El gran logro de la gira es una evidencia incontrovertible. Todas las circunstancias que la rodean o envuelven son excepcionales, inusitadas. Para las fuerzas democráticas venezolanas que pugnan por salir de la tiranía es un  hecho de un valor político y simbólico asombroso que podría convertirse en un impulso definitorio de la crisis. Sin duda, el recorrido realizado y la acogida a tan altos niveles marcan un hito decisivo.
Sin embargo, lamentablemente, las aves agoreras, siempre minoritarias pero con poder mediático, no cesan ni cesarán en su tarea política suicida.
Envidiosos y mezquinos, unos, defensores de intereses inconfesables, otros, forman una comparsa patética que desde hace un tiempo a esta parte ha tratado sin éxito de empequeñecer el liderazgo de Juan Guaidó, su ejecutoria política valiente y altamente riesgosa, en un entorno complejo en el que debe acometer un combate desigual. Y, claro, no me refiero solo a los usurpadores de Miraflores que tienen como objetivo obvio abatirlo.
En su impaciencia, algunos sectores que se dicen de oposición al régimen, pretenden “quemarlo” también, como han hecho de manera absurda con otros líderes que le antecedieron en estos aciagos años de lucha agónica.
Guaidó, a pesar de los pesares, ha logrado superar algunos escollos, y haciendo política, sí, haciendo política, ha ido avanzando, con errores y aciertos, como es lógico en éste difícil combate contra un enemigo perverso y sin escrúpulos, que maneja los recursos financieros del Estado venezolano a su antojo con vista a mantenerse en el poder.
Ciertamente, aún resta llegar a la meta anhelada por la mayoría de los venezolanos agobiados por el desastre económico y social. El BCV admite que solo en 2019 hubo una inflación de más de  9500 %  !!!!!!.  Esto clama al cielo. De allí que salir de esta calamidad exija de todos los venezolanos, no solo de Guaidó y los partidos políticos democráticos, un compromiso firme de lucha, con entereza, realismo, y como han dicho por ahí, con paciencia estratégica.
La buena noticia de la gira exitosa de Guaidó debe servirnos de acicate para ponernos en acción en torno a su liderazgo. Es el que se lo ha ganado, más allá de críticas que podamos formularle.
La gira realizada es, sin duda, trascendental e histórica, nunca vista. Y no estamos exagerando. No recuerdo que un presidente venezolano o de otro país de nuestro hemisferio, y más allá, haya sido recibido por la elite política y económica mundial como ha ocurrido con Guaidó, reconociéndolo y apoyándolo.
El respaldo de la Comunidad internacional democrática es un gran activo para seguir la lucha por conseguir la libertad. Aprovechemos esa fuerza inmensa y conjuguémosla con la nacional. Esa es la garantía de triunfo sobre la tiranía. Hay grandes razones para la esperanza.



viernes, 10 de enero de 2020


COMPLICIDAD Y CINISMO




Emilio Nouel V.

En los días que corren hemos leído con asombro y mucho estupor que se piensa recurrir o ya se recurrió ante el Tribunal Supremo de Justicia para que éste determine el problema suscitado con la elección de la nueva directiva de la Asamblea Nacional.

Se estaría demandando que esa instancia decida quién tendría la razón en todo este embrollo.

Lo primero que a uno se le viene a la mente es la pregunta sobre las motivaciones y objetivos que persiguen los que acometen tan extraña acción judicial.

Me refiero a las razones de fondo, sobre todo, cuando de personajes políticos con cierta exposición mediática se trata. Toda vez que no me como el cuento, especialmente viniendo de un político, de que “como ciudadano” tenga interés en esclarecer unos hechos que por lo demás quedaron suficientemente evidenciados y documentados para todos los venezolanos y la mayoría de los gobiernos democráticos del hemisferio y más allá. 

Que un ciudadano de a pie, poco informado y sin acceso adecuado a los medios, intente un recurso judicial de tal naturaleza, lo podemos comprender y atribuir a una posición sincera, a un interés legítimo de saber la verdad, movido por la buena fe, que a veces puede ser ingenua, pero que, en definitiva, es un ejercicio de un derecho.

Pero cuando es un político informado y con posiciones públicas asumidas el que lo hace, ya nuestra apreciación no puede ser la misma. Y como no nos chupamos el dedo, lo primero que hacemos es recelar, conjeturar y poner el olfato a funcionar.

Porque ¿en qué cabeza cuerda de venezolano de hoy puede caber que el TSJ, arma de comprobada sumisión a la tiranía chavista, va a decidir algo que la perjudique o contraríe? ¿Acaso no está más que sabido y probado que el TSJ ha atropellado el derecho a diestra y siniestra sin ningún pudor? ¿Que su entrega a la voluntad del tirano es un hecho incontrovertible?

¿Se desconoce acaso que el TSJ no ha sentenciado una sola vez en contra del poder chavista durante estos últimos años, en ninguna de las materias que han sido sometidas a su consideración, incluso más allá de los asuntos políticos?

¿Se cree que el TSJ va a decidir reconociendo la realidad de los hechos del día 5 de Enero, tal y como sucedieron? Si Maduro se pronunció a favor de los corruptos y traidores que montaron su tinglado en esa fecha, impidiendo la entrada de la mayoría de los parlamentarios democráticos ¿es dable racionalmente pensar que ese tribunal fallará ajustado a las evidencias y la Ley?

En Venezuela, el Estado de Derecho ha sido pisoteado no solo por Miraflores, también por el TSJ, la Fiscalía General, la Contraloría General, el CNE y los organismos de seguridad. Pretender que alguno de ellos, a estas alturas del partido, se pronuncien contrariando el poder es ingenuidad o ignorancia, si se trata de un ciudadano de a pie.

Pero cuando es un político con cierto recorrido y bien informado el que impulsa una iniciativa como la que nos ocupa, debemos comenzar por sospechar un interés político inconfesable, porque no nos queda la menor duda de que en el presente caso el personaje de marras sabe a ciencia cierta lo que verdaderamente aconteció el día 5 de Enero. Sabe quién tiene la mayoría en el parlamento, y al manifestar una supuesta confusión, está delatando que anda en una operación política muy concreta para golpear a una mayoría que se empecina en no aceptar, a la vez que lleva agua al molino del chavismo. 

¿Cómo no pensar entonces, con bastante fundamento, en que hay complicidad y cinismo en tal conducta?

Y es lo mismo que hemos observado estos días cuando un político más que amortizado, que solo infunde lástima porque ha caído en lo más bajo, tiene el tupé de declarar de manera descarada que Juan Guaidó no tenía los votos para ser reelecto. ¿Están este personaje y el de la acción judicial jugando en comandita?

¿Qué buscan con tratar de perjudicar a la mayoría parlamentaria y a Juan Guaidó, cuestionando la directiva electa legítimamente en la Asamblea Nacional?

La tiranía chavista ha logrado con su poder corruptor comprar voluntades por mucho tiempo. En esta oportunidad del 5 de Enero, echando mano del mismo expediente, se intentó de nuevo desconocer a la representación legítima del pueblo venezolano asaltando el parlamento con la fuerza militar para imponer una directiva fraudulenta y sobornada.

Fracasaron los tiranos porque los venezolanos repudiaron esa acción y ni siquiera los reconocen las democracias del mundo.

 Pretender que sea un tribunal sometido al poder el que dilucide una situación a todas luces clara, no puede ser más que un  ejercicio de cinismo y complicidad.