viernes, 5 de febrero de 2021

 EL MITO DE LA UNIDAD OPOSITORA

EN VENEZUELA

 

En el complejo escenario político que vive Venezuela, son unos cuantos los puntos en intenso debate.

Por los medios oímos voces aquí y allá que cuestionan que no se hable de política, de estrategias y de que solo haya silencio en la dirigencia de los partidos políticos.

Lo cierto es que posiciones contrapuestas y no coincidentes, a la chita callando, abundan entre los sectores democráticos acerca de cómo salir del atolladero dramático en que nos encontramos. Unos hablan de “volver al voto”, como si el pueblo venezolano “se hubiera ido” del voto, y no haya sido la tiranía la que lo vació de contenido, lo esterilizó y convirtió en ineficaz para el cambio político. Otros plantean acuerdos nacionales tan genéricos como fantasiosos, y los de más allá, una negociación que sea cierta, con los usurpadores. No faltan lo que plantean postergar lo político y concentrarse en los males que sufre la población y en la recuperación económica, así sea bajo las condiciones impuestas por la tiranía.   

Así, soterradamente, entre amigos, en las ONGs, por las redes sociales y en la prensa libre que sobrevive, se opina, discute, se redactan documentos y se lanzan comunicados sobre cómo salir del desastre creado por 22 años de autoritarismo, incompetencia, corrupción y de una ideología demencial.

A diario recibimos invitaciones para reuniones a distancia para conversar sobre el qué hacer. Analistas, políticos, empresarios y dirigentes activos de la sociedad civil, intercambian ideas, formulan críticas y hacen propuestas.

Además del sempiterno asunto de la necesidad de la definición de una estrategia, no deja de relucir el tema de la unidad entre los que se oponen a la tiranía chavo-madurista, como problema fundamental o principal, sin la cual, según mucho opinadores, cualquier estrategia que se adopte no tendría éxito.

Este es, sin duda, un asunto sobre el que quizás haya que reflexionar, más allá del lugar común superficial, suerte de demiurgo, de que en la unión está la fuerza.

Y cabe preguntarse si es condición sine qua non la tan manoseada unidad para salir de la tiranía.

¿Es realmente ése el problema principal a resolver?

¿O será otro, más bien, el problema?

Y sí, visto lo visto, me temo que la cuestión primordial pareciera estar en otro lugar. 

No es un secreto que en la oposición democrática venezolana hay visiones encontradas y que hay liderazgos en pugna, lo cual no es tan negativo del todo. Por lo demás, es una circunstancia presente y normal en todo proceso político. Hay, por tanto, y debe reconocerse como dato incontrovertible, la desunión en puntos sustantivos.

Que nos une el deseo de sacar de una vez por todas, a los tiranos, de Miraflores, pues sí. Pero, obviamente, eso no parece que bastara.

De allí que para que haya la tan cacareada unidad, luce como paso previo una validación de un liderazgo o un líder, que señale el rumbo a seguir de manera clara y convincente, que establezca una fuerte conexión con las mayorías ansiosas de urgente cambio y concite un amplio respaldo.

Mientras los dirigentes políticos no sean percibidos en el país por su lucidez, honestidad, capacidad de persuasión, cercanía a los problemas más sentidos y también la valentía, unirse por unirse no servirá de nada. 

No puede ser la única razón de la unión la de que nos oponemos a la tiranía, o porque seguimos el manido dicho de que la fuerza está en la unidad. Ese frágil lazo no garantiza que el objetivo común se alcance. La tragedia nacional se prolongará sí es ésa unión artificial y no un liderazgo aceptado ampliamente, lo que consideramos como indispensable.

La unidad, siendo un asunto de importancia, no es el problema principal, ni determinante, en este rompecabezas en que se ha convertido la crisis venezolana. La unidad será la secuela, el subproducto, de un liderazgo que con una política, una estrategia y una organización, logre, sobre todo, el apoyo mayoritario del pueblo, y también el del conjunto de las fuerzas políticas, señalando el curso que debe seguirse en lo sucesivo. Un liderazgo indiscutible e inequívoco es igualmente determinante para que los apoyos internacionales se mantengan y amplíen.  

La unidad, claro que sí, pero ella vendrá por añadidura en torno a la propuesta que pongan en ejecución el líder y/o el liderazgo, validada en la práctica por la mayoría de los ciudadanos.  

 

viernes, 22 de enero de 2021

CARLOS RANGEL, CONCIENCIA VIVA

 

“¿Por qué la gran mayoría de los intelectuales latinoamericanos

 hicieron suya, sin reservas, en el siglo XX, la causa del marxismo

 y sus derivaciones tercermundistas? ¿Por qué han asumido como

posición de avanzada los dogmas de dicho pensamiento?

 

                          Plinio Apuleyo Mendoza

 

Años atrás, retomé la lectura de ese extraordinario y agudo pensador venezolano que fue Carlos Rangel, con ocasión de un ensayo que escribía sobre las relaciones comerciales hemisféricas.

Sin duda, era obligada consulta, particularmente, en el asunto de los vínculos de EE.UU con Latinoamérica, los desencuentros y animosidades entre ellos, los contrastes en los niveles de desarrollo y sus causas, entre otros temas.  

Evocaba lo que él decía acerca del exitoso recorrido de EEUU y lo que representaba como “escándalo humillante para la otra América”, la cual no daba al mundo, ni se daba a sí misma una explicación de su relativo fracaso; de allí que con el tiempo se comenzara a racionalizar y a atribuir su situación de rezago y carencias a aquel país convertido en gran potencia.

Su reflexión acerca de Latinoamérica es esclarecedora. Señalaba los mitos políticos y económicos que han distorsionado y desviado el análisis de las causas de los problemas de nuestras naciones. Las observaciones certeras de este intelectual sobre el antiamericanismo y el tercermundismo, dos creencias-ideologías que han contaminado la opinión y la ejecutoria de muchos políticos y gobernantes latinoamericanos, aún hoy no parecen ser comprendidas por nuestras élites. Esa visión equivocada fue desmontada admirablemente por Rangel, pero sigue siendo causa de la reincidencia en los mismos errores.

A Rangel lo había leído por allá lejos, recién egresado de las aulas universitarias, en su célebre texto Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario, que fue, como era de esperarse, blanco de ataque de la izquierda marxista de entonces. Más tarde leí su libro El Tercermundismo, en el que demuele toda esa faramalla retórica llena de mitos, mentiras y medias verdades, que, por cierto, Hanna Arendt, calificó de ideología.

Debo confesar que la real dimensión, el alcance de su visión, no la capté del todo entonces, aunque no se me escapaba la lucidez y la solidez de argumentos que mostraba.

En días pasados, la escritora Milagros Socorro publicó un oportuno artículo en el que recuerda los planteamientos premonitorios que formuló Rangel, lo cual me da pie para reiterar las ideas de éste respecto de cómo la visión tercermundista ha repercutido negativamente en nuestro comportamiento económico, y de la que los venezolanos tenemos amargas pruebas en los últimos 22 años.

El tercermundismo es un concepto acuñado por el economista francés Alfred Sauvy, que utilizó para designar al conjunto de los nuevos estados independientes, antiguas colonias europeas. Según él, a ese Tercer Mundo, “explotado y olvidado y despreciado” a semejanza del Tercer Estado de la Revolución francesa, no le prestaban atención ni el mundo capitalista, el primer mundo, ni el comunista, el segundo.

Por muchas décadas, la noción logró cautivar a intelectuales y hombres públicos, incluso, más allá del ámbito de la izquierda política. A sus propuestas básicas se engancharon un número significativo de políticos moderados en nuestro continente, y ellas tuvieron eco en las ideas sobre las relaciones internacionales.   

Sobre ese asunto, Rangel nos entregó una lúcida reflexión, en la que desmonta los fallos de una ideología, marxista en el fondo, que escamotea la verdad sobre las causas de los males que aquejan a los países en vías de desarrollo o emergentes. Así, los ideólogos del tercermundismo han pretendido convencernos de que el capitalismo sería la causa directa y fundamental de la situación de minusvalía política y económica de los países más pobres.

Dice Rangel que para el tercermundismo “los cargos contra el capitalismo y su influencia en el Tercer Mundo son, en síntesis, que la condición de los países pobres es hoy peor de lo que nunca antes había sido, y que ésa pérdida de una supuesta beatitud anterior es enteramente debida al rol de complementariedad que los países ´imperialistas´, es decir, los países capitalistas avanzados, han impuesto a los ´países proletarios´. En otras palabras, el mundo desarrollado es rico porque el mundo subdesarrollado es pobre, y viceversa”.

De este modo, el subdesarrollo de los países de la periferia capitalista se debe exclusivamente a relaciones de dominación-dependencia política y económica que ha ejercido el imperialismo,y no al papel de los factores internos de los países. En consecuencia, estos países, para poder crecer y desarrollarse, deberán romper los lazos de dominación-dependencia, y emprender la senda del socialismo revolucionario, como dirían algunos dependentistas.

En el prólogo del libro, Jean François Revel observa, certero, sobre el papel de la izquierda en la difusión mundial de esta ideología.  Señala que la izquierda en los países ricos “ha trasladado al Tercermundismo su imaginación ideológica y su sed de culpabilidad, fuentes de su deseo de omnipotencia eterna. Pero esa imaginación y esa sed, lo mismo que hasta hace poco la ilusión comunista, no se originan en ninguna preocupación por curar, en la práctica, la pobreza en el mundo.  El objetivo del tercermundismo es acusar, y si fuere posible, destruir las sociedades desarrolladas, no desarrollar las atrasadas. Un éxito específico contra el subdesarrollo implicaría una revisión dolorosa de lo esencial de la ideología tercermundista”.

Rangel estaba muy claro en este tema. Valientemente se enfrentó a la corriente predominante que no solo incluía a la izquierda política. Para algunos políticos, incluso hoy, sigue siendo un ideario inspirador.

El término tercermundismo se mantiene en la retórica política, a pesar de que las circunstancias que dieron lugar a la expresión desaparecieron en gran parte, despojándola de sentido. Los fundamentos que  explicaban la existencia de esta categoría de países han sido refutados por los hechos.

Tal visión quedó para los discursos de los populistas y demagogos de todo pelaje. Con ella, en lugar de ayudar a los países en desarrollo a superar sus problemas, los han hundido más en la pobreza; verbigracia, Eduardo Galeano con su libro Las venas abiertas de América Latina, del cual él mismo admitió la inconsistencia de sus fundamentos económicos.

Carlos Rangel, también tempranamente, pudo adelantarse en el cuestionamiento de esa monserga tóxica, o como diría Octavio Paz, de esos “velos que interceptan y desfiguran la percepción de la realidad”, que nos han mantenido en el rezago en términos de desarrollo político, institucional y económico, mientras muchos países emergentes, supuestamente condenados al subdesarrollo por el Imperialismo capitalista,  han avanzado reduciendo la pobreza y alcanzado altas y/o medianas cotas de bienestar colectivo.

Carlos Rangel: pensamiento vivo, conciencia viva.


Emilio Nouel V. 

 

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

Venezuela: “LOS ALACRANES TAMBIEN LLORAN”


Tomo prestado el título que encabeza estas líneas de un apreciado amigo, a quien reconozco los derechos de propiedad intelectual; aunque me luce que parafrasea a un viejo culebrón televisivo.  

El título de marras me da pie para hacer algunos comentarios acerca del proceso fraudulento que concluyó el 6D con un estruendoso y masivo repudio del pueblo venezolano a la tiranía y sus lacayos, estos últimos, conocidos como los alacranes.

Siendo generosos con los repudiados, pareciera que solo entre un 15 y 20% acudió a votar, incluidos los nariceados y chantajeados por el régimen, que bajo extorsión, amenazados con no darles comida, se vieron forzados a ir a los centros de votación.

Las encuestas previas ya anunciaban lo que al final ocurrió. Era la conducta previsible que muchos podíamos percibir en nuestras relaciones cotidianas. Millones de venezolanos arruinados y sin tener recursos mínimos para alimentarse, todo por causa de unos gobernantes corrompidos e incompetentes, no iban a participar en la farsa.

Desde el principio, la comedia electoral montada por la tiranía estaba clara para los venezolanos. Desde el nombramiento inconstitucional e ilegal de los rectores del CNE, pasando por el atraco de los partidos opositores y sus siglas, hasta los abusos ventajistas del régimen, entre otros atropellos a la institucionalidad y el Estado de Derecho.

Ante tal cuadro social y político ¿Qué podía pasar entonces por la cabeza de ciertos politicastros oportunistas, sigüises del régimen, cuando salivaban al soñar con obtener una diputación?

¿Creían que el mecanismo electoral fraguado por los tiranos les iba a permitir, en buena lid, recoger los votos que alcanzaran? ¿O a sabiendas de que eso no iba a ser así, el régimen les otorgaría una cantidad de curules suficiente como contraprestación a los “servicios” de blanqueo electoral prestados?

Imagino que algunos naifs compraron el cuento, y ahora están, calladitos, asimilando el varapalo que les propinó, con toda razón, el pueblo venezolano.

Otros, de manera insólita, con su cara muy lavada, salen a culpar a los venezolanos de su propio fracaso. Como aquel izquierdista que encontró en su cama a la esposa con otro, y en lugar de enfrentar la situación, sale a la calle a quemar una bandera norteamericana.  

Para ellos, no se trata de que la gente vió cómo que se prestaban a convalidar una estafa electoral, no. Para ellos, el que no lograran movilizar ni a su familia a votar por ellos, no fue el problema. No se trataba de que no lograron entusiasmar a nadie, no. De lo que se trataría, según estos oportunistas, es que el pueblo es muy inconsciente y maluco porque no salió a apoyarlos.  

El colmo es que, además, al hacer sus “balances” de la jornada fraudulenta que compartieron, algunos salen a decir retorcidamente, pero con toda la pomposidad del caso: “El único que perdió el 6D es el pueblo venezolano”.   ¡Inaudito!

El gran y exclusivo perdedor es, sin ninguna duda, la tiranía, y en consecuencia, sus lacayos, los de la mesita alacrana; “los náufragos”, como los llama de manera muy considerada el sociólogo Trino Márquez, que ahora rumian su merecida derrota política, y sus amos los ponen de lado como desechos, después de usarlos inútilmente.

El pueblo, en consonancia con el llamado a no participar de la Asamblea Nacional legítima, demostró al mundo que está contra la tiranía chavista. Más del 80% de los votantes no dio su concurso al engaño electoral.

Es posible que este rechazo, junto a la Consulta Popular en curso, que algunos desde la oposición pretenden torpedear con declaraciones irresponsables y mezquinas, se convierta en un impulso para las organizaciones políticas y sociales hacia la definición de una estrategia, una mayor estructuración organizativa, una profunda penetración social, cohesión en el liderazgo y movilización permanente hasta lograr la recuperación de la institucionalidad democrática.

 

EMILIO NOUEL V. 

 

 

 

viernes, 27 de noviembre de 2020

 BIDEN, NUESTRO HEMISFERIO Y VENEZUELA


       Emilio Nouel V.

 

Saldado el embrollo que el resultado electoral en EE.UU. produjo,  vale la pena intentar otear el futuro sobre lo que pudiera traer consigo el nuevo gobierno norteamericano en materia de política internacional, y en particular, para las relaciones hemisféricas, sobre todo, en momentos en que de nuevo se agita el entorno político a lo largo de la Cordillera Andina.

En su campaña pudimos ver las posiciones que sobre algunos temas globales sostuvo el señor Biden; en su mayor parte, contrastantes con las orientaciones que marcaron la ejecutoria trumpiana.

El lema America First, enarbolado en épocas pasadas de EE.UU, asomaba por dónde irían los tiros. Iba a significar cambios importantes de conducta internacional, que recibieron en contrapartida, de parte de aliados y amigos maltratados, una respuesta de desaprobación, que no pocas veces crearon tensiones innecesarias.

No solo en lo político, también en lo militar y ambiental, la administración Trump puso en práctica políticas a contravía de muchos de lo que hasta su llegada eran pilares fundamentales de la conducta exterior de ese país.  

Tales políticas quebrantaron las relaciones con sus aliados tradicionales. Estos estropicios incomprensibles perjudicaron la imagen exterior de EE.UU, por un lado, y por otro, la del mismo presidente, a pesar de que éste mantuvo amplio apoyo a lo interno. 

Para esta animadversión no hizo falta que se acometiera acción militar alguna, la cual siempre genera condenas en la opinión pública internacional. Bastaron decisiones inconvenientes sobre los acuerdos comerciales negociados durante la administración Obama, la denuncia del Acuerdo de Paris sobre el medio ambiente, el menoscabo a las relaciones atlánticas, las fricciones en la OTAN, la disputa con China, entre otros asuntos, para que se potenciara una opinión internacional de rechazo hacia ese país.

Obviamente, en este balance muy sumario que hago no deben olvidarse algunas iniciativas que pueden ser bien vistas como positivas. La defensa de la democracia frente a las tiranías cubana, venezolana y nicaragüense forma parte de lo positivo en nuestro entorno hemisférico, lo que, en lo particular, muchos venezolanos agradecen. Las más recientes iniciativas en el Medio Oriente.

Pareciera que Biden viene a revertir la mayoría de las decisiones de Trump en los asuntos diplomáticos. En esta área el lema sería ahora: Diplomacy First, como el instrumento prioritario del poder estadounidense, apartando la visión endógena que inspiró al presidente ahora en pronta salida.

Así, pues, habría un retorno al multilateralismo, a una retoma de tratados y alianzas puestos de lado por Trump.

Las políticas de seguridad de EEUU quizás sufran alguna modificación, sin olvidar que el Departamento de Estado, como institución, volverá por sus fueros, al reasumir su carácter profesional. 

En cuanto al compromiso democrático, Biden propone una “Cumbre para la Democracia”,  cuyo objeto sería “renovar el espíritu y propósito de las naciones del mundo libre”; tema éste de mucho interés para la región, que ya se verá cómo se concreta.

Sobre la crisis venezolana, se ha reiterado que no variará la política definida y consensuada de manera bipartidista por el Congreso norteamericano. Quizás la orientación multilateralista propicie vías para encaminar su solución definitiva.

¿Es dable pensar en iniciativas conjuntas que integren a la Unión Europea, la OEA, el Grupo de Lima y otros actores internacionales de cara a Venezuela?

¿Qué pasará con las sanciones contra la tiranía chavista? ¿Se mantendrán, reforzarán o más bien, se aliviarán? 

Las dudas al respecto caben. En cualquier eventual negociación que se dé, aquellas constituyen un factor importante de presión que no puede desdeñarse. Sus efectos políticos han sido notorios, a pesar de los apoyos ruso, chino e iraní a la tiranía. Las consecuencias de ellas en la población venezolana, han sido insignificantes, al lado del descalabro social que generaron dos décadas de desmadre y destrucción institucional y económica.  

No obstante, muchos son los que andan esperanzados con Biden en el sentido de que el retorno a la democracia y al bienestar perdido en nuestro país, se haga realidad con él. Ojalá así sea.

Nos esperan más días difíciles. El hambre no cesa. La migración se reinicia. La hiperinflación se acentúa.

A los venezolanos sólo nos queda levantar la protesta y concertar esfuerzos, para que los distintos movimientos sociales y políticos confluyan en un solo propósito que apunta a la restauración de la libertad.

Es de esperar que el nuevo gobierno norteamericano y la Comunidad internacional nos ayuden en el logro de ese objetivo.  

 

 

 

lunes, 26 de octubre de 2020

 Ley “antibloqueo”, otra barbaridad chavista


        Emilio Nouel V.

  Miembro del Grupo Ávila


Entre las últimas barbaridades que los venezolanos hemos presenciado, está la llamada “Ley antibloqueo” que la espuria Asamblea Constituyente chavista aprobó recientemente.

Esta aberrante normativa pretende autorizar de manera formal y expresa a Maduro a actuar por la libre sin restricción alguna de la ley y de sus exigencias, mucho menos de la Constitución Nacional, y todo, además, cosa inaudita, bajo una oscura sombra secreta. 

Esta “ley” monstruosa, como bien la ha calificado el jurista venezolano Allan Brewer Carías, tiene un antecedente en el Decreto para la protección del pueblo  y del Estado, puesto en práctica por los nazis a comienzos de los años 30 del siglo pasado, el cual permitió las mayores arbitrariedades y violaciones a los derechos humanos a Hitler. Con esa ley, el Führer hizo lo que le vino en gana y apoyado en ella cometió  las numerosas atrocidades harto conocidas.

Con tal “ley”, que califican, absurdamente, de constitucional, los jerarcas del régimen venezolano, a su cabeza el tirano Maduro, pretenden convalidar un conjunto de medidas y actos, cuyo objetivo no es otro que el de obtener recursos financieros que tienen vedados en las fuentes usuales y normales. 

Tal dispositivo, por su contenido, es un simple acto de fuerza. Como se ha dicho, ni es ley, ni es constitucional. Es un exabrupto inconcebible en nuestro tiempo. No hay pudor, ni vergüenza en ese acto inválido.  

Con él, se sincera y hace explícito, lo que ha venido sucediendo desde hace muchos años en Venezuela en todos los ámbitos políticos, sociales y económicos. Es el entierro, ahora de manera formal, abierta y descarada, del Estado de Derecho.

Porque no otra cosa significa que se autorice a ejercer, sin límite alguno y sin control, actos de disposición del patrimonio nacional. A firmar tratados y convenios internacionales sin el control parlamentario. A suscribir contratos públicos obviando las normas sobre licitaciones. 

Es decir, que estará Maduro facultado para desaplicar cualquier ley cuando convenga, o lo que es lo mismo, el tirano podrá, de facto, crear derecho, según su interés inmediato. 

Y todo lo podrá hacer el régimen, según esta “ley”, a escondidas, en secreto, echando por la borda la obligación de cualquier Administración de ser transparente en sus actos. Nada saldrá en Gaceta Oficial. Podrán vender o comprometer los bienes estatales y no podremos enterarnos. (“Art 42: …se declaran secretos y reservados los procedimientos, actos y registros efectuados con ocasión de la implementación de alguna de las medidas establecidas en capítulo segundo de esta Ley Constitucional, que supongan la inaplicación de normas de rango legal o sublegal.”)

Con esta “ley”, la locura expropiadora de Chávez sería revertida, por simple conveniencia. El demonio de la privatización se trasmutaría en ángel salvador. La basura ideológica que adornó la retórica chavista, ¡al carajo!   

Todo, por supuesto, con el pretexto de un supuesto bloqueo que estaría sufriendo el país por parte de la Comunidad Internacional, y en particular de EE.UU. ¡Bulshit!

Sin embargo, tal abominable argucia “legal”, estamos convencidos, difícilmente alcanzará los objetivos que se propuso. Dinero fresco no traerá al país, solo los incautos podrían creer que estarían cubiertos sus intereses con esa normativa. 

¿Antibloqueo? De aplicarse, esa “ley”, más bien, significará un despojo, una rebatiña, de los pocos bienes patrimoniales que van quedando al otrora Estado poderoso venezolano.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

¿LAS SANCIONES INTERNACIONALES SON CAUSANTES DE LA FALTA DE GASOLINA EN VENEZUELA?

 

Emilio Nouel V.


En la opinión pública nacional e internacional rueda la fábula de que en Venezuela no hay medicinas, alimentos, repuestos, electricidad, agua y gasolina, entre otros productos y servicios, por causa de las sanciones internacionales acordadas en contra de los tiranos que usurpan el poder. Hasta se llega a hablar de bloqueo siguiendo la retórica mentirosa que le sirvió al castrismo cubano largo tiempo para presentarse como víctima.

No obstante, lo más llamativo para cualquiera que se asome a la tragedia que vive nuestro país petrolero es la carencia de gasolina. Situación insólita, incomprensible, absurda.

No hace falta esforzarse mucho para demostrar que la causa fundamental del descalabro económico venezolano y de su industria energética en particular, es una conducción gubernamental funesta, consecuencia de la ignorancia y la incompetencia, amén de una ideología letal que puso en práctica durante dos décadas una horda de desalmados.

No son las relativamente recientes sanciones las que nos han hundido como país, a pesar de que algunos, no solo desde Miraflores, quieran convencernos de lo contrario.

Las cifras del país están a la luz, y basta examinarlas superficialmente para constatar que el desastre arrancó hace muchos años, antes de las sanciones. Una ideología demencial, estatista, colectivista y expropiadora acabó con nuestra estructura productiva.

Al oír decir que la gravísima situación de falta de gasolina se debería atribuir a las sanciones mencionadas, no le queda a uno sino compararnos con Irán, país que tiene sanciones desde hace más de 40 años, pero que sigue produciendo petróleo y hasta nos vende gasolina, que, por cierto, pagamos con oro. 

Las sanciones contra los jerarcas del régimen tiránico chavista comenzaron en 2017.  Las de EEUU, en 2017 y 2018, de carácter financiero y comercial y por razones políticas y de corrupción, dirigidas a funcionarios del gobierno, y las de la Unión Europea, en 2017 (embargo de compra de armas), y en 2018, contra funcionarios gubernamentales por elecciones no justas y libres. Es decir, que para Venezuela, las sanciones tienen 3 años de vigencia. En ese momento, Venezuela ya producía aproximadamente 1 millón cien mil barriles diarios, cuando en 2011 produjo el doble, 2 millones 400 mil aproximadamente. Debe recordarse que cuando Chávez llegó al gobierno la producción alcanzaba 3.5 millones de barriles.  

Vayamos al caso de Irán.

Las primeras sanciones tanto de EEUU como de la Unión Europea, comenzaron en 1980, después de la revolución de los ayatolas. A estas se agregan, desde entonces, las de 1987, 1995, 2006 (del Consejo de Seguridad de las NNUU), 2010, 2011, 2012, y la más reciente este año 2020, por parte de EEUU. Estas sanciones han sido, prácticamente, de toda naturaleza. Financieras, bancarias, comerciales, nucleares, equipos para enriquecimiento de uranio, etc., excepto las de naturaleza humanitaria.

Y uno se pregunta: ¿Dejó Irán de producir petróleo y gasolina a causa de las múltiples sanciones? ¿Los iraníes destruyeron su industria petrolera como sí lo han hecho los chavistas en Venezuela?

Veamos las cifras iraníes de producción y exportación de petróleo.

Desde 1986 hasta el 2012 (año de nuevas sanciones), Irán mantuvo su exportación de petróleo en unos niveles en ascenso y estables, a pesar de las sanciones en vigor. En 2018, alcanzó casi 4 millones de barriles diarios producidos, después de dos años de caída de la producción (cifras del Banco Central de Irán e ÍNDICE IATBXOIL).

Desde 1996 hasta 2017, Irán se ha mantuvo, según la OPEP, en un rango de exportador de petróleo de alrededor del 8 % del total de exportación de todos los miembros de esa organización.

En 2019, las exportaciones petroleras iraníes alcanzaron unos niveles inesperados, según lo reporta Royal Global Energy.  El 22% fue a China, el 18% a Unión Europea, 14% a Japón, 13% a India y 10% a Corea del Sur, entre otros destinos.

Un país sancionado durante tantas décadas como Irán, por lo visto, y con sus altibajos, no ha destruido su industria energética.  Esta sigue funcionando.

¿Cómo es entonces que la de Venezuela esté destruida, supuestamente, con apenas 3 años de sanciones a jerarcas del régimen y un año a PDVSA? La exportación de crudo ha caído a los niveles de comienzos del siglo XX. Y sobre la carencia de gasolina no hay nada más que agregar, el drama está frente a nosotros a diario. El transporte de personas, productos y alimentos, ha devenido una calamidad social, que comienza a movilizar en protesta a la gente a lo largo y ancho del país. 

¿Es culpa de las sanciones la destrucción de nuestras refinerías y por eso no tenemos gasolina?  ¡A otro perro con ese hueso!

Aquí, no hay más responsable que tiranos incompetentes y ladrones que aún siguen en Miraflores, que como siempre en estos casos, echan las culpas propias a terceros y pretenden resolver el problema aprobando leyes bufas como la que llaman de “antibloqueo”, cuyo objetivo es solo presentar una imagen engañosa ante el mundo.

Los problemas de la gasolina, la electricidad, la hiperinflación, la incompetencia y la corrupción, por solo mencionar estos pocos asuntos, no tendrán solución con la gentuza usurpadora del gobierno que nos oprime. Solo su salida permitirá que iniciemos un proceso de recuperación institucional en libertad y hacia la prosperidad anhelada.

 

viernes, 18 de septiembre de 2020

VENEZUELA: DOS GOLPES NOBLES

 

EMILIO NOUEL V.


La semana que está por finalizar trajo dos noticias muy importantes a los venezolanos que anhelamos salir lo más pronto posible de un ya inmensamente largo padecer.

Fueron dos golpes nobles de la Comunidad Internacional que pusieron al desnudo de nuevo el carácter tiránico y al margen de la ley del régimen chavista.

Uno, el Informe de la Misión Internacional Independiente para la determinación de hechos sobre Venezuela, creada por  las Naciones Unidas. Y otro, la declaración del Grupo Internacional de Contacto de la Unión Europea.

Dicho Informe se presentó ante el Consejo de Derechos Humanos en cumplimiento de la resolución 42/25 del 27 de septiembre de 2019.

Su contenido no puede ser más espeluznante, deplorable, desgarrador, en tanto que ciudadanos de este país del que hemos estado orgullosos por muchas razones.

Aunque ya conocíamos, total o parcialmente, muchos episodios de los allí expuestos, no deja de ser perturbador y alarmante para cualquiera que tenga una pizca de sensibilidad humana.

Informes anteriores de la doctora Michelle Bachelet ya habían asomado ese horror, ese “imperio del terror que sufre Venezuela”, como dice el periodista Daniel Lozano, y que ahora la Misión corrobora y amplía señalando responsables concretos de las múltiples violaciones a los DDHH cometidas por la tiranía chavista.

El Informe no habla de hechos aislados, asevera que ha habido coordinación y planificación en la comisión sistemática de tales crímenes, por funcionarios de seguridad civiles y militares siguiendo órdenes de autoridades superiores, quienes estarían al corriente de esas barbaridades.

La calificación de tales delitos como de lesa humanidad es otro grave señalamiento del Informe, y se pide que sean investigados por las autoridades competentes, no solo las nacionales sino también las internacionales.

Sin duda, este trabajo en detalle demoledor, constituye un duro golpe al gobierno usurpador, sobre todo, en momentos en que desesperadamente anda buscando, mediante sus trampas y argucias, poner en escena unas elecciones fraudulentas, pretendiendo así, lavarse la cara ante el mundo.

Este sainete electoral –y aquí viene la segunda noticia- ha recibido también un duro golpe de parte del Grupo Internacional de Contacto (GIC) en donde juega papel importante la Unión Europea.  

Este Grupo ha dicho que “la única solución sostenible a la crisis venezolana será una política inclusiva, pacífica y democrática, a través de elecciones legislativas y presidenciales libres, creíbles, transparentes y justas” y exige que todos los presos políticos deben ser liberados inmediata e incondicionalmente. Para el Grupo, la necesaria eliminación de todos los obstáculos a la participación política, implica “respeto del mandato constitucional de la Asamblea Nacional elegida democráticamente, la devolución del control de los partidos políticos a sus administradores legítimos, el cese de la inhabilitación y el enjuiciamiento de los líderes políticos, el pleno restablecimiento de sus derechos y de otros candidatos a la igualdad política, actualización integral del padrón electoral, incluyendo a votantes jóvenes y venezolanos en el exterior, y un CNE independiente y equilibrado, y participación igualitaria y acceso irrestricto a todos los medios”.

Para cualquier observador internacional, sea gobierno o no, tales señalamientos no pueden ser soslayados a la hora de una evaluación del régimen chavista y sus iniciativas.

Los horrendos crímenes denunciados por el Informe de marras y las arbitrariedades evidenciadas por el GIC abonan la idea de la necesidad perentoria de que los tiranos venezolanos salgan de escena y den paso a un gobierno de transición o emergencia, mediante una fórmula de negociación consensuada y efectiva, o un alejamiento voluntario de quienes están en Miraflores.

La situación económico-social agravada por la pandemia y sus preocupantes perspectivas en el corto y mediano plazo, exigen soluciones definitivas y viables que impliquen los menores costos posibles para nuestra sociedad.

Está claro lo que busca la tiranía con su farsa electoral. Eso no resolverá nuestra crisis, sino que la prolongará y agravará.

Como medida previa, se debería comenzar por aplazar el proceso electoral montado por el régimen, de manera que se abra un espacio para la negociación necesaria, que conduzca a un camino de recuperación de las libertades, la democracia y la prosperidad, con un gobierno distinto. Lo contrario es prolongar nuestra desventura.      

 

 

viernes, 4 de septiembre de 2020


Venezuela: EL QUID PRO QUO


Está claro que las elecciones convocadas por la tiranía para Diciembre no serán avaladas por los más importantes gobiernos democráticos del mundo.
Y esta constatación no es un asunto menor, a pesar de que hay algunos descaminados que lo desdeñan, unos, por ignorancia, y otros, por desconexión con la realidad.
La crisis compleja de Venezuela dejó de ser, hace ya varios años, un problema doméstico. Y las pruebas están a la vista. Por más que un gobierno de un país afectado o que potencialmente pudiera estarlo, por los efectos de nuestra crisis, se quiera sustraer de ella, no tiene alternativa sino seguir viendo  hacia nuestro país buscando una solución.
El hecho de que autoritarismos como el ruso, el iraní o el turco, hayan metido su nariz en nuestro país, dice mucho también de esa grave circunstancia.
Es por ello que se estén inmiscuyendo en las elecciones de marras, por razones económicas y/o geopolíticas, no altruistas.
Las dictaduras amigas y socias de la tiranía chavista andan tratando, a toda costa, de lavar la cara a esta última.
Dado el derrumbe de su imagen y credibilidad a causa de su reiterada ejecutoria de violación de los DDHH, su desprecio por el Estado de Derecho, la destrucción de una economía otrora próspera y la expulsión hacia el mundo de alrededor de 5 millones de venezolanos, entre otros desaguisados y delitos cometidos, los gobernantes compinches están maniobrando para evitar su hundimiento definitivo.
Se mueven en las NNUU, la Unión Europea o el Vaticano, buscando apoyos para el régimen chavista. Saben que la crisis puede llegar a mayores y entienden que la tiranía debe hacer ciertas concesiones si quiere permanecer en Miraflores.
La presión diplomática y económica de la Comunidad Internacional ha venido surtiendo sus efectos y se asoma para el régimen una situación cada vez más insostenible.
Rusos, turcos y cubanos conocen de las diferencias en el seno de la oposición democrática. Y para el plan de rescatar a la tiranía se hace necesario agudizar las contradicciones a su interior.
El objetivo es dar la impresión nacional, y sobre todo, ante el mundo exterior, que la oposición al régimen se ha avenido a participar en unos comicios fraguados a la medida de aquel. Para ello bastaría con reclutar algunas dirigentes o figuras conocidas y así lograr el propósito de la maniobra.
¿Y esto a cambio de qué?
En primer lugar, liberar a una parte importante de presos políticos, todos injustamente encarcelados, muchos torturados, y permitir que algunos perseguidos o exiliados pueden regresar a sus actividades en el país.
Esta medida se adorna con un discurso hipócrita de paz y reconciliación del país, que solo se explica por la fuerte presión que se está recibiendo y su desesperación por obtener un reconocimiento internacional.
Todos los venezolanos de bien, por supuesto, nos sentimos contentos de que hayan sido puestos en libertad. 
Para las elecciones fraudulentas, con seguridad aparecerán candidatos que se postularán por la llamada mesita, los alacranes y ahora gente de Henrique Capriles.
Se conoce que no logran llenar las listas, pocos aceptan postularse. Puede ser que tengan algún remoto chance sin van unidos en alguna circunscripción, pero se oye que no se ponen de acuerdo y están pidiendo a Maduro que les prorrogue aún más la fecha de inscripción.
Tienen dificultades para concertar planchas conjuntas. Los de Eduardo Fernández no se quieren “retratar” al lado de Juan Barreto y Claudio Fermín. Capriles no acepta algunos del falconismo, nadie quiere al general eructo y a Luis Parra.  
Quien escribe estas líneas, no les arrienda la ganancia a ninguno.  La abstención pareciera que será enorme. El régimen se ha encargado de estimularla, sin mencionar que todos estos años ha vaciado de contenido de cambio político y eficacia real al voto, con un CNE y un TSJ a su servicio para convalidar trampas y arbitrariedades.
El pueblo venezolano quiere votar, pero que su voto sea contado y hecho público. 
Faltan pocos días y se desconoce cómo votaremos. La plataforma técnica electoral es un secreto. Varias objeciones se han formulado por los especialistas. No habrá observación internacional porque a estas alturas es imposible realizarla de manera debida según los protocolos establecidos por las instituciones que podrían realizarla.
Queda sin lugar a dudas claro cuál fue el precio que se tuvo que pagar para que la tiranía liberara a los que secuestró. La participación de algunos opositores en el sainete electoral no logrará limpiar el rostro tiránico al régimen, aunque algunos se estén prestando para tal tramoya política.   

EMILIO NOUEL