domingo, 24 de mayo de 2009

Estas fotos  formaron parte de una campaña publicitaria realizada por la agencia  Ogilvy & Mather (Frankfurt, Alemania) para la International Society  for Human Rights.  

 Ganó medalla de bronce en los Premios Clio 2009 en  Nueva York. 






miércoles, 20 de mayo de 2009

¿MERCOSUR SI O MERCOSUR  NO?

 

Resulta difícil para quienes compartimos la convicción de que lo mejor para el bienestar de cualquier país en un mundo globalizado es abrirse en sus relaciones políticas y económicas, bajo condiciones, obviamente, de respeto mutuo, equidad, cooperación e integración, abordar, desde las particulares circunstancias políticas de Venezuela, el asunto de su ingreso a MERCOSUR.

   Este bloque comercial, a cuya cabeza está un país, Brasil, que ya se codea con los grandes del planeta, ha cobrado mucha importancia económica y geopolítica en los últimos años, a pesar de sus crisis crónicas y desencuentros a lo interior.

  Como se sabe, el actual gobierno de Venezuela ha decidido de forma inconsulta adherirse a ese esquema integrador, después de haberse retirado inexplicablemente de la Comunidad Andina, también de manera inconsulta. En ambos casos, la sociedad venezolana y/o sus organizaciones económicas no han sido oídas.  

  Así, en el presente, el gobierno, por un lado, está buscando cómo recoger los platos rotos, tratando de recomponer la relación con quien era su primer socio en la CAN, Colombia, y por otro, presionando para lograr de los parlamentos brasileño y paraguayo, la aprobación del protocolo de adhesión de Venezuela a MERCOSUR. 

  Para los países de MERCOSUR, “fichar” a Venezuela es un negocio redondo, principalmente, para Brasil y Argentina. Según el SICEX (ALADI), el primero vendió en 2008 a nuestro país, 5.147 millones de dólares (en 1998 sólo fueron 704 y en 2003, 604 millones), y el segundo, ha obtenido por la vía de emisiones de bonos, otro tanto. Éstas son razones suficientes para que tarde o temprano Brasil, y mas atrás Paraguay, acepten a Venezuela, es lo más conveniente a los intereses de esos países. Debe recordarse aquí que en el año 2008, Venezuela exportó a Brasil apenas 98 millones de US-dólares, cuando en 1998 pudo exportar 660 millones. En el caso de Argentina, Venezuela le ha comprado en el 2008,  1.000 millones US-dólares, y le ha vendido 10 millones.

  A mi juicio, está más que claro que el interés fundamental del gobierno venezolano con tal ingreso no es de naturaleza económica, sino más bien político.  Lo comercial es accesorio, y es, más bien, desdeñado. En el fondo, se busca un apuntalamiento indirecto para su proyecto político-ideológico continental en su enfrentamiento con EEUU y los demás gobiernos y fuerzas contrarias a su ideología.

  De allí que lo de MERCOSUR sea una suerte de cortafuegos político -uno más- que le permita avanzar su plan político-ideológico a lo interno de Venezuela, en el hemisferio y más allá.   

   Entre los venezolanos enterados del tema del campo opositor, hay posiciones encontradas. Así, no es infrecuente toparse con especialistas y empresarios que consideran, desde una perspectiva política, que el ingreso de nuestro país a dicho bloque comercial le daría un espaldarazo o legitimaría al gobierno autoritario venezolano, cosa que éste busca desesperadamente, por lo demás, habida cuenta de su cada vez más acentuado deterioro de imagen, incluso en círculos internacionales que antes lo apoyaban más abiertamente. Además, sería, sin duda, un triunfo diplomático que se anotaría el gobierno. La línea política, entonces, de esta posición, sería la de tratar de impedir o denunciar tal ingreso, toda vez que, además, no traería ningún bienestar económico al país, dadas las enormes asimetrías con los 2 grandes de ese bloque.

  Se agrega a esta primera postura el argumento de que en la actualidad en Venezuela no hay Estado de derecho democrático ni se respetan los derechos humanos (la propiedad privada, los derechos laborales), lo cual es contrario a los principios democráticos de MERCOSUR contenidos en el Protocolo de Ushuaia y otros instrumentos jurídicos, así como a la filosofía económica que inspira esos sistemas; razones éstas que conducirían a la no admisión como miembro de pleno derecho de Venezuela.

  Otros opinan que la oposición democrática no debe oponerse al ingreso de Venezuela a MERCOSUR, ya que, en general, su posición no ha sido adversa a la integración latinoamericana, lo que es cierto, y que además dicho ingreso podría contribuir a atemperar o moderar al gobierno venezolano, sometiéndolo u obligándolo a que adopte una conducta más democrática. Esta posición recuerda que el acercamiento a MERCOSUR no es patrimonio del gobierno actual, sino que viene de administraciones democráticas anteriores; de allí que se imponga la coherencia en ese sentido. 

   Esta postura, compartida por voceros políticos de países de MERCOSUR, es la que señala que la integración no es con el gobierno venezolano sino con Venezuela, y que los gobiernos pasan pero los países quedan.

   ¿Cuál debería ser la de las fuerzas democráticas venezolanas entonces?

    ¿Sería efectivamente una legitimación o relegitimación internacional de Chávez el ingreso a MERCOSUR?

  ¿Sería un triunfo diplomático?

  Respecto de la primera interrogante diría que aceptar a Venezuela en MERCOSUR no haría falta para relegitimar a Chávez. Él ya lo está, formalmente hablando; es aceptado en todas las instituciones internacionales, cumbres y demás reuniones de mandatarios, independientemente de que aquel evento tenga o no lugar. Así, que nada abonaría a su legitimidad formal, aunque Chávez lo explotará en su propaganda.

   A la segunda interrogante, respondo afirmativamente y esto no sería tampoco para tirar cohetes. Sería muy difícil no ver allí un triunfo modesto, pero triunfo al fin, de la diplomacia de Chávez, sobre todo en momentos en que su imagen está bien empañada con los cuestionamientos del Parlamento Europeo y la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos. Lograr entrar a MERCOSUR ha sido su propósito, y al obtenerlo, se anotaría un tanto importante que favorecería su plan de colocar “cortafuegos” a su acción internacional y nacional. Pero ¿Este triunfo comportaría una derrota automática para la oposición democrática venezolana en el ámbito internacional y nacional? No lo creo, no es un tema que tenga incidencia determinante en la política nacional.

   Ahora bien ¿Debemos empeñarnos las fuerzas democráticas venezolanas en evitar que el gobierno venezolano logre tal “relegitimación” y tal éxito diplomático?  

  ¿Vale la pena dar esa pelea, habida cuenta de que es casi segura la admisión por razones que en el fondo son principalmente crematísticas, como corresponde en países que actúan pragmáticamente y no por defensa de ideologías?

    Económica o comercialmente hablando, lo razonable sería ingresar a MERCOSUR realizando una negociación en que todos los factores interesados del país participen, con el propósito de establecer todas aquellas protecciones, excepciones o salvaguardias que sean necesarias para amortiguar una competencia que será desigual y dura frente a productos mercosurianos muy competitivos (ejemplo, agricultura). Pero esto está descartado con el gobierno que tenemos, cuyo interés no es defender el sector privado venezolano, ni es el tema económico-comercial su prioridad. ¿Valdría, sin embargo, entrar así a ese bloque, sólo porque hemos sido partidarios de la integración latinoamericana, olvidando todo tipo de consideración política coyuntural o diplomática y apoyando el ingreso sin más?   

  Políticamente hablando, la no entrada hipotética de Venezuela a MERCOSUR, en tanto que fracaso diplomático y no consecución del “cortafuegos” político deseado ¿equivaldría necesariamente a un triunfo de valor estratégico significativo en la lucha de la oposición venezolana por rescatar la democracia y las libertades?

  No estoy realmente seguro de cuál sea el valor político estratégico de oponerse a tal ingreso.

  Lo que sí creo necesario es que las fuerzas democráticas debieran asumir una actitud clara y principista sobre el tema; sería absurdo “pasar por debajo de la mesa”, aún a sabiendas de lo complicado del asunto.

  Esta postura principista contendría, en primer lugar, nuestra adhesión inequívoca a la integración y cooperación hemisférica y regional, como estrategia para alcanzar el desarrollo de los pueblos del continente.

  En segundo término, debe manifestar su apoyo a una integración fundada en la equidad, el acceso libre a los mercados, el reconocimiento de las asimetrías, el tratamiento diferenciado, la competencia leal,  la libertad, la democracia, el diálogo permanente, reglas claras y seguras, así como la solución pacífica de las controversias.

  En tercer lugar, y no menos importante, debe quedar claro nuestro apego al principio insustituible de establecer unos canales efectivos de participación para todos los sectores privados, individuos, industriales, sindicatos, comerciantes, gremios y ONGs en general, en la discusión de los distintos aspectos de la integración económica. Si bien los gobiernos tienen un papel fundamental en estos procesos, ellos solos no hacen la integración. En este punto debe recordarse la necesidad de contar con un equipo negociador experimentado, de lo que, lamentablemente, carecemos.

  En cuarto lugar, y más concretamente, en el caso de MERCOSUR, debemos decir que en el ingreso a este esquema comercial, no ha habido por parte del gobierno consulta alguna con ningún sector nacional, ni de los empresarios o los trabajadores, ni de la Academia ni la Sociedad Civil, incluso, ni de los organismos públicos técnicos, ni de la misma Asamblea Nacional.

  En quinto lugar, sería también opinión nuestra que si bien el ingreso a MERCOSUR pudiera ser positivo en teoría, tal decisión no forma parte de una política económica y comercial definida que responda a los intereses nacionales. Se desconoce algún estudio o análisis exhaustivo gubernamental sobre el tema, y por lo que hemos visto, el propósito de tal ingreso atiende a otro tipo de intereses, más bien, de naturaleza política, o mejor dicho, de una parcialidad política.

  En sexto lugar, debemos poner de relieve que la conducta política autoritaria de Chávez violatoria de la Constitución en materia de derechos humanos, separación y autonomía de los poderes públicos y la descentralización, así como el acoso al sector privado económico y a las instituciones educativas y universitarias, las estatizaciones, las expropiaciones injustificadas y retaliativas, constituyen políticas reñidas con los principios constitucionales de los países mercosurianos, las normativas de MERCOSUR y la filosofía económica que lo inspira.

  Una postura como la expuesta salvaguardaría nuestros principios respecto del tema y cubriría las exigencias de carácter político que las fuerzas democráticas tienen en momentos tan difíciles para nuestro país, en los que las libertades y la democracia están en peligro. 

 

EMILIO NOUEL V.  

     

 

  

 

 

 

 

martes, 12 de mayo de 2009

                      ¡LA VIDA EN LIBERTAD ES LO QUE ESTÁ EN JUEGO¡

 

He sido siempre un defensor de los partidos políticos, aunque muy crítico cuando ha sido forzoso serlo, y creo que éste es uno de esos momentos en que debemos increparlos enérgicamente.

Por más que cometan errores y en muchos casos sus líderes no estén a la altura de la circunstancias, los partidos políticos son necesarios, insustituibles, sin duda, en la lucha política organizada.

Es probable que en un futuro no muy lejano dejen de jugar el papel que hoy les corresponde, pero, por ahora, siguen siendo un instrumento indispensable para canalizar y encarnar las distintas opciones de gobierno que tenemos los ciudadanos de a pie.

En nuestro país, los partidos políticos tradicionales han sufrido en las últimas décadas un descomunal deterioro, producto, por un lado, de sus deficientes ejecutorias gubernamentales y su incapacidad para renovarse y comprender las nuevas realidades del mundo y del país, y por otro, ligado a todo lo anterior, a la despiadada, sistemática y absurda labor de descrédito, que han adelantado sectores sociales, personalidades, políticos y grupos económicos y mediáticos poderosos.

Como lo sabemos muy bien los venezolanos, tal deplorable situación ha sido aprovechada por demagogos de todo de pelaje, ignorantes y perversos en su mayoría, para hacerse con el poder, y traernos a la antesala de una tiranía totalitaria.

Hoy, como en otros graves momentos de nuestra historia, la Venezuela democrática está anhelando de su dirigencia política una conducta acorde con los riesgos que corremos como sociedad que quiere mantenerse libre y progresar en paz.

Sin embargo, la mayoría de los dirigentes políticos partidistas parecieran sumidos en una extraña perplejidad, sin capacidad de respuesta rápida, como si no supieran qué hacer ante las arremetidas del tirano. Con sus pocas excepciones, los dirigentes políticos, en su conjunto, lucen atrapados en una abulia o parálisis, cuando lo que exige el momento es acción. (Afortunadamente, aún contamos con organizaciones de la sociedad civil y personalidades que han servido de acicate a los partidos para que actúen).  

No obstante, aquella es la impresión que se tiene no sólo con los viejos partidos sino también con los más nuevos.

Podemos comprender la falta de recursos para contrarrestar todo el poder del Estado puesto al servicio de una locura ideológica. Es comprensible, igualmente, la carencia de una militancia numerosa y motivada para el trabajo proselitista y otros iniciativas. Es comprensible también el cansancio y/o la apatía de ciertos sectores frente a los partidos. Estos son asuntos de difícil solución pero que pueden solventarse en la marcha y con políticas adecuadas.

Lo que no podemos comprender ni mucho menos justificar es lo refractaria que es la dirigencia de los partidos al establecimiento de instancias de coordinación política, habida cuenta de los avances cada vez más que claros y progresivos hacia la instauración de una tiranía en nuestro país. Porque, digan lo que digan, éste es el tema prioritario, y en eso está en juego, literalmente hablando, la vida de todos, más allá de lo político,  amén de las libertades de los venezolanos.

Ahora bien, si las peleas subalternas fueran los temas que más interesan a la mayoría dirigente, ésta, entonces, no merece liderar a nadie. Con todo dolor lo digo, reconociendo, como lo he hecho en estas líneas y en cualquier escenario, el papel crucial de estas organizaciones en toda democracia.  

No nos cansaremos de enfatizar en la necesidad de unidad y convergencia de todas las fuerzas democráticas venezolanas para enfrentar al tirano y su proyecto de devastación nacional. Para ello es menester que se posterguen las rivalidades naturales de toda competencia política. Estoy consciente que esto muy difícil hacerlo, pero las circunstancias lo demandan. Aquellos políticos conscientes que comprendan a cabalidad el grave momento que vive la Nación, obtendrán, mas temprano que tarde, el agradecimiento y el respaldo mayoritario de un pueblo que angustiosamente busca la paz y el progreso material.

 

EMILIO NOUEL V.

 

 

    

martes, 21 de abril de 2009

OBAMA Y LA BABA DEL PETROTIRANO

 

Al fin se dio la tan esperada Cumbre de las Américas en Trinidad-Tobago, para la cual algunos habían augurado un enfrentamiento entre los gobiernos gorrones que hacen coro al de Venezuela y el de EEUU. 

  Sin embargo, el choque no se produjo y lo fundamental fue el encuentro-reconocimiento entre el nuevo presidente de EEUU y los 33 mandatarios del hemisferio, aunque Barack Obama ya había sostenido previamente reuniones con los presidentes de los 2 países más importantes del vecindario que tienen su lugar entre los grandes: Brasil y México. 

  El contenido del discurso de Obama fue el esperado, habida cuenta de sus pronunciamientos anteriores; nihil novum. 

   Allí reiteró lo dicho durante la campaña electoral, es decir, su disposición al diálogo constructivo entre las naciones, con base en los principios democráticos y el respeto mutuo entre los miembros de la comunidad internacional; un diálogo entre iguales, viendo el futuro y dejando atrás el pasado, sin arrogancia e imposiciones, y mucho menos, sin atribuir a otros los males cuyas causas son más bien propias.

  Por lo demás, de compromisos concretos sustanciales, no se puede mencionar ninguno; incluso, la declaración conjunta negociada ni siquiera fue firmada por las discrepancias manifestadas por unos pocos que siguen a pie juntillas lo que el dadivoso presidente de Venezuela ordena.

  Así, la reunión Cumbre constituye un retroceso respecto de las anteriores, toda vez que en aquellas los aspectos, como el comercial, tenían importancia, y en momentos económicos tan difíciles como los presentes, pareciera absurdo no tratarlos. Es inconcebible, desde el punto de vista de los intereses de los 34 países, que todo haya girado alrededor del tema de recibir o no a Cuba en la comunidad hemisférica. Mayor desatino y extravío no puede haber; en esto se anotó un punto la junta de beneficencia ALBA.

  Pero así están las cosas en nuestro hemisferio. Frente a la crisis de los esquemas de integración, que cada quien individualmente se resuelva como pueda, y es de esperar que los que saben pragmáticamente donde están sus intereses, hagan todo lo posible para preservarlos o potenciarlos por las vías bilaterales. Los que sigan persiguiendo utopías inalcanzables se rezagarán y sus pueblos serán las víctimas de estos delirios ideológicos.

   Aparte de estos magros resultados, queda por comentar la notoria volubilidad de la conducta del presidente venezolano, que después de anunciar rayos y centellas, y haber preparado toda su artillería para dispararla en Puerto España contra el enemigo imperialista, se trocó en manso corderito, visiblemente embobado -“aguadito”, diría Freddy Ríos-,  ante el señor Obama.

   Al “pobre ignorante” de hace unos días, le pidió casi desesperadamente, cayéndosele la baba -requiebros incluidos- que fuera su amigo. Y no era para menos, si pensamos que estuvo bregando durante meses este encuentro, aunque fuera –¡Qué emoción¡- de sólo 1 minuto. Pero la ridícula performance no paró allí. En su acoso a Obama, no podía faltar una demostración de lo profundamente emocionado que estaba y para que se viera el frenesí que lo embargaba, le obsequió, cual cajita de bombones, un libro panfletario y demodé, que el homenajeado no podrá leer a menos que aprenda español.

  De modo que la Cumbre de Trinidad quedará simplemente como una fiesta de presentación en sociedad del señor Obama, con regalo incluido, mientras la crisis financiera mundial sigue causando estragos y Venezuela sigue su senda a la tiranía.

 

EMILIO NOUEL V.

   

   

jueves, 2 de abril de 2009

CHÁVEZ Y LA PROTECCIÓN DE GENOCIDAS

La insólita y grave declaración emitida por el presidente Chávez respecto de la orden de aprehensión dictada por la Corte Penal Internacional (CPI) contra el presidente genocida de Sudán, es una demostración más de que a él le importa un cuerno los compromisos internacionales de la República o el ordenamiento jurídico del país.

   Desde hace algunos años he venido señalando que para la locura ideológica del gobierno venezolano las instituciones internacionales no tienen ningún valor, ni mucho menos le imponen obligaciones. El concepto de soberanía absoluta anacrónico y bárbaro que maneja lo conduce a un enfoque de tal absurdidad, que al final lo que queda es el camino de la confrontación permanente sin que se pueda descartar lo bélico.

   Así, el escenario que ofrecen las instituciones internacionales es utilizado cuando convenga hacerlo, y cuando no, se despotrica de ellas.

   Esta conducta reiterada se expresa en declaraciones diversas e incluso se  recoge en documentos públicos de naturaleza internacional.

   Como muestra sólo un botón: Chávez en visita a la ciudad de Manaos, Brasil, en Octubre de 2004, nos invita a enfrentar “la influencia nefasta de los organismos internacionales”, para así poder definir una agenda de los Estados soberanos, y “según nuestros propios criterios y conceptos de soberanía.” Más claro no podría ser. El lector repare sólo en las expresiones: “influencia nefasta” y “nuestros propios criterios”, y podrá percibir la gravedad de estas declaraciones. Es la ley de jungla lo que se nos propone.

   De allí que no extrañen las más recientes declaraciones apoyando a un genocida. ¿Acaso no ha apoyado a un terrorista como Carlos el Chacal? ¿Y que me dicen de la protección a la narcoguerrilla terrorista FARC, o las relaciones que mantiene con el terrorismo de Hamas y Hezbolá? ¿Se recuerda la visita a otro genocida, Sadam Hussein?

      El prontuario criminal del presidente de Sudán, prófugo de la justicia internacional, es harto conocido y está ampliamente demostrado en el respectivo expediente de la CPI.

     Sin embargo, en un acto más de extrema irresponsabilidad, tan desmesurado como desquiciado, el presidente Chávez ha invitado al delincuente a visitar a nuestro país, desafiando a la comunidad internacional y violando de manera expresa los compromisos jurídicos que en esta materia ha asumido la Nación.

   Como se sabe, Venezuela es signataria del tratado que instituye la Corte referida, y está obligada a cumplir con el contenido de aquel, sin reserva alguna. Entre otras obligaciones, Venezuela, como Estado Parte, de conformidad con lo dispuesto en el tratado, deberá cooperar “plenamente con la Corte en relación con la investigación y el enjuiciamiento de crímenes de su competencia”. (artículo 86)

   Por otro lado, el artículo 87 establece que la Corte está facultada para formular solicitudes de cooperación a los Estados Partes, y éstas se transmitirán por vía diplomática o por cualquier otro conducto adecuado.

    Si en contravención de lo dispuesto en el tratado, un Estado Parte se niega a dar curso a una solicitud de cooperación formulada por la Corte, impidiéndole ejercer sus funciones y atribuciones de conformidad con el Estatuto, ésta podrá hacer una constatación y remitir la cuestión a la Asamblea de los Estados Partes o al Consejo de Seguridad, si éste le hubiese remitido el asunto.

   ¿Se imagina el lector lo que pudiera suceder a Venezuela en términos de rechazo, imagen y responsabilidad internacional, si recibiera al genocida y el gobierno no diera cumplimiento al mandato de detención de la CPI?

   Tiempos oscuros y degradantes estamos viviendo. La tiranía en desarrollo en nuestro país, no sólo afecta a los venezolanos internamente, también nos expone al repudio y el aislamiento internacional.

EMILIO NOUEL V.

   

miércoles, 18 de marzo de 2009

LA TIRANÍA EN DESARROLLO

 

Hace unos 4 años, y hoy es oportuno recordarlo para refrescar la memoria, un grupo de venezolanos que conformamos una ONG (La Colina), hicimos un modesto trabajo, una primera aproximación no muy acabada, en la que pretendíamos caracterizar el chavismo, el gobierno chavista y la figura de Chávez.   

   Considerábamos que hacerlo era sobremanera necesario, dado el desconcierto y la confusión en que estaban sumidas las fuerzas democráticas de oposición, al no poseer una brújula y/o mapa de ruta para enfrentar las pretensiones autocráticas militaristas del gobierno. 

   Con base en esta apreciación, pensábamos que un primer paso para abordar el problema, era el de disponer de una mejor comprensión de la naturaleza y alcances de un fenómeno político “inédito” en nuestro país, lo cual nos permitiría diseñar y ejecutar unas líneas políticas estratégicas acertadas y eficaces para conjurar las amenazas autocráticas que ya en ese momento se asomaban.

  ¿Qué decíamos entonces en las presentaciones que hicimos ante diversos sectores de la oposición democrática?

  En primer lugar, y convencidos de que para combatir a este adversario era menester conocerlo (nuestras presentaciones eran precedidas de una frase de Sun Tzu: Conoce el enemigo y conócete a ti mismo, y podrás triunfar en mil batallas”), decíamos que un diagnóstico que es o se percibe erróneo, confuso o exagerado, induce a la desconfianza, la indiferencia, el rechazo, no tiene credibilidad, no llama a la adhesión ni el compromiso, nos aísla de importantes sectores sociales, y en fin, reduce las posibilidades y/o las alternativas de lucha, llevándonos al fracaso.

  De allí que se impusiera una caracterización adecuada de un fenómeno complejo y difícil de catalogar, como lo era -y sigue siendo- el chavismo, el comportamiento del gobierno chavista y el mismo Chávez.

  En nuestra caracterización nos preguntábamos muchas cosas: ¿Es militarista? ¿Es caudillista? ¿Neocomunista? ¿Totalitario o neoautoritario? ¿Nacional-populista con rasgos neofascistas? ¿Un híbrido, mutante político de los viejos totalitarismos?

  Y nuestra conclusión fue que tenía un poco de cada uno de esas características, lo que en definitiva configuraba un cuadro de un gobierno autoritario, producto de elecciones, con tendencia hacia el totalitarismo, pero no un gobierno totalitario como algunos lo afirmaban. Es decir, estábamos en presencia de autoritarismo de nuevo cuño (“democracia autoritaria”), muy parecido al estilo de gobierno de Yelsin o Putin en Rusia.

  En cuanto a su definición ideológica nos parecía imprecisa, confusa, mezcla de muchas ideas, ambigüa, en la se mezclan un culto a la violencia, no hay límites éticos ni legales, carente de opinión sobre variados temas, ¿bolivariano?, ¿marxista?

  Sin embargo, en su “ideario” estaban presentes: el antiimperialismo, el anticapitalismo, el igualitarismo, el indigenismo, la unión cívico-militar, antiliberalismo, anti-democracia representativa, antiamericanismo, democracia directa, latinoamericanismo, etc. (Todas estas ideas con el tiempo se han ido decantando) 

  Del chavismo decíamos que era conjunto variopinto y policlasista (militares, profesionales, obreros, campesinos, profesores universitarios y de educación media, pequeños y medianos empresarios, buhoneros, sectas religiosas, desempleados, lumpen, etc), lo cual hacía el panorama complejo en términos de intereses y aspiraciones. Era, y aún hoy es, una alianza social heterogénea, en la que convivían, en permanente conflicto y coincidencias puntuales, idealistas políticos, grupos sinceramente democráticos, izquierdistas anacrónicos, empresarios y militares oportunistas, militares de izquierda y de derecha, grupos marxistas, grupos radicales violentos, delincuentes, pragmáticos, sectores religiosos, nacionalistas xenófobos, excluidos, etc.

   Toda esta federación de grupos e intereses han tenido su expresión en las distintas fracciones de liderazgo chavista, cuya “depuración” hemos visto en los años que han transcurrido hasta ahora.

   En nuestro trabajo de entonces registrábamos que se estaba produciendo un control político-institucional progresivo (mantenimiento selectivo y cada vez más restringido de las libertades democráticas, violaciones selectivas de la ley, desnaturalización del Estado de derecho, evitando ruptura con comunidad internacional). Afirmábamos igualmente que la tentación totalitaria (deriva totalitaria) estaba presente, la cual contrastaba con una corriente “democratista” en el seno del chavismo.

  En cuanto al sistema económico, veíamos en las iniciativas del gobierno dos “modelos” en pugna. Modelo de economía de mercado con fuerte presencia e intervencionismo estatal versus un modelo abiertamente colectivista inspirado en el de Cuba.

   Así, el comportamiento de gobierno chavista se manifestaba en: desplazamiento de los partidos tradicionales y sus liderazgos; copamiento de las instituciones del Estado; centralismo; supresión y/o reemplazo de las instituciones heredadas; exclusión de los sectores empresariales, profesionales, intelectuales y medios opositores al gobierno; división maniquea; imposición de una nueva cultura, nueva educación, una nueva civilización latinoamericana.

Todo esto constituía, sin lugar a dudas, una ruptura en la evolución política del país.

      Nuestras conclusiones generales fueron: gobierno personalista (“autócrata popular electo”, “superioridad de los instintos del jefe sobre la razón abstracta y universal”), de vocación hegemónica, militarista, aspira a liderazgo internacional, centralista, supresor de la autonomía y división de los poderes, no respetuoso de los derechos humanos ni del Estado de Derecho,  emplea medios lícitos e ilícitos para sus propósitos, y de restricciones crecientes a las libertades democráticas esenciales (Libertad de expresión, Libertad de prensa, Libertades económicas).

     Nos preguntábamos también: ¿Por qué el régimen no ha podido instaurar una dictadura abierta?, y respondimos: por la tradición democrática venezolana y sus valores muy enraizados, los condicionamientos o “frenos” del entorno internacional y la enorme incompetencia del régimen.

   ¿Qué hacía entonces que siguiera siendo popular Chávez ante la mayoría del pueblo venezolano?

   Su mayor éxito: Conexión afectiva con la Venezuela profunda: los excluidos, los necesitados y los resentidos. Ha logrado mantener y ampliar una base social muy importante, a pesar de los fracasos. Aprovechamiento maniqueo y oportunista. “Conecta” con un sustrato cultural muy arraigado en nuestro pueblo. El discurso se sigue viendo como una esperanza de redención social (“Ahora Venezuela es de todos”,  Con Chávez manda el pueblo)

   De allí que su discurso: pobres vs ricos, negros-mestizos vs blancos, débiles vs poderosos, buenos vs malos, pueblo vs oligarquía, lo rural vs lo urbano, lo nacional vs lo extranjero, lo pequeño vs lo grande, revolucionarios vs contrarrevolucionarios, países pobres vs países ricos, haya calado tanto.

    Chávez ha sistematizado un discurso cuyo target es el sector no privilegiado, apunta a los sentimientos viscerales, a las pasiones movilizadotas, a las necesidades más sentidas, no hay discurso “técnico”, sólo emociones, crea un responsable externo, distinto del afectado por el problema o del gobierno, inventa enemigos, alimenta el resentimiento (actual o histórico), crea esperanzas y ofrece soluciones futuras y se hace oposición a sí mismo (critica s a sus ministros, a la burocracia).

   Finalmente, respecto de la personalidad de Chávez, afirmábamos:

   Se cree el Rey Sol (“el estado soy yo”), exige obediencia y disciplina incondicional, líder castrador, cree que puede controlar y dirigirlo todo, rechaza la pluralidad, no admite e inhibe el debate, execra o aparta a los que no piensan como él, se cree predestinado, mesiánico-heroico, nacional-chauvinista, voluntarista, inescrupuloso-pragmático, y psicópata Narcisista.

  ¿Qué podemos decir en las presentes circunstancias respecto de este diagnóstico con el que, por cierto, muchos estuvieron en desacuerdo entonces?

  ¿Qué queda en pie de estas apreciaciones del Grupo La Colina, cuya elaboración tuvo como objetivo un debate entre las fuerzas democráticas del país?

  En primer lugar, la satisfacción de haber hecho un aporte, repetimos, modesto y sin pretensiones académicas, a una urgente y necesaria discusión, la cual ha permitido a las fuerzas democráticas, con el paso de los años, afinar su reflexión sobre el adversario que tenemos enfrente.

  En segundo lugar, podemos decir que en los sustantivo, la mayor parte del análisis se mantiene y otros aspectos no tan claros en su momento, se han ido confirmando. Ciertas conjeturas y pronósticos sombríos, lamentablemente,  se han vuelto realidades más que palpables. La deriva totalitaria que avizorábamos como posible ha seguido su curso, y es muy difícil negar hoy que estemos pisando el umbral de una tiranía abierta, que puede ser terrible para nuestro país.

   Pero no es la hora de bajar la guardia. Como nunca antes, los sectores democráticos están en la obligación de converger en una estrategia y acciones comunes (planteamiento permanente de La Colina), de cara a un gobierno cuya naturaleza verdadera empieza a mostrarse de la manera más brutal. La movilización democrática es un arma que debemos activar ya, antes de que sea demasiado tarde. Ella es el mecanismo de defensa democrática por excelencia, y única garantía para poder frenar a la tiranía en desarrollo.

   Antes del 23 de Noviembre, prácticamente, estábamos fuera de la institucionalidad política del país. Con los importantes baluartes conquistados por las fuerzas democráticas, con la movilización que hagamos de todos los sectores descontentos  y, sobre todo, con la Unidad, tenemos la posibilidad de parar el caos y la destrucción adonde nos quieren conducir el autoritarismo militarista y la demencia ideológica de los que gobiernan.      

EMILIO NOUEL V.

 

martes, 10 de marzo de 2009

PORQUE SOMOS MEJORES


Ya es hora de que las fuerzas democráticas de la sociedad venezolana en su conjunto (partidos, ongs, centros de estudio, sindicatos, gremios profesionales e individualidades) digan y muestren aquello de lo que están en capacidad de proponer y hacer para sacar al país del desastre a que nos conduce un gobierno ignorante, incompetente y corrupto.

   No tengo dudas de que la mayor parte de la inteligencia, pericia, sensatez y juventud está en el campo que hoy denominamos oposición. Tampoco las tengo respecto de que más allá de los confines de este sector político, hay interlocutores honestos y sinceramente preocupados por los graves problemas de la Nación, con los que podemos dialogar y buscar soluciones.

  Todo este enorme patrimonio social, intelectual y de experiencia que se ha ido atesorando durante años de democracia, no puede seguir estando en las sombras, ni permitir que se desconozca, esterilice o deje perder. Sería un crimen imperdonable que cometeríamos con el presente y el porvenir.

  Y decimos esto sin arrogancia ni exclusiones: en el seno de la Venezuela democrática están los mejores economistas, ingenieros, juristas, sociólogos y científicos.

  Las fuerzas democráticas cuentan con gerentes, profesionales y técnicos excelentes, experimentados en todas las funciones de la administración pública y privada. En nuestras filas militan hombres y mujeres formados en las más prestigiosas universidades del país y del mundo, con larga práctica en las más variadas instituciones y materias.

   Y algo muy importante: Los distintos problemas que agobian al país no son desconocidos para este vasto contingente de venezolanos.  Tampoco las soluciones más viables y menos costosas socialmente.

   Frente a la pobreza, el desempleo, el desabastecimiento y la inflación que nos abruman,  los más preparados, los que han hecho estudios científicos sobre esos temas, los que han instrumentado iniciativas para atacarlos, ésos, están, en su mayoría, en el campo democrático.

   Frente a un tema tan crucial como lo es el energético, los mejores están también en esta orilla; en ellos se condensan cantidades impresionantes de años de experiencia y conocimiento acumulados. Son, por tanto, los llamados a recuperar nuestra industria petrolera casi destruida por la inopia y la demencia ideológica de una banda de rufianes que se han llenado los bolsillos en detrimento de nuestra más importante fuente de ingresos. 

   De cara al actual caos y destrucción de las empresas básicas de Guayana en manos de la barbarie, están, igualmente, de nuestro lado suficiente capacidad, mayor formación gerencial y la práctica necesaria para rescatarlas del atolladero en que están, y así puedan cumplir con su cometido económico y social.

  Frente al desprestigio en que el gobierno ha colocado a Venezuela ante el mundo, por su falta total de profesionalismo y desconocimiento de las realidades internacionales, las fuerzas democráticas cuentan con diplomáticos bien formados, experimentados en negociación y consustanciados con los intereses nacionales, que podrán recobrar la imagen de país civilizado y respetuoso de la legalidad internacional que siempre tuvo.  

  No sintamos temor alguno ni reservas para decir que somos mejores que quienes nos desgobiernan.

  Somos y seremos mejores en el manejo de la economía, en el combate de la delincuencia y en la salud, en el suministro de los servicios públicos y en la administración de justicia, en la instrumentación de los programas sociales que alivien las penurias de nuestro pueblo y en la explotación de nuestros recursos energéticos y naturales, en fin, en la representación de nuestro país ante la comunidad internacional.  

  Es hora, igualmente, de que todos estos activos de la sociedad democrática se pongan al servicio de una estrategia convergente de todas las fuerzas que, por un lado, impida que el totalitarismo y la violencia se impongan, y por otro, proponga soluciones consensuadas a los problemas más urgentes del país.

 E. Nouel.

miércoles, 4 de marzo de 2009

El embuste y la hipocresía hechas gobierno 
Emilio Nouel

Miércoles, 4 de marzo de 2009

El gobierno venezolano está alcanzando récords nunca vistos en embustes e hipocresía, no sólo en el ámbito de lo nacional sino también en lo internacional.

Los venezolanos, a pesar de lo muy desmemoriados que somos, hemos podido constatar en los últimos años una colección insólita y desvergonzada de mentiras gubernamentales, como en ninguna otra etapa de nuestra historia.

Si no fuera por las graves consecuencias que esta conducta ha traído, uno se reiría de las contradicciones e incongruencias cotidianas que se producen entre funcionarios públicos, por causa de estos embustes que, de repetirlos tanto, algunos ya se los creen, incluso el mismo Presidente.

Los gobiernos, en general y por conveniencias, aquí y en toda latitud, nos dicen mentiras, nos esconden algunas verdades, pero con cierto disimulo o pudor.

Sin embargo, el que padecemos nosotros no tiene parangón. Miente, distorsiona, cuando nos habla de historia patria; miente, engaña, cuando promete; miente, defrauda, al presentar los resultados de sus políticas económicas; miente, embauca, cuando dice aplicar la Constitución y las leyes, y miente, estafa, cuando habla de sus logros sociales.

Las cifras de producción de alimentos y agrícola, así como la petrolera, por infladas, son sólo 2 botones que evidencian la falsedad del gobierno en su pretensión de manipular a la población más desprevenida.

Igualmente, es hipócrita cuando de lucha contra la corrupción o la delincuencia habla. A la vista están los negociados oscuros de gobiernos y empresas del Estado, los cuales hacen palidecer los de otros tiempos. Igualmente, el supuesto combate al delito es desmentido por las cifras semanales de muertos y la protección que se hace de delincuentes metidos a la política.

Y en el ámbito internacional no es distinto el panorama. Allí no sólo es embustero o corruptor con su petrodiplomacia, sino que también es hipócrita.

Así, lo vemos rasgarse las vestiduras, cual fariseo, y acusar de injerencistas las declaraciones de un Ministro colombiano que asume la tesis, muy debatida, por cierto, en el Derecho Internacional, de la legítima defensa frente a agresiones que puedan provenir del territorio de otro Estado, cuando al mismo tiempo, desde hace años, promueve y financia organizaciones radicales que hacen proselitismo político abierto a favor de un proyecto político-ideológico.

Pero como le pasa a todo embustero, el gobierno venezolano se delata a sí mismo. Si no tiene nada que esconder, si no tiene rabo de paja ¿Por qué reacciona de manera desmedida a tales declaraciones del Ministro colombiano? Porque, si a ver vamos, el Ministro de marras no señaló el territorio de ningún país. ¿Es que acaso, como se dice por ahí, tememos que nos ataquen porque albergamos y/o protegemos a jefes narcoterroristas de las FARC, violando normas de Derecho internacional? ¿Por qué gobiernos de países limítrofes o cercanos, Brasil o Panamá, no se sienten aludidos como sí los de Ecuador y Venezuela? El que no la debe no la teme, reza el popular dicho. ¿O es que también en este tema estaría mintiéndonos el gobierno venezolano, y efectivamente, se encuentran en Venezuela varios jefes de las FARC ? En estas dos facetas podemos ver en toda su magnitud, muy superior a la de cualquier otro caso, la naturaleza embustera e hipócrita de quienes gobiernan Venezuela.

Harían bien las fuerzas democráticas de nuestro país en profundizar la denuncia pública de estos rasgos, echando mano de casos concretos que abundan.