miércoles, 22 de marzo de 2017

ALMAGRO, UN DEMÓCRATA HACIENDO LO QUE TOCA HACER

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Una real comprensión de la tragedia política que ha vivido en sus últimos años Venezuela ha costado mucho a quienes desde más allá de nuestras fronteras la observan.
La Comunidad internacional ha tardado en reconocer en toda su dimensión la crisis, dejando a su suerte a los demócratas venezolanos, con sus aciertos y errores.
La OEA, institución multilateral necesaria que debe velar por el derecho a la democracia de los pueblos de nuestro continente, hasta hace poco no había asumido plenamente el caso Venezuela. Los países que la integran, en general, habían  volteado hacia otro lado, por distintas razones e intereses. Una percepción equivocada de la naturaleza del gobierno chavista y de la crisis, por un lado, y por otro, las coaliciones político-ideológicas que se configuraron en la región, hoy redefinidas como consecuencia de los cambios políticos que han tenido lugar en países muy importantes, perjudicaron la lucha por impedir que se consolidara el autoritarismo y se  recuperara la democracia en nuestro país. 
La llegada del uruguayo Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA ha significado un punto de inflexión sustancial. La inercia anterior dejó mucho que desear.  El descuido y la inacción de Secretario General que precedió a Almagro, en no poco contribuyeron a que cogiera vuelo el chavismo en la región.
Con el uruguayo, ese cargo experimentó una transformación esencial, principalmente, moral. De forma adecuada ha usado sus atribuciones legales para hacer efectivos el derecho a la democracia y la vigencia de los DDHH en el drama venezolano.
El compromiso sincero y consecuente de Almagro con las libertades, su generosidad y valentía y, sobre todo, su estatura ética, han quedado patentizados en 2 Informes sobre la grave situación política y social de Venezuela. Con rigurosidad, objetividad y un alto sentido de la responsabilidad que le ha tocado, el Secretario General del ente hemisférico ha descrito el cuadro cierto de un país casi destruido, que de no ejercerse presión sobre él desde fuera, va a crear problemas serios a la región. 
Hay todavía margen para medidas e iniciativas que eviten sanciones extremas en el marco de la Carta Democrática Interamericana, entre las cuales no está, como dice mentirosamente el gobierno para asustar a la gente desinformada, la invasión militar. En manos de los gobiernos del continente está la oportunidad de evitar males mayores no solo para el sufrido pueblo venezolano, también para el resto de los países vecinos que podrían verse afectados con una desestabilización política y consecuente caos social en Venezuela.
Almagro ha percibido y medido de manera correcta tal riesgo. En sus certeras palabras están las claves de una salida democrática y pacífica para nuestro país, que en definitiva, es la que los venezolanos anhelamos. 
Ya no queda otro camino. Se necesita que los países de la región demuestren unidad y que las 33 naciones adopten una postura en favor de la defensa de la democracia agredida.”, ha dicho Almagro.

Ojalá los gobiernos de la OEA lo acompañen en la adopción de las decisiones urgentes que deben tomarse frente  a la tiranía chavista.

Emilio Nouel V.
@ENouelV


jueves, 16 de marzo de 2017

¿ES UNA DICTADURA O QUÉ?



El escritor español Javier Marías, hace unos días publicó un artículo en el que refería las preguntas que le hicieron unos periodistas norteamericanos sobre cómo reconocer al fascismo, dando por descontado que él tendría cierta experiencia en el asunto por haber vivido parte de su vida bajo el régimen de Franco.  

Obviamente, los que lo interpelaban estaban preocupados por el futuro de EEUU con Trump, cuyas posturas públicas se asemejan mucho a las de gobernantes fascistas. 

Aunque Marías díjo que compartía su inquietud, veía difícil que se instaurara un sistema de esa naturaleza en Norteamérica, sí señaló que en estos casos “Uno no puede llamar a alguien fascista hasta que haya demostrado serlo.  ¿cuándo se demuestra eso? ¿A partir de qué acción, o basta con las declaraciones, los síntomas? ¿Ha de iniciar una guerra o una persecución injustas, una matanza?”.

Me da pie lo dicho para traer a colación un debate que ha estado presente en nuestro país desde que arribó al poder el chavismo.

¿Es el actual régimen político venezolano una dictadura? ¿Fue dictatorial la conducta del gobierno chavista desde el principio? ¿A partir de qué momento dejó de ser democrático?  El variopinto movimiento chavista ¿es de naturaleza democrática o autoritaria?  ¿Es neofascista, comunista, militarista y/o populista?

No poca tinta se ha vertido sobre el tema. En el seno del chavismo no ha habido discusión al respecto. Es en la oposición donde más se ha hablado acerca del asunto.

Ciertamente, a mi juicio, la naturaleza, si se quiere, la esencia, del chavismo siempre ha sido la de un movimiento autoritario. Desde sus primeras manifestaciones públicas, ya se podía atisbar ese rasgo definitorio, aunque hubiese en su seno expresiones de sectores de izquierda democrática, incluso socialdemócratas.  

Otra cosa, por supuesto ligada a lo anterior, es la conducta gubernamental. Inicialmente, el chavismo se comportó los primeros años dentro de un marco hasta cierto punto, “democrático”, sin abandonar su retórica radical, ultranacionalista y con vocación totalitaria. En los hechos, nada ocurrió que pudiéramos afirmar que estábamos bajo una dictadura.


No obstante, los acontecimientos posteriores que todos conocemos y las acciones que adelantó el gobierno contra la oposición, fue paulatinamente cambiando el cuadro político.

La entrega a los cubanos fue un factor muy importante. Declararse oficialmente socialista fue otra vuelta de tuerca. La crispación política creciente, la acentuación de la polarización, el inicio de la demolición de las instituciones establecidas, los cambios de leyes y el acoso al sector económico privado nacional e internacional, fueron configurando otro entorno político y económico, que a pesar de que aun mantenía algunas formas democráticas, el hocico del autoritarismo se empezó a mostrar de manera más abierta.

¿Que tenemos hoy los venezolanos como establecimiento político?

La Constitución es letra muerta que el gobierno, a través del TSJ, interpreta de acuerdo con los intereses político-ideológicos de la oligarquía militar-cívica en el poder. En su abyección perruna, los tribunales están al servicio del Ejecutivo, nadie gana un juicio al Estado. ¿Cómo se puede llamar esto?

Qué decir de los presos políticos, a los que se le han violado sus derechos de manera grosera. Hay persecución política de la oposición, no hay debido proceso, no hay garantías. Los órganos de seguridad no acatan las pocas decisiones que algunos tribunales -la excepción de la regla- han decretado de excarcelación. Detenciones ilegales, torturas y vejaciones. Sus derechos humanos han sido pisoteados de la manera más vil. ¿Cómo se puede llamar esto?

El desconocimiento de la representación popular de la Asamblea Nacional y de sus atribuciones constitucionales, el atropello a diputados por parte de policías y guardias nacionales, y la suspensión de la entrega de fondos para su funcionamiento ¿Cómo podemos llamar esto?

El desconocimiento de sentencias de organismos internacionales de los Derechos humanos, a los que pertenece Venezuela, el desprecio por la normativa internacional  ¿cómo se puede llamar esto?

La militarización de la Administración Pública central y descentralizada, y esto es fácilmente comprobable en leyes y actos de gobierno que confieren, incluso en propiedad, a este sector, áreas productivas sin control de sus actividades por parte del poder civil.    

La suspensión sine die de las elecciones establecidas en la Constitución, el desconocimiento en la práctica del derecho a revocar a funcionarios públicos.

A pesar de la existencia de muy pocos medios libres e independientes, la hegemonía abrumadora gubernamental en este ámbito, con la censura y la autocensura, la utilización de los medios del Estado para adoctrinar, distorsionar la informacióny lavar el cerebro de los venezolanos. ¿Cómo debemos llamar eso?

El PSUV, por su parte, es un partido de pensamiento totalitario. Su ideología está recogida en sus documentos. Y allí está muy claro el tipo de sociedad que propugnan. Economía estatizada y colectivizada. Educación ideologizada. El individuo diluido en lo colectivo. Partido único. El modelo cubano, al calco.

Ante estos hechos, no aislados, sino recurrentes, sistemáticos ¿Se puede decir que estamos en una democracia?

No me cabe la menor duda de que los venezolanos estamos viviendo bajo una dictadura política, no en los términos tradicionales que conocimos, pero una dictadura al fin, de estos tiempos. Por supuesto, que esta dictadura o neodictadura, se conduce con métodos similares al fascismo y echa mano de la práctica populista.

Javier Marías dice en el artículo mencionado al comienzo de estas líneas que para calificar a alguien de fascista no conviene adelantarse, pero tampoco percatarse un poco tarde.  

En nuestro caso, quizás 10 años atrás podía decirse que no estábamos en dictadura. Hoy hay suficientes y palpables demostraciones, no digamos sólo de un pensamiento fascista-totalitario y militarista del partido de gobierno, sino también de acciones concretas, propias de un régimen político, que en los hechos es arbitrario, inconstitucional, tiránico y, en fin, dictatorial.  

No extrañe entonces que desde la OEA y otros organismos internacionales se pida sanciones contra el gobierno de Venezuela, por ser considerado una dictadura. 

EMILIO NOUEL V.

emilio.nouel@gmail.com

@ENouelV

jueves, 9 de marzo de 2017


LA ALBA, UN CADAVER INSEPULTO


Está más que claro para cualquier observador medianamente enterado de las relaciones económicas en nuestro hemisferio, que la ALBA no es una organización de integración en nuestra región. Que ha sido más bien un parapeto financiado por el petróleo venezolano, cuya incidencia, desde el punto de vista de la unificación económica de sus miembros, es nulo.

En su momento, fue la concreción de las ideas que desde el Foro de Sao Paulo se venían formulando sobre esa materia.

Como es bien sabido, a la caída del Muro de Berlín, la izquierda marxista o neomarxista del mundo entero, quedó huérfana, políticamente hablando. Su modelo de sociedad, la socialista-comunista, que era la Unión Soviética y su periferia, se derrumbó, podrida como estaba hasta sus cimientos más hondos, por un sistema económico ineficiente, un entramado político conculcador de las libertades, corrupto, y una estructura social injusta y decadente.

Esta debacle dejó a la izquierda aturdida y desorientada, sus más preciadas creencias y seguridades ideológicas se habían descalabrado, y aunque algunos despertaron del delirio utópico, otros, aferrados al dogma fracasado, comenzaron a buscar la manera de sobrevivir. Para éstos, era necesario un remozamiento, adoptar nuevas formas, pero manteniéndose fiel al legado doctrinal. La operación comportaba llenar el odre viejo con un  aparente vino nuevo. Y así lo hicieron, luego que pudieron recuperarse del uppercut fulminante recibido.

El Foro de Sao Paulo fue una de las salidas que esa izquierda borbónica agenció para seguir vigente.

La ALBA, como idea, es hija de esa organización. Pudo llevarse adelante gracias a la aparición en escena de Hugo Chávez y del petróleo de los venezolanos. Así, se produjo una sinergia entre el Foro, impulsado y financiado por Lula Da Silva en Brasil y desde Cuba, por Fidel Castro.

Luego, bien “aceitados” por el dinero de los venezolanos, se fueron incorporando a la “organización”, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otros.

Esta semana pasada ALBA se reunió en Caracas. Sólo 3 presidentes asistieron, a pesar de que se pretendía hacer un acto apoteósico por cumplirse años de la muerte de Chávez. Los discursos, los mismos anacrónicos y cansinos de siempre. Como si la realidad no hubiera cambiado. Los desvaríos y paranoias de una ideología  desfasada se reiteran. Los múltiples y evidentes fracasos de tales ideas no se han reconocido y asimilado, viven sus líderes en un mundo aparte. La alienación es patética.

La hipocresía que trasluce la declaración oficial del encuentro es notoria. Las fuerzas políticas más corrompidas que han gobernado nuestra región en los últimos tiempos vienen ahora a rasgarse las vestiduras ante las prácticas de latrocinio y defraudación de los patrimonios públicos. Como si no supiéramos que PDVSA y Odebrecht, entre otras empresas, han servido de instrumentos para el enriquecimiento personal y el despilfarro de los gobernantes de países de la ALBA.    

Los albanos, sabiendo que ya nadie les cree y que todo el mundo está enterado de lo destructivo que han sido para sus países, y que la integración enarbolada no es tal, recurren al expediente de siempre, el de la conspiración del enemigo imperialista y neoliberal en su contra, con el solo propósito de encubrir sus propios fracasos. 

Por otro lado, piden la reagrupación de sus fuerzas para enfrentar al enemigo imperial y sus maniobras, cerrando filas, en particular y de manera insólita, al lado de funcionarios gubernamentales señalados por delitos de lavado de dinero y narcotráfico.

Queda claro que un ALBA en acelerada descomposición, sin un gobierno que la financie, carente de los apoyos que venían antes de Argentina y Brasil, con la posibilidad de que en Ecuador cambien las cosas, no le quedará otra que volver a la calle a incordiar, a crear problemas y a maniobrar contra los gobiernos democráticos, tal y como ya sucede en Argentina.

La ALBA va transitando inexorablemente hacia su entierro seguro, no tengo la menor duda. Ahora, el Foro de  Sao Paulo no tendrá quien le dé recursos para su aero-transporte, pero sí comenzará a generar tensiones de manera artificial en aquellos países en que se ha implantado. Su ideología nefasta aún sigue perdurando en grupos extremistas que hacen vida en nuestros sociedades, y con las cuales habrá lidiar. 

EMILIO NOUEL V.